«El Choque», del pintor Alfredo Gálvez Suárez.
Esta columna es la V Parte y Final de las respectivas publicaciones de los domingos 15, 22 y 29 de junio, y 5 de julio de 2025, las cuales invito a leer para la mejor comprensión del presente texto.
La historia oficial enseñó a rendir homenajes a los llamados conquistadores
En la narrativa del discurso de la educación primaria y media de Guatemala fue normalizado decir “Pedro de Alvarado, conquistador de Guatemala”; “Hernán Cortés fue el conquistador de México”; “El conquistador de Perú fue Francisco Pizarro”, aunado a una lista amplia de nombres de personajes españoles de aquel contexto que había que aprenderse de memoria, sin análisis de la importancia de conocerlos y contrastarlos. El término “conquistador” se daba por hecho sin cuestionar qué significó esa denominada “conquista”, representando con ello la idea de que la Guatemala a la que debía de rendírsele culto era la fundada por los llamados “conquistadores”. O dicho de otra manera, que la Guatemala que tiene un sentido es la que surgió con ellos. Es lo que el conjunto mural de Alfredo Gálvez Suárez en el Palacio Nacional de la Cultura, “Sabiduría y religión” y “Sangre, técnica y espíritu”, transmite. Como lo mencioné en la tercera parte de estas columnas, publicada en este mismo periódico el 29 de junio de 2025, la parte más amplia del conjunto mural representa la época colonial como un «encuentro pacífico y romántico entre españoles e indígenas», como si la cultura occidental hubiese procurado una especie de «mundo nuevo» y «mundo mejor» sin ningún tipo de contradicción. Esto refuerza la idea de que Occidente representa la civilización y las culturas indígenas americanas representan lo incivilizado, llamado «primitivo», debiéndose someter estas «para lograr superarse». Inclusive, Gálvez Suárez combina las representaciones que evidencian la reproducción del racismo, del eurocentrismo y del patriarcado, ya que en un área central de la composición pictórica representa lo indígena como mujer sumisa de menor estatura que el hombre español, a su vez éste como representación de la superioridad y que se encuentra ataviado como un capitán de conquista. Así, la narrativa del discurso oficial en las enseñanzas de la historia procuró, siempre, no generar cuestionamientos, lo cual hoy se refleja en muchas mentalidades que reproducen ideas como “no hay que generar conflicto”, “eso ya pasó y hay que mirar hacia adelante”, “Guatemala hoy es diferente”, entre otras. Inclusive, esas mismas mentalidades han llegado a decir que el plantear una postura crítica frente a los acontecimientos de la invasión y de la denominada conquista es “victimismo”.
La historia oficial ha enseñado a venerar como fundadores de la identidad guatemalense y guatemalteca, lo que en síntesis sería la guatemalidad, a capitanes y soldados guerreristas cuyas crueles y ambiciosas acciones han sido representadas como sinónimos de «éxito», «valentía», «decisión» y «valores». Por supuesto que sí representan todo eso pero desde la lógica ventajosa de una clase dominante cuyo bloque histórico continua siendo la integración del ethos español «conquistador» y colonial, de lo criollo, de lo oligarca terrateniente latifundista y de la blanquitud, expresada ésta de forma conveniente algunas veces como ladinidad, promoviendo todo ello un mestizaje de conveniencia que no rebase lo que el multiculturalismo neoliberal presenta como la diversidad que no hace ningún daño y oposición al sistema dominante. Y en la base se encuentran esos personajes que, en las mentalidades de niños escolares de primaria que debían representar las escenas que el discurso oficial organizaba en las efemérides como la de la denominada «conquista de Guatemala», se colocaban como el que querían muchos personificar, reproduciendo la hegemonía al decir “Yo quiero ser español”.
Es innegable que no podemos hacer nada por cambiar la historia, pero sí es imprescindible seguir luchando por transformar cómo se enseña la historia, cómo debemos estudiarla y buscar la transformación de la realidad presente para considerar otro tipo de futuro.
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