Memorias y anécdotas/ Insurrectos: Memorias de Guillermo Paz Cárcamo

La obra es también un testimonio doloroso, sobre todo, cuando abandona la lucha armada por temor a ser ajusticiado por sus propios compañeros de armas.

Max Araujo

mayo 31, 2026 - Actualizado mayo 30, 2026

Fue Carlos René García Escobar quien me presentó a Guillermo Paz Cárcamo. Esto sucedió días después de su regreso de muchos años de estar fuera de Guatemala, a finales de la primera década del presente siglo. A partir de ese momento, conversé con él varias veces en el Café León, situado en la 8a. avenida de la zona 1 y en el Palacio Nacional de la Cultura cuando fue a recoger ejemplares de libro escritos por él, que se publicaron por la Dirección General de Desarrollo Cultural y Fortalecimiento de las Culturas, la que ahora, por una reforma del reglamento del Ministerio de Cultura y Deportes, se llama Dirección General de Desarrollo Cultural, que depende del Viceministerio de Cultura.

Dichos libros son Chuwa Nima´Ab´äj-Mixco Viejo y La Máscara de Tekun.Ri Ukäj Tekum. No estoy seguro si la misma Dirección le publicó otros libros sobre temas de cultura maya que también escribió, entre estos “Kaji´Imox. El camino del Pueblo Kaqchikel”. Dirigía dicha Dirección en esa época Demetrio Cojtí, reconocido intelectual maya, con quien el autor tuvo amistad.

Hasta su muerte, en junio de 2021, Guillermo fue directivo del Centro Pen Guatemala. Durante varios años, casi todos los jueves de cada semana, a medio día, se reunía en Casa Cervantes con un grupo de amigos, entre ellos Víctor Muñoz, García Escobar, Juan Antonio Canel, Eduardo Blandón y Maco Luna, para hablar de literatura y temas afines.

Una mañana laboral me encontraba en mi trabajo, en las oficinas de la Dirección del Patrimonio Documental y Bibliográfico, otra dependencia del Ministerio de Cultura y Deportes, de la que fui director del 2018 al 2021, situada, en ese año, en los sótanos de la Biblioteca Nacional Luis Cardoza y Aragón, cuando recibí la visita de Guillermo. El objetivo de su llegada era obsequiarme un ejemplar del libro Insurrectos, publicado en la editorial Cholsamaj en junio 2017. Fue una edición de autor. Antes de entregarme el ejemplar, puso con lapicero con tinta verde, la siguiente dedicatoria “Para Max Araujo, con aprecio y amistad”. Una firma ilegible junto a Ixmulew, febrero 2019”. Su visita duró casi una hora. Nos pusimos al día de muchos hechos.

“Insurrectos” es una obra amena, honesta, bien escrita, con una primera parte hermosa, en la que describe parte de su niñez en la finca de su abuelo materno, en Jalapa, así como hechos de la vida de este personaje, y de otros parientes. Es una introducción para ubicarnos de una parte de su familia. Posteriormente, cuenta de sus estudios, de sus padres, su vida en la ciudad de Guatemala, sus inicios y participación en la guerrilla, en la primera etapa de las FAR, en donde se identifica como “El patojo”, como lo menciona Marco Antonio Flores en su novela Los compañeros.

La obra es también un testimonio cuestionante y doloroso, sobre todo, cuando abandona la lucha armada por temor a ser ajusticiado por sus propios compañeros de armas. En el intermedio, cuenta sobre lo que significó el 13 de noviembre de 1960 para el inicio de las guerrillas en Guatemala, de cómo se instalaron los primeros campamentos en Zacapa, las casas de seguridad en la capital del país, de cómo él fue decisivo para que sus primas Paiz Cárcamo ingresaran a la insurgencia. Una de ellas fue asesinada junto al poeta Otto René Castillo. Narra también de sus estadías en México, Cuba y Vietnam del Norte, algunos enfrentamientos armados, su prisión en la penitenciaria de Puerto Barrios, y de cómo la intervención de su papá, ingeniero y coronel, y de un tío militar, fueron determinantes para que respetaran su vida cuando lo capturaron, y cuando lo dejaron libre, aunque siguió en la lucha. Además, de cómo, años después, en el carro, con placas oficiales de su padre, entonces Ministro de Comunicaciones y Obras Públicas en el Gobierno de Méndez Montenegro, pasó, acompañado de familiares, sin ningún problema por la frontera entre México y Guatemala, hacia Tapachula, para el inicio de su largo exilio, que es cuando termina el libro. Algunos de los personajes están consignados con sus nombres propios. 

De una de las solapas del libro transcribo detalles de la vida del autor: “Es una de las personas que participaron en la fundación de las Fuerzas Armadas Rebeldes, FAR, hecho histórico que se realizó en diciembre de 1962. Durante más de diez años estuvo en la batalla hasta que salió al exilio, primero de México, luego a España y Francia, donde realizó estudios de sociología y economía. El exilio siguió en Costa Rica. Allí trabajo en la Universidad Nacional como docente-investigador, en la que llegó a ser Director de Investigaciones de la Facultad de Ciencias Sociales y Director de la Carrera de Administración de Empresas. Fue el Director Ejecutivo-viceministro del Ministerio de Cooperativas del gobierno costarricense del Presidente Luis Alberto Monge. Posteriormente se desempeñó como asesor en la Asamblea Legislativa donde fue coautor de la ley que dio vida en Costa Rica a las empresas de trabajadores conceptualizadas como “ Sociedades Anónimas Laborales” También es coautor de la “Ley del Referéndum y de la Iniciativa Popular”. Escribió, además, los libros: “Guatemala: Reforma Agraria”, “Una patria de propietarios y no de Proletarios”, “El Universo Cafetalero”, “La Visión Encomendera de la Conquista”, “Kaqchikel- Episodios de la Nación Kaqchikel”, y “Revelaciones”.

Por sus investigaciones, y propuesta, fue que se cambió el nombre del sitio arqueológico Mixco Viejo al actual Chuwa Nima’ab’äj, que en  idioma kaqchikel  significa «frente a la gran piedra», mediante el Acuerdo 430-2013 del Ministerio de Cultura y Deportes.  Este sitio se encuentra situado en el municipio de San Martin Jilotepeque, pero su acceso más inmediato es por la aldea Montufar de San Juan Sacatepéquez, en donde viven algunos parientes míos. Dista a 20 kilómetros de la propiedad rural de mi familia, que heredamos de nuestro padre, ubicada en la aldea Concepción El Ciprés, San Raymundo, por lo que cuando vienen amigos extranjeros los llevo, en días domingo, cuando aceptan, a ambos lugares, previa mañana, casi al amanecer, una parada en el atractivo mercado de Flores que se sitúa en la Plaza Cataluña (Parque Central) de San Juan Sacatepéquez. Según algunos estudios Chuwa Nima’ab’äj, ciudad fortaleza, por su ubicación, fue la capital del reino maya Chajomá durante el período postclásico.

Paz Cárcamo fue autor de muchos artículos en periódicos y revistas. De las veces que conversé con él puedo destacar sus conocimientos sobre diversos temas, su amabilidad, humildad, nada presuntuoso y con un gran sentido del humor. No fue prepotente ni descortés. Siempre tuvo mucho que contar, por eso sus pláticas  fueron interesante. Nunca dejó de pensar en una Guatemala mejor, sin desigualdades, y con oportunidades para todos. Estuvo convencido que las personas en extrema pobreza tenían derecho a acceder a una vida digna. 

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