Memorias y anécdotas: Editorial Cultura

Cada año se hace entrega gratuita de un número de obras publicadas a bibliotecas y centros culturales. Otro grupo se obsequia a personas particulares y el resto se comercializa, en forma directa o por consignación, en librerías.

Max Araujo

julio 20, 2025 - Actualizado julio 19, 2025

Estudiantes, que asistieron a la feria «Libro al Viento”, en Retalhuleu, vieron publicaciones de Editorial Cultura, en abril.

Una importante entidad pública, de esta época, para la publicación de libros de literatura en Guatemala, al igual que la Tipografía Nacional, es la Editorial Cultura; dependencia de la Dirección General de las Artes, del Ministerio de Cultura y Deportes, que desde 1988, -año en el que fue creada-. Ha editado y publicado obras de muchos autores guatemaltecos en sus distintas colecciones. Fundada por la sugerencia que hizo Juan Fernando Cifuentes Herrera a Ana Isabel Prera y a Marta Regina de Fashen, quienes ocuparon en ese año los cargos de Ministra y de Viceministra de Cultura, respectivamente. Curiosamente no se emitió un acuerdo ministerial o una disposición legal para su creación. Presumo que el nombre que se le puso fue idea del mismo Cifuentes.

Cifuentes fue contratado en esa época en el Ministerio de Cultura y Deportes, (creado por el Decreto Ley 25-86, del diez de enero de 1986, que contenía una Ley para el Organismo Ejecutivo, emitido por el General Oscar Humberto Mejía Víctores, jefe de Estado) – para el cargo de comunicador. A pesar de que el Ministerio se integró con el traslado, por un Acuerdo Gubernativo emitido por el Presidente Vinicio Cerezo, de dependencias del Ministerio de Educación, como la Dirección General de Bellas Artes y el Instituto de Antropología e Historia, entre otras, se estaban creando nuevas direcciones y plazas para su funcionamiento, entre estas las de un Departamento de Comunicación.  Influyó en la contratación de Juan Fernando su capacidad, su disciplina, su manera amable y colaboradora de ser, su experiencia como comunicador social, su calidad de escritor y su trayectoria como expresidente del grupo editorial Rin 78 y como Director de la Tipografía Nacional.  Egresó de la Universidad Rafael Landívar como licenciado en Letras y Filosofía. Su tesis de graduación, un estudio sobre el grupo literario “Los Tepeus”, que posteriormente convirtió en libro. En Rin 78 y en la Tipografía realizó una extraordinaria labor en la publicación de libros. Su sugerencia de crear la editorial tuvo una respuesta afirmativa. El primer libro que se publicó con el sello de  Editorial Cultura fue la novela “Bajo la fuente”, de Manuel Corleto: escritor, dramaturgo, director y actor de teatro.  Es el patriarca de “los Corleto”. Algunos de sus hijos han destacado en diversos campos del arte.

Me consta del valioso trabajo que ha realizado Editorial Cultura, en distintas épocas, especialmente bajo la dirección de Francisco Morales Santos, 1998 – 2021.  Cada año se publican entre 20 y 25 títulos, a veces menos, a veces más, por lo que, según un promedio, – de 1989 a 2024-, suponiendo 22 títulos por año da como resultado un número de 792 títulos, de mil copias cada tiraje. O sea  792,000 ejemplares. Cada año se hace entrega gratuita de un número de obras publicadas a bibliotecas y centros culturales. Otro grupo se obsequia a personas particulares y el resto se comercializa, en forma directa o por consignación, en librerías. El dinero que se obtiene por las ventas se reutiliza para nuevas publicaciones. Se tiene un fondo privativo para este fin. Los datos que consigno son inexactos, son presunciones mías.

En este año, en la visita que hice al stand que la mencionada editorial montó en la FILGUA 2025, comprobé de la calidad de edición de sus recientes ejemplarees, así como la publicación de valiosos libros de autores consagrados y de escritores todavía poco conocidos. Ha sido una constante de esta dependencia desde su creación.

Otros hechos relacionados con Editorial Cultura

Cuando en el año 2000 se decidió continuar con el importante certamen 15 de septiembre, creado en la época del doctor Juan José Arévalo, que por años organizó el Departamento de Letras de la Dirección General de Bellas Artes, del Ministerio de Educación, las autoridades decidieron que fuera el maestro Morales Santos, como director de la Editorial Cultura, quien se encargara de ese certamen. Y así fue desde ese momento. En dicha dependencia se continúa con  la organización de dicho concurso.

