Ante el revuelo en el que se encuentra el mundo, hablar de premios al cine resulta un tanto extraño. Aun así, las grandes galas de la temporada se han desarrollado sin novedad (y casi sin política) y el próximo domingo tendrán su pico con la entrega del Óscar.
Desde ya, la suerte está echada. Las votaciones cerraron esta semana y la Academia de Hollywood ya tiene a sus ganadores. ¿Premian los Óscar a la calidad? No necesariamente. Como en política, entre el ser y el deber ser existe un abismo muchas veces intransitable.
Quienes votan para los Óscar votan también para otros premios (como el SAG o el Critic’s Choice). Por eso, los estudios que quieren obtener estatuillas para sus películas deben emprender campañas de posicionamiento de candidatos. Estas incluyen eventos de screenings, activaciones y estrategias de comunicación para crear narrativas favorables entre la audiencia votante.
En fin, la calidad puede relegarse a segundo plano con mucha facilidad. Ha sucedido con mucha frecuencia en categorías a la animación o a la canción original. Ha sucedido, también, con grandes producciones.
¿Por qué menciono estos puntos? Bien, este año es un ejemplo de cómo la conversación alrededor de una película o una actuación puede inclinar la balanza más allá del producto mismo. Campañas como la de Marty Supreme, para bien o para mal, han sellado el destino de sus protagonistas.
La gala es el próximo 15 de marzo y esto creo que va a pasar.
Mejor película
Sinners. Espero equivocarme, en serio. A pesar de aparecer al último en la escena, el obtener el premio más importante de los Actor Awards (SAG) le ganó enteros para quitarle el Óscar a One battle after another.
Mejor actor
Michael B. Jordan, por Sinners. Timothée Chalamet comenzó fuerte por Marty Supreme, pero su propia campaña (además de la polémica alrededor de Josh Safdie) se encargó de sepultarlo. Perdió el BAFTA y B. Jordan le ganó el Actor Award (SAG). ¿La actuación doble de Michael para dar vida a los gemelos Moore está sobre las de Di Caprio, Moura y Hawke? No lo sé, pero es lo que hay.
Mejor actriz
Jessie Buckley, por Hamnet. Ha ganado todo, todo. Sería una gran sorpresa si sucediera algo distinto.
Mejor director
Paul Thomas Anderson, por One battle after another.
Mejor actor de reparto
Sean Penn, por One battle after another.
Mejor actriz de reparto
Amy Madigan, por Weapons. Es un gran logro para el terror llegar a estas instancias, gracias a una propuesta fresca en todo sentido. Si no fuera Madigan me gustaría Elle Fanning, pero las opciones parecen estar más con Wunmi Mosaku y con Teyana Taylor.
Mejor película extranjera
Sentimental Value. Parece seguro, pero El agente secreto puede dar la sorpresa.
Mejor película animada y Mejor canción original
Ganarán Kpop Demon Hunters y Golden, su canción estrella. Han ganado todos los premios y, además, la cinta arrasó en los Annie (que son el indicador directo para la categoría).
En un año nada memorable para el cine, ya veremos qué sorpresas trae la ceremonia de entrega.
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