Miguel Uribe Turbay. Foto: Wikipedia
El pasado sábado 7 de junio el político colombiano, Miguel Uribe Turbay, fue víctima de un atentado. A sus treinta nueve años fue atacado a balazos mientras pronunciaba un discurso en la capital de su país. El representante del opositor “Centro Democrático”, partido de derecha fundado por el expresidente Álvaro Uribe, recibió varios disparos, dos de los cuales le asestaron en la cabeza. De momento, pese a la importancia de las lesiones, Uribe Turbay se encuentra con vida, pero su estado es crítico y su pronóstico reservado.
Este hecho fue seguido de una ola de violencia en varias zonas del país suramericano. Esta, incluyó una veintena de ataques, tres explosiones de bombas y más de diez muertos. Principalmente en las regiones del sureste.
A todas luces lamentables, estos sucesos, hacen temer que el próximo proceso electoral del año 2026 se vea empañado por la violencia. Trayendo de nuevo, a la mente de muchos colombianos, los recuerdos dolorosos de la campaña presidencial de 1990. Cuando, el narcoterrorismo asesino a cinco candidatos a la primera magistratura.
Uribe Turbay pertenece a una familia de tradición en la política colombiana. Su abuelo fue el presidente de la República Julio Cesar Turbay. Su madre, Diana Turbay, fue una reconocida periodista que falleció víctima de la violencia imperante en su país en los últimos veinte años del siglo pasado. Secuestrada por el grupo de los “Extraditables” liderados por Pablo Escobar, murió durante su cautiverio en 1991.
La ascendente carrera del político en la que destacó su paso por el concejo Municipal de Bogotá y ser el Secretario de Gobierno más joven de la Historia de la Capital de su país. Así como, su elección al cargo de senador de la República perfilaba a Uribe Turbay como favorito para alzarse con la candidatura presidencial. Esto, incluso frente a otras figuras con mayor experiencia y antigüedad dentro de su organización partidaria. Posicionándose así, como una alternativa en oposición franca al actual gobierno.
Identificado a la derecha del espectro ideológico, a base de esfuerzo y trabajo, se creó un nombre y un perfil para encabezar un cambio generacional en el partido fundado por Álvaro Uribe. Su fuerte crítica al gobierno del Exguerrillero Gustavo Petro ha sido evidente. Incrementándose el tono de esta en las últimas semanas. Centrando sus argumentos en el fortalecimiento institucional y en atacar la consulta popular que el presidente impulsa. Calificándola de un “intento de golpe de Estado”.
Pocos momentos después del ataque se logró la captura de un menor de catorce años. Quien, se presume es el responsable material del hecho. Sin embargo, es casi seguro que este no actuó de forma solitaria. El reto en este caso para las autoridades del gobierno, al igual que lo ha sido en otros similares, será poder dar con los responsables intelectuales del mismo. De lo contrario, será una mancha muy oscura, quizás la mayor, en la ya muy criticada gestión del actual presidente Petro.
Es así, como Uribe Turbay se une a una triste y larga lista de candidatos y políticos que a lo largo de la historia de su país han sido víctimas de atentados. Entre los que destacan Carlos Galán, Eliazar Gaitán, Carlos Pizarro quienes murieron mientras buscaban la presidencia. Así como, a la de los expresidentes Álvaro Uribe e Iván Duque quienes lograron sobrevivir a intentos de acabar con sus vidas.
Si bien es cierto que en Colombia lamentablemente no son raras esta clase de situaciones. Es imposible no analizar la misma en el contexto internacional de los últimos años. Esto, en virtud que no han sido pocos los líderes que en distintos puntos del mundo han sufrido en carne propia y pagado con su sangre el precio de la participación política activa siguiendo las reglas democráticas.
Dicho esto, es innegable que de un tiempo para acá han sido los atentados a los representantes de las ideas de derecha o conservadoras quienes más los han padecido. Algunos de estos ejemplos son los casos del: ex primer ministro japonés Shinzo Abe, o del candidato presidencial ecuatoriano Fernando Villavicencio, así como del parlamentario Británico David Amess quienes lamentablemente murieron.
No se puede ignorar tampoco los intentos fallidos sufridos por Jair Bolsonaro en Brasil; e incluso el del Presidente Donald Trump en la última campaña del país norteamericano. Todos ellos atacados por enajenados mentales que se oponen violentamente a sus ideas o por el crimen organizado.
La política es una actividad que alcanza las teclas más profundas y sensibles de los sentimientos de las personas. Es por eso por lo que sus líderes se encuentran permanentemente vulnerables a ataques. Pero los niveles de polarización y de violencia que la sociedad ha alcanzado en los últimos años, pone de manifiesto que la democracia está bajo ataque y en peligro.
Se puede afirmar que estos actos de intimidación son ocasionados, muchas veces como respuesta a discursos provocativos u ofensivos para ciertas personas. Pero la violencia jamás será la vía adecuada para impedirlos ni contrarrestarlos. Por el contrario, solamente logra que las fracturas sociales se profundicen.
Sumada a la radicalización del discurso. En el caso específico de Latinoamérica la debilidad institucional ha permitido que el crimen organizado penetre las estructuras partidarias. Logrando que sus antivalores mafiosos se impongan al campo de las ideas y del debate político. Quienes se oponen y denuncian este sistema, sin importar su ideología, se convierten inmediatamente en un blanco.
El silencio es cómplice en estos casos. Es por eso por lo que él mismo es inaceptable. Todos los que creen en los valores democráticos están llamados a unir sus fuerzas para condenar, combatir y detener este flagelo y de esta forma defender la democracia.
Tags: Centro Democrático fortalecimiento institucional Miguel Uribe Turbay Pablo Escobar Portada








