“Recibir un reconocimiento como el que generosamente me otorgó María Eugenia Gordillo ha significado siempre un estímulo a mi trabajo literario”, declara la escritora Delia Quiñónez quien en 1989 obtuvo el premio Artista del Año como destacada en Letras.
Quiñónez, quien en 2016 fue galardonada como Premio Nacional de Literatura Miguel Ángel Asturias, es un claro ejemplo del acertado criterio de Gordillo al momento de seleccionar a los ganadores de los premios que a finales de octubre de 2025 cumplen 45 años de ser entregados.
Muchos de los reconocidos como Artista del Año, Artista destacado, Artista Revelación del Año o con las distintas medallas que se conceden bajo el nombre de luminarias en diferentes ramas de las artes se han destacado no solo a nivel nacional sino internacional. Este fue el caso de Gaby Moreno, a quien se premió cuando apenas tenía 12 años y era alumna de la Maestra Marina Prado Bolaños. Fue precisamente en esa academia en donde Gordillo la vio y tomó la decisión de entregarle el galardón.
El primer artista en recibir el mayor premio de esas jornadas, es decir el Artista del año, fue el barítono Luis Felipe Girón May, quien recibió esa distinción en esa primera ceremonia que se realizó en la residencia de Sandy Koenigsberger, en 1980. Gracias a su dominio excepcional del bel canto, volvió a ser el Artista del año en 1981, recibió el premio como Artista destacado en 1993, le fue otorgada la Medalla del milenio por sus Bodas de Plata profesionales en 2002, y el premio por Trayectoria artística en 2009.
También en el ámbito de la música, a Fabiola Rodas (hoy conocida como Fabiola Roudha) se le entregó el premio Artista revelación en canto en 2003 y seis años después su popularidad trascendió en La Academia y El Desafío de Estrellas en México, aunque la cantante ya se había destacado en otros concursos en Argentina y México que no habían sonado en Guatemala.
El grupo Alux Nahual, que se creó en 1979 recibió, en 1982, el premio a la Trayectoria artística, y en 2000, Álvaro Aguilar, Ranferí Aguilar y Paulo Alvarado fueron premiados nuevamente. El grupo, que en los últimos años ha tenido algunos cambios, sigue vigente y es uno de los que tienen mayor popularidad en Centroamérica.
Delia Quiñónez expresa: “La cruzada cultural que María Eugenia realiza permanentemente, honra profundamente a Guatemala, y es ejemplo para mantener viva la fe en el futuro de nuestro país”.
Así mismo se manifiesta el actor, bailarín y docente Iván Martínez, quien se sumó a la lista de premiados en 1990 en la rama de teatro. Martínez destaca que “en Guatemala son pocos los reconocimientos que motiven el trabajo que realizan los artistas, tanto las nuevas promesas como aquellos que llevan un buen tiempo haciendo lo que tanto amamos: cantando, bailando, actuando, pintando, interpretando un instrumento música”. Por eso, expresa, “elogiamos el trabajo de María Eugenia Gordillo y motivamos a los organizadores de esta maravillosa tarea para que se siga realizando”.
Lucía Armas, quien además de contar con una carrera de más de 50 años como bailarina, coreógrafa e investigadora de la danza, ha sido directora de la Dirección General de las Artes y viceministra de Cultura, entre otros cargos, destaca: “Para uno como artista ser elegida para el premio como Artista del año representa el reconocimiento al trabajo profesional que se ha realizado”. Armas ganó la Medalla Fabiola Perdomo, en 2005 como artista destacada de la danza.
Otro de los galardonados que se muestra agradecido es Julio César Santos Campos, timbalista principal de la Orquesta Sinfónica Nacional desde 1982, fundador del Coro Victoria y principal director musical de las obras de Joaquín Orellana, quien fue premiado como Intérprete musical en 1990. «Es muy importante reconocer el esfuerzo que realiza un artista para mostrar su propuesta estética», asevera Santos.












