Entre los intelectuales guatemaltecos que se han destacado en Europa, Jaime Barrios Carrillo tiene un lugar importante gracias a su trabajo en el ámbito cultural. Asentado desde hace casi 45 años en Estocolmo, Suecia, a donde partió exiliado, ha logrado establecer vínculos sólidos tanto con otros literatos y artistas que viven en el extranjero como con diversas generaciones de quienes viven y trabajan en Guatemala.
La vocación literaria e intelectual de Jaime tiene claras raíces en su familia. Su padre, Jaime Barrios Peña (1921-2009), fue un destacado psicoanalista con más de 20 libros publicados, fundador de la psicología clínica, además de haber sido diplomático. Barrios Carrillo señala que cuando su papá falleció el diario El País le dedicó una página para exaltar la relevancia de su trabajo.
De su madre, Consuelo Carrillo Meza (1923-2023), quien murió a los 100 años, afirma que, aunque su profesión era el trabajo social, también se desempeñó en el periodismo y llegó a fundar revistas como Espigas, además, tenía programas radiales y se caracterizó por ser una de las pioneras del feminismo en el Guatemala. Además, publicó libros como Flores de aleña y nardos, Cantos de amor paz y Cápsulas. No llegó a ver su último libro que es una autobiografía recientemente publicada en Europa.

Por el lado de su madre, sus tíos Raúl y Hugo se destacaron como escritores. Del primero, Jaime señala que era novelista, cuentista y teatrista. Mientras que de Hugo Carrillo refiere, que además de ser hermano de su mamá, fue su amigo. “Con él entré al mundo del arte, del teatro. Hugo era gran maestro para todos nosotros”, refiere.
Un contexto complicado
Jaime vino al mundo en 1954, un año marcado para los guatemaltecos debido al derrocamiento del presidente Jacobo Árbenz Guzmán, orquestado por la CIA, y el inicio de ese período llamado contrarrevolución que terminó con las ilusiones que se habían sembrado durante los 10 años de Primavera Democrática. La represión se sintió en el seno de la familia. “A mi papá le quemaron un libro en 1954, cuando se hizo una gran hoguera como de la Inquisición. Quemaron los libros de los comunistas en el Parque Central y quemaron de todo. El de mi papá un era un estudio del Test de Szondi (ver Barrios Peña, 1952) del psiquiatra y psicoanalista húngaro Leopoldo Szondi. Mi padre trabajó mucho con eso. A él le impresionó mucho ese hecho… se entristeció mucho.”, señala.
La niñez de Jaime estuvo marcada por esa realidad, porque, aunque su padre no salió al exilio, muchos de sus amigos sí debieron irse del país. Recuerda cómo, siendo niño, acompañaba a su padre a visitar a intelectuales como Otto Raúl González, Carlos Illescas y Mario Monteforte Toledo, entre otros que estaban refugiados en México. «Eso fue algo notorio que tuvo mi generación, que es la generación de la Contrarrevolución, no solo política sino también cultural, porque todo era señalado como comunismo», enfatiza.
Esas convivencias con intelectuales, la formación recibida en casa y el sistema educativo que le tocó experimentar a Jaime lo acercaron al mundo cultural. Cita a Julio Cortázar al reconocer: “Yo vengo de mi infancia”. Y es que señala que creció en una familia de clase media sin problemas económicos. “Yo viví en una ciudad de Guatemala mucho más pequeña. No había ese tráfico que hay ahora. Era una ciudad más amable. Vivíamos en la zona 1, a dos cuadras del Cerrito del Carmen. Había una vida cultural, tal vez más pequeña, pero muy intensa”, enfatiza. Recuerda haber asistido a diversas actividades culturales durante su niñez. “Nos llevaban al conservatorio, a ver las obras de Hugo, mi tío. Además, mi tía era concertista de la sinfónica. Fue muy importante ese acercamiento con la cultura”, reconoce.
De Guatemala a Colombia
Cerca de cumplir los 13 años, la vida de Jaime se transformó, porque su padre fue nombrado Embajador de Colombia por Julio César Méndez Montenegro. Acerca de ese presidente señala que se llegó a anunciar como el “tercer presidente de la revolución”.
“Mi papá había sido un revolucionario y tuvimos una ilusión”, añade. Jaime vivió toda su adolescencia en Colombia. De esa experiencia expresa: “dejar a tus amigos de infancia fue duro, y después dejar a tus amigos de la adolescencia, también lo fue. Además, vivir como guatemalteco fuera de Guatemala te crea una nostalgia por tu país, y esa, yo la he seguido teniendo. Yo he vivido casi toda la vida fuera de Guatemala”, ya que aunque seis años después de irse por primera vez del país volvió a Guatemala, no podía sospechar entonces que más adelante su destino sería vivir la mayor parte de su vida fuera del país.
