Autorretrato de Tomás de Merlo en su pintura «Cristo ante Caifás», perteneciente a la serie La Pasión. Foto: Ministerio de Cultura y Deportes
Desde el momento en el que se supo de las acciones legales en contra del Museo de Arte Colonial en La Antigua, una pregunta saltó a la palestra pública: ¿qué va a pasar con las pinturas de Tomás de Merlo?
No es que el resto de la colección del museo no sea importante. Al contrario, sus valiosas muestras de escultura, pintura, artes aplicadas y manuscritos son excepcionales. No obstante, Merlo es una herida abierta en Guatemala.
Su serie más famosa, La pasión de Cristo (siglo XVIII), fue desmembrada por medio de un robo a la iglesia El Calvario en 2014. Inmediatamente, la pérdida de esos cinco lienzos de gran formato se entendió como uno de los daños más profundos al patrimonio nacional.
Recién en 2023 logró recuperarse un fragmento de una de las piezas, pero el vacío aún es abrumador y doloroso.
Aunque irreparable, el daño habría sido mayor si el Museo de Arte Colonial no contara con la otra mitad del ciclo pictórico. Por eso, la situación actual de los lienzos es una brasa caliente para el Ministerio de Cultura y Deportes.
De nuevo, la incertidumbre se cierne sobre estas piezas maestras. Ante el cierre ¿temporal? del Museo de Arte Colonial, el destino de los lienzos debe ser de importancia nacional. Actualmente, la institución se encuentra enfrascada en una vorágine legal y de gestión que mantiene en vilo el futuro inmediato (y el futuro, en general) de una de las muestras de arte más valiosas con las que cuenta Guatemala.
Las piezas se encuentran en el museo desde 1936. El espacio, originalmente construido como sede de la Universidad de San Carlos, acumula 80 años de historia y de visitantes de todo el mundo. Aunque hay un acuerdo que destina el lugar para actividades culturales (vigente hasta 2032), parece que cambiará de uso inevitablemente.
Con la pérdida de las obras de El Calvario, Merlo perdió algo más que legado tangible y espacio expositivo: perdió también la sacralidad de sus pinturas, concebidas como medios de fe. Ahora, con la tragedia del museo antigüeño, está por perder la posibilidad de ser reconocido por los miles de visitantes que año con año se maravillan ante su genialidad.
¿Quo vadis, Merlo? La pregunta pareciera un leitmotiv en su narrativa personal. Una parte se mudó de los muros de El Calvario al Museo de Arte Colonial; otra, a muros desconocidos. ¿Cuál será el destino de los Merlo que aún nos quedan?
El Ministerio de Cultura y Deportes ha sido enfático en que las piezas no deben moverse de lugar. Está por verse quién ganará el pulso.
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