Artistas de todas las ramas han sido reconocidos en las galas de premiación que se celebran desde 1980.
Descubrimientos y grandes trayectorias
Cuando María Eugenia Gordillo se refiere a los artistas que ha galardonado les dice, afectuosamente, “mis premiados” y es que antes de llegar a cada una de las 45 ceremonias, ella ha establecido una relación de admiración con ellos. Los ha visto en los escenarios, ha leído sus obras o escuchado cuidadosamente sus interpretaciones musicales.
El trabajo de selección ha sido arduo, pero lleno de satisfacciones. En la primera edición del libro Lo que soñé lo vivo, que se publicó en 2016 y que documentó las entregas que se dieron entre 1980 y 2015, el crítico de arte Guillermo Monsanto afirmaba que hubo un hecho que conmovió especialmente a Gordillo y que la impulsó a buscar el reconocimiento de los artistas. “… cuando (María Eugenia) se iba a casar, conoció a un noble artista casi desconocido al cual premió. Su estilo figurativo, muy de esa época de los paisajes y bodegones. Al morir don Guayito (Eduardo Madriz Escobar), la familia le devolvió la medalla a María Eugenia, agradeciendo el homenaje, el único que recibió. Sin el reconocimiento, probablemente el nombre del autor se hubiera perdido como el de muchos otros”, refiere Monsanto.
En un medio en el que el quehacer artístico no se valora como debería y la mayoría de los artistas reciben mensajes desalentadores desde sus inicios, la validación de su trabajo cobra especial importancia. Algunos de los galardonados eran ya figuras consagradas cuando se les confirió el homenaje, sin embargo, el hecho de que sus trayectorias fueran destacadas ha permitido a las nuevas generaciones ponerse en contacto con ellos. Ese fue el caso de los coreógrafos Antonio Crespo Morales y Richard Devaux. Al primero se le nombró Artista del Año en 1982 y posteriormente se le otorgaron los reconocimientos por Trayectoria artística y la Medalla Fabiola Perdomo en 2000. Devaux fue declarado Mejor coreógrafo en 1983, Artista del año en 1989 y obtuvo su distinción por Trayectoria artística en 2015.
En el caso de Ricardo Arjona, su reconocimiento de esta organización llegó en 1995, precisamente cuando se encontraba cosechando uno de sus innumerables éxitos en el Festival de Viña del Mar. La noche de la premiación fue su padre, Ricardo Arjona Moscoso quien llegó para agradecer el premio como Artista del Año.
Un área de la música que ha sido especialmente premiada ha sido el bel canto. Y antes de que el concurso Operalia reconociera las voces de Mario Chang, en 2014 y de Adriana González en 2019, ya el premio Artista del Año les había sido otorgado. A Chang en 2008, como Artista destacado en bel canto y a González en 2009.
En familia
El dicho popular «Lo que se hereda no se hurta» que hace referencia a que hay rasgos y talentos predeterminados por la genética se confirma en el hecho de que muchos de los premiados pertenecen a familias talentosas, por lo que padres e hijos y hermanos han compartido honores. Este es el caso de María Teresa Martínez (hija del actor y productor teatral Alberto Martínez Bernaldo), quien recibió el premio como Mejor actriz del año en 1998 y el Premio a trayectoria por 60 años de carrera en 2004, y de su hija Gretchen Barnéond que fue reconocida como Artista revelación en 1999.
En seguimiento del legado de Richard Devaux también se han destacado Anoushka y Karen Devaux. La primera fue Bailarina revelación en 1996 y la segunda Artista revelación en 2011.
El clan de los Sarmientos también aparece en este listado. El Maestro Jorge Sarmientos, compositor, músico y director de orquesta, obtuvo el premio Artista del año en 1984 y reconocimiento a Trayectoria artística en 2003 , mientras que su hijo Igor ganó Trayectoria artística en 2000, y su hija, la actriz y violinista Mónica Sarmientos recibió el premio Artista destacada en 1993.