Otro evento importante que tiene entre sus funciones Editorial Cultura es coorganizar con el Centro Cultural Luis Cardoza y Aragón, de la embajada de México en Guatemala, el Certamen Mesoamericano de poesía Luis Cardoza y Aragón.  Este certamen se debe a la iniciativa de Morales Santos, quién además hizo posible  que la editorial a su cargo expusiera  un stand,  de manera apropiada, en todas las FILGUA realizadas, hasta su retiro como director de dicha dependencia. Stand en el que se vende al público los libros publicados por esta casa editorial. Se continúa haciendo. Le dedicó tiempo y esfuerzo.  Con él representamos, por un periodo, al Ministerio de Cultura y Deportes, ante el Consejo Nacional del Libro. Yo como titular y él como suplente. En esa calidad, por ley, ocupé la Presidencia del Mencionado Consejo. En las memorias respectivas de cada año consta el trabajo que se realizó.

Un hecho que debe destacarse es que por varios años los aportes que dio el Ministerio de Cultura y Deportes para la realización de algunas de las Ferias Internacionales del Libro (FILGUA), se dieron del presupuesto asignado a Editorial Cultura. Esto terminó a partir del 2017 como lo narré en un texto anterior de esta serie de memorias.

Uno de los aspectos importantes del trabajo del poeta Morales Santos como encargado de la Editorial Cultura es que no abandonó en ese tiempo su faceta de autor y de gestor cultural, por eso en 1998 se le otorgó el Premio Nacional de Literatura MAA, como un reconocimiento a toda su obra, no solo literaria sino también como  crítico de arte, como encargado de la sección de cultura de la revista Crónica, cuando la dirigió el escritor Francisco Pérez de Antón, y como periodista en el desaparecido diario La Época, entre otros logros.  De  sus aciertos como Director de la editorial  se cuenta la creación de distintas colecciones, en las que se incluyen  obras de autores destacados, algunos ya fallecidos,  de jóvenes escritores, de autores mayas y de escritoras mujeres. En algunos casos reeditó obras valiosas, publicadas en años anteriores o importantes, como las memorias de doña Blanca Mora y Araujo, relacionadas con la vida de su esposo Miguel Ángel Asturias, o el libro que el intelectual peruano Luis Alberto Sánchez, escribió sobre la literatura guatemalteca, hasta la época de los cuarenta; años en los que visitó nuestro país.  A veces  se tuvo que enfrentar a órdenes veladas para que publicara algún autor. Nunca cedió. En  ocasiones buscó el consejo de otras personas para resolver algún problema. Uno de ellos, en 2009, una autoridad del Ministerio le sugirió que  los libros llevaran el título original, -en español-, y enseguida la traducción a un idioma maya. Me buscó y le indiqué que  la Ley de Derecho de Autor y Derechos Conexos no  lo permitía  sin el consentimiento expreso, y por escrito, del autor, pues se convertía en un título compuesto, lo que alteraba el nombre original de la obra. Que sin ese consentimiento  se podía cometer un delito. Explicó a la autoridad de mi opinión y ahí terminó el caso.

Mi relación con la Editorial

En 1990 fui invitado por Marta Regina de Fashen, cuando asumió como Ministra de Cultura y Deportes, para que ocupara el puesto de jefe de la asesoría jurídica del Ministerio. El nombramiento fue decisivo para mi vida porque me resolvió un problema existencial. Descubrí que el mundo del Derecho y de la Cultura no son contrarios; tienen  aspectos en común. Fue el punto de partida para mis conocimientos en una de las áreas jurídicas, el Derecho de la Cultura, contenido en una rica y abundante legislación cultural y en legislación relacionada con el quehacer en el mundo de la cultura. He escrito siete libros sobre esa materia, todos publicados.  Se me tiene como un conocedor de este Derecho. Favor que me hacen.

Meses después de mi nombramiento se me  solicitó, por la situación que describiré más adelante, que integrara un  Consejo Asesor de la Editorial, que dio origen al primero de muchos que ha tenido. Lo integré en forma permanente meses después, a partir del segundo semestre de 1990 a enero de 1991. Lo integramos con Juan Fernando Cifuentes, Luis Alfredo Arango y María del Carmen Pellecer.

Otro hecho que me interesa resaltar se dio cuando Cifuentes me preguntó cómo se podía hacer para vender los libros que publicaba Editorial Cultura. Le respondí que no había forma legal. Pero sucedió que una tarde de 1990, caminando por la cuarta avenida de la zona 1, con destino a la Alianza Francesa, me encontré con el abogado y escritor René Villegas Lara, exprofesor mío en la Facultad de Derecho de la Universidad Mariano Gálvez. Por esos días era el jefe de la Asesoría Jurídica de la presidencia de Marco Vinicio Cerezo Arévalo. Le comenté del problema y me prometió resolverlo. Fue así como el 7 de agosto de 1990, por su sugerencia, el Presidente de la República emitió el Acuerdo Gubernativo número 717-90, por el que se autorizó al MICUDE  la comercialización de los objetos culturales que sus dependencias elaboren. Este acuerdo  le ha permitido desde entonces a la mencionada editorial vender  los libros que  publica.