Una de las facetas que con más fuerza distinguen a Barrios Carrillo es la de columnista y es que comenzó muy temprano en esta labor. “Mis inicios, dentro del periodismo cultural se dieron indirectamente por una relación familiar. Mi abuelo materno, José Domingo Carrillo, que era médico y un gran lector, era muy amigo de David Vela, quien era el director de El Imparcial. Yo comencé a escribir en ese diario. Tímidamente hice mis primeras columnas”, asegura. Eran notas sobre la vida cultural, libros y algunos tópicos políticos como la violencia estructural y la responsabilidad del Estado, según cuenta Jaime. “Eran artículos sin ninguna periodicidad que yo llevaba personalmente a El Imparcial. David Vela ejerció en mí una especie de mentoría informal. “Alcancé a publicar entre 10 y 15 artículos. Algunos ya subidos de tono para la época”, reconoce.

Otro de los aspectos en los que cimentó su quehacer como columnista fue su formación como académico y catedrático universitario. «Siempre tuve la inclinación por escribir», expresa.
Razones para el exilio
Jaime se tituló como Licenciado en Filosofía de la Universidad de Costa Rica. En 1978, recién graduado, comenzó a impartir cátedras en la Universidad de San Carlos de Guatemala, y lo hizo hasta que el clima represivo se volvió insostenible. “Fue una persecución infame, colegas asesinados o desaparecidos, la USAC, donde yo trabajaba bajo amenaza. Fue un ataque frontal a la intelectualidad guatemalteca, hubo cientos de profesores asesinados o en el exilio. Es una cuestión que estamos pagando todavía, esa persecución de intelectuales… Ningún país se recupera tan fácilmente de algo así”, expresa.
Al momento de decidirse a dejar el país, debió enfrentar la decisión entre irse a Costa Rica, donde abía estudiado o a Estocolmo, Suecia, donde tenía familiares y se decidió por ese país escandinavo. “Al principio pensé que sería un tiempo corto mientras se calmaban las cosas, pero estas no se calmaron y siguieron asesinando profesores y estudiantes de la universidad y en general. La escalada de violencia alcanzó niveles inhumanos con miles de desaparecidos, masacres de campesinos indígenas, algunas aldeas fueron borradas del mapa por las fuerzas armadas”, detalla.
Otro aspecto que destaca de ese período son los asesinatos selectivos que se dieron en la capital por razones políticas. «Yo pensé que iba a ser algo así como ‘mientras pasa el aguacero’, porque a mí me hacía falta mi país y me sigue haciendo falta. Guatemala siempre me va a hacer falta», acota. La situación fue prolongando poco a poco su estancia en Suecia y hubo un momento en el que se dio cuenta que debía integrarse al panorama laboral y cultural de aquel país. “En Estocolmo me integré a la vida académica, esta vez como estudiante. Me gradué de Antropólogo Social y más tarde, en Estudios Latinoamericanos”, indica el intelectual.
De vuelta a las columnas
Con el tiempo, ya en los años 1990, fue invitado por Óscar Enrique Barrientos para retomar su quehacer como columnista y lo hizo en la sección cultural del vespertino La Hora. «Yo le enviaba mis artículos por correo como se hacía en ese época», detalla. Su columna se llamaba “Ventana de Europa”. En ella trataba temas culturales. Además , escribió una serie de reportajes sobre la vida en París, los nuevos museos y diversas actividades.
Fue en ese tiempo cuando se reencontró con Luis Aceituno. “Antes nos habíamos conocido, pero brevemente. En París nos volvimos amigos”, recuerda acerca de quien fuera editor del suplemento elAcordeón de elPeriódico y de la sección Dominical de eP Investiga.
Jaime señala que la amistad con otros intelectuales guatemaltecos exiliados ha hecho que vuelva con cierta frecuencia a París. “Tengo muchos amigos como Luis Eduardo Rivera, José (Pepe) Mejía. Otros, lamentablemente han fallecido, tal es el caso del pintor Juan Jacobo Rodríguez Padilla”.
Hacia finales del siglo pasado se incorporó a Magacín 21 de Siglo Veintiuno, medio donde también trabajaba Luis Aceituno que había vuelto de Francia. Uno de sus proyectos más notables en ese matutino fue la página de reseñas literarias que emprendió junto a Pepe Mejía, en la que realizaban reseñas de los libros que aparecían en el ámbito guatemalteco. Explica que la intención de ese espacio fue ser una guía crítica de lectura. «No es lo mismo hacer una reseña que una crítica literaria. Es una lectura en la que le entregas al lector pautas, sobre todo, en el sentido positivo. Si un libro no te gusta, mejor no lo reseñes”, comenta.
