Agradezco a eP Investiga la oportunidad para escribir en la sección dominical textos relacionados con experiencias, memorias y anécdotas, de una vida, la mía, como protagonista de una parte del mundo de la cultura en Guatemala, que se inició a principio de los años setenta, cuando participé como “actor” en el Grupo de Teatro (TED), que, con mucha sabiduría, generosidad y conocimiento, dirigió la actriz Zoila Portillo. Este fue un colectivo formado en la Facultad de Derecho de la Universidad de San Carlos, que ensayaba y realizaba sus presentaciones en la sede del Teatro de Arte Universitario (TAU), ubicada en ese entonces en una vieja casa del Centro Histórico de la Ciudad de Guatemala, en la esquina de la octava avenida y dieciséis calles, aunque que mis estudios para licenciado en Ciencias Jurídicas los realizaba en la Universidad Mariano Gálvez.
Una timidez que me acompañó durante mi adolescencia y en mis primeros años de juventud me llevó a buscar un medio para superarla. Sin embargo, mi “debut” en el mundo de la cultura lo sitúo cuando con otras personas formamos, en 1978, el Grupo Editorial Rin 78. Posteriormente inicié mi columna semanal titulada “El ojo de Max Araujo”, en el diario “El Imparcial” y que continué, cuando desapareció ese medio, en “La Hora”. Se publicó en los años ochenta y en parte de los noventa, hasta que por voluntad propia la suspendí. Fue una columna chismoso-literaria, en la que narré eventos culturales y hechos de escritores, de pintores y de otros personajes, con humor y respeto. Fui y sigo siendo amigo de muchos de ellos.
Años después inicié mi relación contractual y de trabajo con el Ministerio de Cultura y Deportes, y con el Registro de la Propiedad Intelectual, por lo que me vi obligado a conocer de distintos temas relacionados con cultura y su patrimonio, entre estos el Derecho de la Cultura como disciplina jurídica, en la que, se encuentra, entre otras áreas, el Derecho de Autor y Derechos Conexos. Se me considera un conocedor de esas disciplinas, y es que como dice el dicho: “en el país de los ciegos el tuerto es rey”.
Fui miembro también de entidades de cultura, de consejos asesores de entidades, y para la organización de certámenes como el Premio Guatemalteco de Novela y el Certamen de Cuento Carlos F. Novella. De esos hechos y otros, así como de temas relacionados con cultura, compartiré cada semana. Algunos serán coloquiales y otros más académicos. Textos que considero importantes para el conocimiento y estudio de aspectos de nuestra cultura, que se sumarán a los que escriben otros columnistas, y uno que otro estudioso de nuestra historia cultural. Se que recibiré correcciones de algunas personas, que serán valiosos para los lectores y para mí. A mis 75 años olvido o confundo datos. Estoy semi retirado del mundo de la bohemia y de la cultura. Me mantengo en casa, situada en carretera a San José Pinula o en la granja familiar, ubicada en San Raimundo, de donde soy originario. Es por medio de internet que me mantengo activo, como escritor, ayudando a mis sobrinos en asuntos de notariado, y como espectador de eventos culturales.
A continuación, les presentó la primera parte del primer tema de la serie de memorias y anécdotas:
Los inicios del Grupo Editorial Rin 78
Algunos estudiosos lo consideran un grupo literario. Otros creen que algunos de sus miembros son parte de la generación de escritores de los ochenta, porque compartimos edad y probablemente estilos. El libro “Joven narrativa guatemalteca” de Lucrecia Méndez de Penedo, publicado en 1980, pudo incidir en esa creencia. Otros autores como Arturo Arias y Mario Roberto Morales, entre otros, que no fueron incluidos en dicho libro, por no ser miembros de Rin 78, pero si contemporáneos formarían parte de esa generación. En el folleto “Apuntes para el estudio de una parte de la narrativa, de los años setenta y ochenta, de algunos escritores guatemaltecos” que publiqué en el 2023 doy referencias al respecto: Otro libro, también de mi autoría, “Desandando Huellas. Apuntes, entrevistas y documentos para el estudio de la literatura guatemalteca de los años ochenta del siglo veinte” que se publicó con el sello de Palo de Hormigo, en el 2000, podría ser útil para quienes se interesen en la literatura escrita en esos años.
La idea de formar un grupo que se dedicaría a la publicación de libros de autores jóvenes se me ocurrió a finales del año 1977, cuando con compañeros de la carrera de Filosofía y Letras de la Universidad Rafael Landívar nos reuníamos una vez por semana en la casa de Silvia Herrera, en la Villa de Guadalupe, zona 10 de la ciudad de Guatemala
La inquietud se formalizó cuando con Kiyoshi Ishii y Roberto Palomo decidimos la publicación del primer libro. Para el efecto le pedimos a Miguel Ángel Cuté que nos proporcionara una selección de sus cuentos, sin embargo, pasó el tiempo sin que este escritor tomara en serio nuestra propuesta. Fue por ello por lo que en mayo de 1978 se decidió la publicación de mi poemario “Atreviéndome a ser”, un verdadero atrevimiento, visto con ojos de hoy. Yo lo financié. Fue la primera publicación de Rin 78.