 En ese mismo año, cuando el sindicato de los trabajadores de la planta central del ministerio indicó que sabotearía la publicación de una colección de libros que llevó el nombre de “Estuche”, que finalmente coordinó María del Carmen Pellecer. Esta colección estuvo al cuidado de Enrique Noriega. Él hizo también la selección de los autores.  Dialogué con los directivos del sindicato, quienes indicaron que la amenaza se dio porque habían tenido un problema con Cifuentes, pero que estando yo de por medio, no había ningún problema.  Por eso, en esa colección, que se hizo en papel kraft, de sesenta gramos, con un estuche de cartón ship calibre 18, con el nombre de Poesía Guatemalteca Siglo XX, serie Antonio Brañas, apareció mi nombre junto a Arango y Cifuentes, como Consejo Editorial, creado “de hecho”, que se convirtió posteriormente en el primero como lo indiqué antes.

 En esa colección, cuyos folletos no pasaron de 30 hojas sueltas, dentro de un empaque que simulaba un estuche, se publicó poesía de los siguientes autores (incluyo el título de sus obras): Luis Eduardo Rivera, Las voces y los días; Rafael Gutiérrez, Epigramas a Angélica; Edgar Gutiérrez, Para concluir su hechizo; Aída Toledo, Brutal batalla de silencios; Francisco Nájera, Su cuerpo, las palabras; Sergio Morales, Fósiles y otros restos; Violeta Blanco, Sueños Paloma; Mario Roberto Morales, Epigramas; Méndez Vides, Recuento de Batallas;  Antonio Brañas, Poesía escogida. Creo que el otro autor, para la colección que tuvo once folletos, fue del mismo Noriega, pero desapareció de mi librera.

A principios de enero de 1991, en una reunión que se realizó en mi oficina profesional ubicada en el Edificio El Patio, en la zona 4, los miembros del Consejo, días antes que finalizara nuestro cargo, decidimos las obras se publicarían en 1991, entre ellas El animalero, de Humberto Ak’abal. Ya he contado en otras ocasiones como por solicitud de Arango aprobamos incluir en los libros a publicar esa obra; con la que su autor inició su exitosa carrera literaria. Levantamos en esa ocasión un acta, cuyo texto incluí en el libro Desandado huellas. Apuntes. Entrevistas y documentos para el estudio de la literatura guatemalteca de los años ochenta del siglo veinte, que publiqué con la Editorial Palo de Hormigo en el año 2000. El acta en mención sirvió a las autoridades que asumieron los cargos en el MICUDE, a partir del 14 de enero de 1991, para la publicación de los libros sugeridos.

Al desligarme del primer consejo asesor, y del Ministerio de Cultura y Deportes en mi primera etapa como colaborador de este, seguí de cerca la trayectoria de Editorial Cultura.  En los años noventa entre sus encargados Marco Vinicio Mejía, Armando Rivera y Lucía Escobar, pero siendo que en el año 2000 fui invitado por Otilia Lux de Coti, a quien Alfonso Portillo nombró como ministra para dicho Ministerio, como uno de sus asesores específicos, empezó mi segunda etapa en dicha dependencia, que finalizó en 2021.   Paco Morales Santos estaba ya, como indiqué antes, como Director de la editorial. Me consta que él le habló a Otilia para que se le comprara una computadora apropiada. Requerimiento que fue atendido. Ya  tenía personal de apoyo capacitado, pero no con el equipo correspondiente. Entre los trabajadores con los que contó Morales en distintos años se pueden mencionar a valiosos escritores como Vania Vargas, Julio Serrano, Javier Payeras, Wingston González, Carmen Lucía Alvarado, Aníbal Barillas, Martín Díaz Valdez y Byron Quiñónez, entre otros, y como miembros de sus consejos asesores a autores de reconocido prestigio, como se puede leer en los créditos de cada publicación.  Desconozco quien está ahora a cargo de Editorial Cultura, y quienes forman su Consejo Asesor. No dudo de sus capacidades y de su experiencia. La mejor prueba los libros que desde 2021 se han publicado en sus distintas colecciones.