De esa experiencia cuenta: «Fue un proyecto interesante que lamentablemente no ha seguido en otros medios». Expone que en la actualidad hay un aislamiento entre el autor y sus posibles lectores”, indica.
Relata que, al principio, su labor no fue bien entendida por las editoriales, algunas de las cuales pretendían que ellos compraran los libros que iban a reseñar. Sin embargo, poco a poco, fueron adquiriendo la confianza de todos, gracias a la calidad del trabajo que realizaron y hubo un tiempo en el que esas empresas enviaban o llevaban los libros a la redacción. Siglo Veintiuno les enviaba una caja a cada uno para ser reseñados, recuerda.
En Siglo Veintiuno también tuvo trascendencia su columna Tragaluz. Precisamente, gracias a esas publicaciones, Barrios Carrillo se enfrentó a las diversas maneras de pensar de los guatemaltecos, según sus circunstancias, acerca de quienes escriben estando fuera del país. Explica: ”si uno lee la obra de Luis Cardoza y Aragón, cuenta que estando él en Europa, los hijos de familias muy acomodadas lo criticaban a él, porque decían que estaba dando una mala imagen de Guatemala. Ahí viene la idea esa de los malos guatemaltecos y los buenos guatemaltecos. Los malos guatemaltecos aquellos que dan una imagen mala de Guatemala. Si tú te has metido en campos como la prensa, el columnismo, sobre todo, si das tu opinión de lo que ves, puedes estar equivocado, pero es lo que tú ves. Eso ha chocado mucho con la imagen oficial que se ha querido dar, la imagen turismo”, expone.
Jaime abunda en describir las ideas que se difunden y contrastan con la realidad. “Ven a los indígenas como parte del paisaje, pero no se toma en cuenta el racismo, las masacres que hubo y las injusticias. Ni a los guatemaltecos pobres y los migrantes, porque eso molesta”, señala. Recuerda que, como columnista en Siglo Veintiuno, en un chat de lectores, hubo tanto quienes leían su columna y les gustaba, como quienes, incluso llegaron a amenazarlo, porque lo tildaban de “terrorista” o “comunista”.
La experiencia de colaborar con Siglo Veintiuno concluyó luego de 15 años, debido al que califica como “el derrumbe, sobre todo de calidad” en 2017.
Poco después, José Rubén Zamora lo invitó a escribir para elPeriódico y ahí retomó sus roles de columnista y periodista cultural. En ese medio, realizó entrevistas y reportajes. Además, indica, “tuve una columna semanal hasta el cierre abrupto y brutal de aquel magnífico periódico”.
Con el surgimiento de eP investiga fue invitado a colaborar y lo he hecho hasta ahora con una columna semanal, entrevistas y de vez en cuando, reseñas de libros en esta sección Dominical. “Mi primera columna en eP investiga fue una protesta solidaria por el injusto, desproporcionado e inhumano encarcelamiento de José Rubén Zamora. La libertad de expresión ha sido cancelada en Guatemala”, declara.
Jaime también fue fundador de la revista digital Gazeta. Fue su primer director y en la actualidad forma parte del consejo editorial.
Su quehacer como escritor de columnas no se ha limitado a los medios de comunicación guatemalteca, ya que según refiere, ocasionalmente ha escrito para revistas y periódicos de otros países latinoamericanos y España. Entre estos se encuentran La Jornada, en México, la revista Casa de las Américas, en Cuba. En España, ha escrito en Espéculo de la Universidad Complutense de Madrid y la revista Ábaco.
Para la revista de la Universidad de San Carlos también escribió una gran cantidad de artículos. También ha realizado trabajos escritos para diversas publicaciones de Flacso-Guatemala. Además, es el autor de varios prólogos de libros, tanto de narrativa como de poesía.
Acerca del periodismo cultural, Barrios Carrillo asegura: “me apasiona y lo considero como una puerta de apoyo a la cultura y al desarrollo”.
Literatura y crítica literaria
Recientemente su poemario, Suena el tiempo, que está próximo a salir publicado, fue finalista para el Premio Gilberto Owen de Poesía, en México. Explica que se encuentra en el proceso de publicación con la editorial Periferia.
Otras obras de su autoría son el libro de crítica literaria Anti-ensayos que publicó en 2012, que contiene, además de ensayos, crónicas de su autoría. Además, el autor destaca dos poemarios: Ángeles sin dios. De este libro en particular, expone que ha tenido suerte porque, por ejemplo, David Unger tradujo algunos de los poemas que contiene al inglés y ha tenido buenas reseñas. El escritor colombiano Camilo García Giraldo escribió un comentario acerca del libro para eP Investiga, en el que señala: “Jaime nos dice, con un lenguaje poético coloquial y sencillo, de lo que son algunos de los ángeles: seres “abandonados que esperan que el mundo se acuerde de ellos. Son como los poetas que nadie lee, expulsados de las inmensas repúblicas que siguieron al pie de la letra los preceptos de Platón. Moran en la psique junto a otros demonios y fantasmas estacionales… Por eso, hablar de los ángeles, de sus diversos de los rasgos y características, es en cierto modo hablar de los poetas, es de alguna manera hablar de sí mismo como poeta.”
