Durante su gobierno, Carlos Manuel Arana Osorio, quien fue presidente del país entre 1970 y 1974, impuso estados de sitios y toques de queda.
El 12 de noviembre de 1970 el gobierno de Carlos Manuel Arana Osorio impuso la política de estado de sitio, con los respectivos «toques de queda», publicándose oficialmente al día siguiente en el diario oficial a través del Decreto No. 3-70. Dentro de las muchas medidas llevadas a cabo, todas de carácter contrainsurgente, estuvo la de cortar el cabello, incluso rapar, a hombres, sobre todo jóvenes, en la calle. Así mismo, se atentó contra el derecho de las mujeres de utilizar ciertos estilos de faldas. El discurso de la prensa en los días que inmediatamente prosiguieron a la instalación del estado de sitio se definió en la línea de legitimación de las acciones del gobierno, con una narrativa que era proclive al mantenimiento de los valores hegemónicos y que muchas veces reproducía el mismo lenguaje utilizado por los comunicados oficiales. Por ejemplo, los titulares de Prensa Libre y la redacción de una noticia respectiva el 16 y 17 de noviembre de 1970, constituyen una evidencia de la narrativa en favor de las acciones gubernamentales:
“Terminante prohibición de quemar cohetes emitió el Ejército”. (16 de noviembre, pág.1).
“Policías capturan y rapan a transeúntes de la Sexta”. (17 de noviembre, pág. 1).
“Capturan y rapan a transeúntes de la sexta avenida».
Gran expectación y muchas protestas causó la sorpresiva redada de «peludos» hecha ayer por la policía nacional en plena sexta avenida.
A eso de las 16 horas varias unidades celulares y radiopatrullas se situaron en calles adyacentes de la importante avenida y de ellos bajaron regular cantidad de agentes uniformados, quienes procedieron a la detención de todo hombre que llevaba el cabello largo.
Los policías, incluso penetraron a los almacenes, cafeterías, restaurantes y otros sitios situados a lo largo de la sexta avenida y procedieron a la captura de muchos jóvenes.
La medida causó la expectación de los transeúntes, pues el movimiento policiaco fue claramente notorio, así como las numerosas protestas de los afectados y de sus familiares, pues muchos de ellos paseaban con sus novias, mamás y otros miembros de sus familias al momento de ser detenidos.
Varios propietarios de almacenes se acercaron hasta las unidades policiacas, donde estaban los apresados, para protestar y pedir la libertad de sus empleados, clientes y en algunos casos hijos, pero los agentes les contestaban que cumplían órdenes superiores.
Muchas personas con la cabellera un tanto larga, al notar la acción policiaca solicitaban un urgente «jalón» de los automovilistas y en última instancia se introducían a más de algún establecimiento a la mano para evadir el proceder inexplicable de la policía.
Según fuimos informados, en otros sitios se observó la misma operación, tal el caso de la Calle San Juan, donde policías registraban a los transeúntes y a las chicas que llevaban minifaldas les llamaban la atención y en algunos extremos les halaban sus faldas, diciéndoles que «corta le queda» en tono de burla”. (17 de noviembre, pág. 8).
Esta acción de la policía evidencia y refuerza lo que he propuesto como un concepto fundamental en mis investigaciones académicas sobre el anticomunismo en Guatemala, refiriéndome en este caso al término de juventud permitida. La juventud que mostraba símbolos de rebeldía a través de la estética corporal y del vestido, como también por medio del arte, y que rechazaba determinadas prácticas hegemónicas religiosas, cívicas y sociales, y más aún si mostraba ideas político-ideológicas críticas, resultaba como una juventud no permitida. Las significaciones que el sistema dominante le otorgaba a esos «jóvenes no permitidos», tenían bases en el conservadurismo que ideológicamente pertenecía a las derechas extremas, íntimamente relacionado con el cristianismo y el nacionalismo hegemónicos, pero también con el modelo económico que hegemonizaba la estructura social. El poder militar tenía en ello un papel central, como arquetipo de todos los valores hegemónicos integrados, y era debido a eso que en varios establecimientos educativos se propició la educación militarizada en los términos que la hegemonía determinaba, construyéndose relaciones sociales en las cuales los policías civiles y los soldados civiles se potencializaron, ya que entre los mismos ciudadanos surgieron aquellos que se consideraban como guardianes de la moral y en varios centros educativos se impulsaron y favorecieron prácticas en ese sentido para fomentar la cultura militar contrainsurgente. Estas acciones policiacas de cortar el cabello a hombres y cuestionar el uso de cierto tipo de faldas en las mujeres, constituían una clara violación a los derechos humanos que el gobierno pretendía justificar con un discurso que insistía en que se estaba “combatiendo a la criminalidad”, asociando así el ser criminal a pertenecer a cualquier organización que criticase al sistema, principalmente las de carácter revolucionario. Los criterios de la extrema derecha gobernante en Guatemala eran de que un hombre con el cabello más largo de lo que los valores hegemónicos establecían, era un posible comunista por ser rebelde. El fin primordial era destruir cualquier oposición de izquierdas, relacionando que cualquier postura contraria al sistema dominante era comunista o alentada por el comunismo. Esto ha sido una estructura de larga duración desde las ideas extremistas derecha y sus imaginarios, que persiste hasta la actualidad, ya que todo lo distinto a lo que la hegemonía plantea es señalado de comunista. Al mismo tiempo, el comunismo continúa siendo representado como un antivalor, inclusive el peor de los antivalores, todo ello desde los imaginarios del sistema dominante. Por lo tanto, la política del gobierno de rapar a jóvenes hombres y descalificar el uso de ciertas faldas en las mujeres era anticomunista y contrainsurgente.
