En 2025, Álvaro Sánchez (Guatemala,1975) celebró un cuarto de siglo de trayectoria como artista. Sin embargo, en la exposición con la que la plataforma Baxzar le conmemora sus 50 años de vida y 26 de carrera hay un par de piezas que no coinciden con estos tiempos. Son dos dibujos titulados Perro y Danzantes, que según lo que se anota, corresponden a 1977, es decir, cuando Álvaro tenía solo dos años. Los trazos, son evidentemente, los de un niño pequeño, pero ya en ellos se ven claros los conceptos que quiere representar.
De eas muestras de su temprana inclinación por la expresión visual, que decidió incluir en la exposición refiere: «Mi abuela (a quien describe como una señora que este año va a cumplir los 96 años ‘treméndamente lúcida y elegante) estaba haciendo limpieza de libros y encontró estos dibujos y como tres más. Me había guardado otros que eran preciosos, se los dio a mi papá y él, entre sus mudanzas, los perdió. Esos sí los lamenté, porque eran del mismo año 1977, y estaban muchísimo más elaborados», abunda.



Álvaro Sánchez junto a los dibujos que hizo a los dos años y que están expuestos junto a sus obras de adulto, en Casa Ocote.
Álvaro no puede dejar de atribuir su temprano interés por el arte a su abuelo. «Él tenía muchos libros de arte y a mí me gustaba hojearlos», comenta. Recuerda, especialmente, haber visto obras de Henri Matisse (Francia, 1869-1954) con sus fuertes colores y expresivas representaciones.
El camino que el pequeño dibujante recorrió para convertirse en el actual artista con 26 años de trayectoria ha requerido de evolución, adaptación y transformaciones.
La revisión de una vida
En la pared principal del recinto donde se encuentra la muestra, que se encuentra abierta al público en Casa Ocote (12 calle 6-16 zona 1), pueden apreciarse piezas que no habían visto la luz jamás y pertenecen a la etapa en donde él mismo sintió que su propuesta artística ya estaba definida. Los trabajos, dice, corresponden al período entre 2012 y 2015.

Álvaro admite que algunas de esas piezas, evidencian aún su pasado como diseñador gráfico, sobre todo en lo que se refiere a la composición. «Como yo no tengo una formación artística académica, mi referencia fue el diseño», y no podía ser de otra manera, pues trabajó más de 20 años en publicidad.
Señala que en la actualidad ya su yo diseñador se quedó en trabajos del pasado. «Siento que ya en mi nuevo trabajo empezó la exploración libre de ciertos lineamientos y reglas del diseño», asegura.
Las historias por contar
Lo que ha sido siempre una constante y continúa con él es su afán de contar historias. «Recuerdo que de chavito me gustaba leer», afirma. Esta afición era estimulada por una biblioteca, que aunque reconoce no era tan grande, si era, según sus palabras, «bastante respetable con libros con bonitas ediciones. Recuerdo que había una colección que se llamaba Biblioteca Juvenil, que era como de los 60, donde había historias».
El trabajo como diseñador fue, sin que se diera cuenta, un espacio formativo para el futuro. Además de descubrir que al hacer anuncios lo que hacía era contar historias, también tendría contacto con elementos tecnológicos que le harían desarrollar habilidades que le serían útiles en sus posteriores etapas coo artista.
La aparición de las primeras computadoras Macintosh con programas de diseño fue determinante. «Yo descubrí que había unos libros con un stock de fotografías random, como una mesa, un vaso y un cuadro, por ejemplo. Uno los usaba para hacer bocetos y traían un CD y tenía que pedir las fotos en alta resolución a Costa Rica, pero yo podía bajar todas esas cosas y jugar con ellas», detalla. Comenzó a experimentar con programas como Photoshop in free y su inquietud por crear creció. «Empecé a armar una especie de colaje, pero lo curioso conmigo fue que fue al revés. Comencé con lo digital».
Sánchez reconoce que el haber podido ver la transición de lo análogo a lo digital fue enriquecedor. «Soy de la generación que vio todavía a diseñadores haciendo bocetos con aerógrafos (aunque no llegué a usarlo porque era muy chavito) y que presenció la llegada de la primera Macintosh para diseñar, que no tenía ni siquiera Ctrl+Z», ilustra.
Por algún tiempo, su trabajo se limitó a lo digital y recuerda que hubo cierto período en el que «se satanizaba mucho el decir que uno venía de la publicidad… A muchos se les olvidaba que artistas como el Maestro Moisés Barrios venía del diseño gráfico», menciona.
Señala que en ese tiempo, lo que sí hubo en los ámbitos que frecuentaba era muchísima creatividad. «Tuve la suerte de vivir una época muy chula de la publicidad. La idea era pensar y las grandes ideas se podían poner en una servilleta, por ejemplo», cuenta. Acota que no está en contra de la tecnología ni de la Inteligencia Artificial, pero dice, «estoy a favor de eso, usándolo bien».
En cuanto a las corrientes artísticas que como artista autodidacta le influyeron, admite que el dadaísmo «me voló la cabeza». Asegura que siempre ha identificado a este movimiento como «el hermano maldito del surrealismo, mientras el surrealismo concebía las cosas desde la psicología y la filosofía y el dadaísmo era pura anarquía lúdica, Eso me marcó a mí mucho», puntualiza.
De la publicidad a las galerías
El punto de quiebre para Álvaro llegó cuando algunos de sus amigos que veían su trabajo, le impulsaron a dar el salto del ámbito digital a lo más concreto. «Alguien me dijo: ‘vos tenés que empezarte a manchar las manos porque los pixeles en algún momento no van a ser suficientes’y fue exactamente así. Entendí que para hacer las cosas bien, uno debe entender qué materiales está usando». A partir de entonces, comenzó a hacer más análisis de qué materiales le servían para expresar sus mensajes.
En cuanto a los temas de sus obras, afirma que precisamente, cuando estaba en sus 20 años, alguien le compartió libros de los existencialistas franceses que lo influenciaron. «Algo que me gustó fue que tanto la técnica se estaba afianzando y entró también la parte más filosófica y esas lecturas me marcaron mucho y me llevaron a descubrir otras corrientes de arte que aunque no sean precisamente lo que hago, de ellas tomé elementos que me sirven».
«Yo siempre he buscado que mis temas sean universales, porque no logro conectar con todos los temas. Lo único que yo conozco muy bien soy yo mismo como ser humano. No solo la parte filosófica, sino incluso la tangible», asegura. Cuenta que en su familia, a veces lo molestaban porque a él le gustaba prestarle atención a detalles como qué tanto implica mover el meñique. «En los libros que veía, había ilustraciones del cuerpo humano en que se veía como transparente y se veían los órganos. Me fascinaban esas cosas. Empecé a ver el cuerpo como una arquitectura super compleja», expresa. Afirma que nunca se interesó por categorizar los cuerpos como bonitos ni feos. Incluso, dice «hay muchas figuras (en sus obras) en las que los cuerpos están distorsionados. «Ahí encuentro yo la belleza, ver hasta donde puedo distorsionar el cuerpo para que funcione como una pequeña micro ficción de algo», detalla.