 Una de mis sugerencias a la ministra Coti fue que el Premio Nacional de Literatura Miguel Ángel Asturias no se otorgara a dedo o por un consejo nombrado expresamente, por lo difícil de su integración, y que dicho premio fuera otorgado por el Consejo de Editorial Cultura, constituido en cada ocasión como jurado para dicho premio. En cada año se anunciaría con anticipación para que entidades de cultura e interesados propusieran candidatos, con justificaciones y con  los datos respectivos, vida y obra, de cada propuesto.  A la ministra Coti, le parecieron apropiadas las ideas y las aprobó. A partir de entonces cesó la intervención de las autoridades en la decisión del otorgamiento del Premio,- del que narraré en otro texto como fue que surgió-. Por eso fue injusto que se acusara a dicha funcionaria, en 2003, que ella había decidido personalmente el otorgamiento del Premio Nacional a Humberto Aka’bal, expresando que había sido porque él era maya. El galardonado fue propuesto por la Academia de Lenguas Mayas de Guatemala. La decisión la tomó el Consejo Asesor para las Letras integrado en ese año por Francisco Morales Santos, José Luis Perdomo, Enán Moreno, Luis Alfonso Beteta y Carlos René García Escobar. El premio fue rechazado por Humberto por razones que se  hicieron públicas.

Muchos autores hemos sido beneficiados con la Editorial Cultura en sus publicaciones. En mi caso con la segunda edición del folleto La noche de un día duro, – 2006-, y con la primera edición del Breviario de legislación nacional sobre las expresiones culturales tradicionales, los conocimientos ancestrales y los derechos de los pueblos indígenas en materia de cultura, – 2011-. He sido incluido además en las siguientes antologías publicadas por dicha editorial: 1) Segunda edición de Joven narrativa guatemalteca. Selección, prólogo y notas, de Lucrecia Méndez de Penedo.  (Tres narraciones tomadas del libro Cuentos, fábulas y antifábulas). 2). Las huellas de la Pólvora. Antología del Cuento Guatemalteco. Colección Narrativa Guatemalteca Siglo XX. Serie Augusto Monterroso. -1988- Antologistas: Armando Rivera e Isabel Aguilar Umaña. Editorial Cultura y Magna Terra. (Cuento incluido: Y para que te metés en babosadas pues,del libro Puros cuentos los de mi abuelo y otros cuentos, 3) Antología del cuento guatemalteco del siglo XX. – 2015-. Antologista: Enrique Noriega. Editorial Cultura. Colección Guatemala (Se incluyó el cuento Los aviones vuelan como zopilotes, del libro De balas, de bolos y de bolas.  4) Segunda edición de Mis manos son tu superficie Antología de Narrativa Guatemalteca– 2019. Selección y Notas de Francisco Morales Santos. (Se incluyó el cuento Los reyes del rock del libro Cuentos, fábulas y antifábulas, de la serie “Clase del 68”). Esta obra fue publicada en primera edición en la República Dominicana, en 2018. En ese año la Feria del Libro de ese país fue dedicada a Guatemala. Se me invitó  como parte de la delegación que asistió a dicho evento, pero por razones personales no pude hacerlo.

De las sedes de Editorial Cultura

La primera sede, cuando surgió, estuvo en la séptima avenida de la zona 9,  en una casa donde hoy se encuentra Fontierras.  En ese lugar fueron las segundas oficinas del Ministerio de Cultura y Deportes. Posteriormente en el Centro Cultural Miguel Ángel Asturias, después en los sitios donde estuvo la Dirección General de las Artes, uno de ellos en la 11 calle de la zona 1. Con el traslado de las oficinas de dicha Dirección al Palacio Nacional de la Cultura la sede de la editorial estuvo por varios años en el tercer nivel del dicho edificio.

En el año 2021, la  Editorial  fue trasladada del Palacio Nacional de la Cultura al edificio la Biblioteca Nacional, donde se encuentra actualmente.  Este hermoso edificio, de nueve niveles, se restauró en los años 2018 al 2023. Los trabajos comenzaron cuando tuve el honor de ser Director del Patrimonio  Documental y Bibliográfico, dependencia del Viceministerio del Patrimonio Cultural y Natural, Ministerio de Cultura y Deportes. Se terminaron cuando ya no estaba en el cargo. La construcción del Edificio de la Biblioteca, al igual que el del Archivo General de Centroamérica, se inició durante el periodo del presidente Juan José Arévalo, y se terminaron en la gestión de Idígoras Fuentes.  En el libro sobre Rafael Arévalo Martínez, escrito por Teresa Arévalo, su hija, ella indica que la sugerencia de construir un edificio apropiado, en un terreno grande, para la Biblioteca Nacional, fue de su papá. La hizo al Presidente de su mismo apellido. Ocupó el cargo de director 27 años. El diseño de ambas construcciones fue de Rafael Pérez de León, el mismo arquitecto que diseñó el Palacio Nacional y otras construcciones emblemáticas de la ciudad de Guatemala, de los años treinta y cuarenta del siglo pasado.

Historias para ser contadas.

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