Enrique Noriega, por encargo de las personas que dirigen la “Editorial Cultura” entre estas su directora, Hanna Orellana, me invitó a participar en la presentación, que se realizó en la FILGUA 2026, de un libro con una selección de poemas de Luis Alfredo Arango que realizó el mismo Noriega, que se publicó con el título de “La lluvia esel arpa original“. Para el acto, mi amigo y librero, Gustavo Ardiano, dueño de la Librería Marquense, acompañado de Noriega, me fue a traer a casa en su vehículo personal y me retornó a la misma. Los organizadores me solicitaron que en el acto comentara de mi entrañable amistad con Arango, que duró menos de veinte años, pero que fue intensa. Dejó una huella imborrable en mi vida. Fue un maestro en literatura y de vida para mí. El texto que preparé para el mencionado acto dice así:
“Fue una tarde de un sábado-, en los primeros años de los ochenta del siglo veinte- tendríamos cinco años de haber comenzado la labor editorial de Rin 78-, cuando Juan Fernando Cifuentes me llevó a la casa de Luis Alfredo, situada en Jardines de Tikal, zona 7 de la ciudad de Guatemala, a dos cuadras del sitio arqueológico Kaminal Juyú. Yo había leído parte de su poesía pero no le conocía personalmente. De entrada le vi un parecido a la figura del Quijote de la Mancha.
Cifuentes estaba en pláticas con él para que dirigiera el suplemento “Tzolkin”, del Diario de Centroamérica, del que Fernando era director. El maestro al verme me dijo “hola vos, como estás, ya tenía días de no verte”. Inmediatamente se dio cuenta de su equivocación. Me confundió con Marco Augusto Quiroa – con él y con el editor Oscar de León Castillo me confundieron varias veces-.
Pasó enseguida a disculparse. Arango aceptó el cargo y el resultado fue un suplemento cultural extraordinario, por quienes escribieron en el mismo y lo que se publicó. Fue una plataforma para críticas de literatura, poemas y cuentos inéditos. Posteriormente por medio del Acuerdo Gubernativo 323-87, del 12 de mayo de 1987, se oficializó como órgano de divulgación del Ministerio de Cultura y Deportes como suplemento cultural en el Diario Oficial. Duró algunos años bajo otra Dirección hasta que de repente ya no se publicó. En algún momento un estudioso debe hacer una investigación sobre la importancia del mencionado medio.
Ese día fue el inicio de nuestra amistad. Por aquellos años yo vivía en la colonia “Quinta Samayoa”, no lejos de la casa de Luis Alfredo. Esa primera vez se convirtió en muchas tardes – siempre en sábado-, que terminaron con su muerte en el 2000. Cuando yo no llegaba a verle recibía de él una llamada telefónica preguntándome el porqué, o un reclamo amistoso en la siguiente reunión Hubo sábados que me fue imposible llegar, porque viajé a otros países o por un compromiso ineludible. Alguna que otra ocasión nos vimos en días distintos, un feriado o porque asistimos juntos a algún evento cultural o social.
La rutina de los sábados por la tarde no se interrumpió ni cuando- durante un año-, en 1983, yo le pasaba a buscar para las reuniones matutinas que realizamos varios amigos, entre ellos Arango y Amable Sánchez Torres, para discutir los principios, los ejes, y los objetivos de la Asociación Módulos de Esperanza, bajo la guía .de su ideólogo, el padre Ramón Adán Stürze – quien mantuvo en “El Gráfico” una columna “ Matices” con el pseudónimo de Víctor Pabsch, y otra, años antes, en “La Tarde”, con el título de “Ojos con paisaje”, como Adán Stürze. En esta última columna nos sorprendía con los paisajes humanos y de naturaleza que describía del lugar donde vivía, una champa post terremoto en Galeras de Bethania, hoy colonia El Amparo. Por esas columnas el escultor Rodolfo Galeotti Torres me pidió conocerlo. Fue un memorable encuentro.
La asociación se constituyó para darle seguimiento al trabajo social que dicho sacerdote realizó en las colonias El Amparo y El Granizo. Tuve el privilegio de presentar al Padre Ramón a varios amigos escritores, entre ellos a los poetas indicados, ya que siendo él también escritor deseaba conocerlos. Cuando autoricé como notario la escritura de constitución, fue Luis Alfredo Arango quién firmó la solicitud de autorización ante el Ministerio de Gobernación. De la columna “Matices”, del Padre Ramón, hicimos con Arango una selección de textos, que con el título de “Tiempo Vivido” se publicó con el sello de Rin 78, en la colección Guatemala de la Tipografía Nacional.
