Obra Matanza de niños, del artista Duccio. Foto: Museo de la ópera de Siena
La vida es, en buena medida, una tragedia que puede sobrellevarse gracias a la risa. Es por eso por lo que, a veces la seriedad y la cotidianidad se pausan con una broma. El 28 de diciembre es una de esas fechas. Desde hace mucho tiempo la tradición considera que es propicia para tomarle el pelo a nuestros próximos. No deja de ser extraño, sin embargo, que la conmemoración de un hecho trágico sea aprovechada con el fin que se le ha dado popularmente.
Esta fecha conmemora un hecho abominable. La masacre de niños menores de dos años originarios de Belén y sus alrededores. Este hecho, ordenado por el rey Herodes “el Grande” está documentado en la Biblia en el evangelio de Mateo y los historiadores creen que no es únicamente un relato mitológico, sino que, dadas las características del Rey, haya sido cierto. Tomando en cuenta el tamaño de la población pudieron haber llegado a morir asesinados unos 50 niños. Sin embargo, algunas tradiciones atribuyen a más de quince mil el número de víctimas.
Según el relato bíblico, El rey Herodes mandó a matar a todos los infantes menores de dos años, esperando con esto acabar con la vida del mesías. El suceso demuestra la crueldad del soberano judío y su ambición de permanecer en el poder a toda costa. La muerte en nombre de Cristo de estos infantes que con el tiempo se llamó la masacre de los inocentes. Estos fueron considerados mártires de Cristo desde los albores de la iglesia.
Con el tiempo durante la Edad Media la conmemoración fue transformándose. Poco a poco, la fecha desmoralizante pasó a ser festiva. Incorporándose a las celebraciones de la Navidad. La violencia sufrida por los inocentes martirizados mutó a la ingenuidad del engañado. Del ritual del dolor se tendió al de la broma.
Fechas similares se pueden remontar a la antigua Roma. La Hilaria era una fiesta que se enmarcaba en el equinoccio de primavera. Dedicadas a las diosas Cibeles, en ella se permitía que los romanos se disfrazarán, realizarán sátiras e incluso le hicieran farsas y bromas. La misma era realizada el 25 de marzo.
En la tradición hebrea también existe la del “Purim”. Que tiene su origen en un decreto del rey persa en el que se ordenaba la muerte de todos los judíos en ese antiguo imperio. Todo esto también relatado en el libro bíblico de Ester. En esta celebración de alegría se acostumbra a disfrazar a los niños y tener grandes banquetes.
La festividad del carnaval y del primero de abril son también ocasiones propicias para las bromas. Las primeras eminentemente ligadas al calendario religioso permiten durante algunos días excesos, disfraces, sátiras y farsas. Esto en la previa a la época de cuaresma que la iglesia católica preceptúa ayunos y penitencias por cuarenta días. A su vez en el mundo anglosajón y en Francia se celebra con bromas muy similares a las del día de los inocentes el inicio del mes de abril.
Es normal que ante hechos desagradables socialmente se trate de hacer chiste hasta de las tragedias. Como dice el refrán “al mal tiempo buena cara”. Esto no es nada nuevo. Incluso los griegos así lo hicieron en la antigüedad. En grandes rasgos este se dividía en dos grandes estilos. La tragedia trataba el destino, la hybris y la culpa de los reyes y dioses. En pocas palabras la desventura y cargas que conlleva el poder. Mientras que la comedia le permitía al pueblo reírse impunemente de la desgracia de sus dirigentes.
Hoy en un mundo donde estamos bombardeados por los bulos, las noticias falsas y la manipulación. Todos somos susceptibles de caer de inocentes ante estos ataques. La perversidad de sus autores recuerda con nuevos métodos tecnológicos, al deseo del ambicioso Herodes. Ya que buscan al igual que el villano bíblico, el poder.
En estas condiciones donde impera el poder sin límites a cualquier precio de la producción industrial de mentiras. Donde la realidad y sus tragedias cotidianas terminan convirtiéndose en bromas de mal gusto. Donde el poder que demuestran la mayoría de los líderes mundiales llega al paroxismo del ridículo. En las que la gran mayoría de las personas solo puede aceptar su trágico destino riendo a carcajadas mientras lloran, como Garrik, en silencio sus desventuras. Quizás sería prudente cuestionarse si no debería celebrarse, aunque sea un día al año, la seriedad y la sinceridad. Olvídense de esto último, esto también es una broma para los inocentes.
¡Deseo a todos feliz y próspero año 2026!
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