Memorias y anécdotas / Luis Enrique Sam Colop

A Luis Enrique Sam Colop y a Humberto Ak´abal les debo parte de mi formación,  sobre aspectos de racismo, discriminación, y  derechos culturales, políticos y sociales de los pueblos indígenas. 

julio 12, 2026 - Actualizado julio 12, 2026

Terminaba la década de los setenta del siglo pasado cuando apareció, como noticia, en uno de los diarios escritos del país, que la Universidad Rafael Landívar publicó en una edición bilingüe español–k´iche un poemario con el título “ Versos sin refugio”, de un escritor indígena, estudiante de la carrera de Derecho de esa universidad. Este estudiante era Luis Enrique Sam Colop. Por aquellos años yo era el presidente y encargado de las publicaciones del grupo Rin 78, por lo que buscábamos autores para publicar sus obras. Por medio de Amable Sánchez Torres, poeta, de nacionalidad española, residente en Guatemala, ex sacerdote católico, catedrático nuestro en la carrera de filosofía y letras en la misma universidad, y estudiante a la vez, de la carrera de leyes en esa casa de estudios, contacté a Luis Enrique.

Durante nuestra primera conversación le comenté del interés de nuestro grupo de publicar una de sus obras, por lo que en 1980 hicimos realidad ese deseo cuando en acto público se le entregó un ejemplar del poemario “La copa y la raíz” que se realizó en el recordado edificio de la Alianza Francesa, en la 4ª. avenida de la zona 1- una de las tres sedes, “de hecho”, para eventos del grupo. – Las otras dos sedes, por años, fueron el Instituto Italiano de Cultura y el Instituto Alemán de la Asociación Alejandro Von Humboldt–. El encargado de la entrega, a su autor, fue Amable Sánchez. Quien presentó la   obra, Francisco Albizurez Palma, dijo que “el aparecimiento de textos escritos en lenguas nativas, constituía un síntoma de la fuerza con la que se hacen presentes nuestra sociedad los grupos indígenas”. Agregó además que “la lengua secular reclama y obtiene el derecho a ser impresa y divulgada”. Fue durante el coctel que siguió al acto que conversé con el poeta y escritor Luis de Lión, a quien conocía de nombre por sus textos en la revista “La Semana”, en la que tuvo fuertes polémicas con el Bolo Flores sobre la identidad del Indio (fue el término que utilizaron). Luis Alfredo Arango, Mario Roberto Morales y Luis Eduardo Rivera escribían en la misma sección. Días después de ese acto fue el  secuestro de ese escritor y poeta. Cuando  posteriormente fue publicada la primera edición de su novela “El tiempo principia en Xibalba” en Serviprensa, propiedad de Tono Mobil, compré cien ejemplares, con un dinero que tenía de grupo,  para distribuirlos entre miembros de Rin 78 y otros amigos. Ese fue mi homenaje personal y  de nuestro grupo editorial a ese valioso intelectual maya.

Meses después de la presentación de la obra mencionada Sam Colop fue incluido con su cuento “Quiché Achí guerrero” en  la antología “joven narrativa guatemalteca”, por su autora Lucrecia MéndFituada en “Las Hojarascas”, en donde al calor de una plática surgió la idea de la columna. Esto me fue contado por Tasso. La tercera, el hecho que por muchos años tuvo un proyecto de apoyos económicos, juntamente con su ex esposa, para estudiantes de origen maya, hombres y mujeres, que hizo que muchos se les hiciera más fácil sacar una carrera universitaria. Este hecho lo mantuvo con mucha discreción. Yo me enteré de ese proyecto, por boca de algunos de estos profesionales, después de su muerte. Un cuarto fue la formación  juntamente con Humberto Ak´abal, con quien hicieron una sólida amistad,-yo los presenté-  por un proyecto  que crearon para que algunos niños quichés aprendieran a hacer poesía.