Días antes de que apareciese este folleto, se nos ocurrió darle un nombre a la incipiente colección. Nunca creímos que nuestro grupo fuera a tener importancia en el mundo de la literatura, y por ello no nos preocupó el nombre que le pusimos. Para esa ocasión le pedimos a Kiyoshi Ischi, diplomático de la Embajada de Japón en Guatemala, compañero de estudios, que nos diera una palabra japonesa que encerrara nuestros ideales. Él sugirió dos: “Nao” y “Rin”. Nos decidimos por la última porque nos explicó que RIN, traducido al español, tiene el equivalente a compañerismo, lazo, unión, superación, y porque en nuestro idioma, según nosotros, podría interpretarse como el despertar y como banda de rodaje. Le agregamos 78 para recordar el año de creación.
En agosto de 1978 se llevó a cabo una reunión a la que convoqué, en la casa de José Antonio González Orellana, situada en la 4 ave. 1-51 de la zona 1, a la que asistimos junto a Dante Liano, Salvador Pérez García, Roberto Palomo Silva, Kiyohii Ischi, y Amable Sánchez Torres.
En aquella reunión, fundacional, decidimos trabajar como una especie de cooperativa, o de “cuchubal”, de manera que al editar los libros, el coordinador se encargaría de elaborar un presupuesto de la edición, luego de lo cual cada miembro del grupo aportaría dinero en cantidades iguales. El primer libro publicado por este sistema fue “Jornadas y otros cuentos” de Dante Liano, impreso en Impresos Industriales. Cada miembro de Rin 78 aportó 28 quetzales. La edición fue de 100 ejemplares. Escogí la imprenta mencionada porque era la única que conocía, pues en esta se imprimió mi tesis de graduación como licenciado en ciencias jurídicas, abogado y notario. En esta trabajaba Andrés Román, amigo y vecino de la colonia Quinta Samayoa, en donde yo vivía. Él y Francisco Morales Santos se convirtieron posteriormente en mis cómplices para la publicación de la mayoría de mis libros y folletos, y para otras aventuras editoriales.
En la misma reunión, es decir la primera, se me eligió como coordinador del grupo. Ocupé ese cargo hasta 1980, cuando se me nombró presidente. En 1983 renuncié y se nombró en mi lugar a Juan Fernando Cifuentes Herrera. Para ese momento al grupo ya había crecido, con el ingreso de compañeras y compañeros de estudios en la Universidad Landívar, y gracias al entusiasmo de Liano, catedrático nuestro, ingresaron otros escritores, algunos ya consagrados en nuestro medio. Otros estudiaban en la Facultad de Humanidades de la USAC.
Fueron miembros del grupo: Marielena Schelesinger, Franz Galich, Lucrecia Méndez de Penedo, Marco Vinicio Mejía, Ana María Ricica, Carmen Matute, Ligia Escribá, Ana María Rodas, Mario Alberto Carrera, Luz Méndez de la Vega, Francisco Albizurez Palma, Tasso Hadjidodu, Víctor Muñoz, Francisco Solares Larrave, Hugo Cerezo Dardón, Edgardo Barrera, Hugo Estrada (sacerdote católico). He olvidado otros nombres. Méndez Vides, Luis Aceituno, Sam Colop, Luis Alfredo Arango, Carlos René García Escobar y Marta Silvia Noriega de Barrera, a quienes le publicamos uno de sus libros, no fueron miembros del grupo.
De los iniciadores ya no continuaron González Orellana y Salvador Pérez García. Ellos fueron mis compañeros de estudios, en Derecho, en la Universidad Mariano Gálvez. Salvador, aparte de sus conocimientos extraordinarios en temas jurídicos, conocía de literatura, economía, historia, arte, filosofía, sociología, ciencias políticas, antropología, sociología. Fue un sabio, como los del renacimiento. Compartía sus conocimientos con generosidad. Carecía del brazo derecho. Lo perdió de niño cuando sufrió un accidente. Su muerte prematura, a los 48 años, truncó su carrera. Fue otro hermano para mí. Por años trabajamos asuntos legales.
Durante mi gestión, a pesar de mi inexperiencia, edité las obras siguientes, con portadas en blanco y negro, o café con blanco: Jornadas y otros cuentos ( Dante Liano), Insomnios y cicatrices ( Amable Sánchez Torres), Palabras ( Ana María Ricica), Surco y Semilla ( Ligia Escribá), Ficcionario Inédito ( Franz Galich), Escritores famosos y otros desgraciados ( Méndez Vides), La Copa y la Raíz ( Sam Colop), Atelor, su mamá y sus desgracias personales ( Víctor Muñoz), Joven narrativa guatemalteca ( Lucrecia Méndez de Penedo), Elegia ( Ana María Ricica) , Circulo Vulnerable (Carmen Matute), Ya somos una gran ciudad (Hugo Estrada), Cuentos e inferencias ( Francisco Solares Larrave), Casa de curas y otras locuras (Francisco Albizúrez Palma), Una ventana al cielo ( Luis Aceituno), El estado y las organizaciones internacionales ( Edgar Barrera), Algunas formas de organización del Estado y del Gobierno ( Marta Silvia Noriega de Barrera), Freud, Nietzsche y otros vs. Carrera ( Mario Alberto Carrera).En ese periodo creamos con Rin 78 y otras entidades el Premio Guatemalteco de Novela.
CONTINUARÁ
* Max Araujo. Escritor, gestor cultural, editor, abogado y notario, con una larga trayectoria en el mundo de la cultura.
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