También se ha destacado otro poemario llamado Tiempos de revelado, cuyo prólogo señala: “Las viejas fotografías nos devuelven rostros que amamos, paisajes que desaparecieron y gestos que olvidamos tener. Asimismo, reflejan la distancia que nos separa de aquellos que fuimos, como si cada imagen fuera un espejo quebrado donde el tiempo ha dejado cicatrices. Las fotografías, al igual que los recuerdos, son anclas y alas: nos atan al pasado y, al mismo tiempo, nos impulsan a volar con la imaginación que representa en nuestro interior cómo seremos vistos cuando, en el futuro, nuestras propias imágenes se conviertan en reliquias.”

«También he publicado poesía en revistas y en la antología que hizo Pepe (Mejía) de poesía guatemalteca en francés y en español también hay poemas míos, en Casa de las Américas. Hay una revista argentina que me ha publicado poemas», añade. En cuanto a Guatemala, comenta que el escritor Roberto Cifuentes publicó algunos de sus poemas en La Hora.
Barrios asegura que tiene textos que están esperando su publicación, entre ellos, antologías de sus crónicas publicadas en diversos medios de comunicación y señala que esa es una de sus tareas pendientes.
En cuanto a sus actividades en Suecia, Barrios Carrillo fue coordinador de proyectos de información de Forum Civ (antes Forum Syd) en Suecia entre 2001 y 2018, además ha sido consultor de varias municipalidades.
Autores, academia y periodismo cultural
La labor de acercamiento que ha realizado Jaime Barrios Carrillo entre otros escritores y los lectores incluye conferencias en foros internacionales, entrevistas en vivo, y por supuesto, perfiles tanto de autores actuales como los que son referentes históricos, tal es el caso de entrevistas que ha realizado a personajes como Eduardo Halfon, a quien presentó en el Instituto Cervantes de Suecia en 2024 o Rodrigo Rey Rosa, a quien él mismo propuso para el Premio Cervantes 2025.
Expresa su preocupación por la escasez de investigación académica en Guatemala. «Es importante el estudio académico de los autores para significarlos y para que tengan presencia tanto a nivel nacional como internacional. Me da pena decirlo, pero en el país no hay tesis académicas sobre la obra de Arqueles Vela y de él ha habido tesis académicas en España y hay un nuevo interés por la novela vanguardista, sobre todo por La Señorita Etcétera. En Guatemala no hay un acompañamiento académico, especialmente de la Universidad de San Carlos ni en otras universidades hacia sus autores. Ni siquiera de (Augusto) Monterroso (hay estudios), porque lo último que hubo fue una tesis acerca de él fue de los años 90″.
En contraste con esta falta de interés de los ámbitos académicos en Guatemala, hace notar que, por ejemplo, en México, la hija de Carlos Navarrete, Yoshandi Navarrete Quan, ha hecho trabajos importantes alrededor de íconos de la literatura guatemalteca. «Tiene tres tesis escritas para la UNAM». Uno de estos estudios es sobre Antonio José de Irisarri, luego una tesis acerca de José Milla y Vidaurre, y luego, más adelante, una de Enrique Gómez Carrillo. Asegura que hay tesis de Gómez Carrillo en España, en la Universidad de Granada, pero en Guatemala no existe el estudio sistemático del llamado Príncipe de los cronistas, ni de Cardoza y Aragón por citar solo a algunos.
«Creo que si los guatemaltecos no estudian su literatura, se produce un vacío», sentencia el escritor. El desconocimiento y falta de interés, según subraya no solo se da con autores de generaciones anteriores, porque según dice, un autor contemporáneo que tampoco ha recibido la valoración que merece, es Rodrigo Rey Rosa, quien sí ha sido estudiado en otros países, sobre todo por su obra El material humano. «Lo que el país hace sobre sí mismo es poco», concluye el intelectual que es colaborador en eP Investiga.
Barrios Carrillo señala que otro aspecto importante para la valoración de los autores y su obra es el periodismo cultural, que debiera establecer vínculos entre los hacedores del arte y la cultura y el público.
Jaime Barrios Carrillo, junto a otros intelectuales también asentados en Europa desde hace décadas, son ejemplos de cómo, a pesar de las distancias, Guatemala sigue siendo para ellos, motivo de preocupación e inspiración.
Tags: exilio Jaime Barrios Carrillo Literatura guatemalteca Portada Domingo Portada dominical