A Luis Enrique no le gustaba regalar su trabajo intelectual. Eso le generó antipatías. Sus artículos para revistas del extranjero, por conferencias que dio en los Estados Unidos  y lo que le pagaba Prensa Libre por sus columnas, le permitió  sus últimos años vivir y ejercer poco la profesión  notario. Dos veces faccionó, a mi solicitud,  gratuitamente, las actas notariales del jurado del Premio Guatemalteco de Novela. Comparto la afirmación de muchos estudiosos de lo brillante del trabajo que hizo sobre el Popol Vuh. Años antes de realizar esa investigación y publicación coincidieron con Ak´abal en una de las conversaciones en el restaurante “El Establo”  en que el idioma quiché es poético. Recuerdo que Mario Monteforte Toledo, quien fue uno de los presentadores del mismo, en el acto respectivo, en el 2009, en el Hotel Royal Palace, en el Centro Histórico de la ciudad de Guatemala afirmó en esa ocasión, que comentaba el trabajo sin conocer el idioma quiché, lo que generó un aplauso de los presentes. Recuerdo también que en una  plática Sam Colop me mencionó que había hecho un análisis del “Rabinal Achí” para una publicación en el extranjero, en la que había desmitificado algunas interpretaciones. Me impresionó cuando me explicó que la famosa frase “que nadie se quede atrás”, del Popol Vuh, se interpretó fuera de su contexto, pues su sentido, me indicó, es “que nadie quede vivo atrás”.

Para terminar este recorrido por mis recuerdos de un valioso estudioso maya, del que tuve el privilegio de ser su amigo, del que podría contar cuando compartió en casa con mis padres y mis hermanos, de los viajes que hicimos muchas veces a nuestra granja en San Raymundo, de los actos de casamientos que como notarios hicimos juntos, quiero destacar una broma que le hice cuando recién iniciábamos nuestra amistad. Un día lo invité al restaurante Altuna, de la zona 1, al que después fuimos asiduos durante una época, por su cercanía con la Alianza Francesa. En esa ocasión yo pedí un ceviche de criadillas, y le expliqué, a su pregunta, de su composición. Me dijo entonces que no le atraía, por lo que le aconsejé uno de abulón, y cuando ya lo estaba degustando le indiqué que el abulón era la otra parte genital  del toro, por lo que veía como, con una cara de yo no quiero,  lo fue comiendo, acompañando con cada bocado un trago de cerveza. Cuando   lo había terminado le indiqué  que era realmente el abulón  por lo que con risas me dijo “me hiciste eme mi ceviche”

A Luis Enrique Sam Colop y a Humberto Ak´abal les debo parte de mi formación,  sobre aspectos de racismo, discriminación, y  derechos culturales, políticos y sociales de los pueblos indígenas.  Fueron mis severos críticos. Es un legado de nuestra amistad. Méndez de Penedo, en la que  transcribió narraciones de Franz Galich, Mario Alberto Carrera, Méndez Vides,  Víctor Muñoz. Max Araujo y Dante Liano.

Mi amistad con Luis Enrique, con quien nos separaban en edad cinco años y meses  — nació en 1955– no se dio por la literatura, nos unieron las leyes, pues al enterarse en nuestra primera conversación que yo era abogado y notario, que ejercía la profesión y que tenía oficina propia, me  buscó para que le asesorara en algunos asuntos legales, por lo que se inició entre nosotros  una amistad que terminó con su muerte el 15 de julio 2011. Su oficina profesional la tuvo con otros abogados en el Edificio El Triángulo, zona 4, vecino al Edificio el Patio en donde yo tenía la mía. Por esa cercanía participó, en distintas ocasiones, de las reuniones que con otros amigos tuvimos por varios años, a la hora del almuerzo, en  el comedor“El Establo”, situado en dicho edificio.

 De su vida personal participé en muchos acontecimientos, como reuniones en su apartamento en Nimajuyú, zona 21, cuando vivió ahí, en donde inicié mi amistad con Demetrio Cojti, otro amigo de él, estudioso de origen maya; también de su viaje y estudios para antropología en la Universidad de Búfalo, en Estados Unidos. Tuvimos  correspondencia por cartas- aún no se daban los correos electrónicos. Cuando se recibió de abogado y notario, juntamente con Manuel Salazar Tetzaqüic, otro valioso intelectual, escritor  y músico maya, tuve el honor de ser padrino de su graduación. Antes de la imposición de la toga, para el debate público, usó un traje de cofrade de Chichicastenango; vestimenta que no le era ajena pues lo usó de niño cuando estudió en el Instituto Santiago, como integrante de su banda musical. Lamentablemente no pude asistir a su boda con la odontóloga y antropóloga Irma Otzoy, la que se realizó en Cantel, de donde fue originario. Me reclamó muchas veces esa inasistencia. -Tasso me contó de lo alegre  que fue-. Cuando con su esposa construyeron su primera casa en” Las Hojarascas.

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