Si bien Prensa Libre mostraba en la noticia el descontento de varias personas, el mensaje subliminal era que al decir “el proceder inexplicable de la policía” mostraba una supuesta «sorpresa» pero insistía en que los afectados eran «peludos» o de «cabellera larga», transmitiendo la idea de que ellos mismos eran culpables de su situación por no utilizar el cabello según las características hegemónicas. Era una manera indirecta de decir “sólo les pasaban estas cosas a quienes estaban metidos en algo”. El temor y la angustia de varias personas que refiere la noticia refuerza esa posición ideológica del discurso hegemónico.
El titular en Presa Libre el 18 de noviembre, evidencia ese sentido ideológico:
“Operación Melenudos seguirá, se advierte”.
El otro titular de la portada también legitimaba las acciones represivas gubernamentales, justificándolas siempre como necesarias para combatir la criminalidad:
“Ambiente favorable a medidas antisecuestros”.[1]
En esa misma edición, Prensa Libre publicaba la explicación oficial del gobierno sobre esta política de represión contra determinadas estéticas juveniles:
“La medida tomada por la policía de cortar el cabello a las personas que lo estilan largo, obedece básicamente a que una serie de hechos delictuosos -principalmente bandolerismo político- las víctimas en algunos casos y testigos en otros, han dado descripciones de que quienes han cometido estas tropelías eran regularmente jóvenes con cabello largo o bien pelucas, expresa un comunicado del ejército.
Con base en lo anterior, se expresa que se ha procedido a un riguroso corte a efecto de que, en el futuro, la presencia de personas con el cabello crecido más allá de lo normal serán tenidos como sospechosos y además se evitará con ello el disfraz que para la comisión de sus delitos al utilizar pelucas, venían empleando con alguna efectividad grupos de delincuentes”. (18 de noviembre, pág. 14).
El lenguaje utilizado por las instituciones oficiales y por una prensa legitimadora, demostraba que había una juventud no permitida y por ende una juventud permitida. Para la primera, se utilizaban términos despectivos, utilizando otros que representaban o pretendían representar antivalores universales. Una característica de los regímenes de extrema derecha ha sido la de generalizar a través de estereotipos a los sujetos sociales, ya sea para representar un valor o un antivalor. La medida de rapar a hombres era otra manera de generar el terror y que los aparatos de seguridad del Estado mostraran su fuerza sin que pudieran detenerlos de ninguna manera. Lo hicieron con pilotos de autobuses en sectores populares, como el del Guarda, en las áreas de la zona 8 y zona 11 de la capital, subiendo a buses urbanos y rapando a los pilotos y a pasajeros, llevados estos últimos a la estación de policía cercana para proceder a raparlos, según consta en varias fuentes hemerográficas.
El periódico El Imparcial también legitimó la acción gubernamental relacionada con rapar el cabello a hombres, a través del discurso utilizado en dos noticias en su portada del 18 de noviembre de 1970, en las que se evidenciaba el pensamiento hegemónico de la coalición política gobernante. La moción de diputados de oposición para que se discutiera en el Organismo Legislativo la acción represiva de cortar el cabello a hombres y prohibir la minifalda a mujeres por parte de la policía y del ejército, fue ignorada de manera agresiva y satírica por parte de la bancada oficial:
“La Policía continuará con rapada».
En prevención de hechos delictivos”. (18 de noviembre, pág. 1).
“Rapada trata el Congreso».
Los diputados del MLN-PID rompieron el quórum, y se dio por terminada la sesión del congreso de esta mañana, ya que consideraron poco serio ocuparse de la minifalda y de los peludos”. (18 de noviembre, pág. 1).
El desarrollo de estas ideas y prácticas reforzó la hegemonía anticomunista y contrainsurgente, cuya base se encuentra en un sentido ultraconservador, reproducido en distintos espacios como microfísica del poder, parafraseando a Michel Foucault, haciendo más hondo el quiebre entre una juventud permitida y una juventud no permitida, resultando esta última sumamente reprimida. Y varios medios de prensa fueron multiplicadores de estos nefastos imaginarios que lamentablemente se concretaron y siguen estando presentes en muchos espacios.
[1] Ibíd.
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