Rodrigo Rey Rosa no necesita presentación pues es un escritor chapín consumado y con las mejores referencias de la crítica literaria de la región y allende de este continente. Considero que es importante que lo lean los noveles escritores para que aprendan el manejo de las letras y mejoren su oficio sin olvidar, por supuesto, a Ernest Hemingway, que ha sido el gran maestro para todos los grandes latinoamericanos, de quienes hemos aprendido la sencillez y cortedad de la palabra clara para narrar las historias.
Rodrigo a veces cuenta historias nimias y a veces allí está su cualidad en contarnos, por ejemplo, historias donde la historia subyace en un animal. En el cuento La prueba, en uno de sus primeros libros “El agua quieta” (Publicaciones Vista, Guatemala 1993), fue el caso de un canario, que va a obrar de manera que los personajes giran en torno a él en situaciones límite: “Una noche, mientras sus padres bajaban por la autopista de vuelta de una fiesta de cumpleaños, Miguel entró en la sala y se acercó a la jaula del canario…”. Eso también sucede con su novela corta y casi cuento largo, “La orilla africana” (F&G Editores, Guatemala 2010), dedicada a sus padres y, por ende, imagino que la pulió como un orfebre para contarnos la historia que gira, luego de contarnos cómo un pastor salvó a un cordero de las aguas del mar, en torno a una lechuza en las playas rocosas de Marruecos en el Mediterráneo, donde la descripción del entorno es muy meticulosa.


Allí vive Hamsa, el pastor adolescente, que desea encontrar a una lechuza para ayudarlo a estar despierto durante la noche en vela para hacer señales a una lancha de narcotraficantes para ganar el dinero ofrecido por un fulano que sabe que conoce muy bien los riscos marinos.
El punto para nuestros noveles escribientes es que la escritura de Rodrigo los alumbrará con su simplicidad y pertinencia en dar una descripción de los lugares donde suceden las historias para matizar y enfatizar el ambiente del relato. “Hamsa se levantó cuando todavía estaba oscuro y el viento del Este soplaba con fuerza para hacer sonar el follaje de los árboles, como mil maracas y silbar entre las peñas del acantilado, al pie del cual se estrellaban violentamente las olas del mar…”. Es un joven pastor que logró encontrar a una oveja extraviada y la rescató como un héroe anónimo. Es preciso, no hay palabra de más. Estampas sencillas en cada uno de los relatos. Al punto, entre las olas y el agua quieta.
Tags: El agua quieta Ernest Hemingway La prueba Portada Rodrigo Rey Rosa