Aunque ya se mencionó la distinción que en 1993 obtuvo Gaby Moreno, hay que destacar también que su madre, la locutora Lucy Bonilla fue la ganadora de la Medalla Antonio Almorza en 2009. Con esta medalla también fueron distinguidos en conjunto los hermanos Hugo y Giovanni Aldana, junto a su socio Guido Rosal, en 2014, por su trabajo como Los tres huitecos.
Logros documentados
Si bien en Guatemala ha existido falta de documentación del quehacer artístico en general, los libros que se han generado para contar la historia de este premio pueden ayudar a reconstruir un poco de la historia artística del país de estos últimos 45 años. Lo que soñé… lo vivo, que este 2025 tiene un nuevo volumen, abarca el recuento de los galardonados y sus más connotados logros. Sin embargo, según admite María Eugenia, no de todos los ganadores se conservaron fotografías. Así que en el libro figuran unos 650 de los más de 720 galardonados hasta la fecha.
En cuanto a los espacios que han abierto las puertas al premio después de la primera edición se cuentan la que fuera del Grupo Diez, el Teatro Abril, el Instituto Guatemalteco Americano y la Sociedad Dante Alighieri hasta llegar al Club Alemán, donde se realiza la premiación desde hace 25 años.
Además de premiar a exponentes del arte en diversas ramas, ha habido también reconocimientos a entidades que se dedican a la promoción y apoyo al arte, tal es el caso de la Alianza Francesa (1983), Artes muy especiales (1999), Canal 5 (1983), Patronato de Bellas Artes (1982), El Attico (1998), El Túnel, el Festival de Marimbas Paiz (1989), Fundal (2010), Museo Nacional de Historia (1988), Organización para las Artes Francisco Marroquín (1983, 1988 y 1998) y Teatro Abril (1989).
Medallas que son homenajes
Con el tiempo, se crearon las medallas que distinguen a exponentes de distintas ramas del arte y que llevan los nombres de insignes representantes de esa disciplinas. La fue la Medalla Vicenta Laparra Reyes de la Cerda, que se entregó con la colaboración de la Asociación de Mujeres Periodistas y Escritoras de Guatemala.
Antonio Almorza, el actor y locutor, que fue uno de los dos sobrevivientes del accidente aéreo que el 27 de octubre de 1951 se cobró la vida de más de dos decenas de artistas en Petén, inspiró a la creación de la medalla que se entrega a quienes se dedican a la locución artística.
La Medalla Fabiola Perdomo no solo distingue a los artistas de la danza que se lucen en los escenarios, sino a Perdomo, quien fue una de las bailarinas pioneras en el país y que también llegó a ser premiada como Artista del año en 1985 y por Trayectoria artística en 1996.
La medalla Ricardo Mata se creó para honrar a quienes son capaces de encontrar belleza en diversos escenarios y ángulos de la vida, a través de las cámaras fotográficas. Con esta medalla también se recuerda al artista que en 1994 obtuvo el premio por Trayectoria fotográfica artística y cuyo talento le valió ser el fotógrafo oficial de la visita del papa Juan Pablo II a Guatemala.
En 1992, María Eugenia creó la Medalla Marta Bolaños de Prado para reconocer a los formadores de talento en la niñez. La primera premiada fue Marina Prado Bolaños, educadora en el área musical e hija de Marta Bolaños. Posteriormente, Eunice Lima, decidió instituir el reconocimiento como una Orden y quedó a cargo del Estado.
El próximo en ser inmortalizado a través de una medalla fue José Cayetano Morales, abuelo materno de Gordillo. En 2008 se instituye la Medalla Mon-Crayón con el que se ha premiado a destacados caricaturistas.
La lista de ganadores de este prestigioso premio se incrementará el 28 de octubre de 2025, cuando se celebren sus Bodas de Zafiro en el club Alemán. En el sitio Lo que soñé, lo vivo se puede encontrar información acerca de la historia y el libro conmemorativo de estos 45 años de existencia.
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