En el catálogo que acompaña la muestra, Baxzar señala: «Su trabajo aborda el cuerpo como un territorio de tensión, desgaste y ambigüedad, atravesado por imaginarios de violencia, fe, memoria y experiencias, donde lo personal y lo colectivo se enriquecen, pero también se cuestionan mutuamente».
Arte sin fronteras
En la muestra, que estará abierta hasta el 9 de marzo, pueden apreciarse folletos y programas que dan cuenta de las exposiciones que Álvaro ha realizado tanto en Guatemala como en el extranjero. «La primera exposición internacional que hice fue en un pequeño espacio de San Francisco, California llamado Zoë Gallery». Le fue muy bien y le abrió la puerta a otra mayor en Live Worms Gallery, un espacio emblemático de esa ciudad.


Posteriormente, a través del Facebook, la galerista polaca Ana Kloss vio algunas de sus obras y se puso en contacto con él. Ella, quien es experta en colaje y ha hecho estudios sobre esa forma de expresión, estaba por abrir su propia galería llamada Retroavangarda en Varsovia. Entonces invitó a Álvaro a participar en una muestra colectiva en 2017. Aunque no le fue posible asistir, sí estuvo presente a través de algunas de sus piezas.
El contacto con Ana Kloss continuó y en 2021 se organizó la primea muestra individual de Álvaro en la galería polaca. Esta vez fue el COVID-19 el que le impidió ir, pero a partir de entonces llegaron otras oportunidades para exhibir y en 2024 pudo estar en la galería polaca.




Álvaro también ha incursionado en el campo de las letras. Uno de sus principales ejercicios fue la columna que durante siete años escribió para Siglo Veintiuno sobre música. Luego, tomando la sugerencia de un amigo, se inspiró en sus propias piezas para realizar microrrelatos. Aunque dice que está consciente de que no escribirá la próxima gran novela guatemalteca, su trabajo ya ha recibido algunos impulsos.
En 2024, presentó una colección de sus micro relatos al concurso Mario Monteforte Toledo y obtuvo una mención honorífica. Anteriormente obtuvo el premio del Festival de Escritores de San Miguel de Allende en México. Ha publicado la colección de cuentos Mañana muerta de domingo y continúa escribiendo, incluso haciendo referencia a algunas de sus piezas gráficas.
Entre los planes que Álvaro tiene para los próximos meses destaca una exposición en Perú.
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Para conocer el catálogo completo de la muestra Nada aquí está a salvo, se puede ingresar en este enlace y si desea información sobre la compra en línea ingrese aquí o comuníquese al correo electrónico [email protected].
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