De las primeras cosas que me impresionaron de Luis Alfredo fueron su sencillez, su trato amable y educado, su catolicismo y su disciplina para dedicarse los fines de semana a escribir, leer o pintar. Tenía su estudio a un costado de su casa, en un área originalmente destinada a un pasillo – de metro y medio de ancho por tres de largo, con una vidriera al frente que hacía de pared, con un jardincito exterior que utilizaba de garaje. En el estudio tenía un pequeño escritorio con una silla, y dos más para personas que le visitaban, así como unas libreras en la parte de atrás y en uno de sus lados. Los muebles eran de pino, de los que se hacen en Momostenango. Cada cierto tiempo le hacía cambios a su espacio o le agregaba pequeñas cosas nuevas: unas piedras, unas plumas de pájaro o cualquier otro objeto -no grande- que le había llamado su atención.
Sirva lo escrito anteriormente para compartirles un texto biográfico, surrealista, que escribí a requerimiento de Luis Ortiz Archila, alejado de un biografía tradicional en la que se consignaría de su nacimiento en Totonicapán, de su familia, de sus estudios, de su participación en el grupo literario “Nuevo Signo”, con Francisco Morales Santos, Delia Quiñonez, Fausto Aguilera,
José Luis Villatoro, Antonio Brañas y Roberto Obregón, y otros datos importantes, como obras publicadas y reconocimientos recibidos, entre estos el Premio Nacional de Literatura, en 1988, que fue creado para reconocerle a él por su obra. La historia de este premio la consigné en un trabajo anterior que publiqué, en este medio, en una de las columnas de la serie de mis memorias y anécdotas. El texto que comparto en esta columna, sirvió como introducción a un folleto que Ortiz publicó años después de la muerte de Arango. Fueron poemas inéditos, con el título de “Poemas de AlFarid”, que el autor le entregó a este amigo, que fue también escritor, pintor y autor de música. Falleció hace nueve años. Se caracterizó por su generosidad y sencillez,
Fue uno de los contertulios, con otros escritores, entre estos Ak´abal, García Escobar, Víctor Muñoz, Celso Lara, Sam Colop, en los almuerzos del comedor “El Establo”, en el edificio El Patio, en la zona 4, ya que trabajó por años en una empresa de publicidad ubicada en una de las torres del Banco Industrial. Fue también uno de los creadores de la Casa de Cultura de Mixco, y quien sugirió que la plaza situada frente al edificio del Banco de Guatemala lleve el nombre de Carlos Mérida.
La biografía atípica de Arango, que escribí con mucho cariño, dice así:
“Luis Alfredo Arango, un ser de luz
Hace un tanatal de años conocí a un joven viejo que al mismo tiempo era un viejo joven, que llevaba en sus espaldas un cacaste lleno de toda la sabiduría del mundo; que nunca dejaba, ni cuando se transformaba en clarinero -su nahual-. Cuando nos sentábamos a platicar él abría dicho cacaste y comenzaba a sacar historias, frases y poemas. Lo escuchábamos con atención, para que se nos quedara, lo que con su voz grave y pausada nos contaba. Pero el cacaste era infinito y nunca se vació, por lo que no llegamos a conocer ni siquiera la millonésima parte de su contenido. Una tarde, de un sábado de marzo de mil novecientos ochenta y cinco, en Kaminal Juyú; lugar donde sobre un montículo maya construyó su casa-templo, me contó que después de vagar por el mundo, pasado un tiempo, decidió escribir sobre papiros, imitando a los antiguos escribanos egipcios, lo que sacaba de su cacaste. Poco a poco, de vez en cuando, nos entregaba a los amigos esos textos, algunas veces en forma de libros, otras como folletos y no pocas ocasiones en manuscritos. Fue así como un día le entregó a Luis Ortiz “Los poemas de Al Farid”, uno de los nombres que usó en tiempos pasados, con el encargo que los compartiera con los demás. Hecho esto, cansado de tanta injusticia, y de tanta maldad, emigró a otras galaxias, en las que sigue compartiendo la sabiduría que lleva en su cacaste. Es así pues que este manuscrito se quedó entre nosotros, escrito de su puño y letra. Es el que en este momento, ya reproducido, se encuentra en sus manos, para que lo lea y lo medite. No se arrepentirá de hacerlo, porque es un tratado de sabiduría.
Y para quienes saben de poesía es una obra de arte”
Para terminar esta presentación les comparto un poema de Luis Alfredo Arango, que dice mucho él.
“Bajo relieves paganos
En cada hombre duermen historias que no se puden contar
Porque ya nadie tiene tiemo para oir
Ni siguiea la voz de su conciencia.
Si me preguntan qué soy no lo sé ¡y sin embargo
He sido tantas cosas!
Tengo tantas historias que contar que ni yo mismo me las creo.
Tags: Bajo relieves paganos Confusión Luis Alfredo Arango Portada Trabajo social








