En la pequeña habitación iluminada de amarillo, Javier Payeras, armado de palitos, que usa como pinceles, plasma variadas formas con acrílico negro sobre un largo rollo de papel. Atrás de él, en dos carteles, se leen los aforismos: “Sin muerte no hay historia” y “Este presente es real, lo demás es pensamiento”.
Al principio, el silencio se impone en la sala que ya ha sido ocupada por los espectadores que llegaron a conocer Blister, el nuevo proyecto de Payeras. Él está concentrado pintando sin descanso sobre el papel. Lo hace rápido y solo se detiene para volver a cargar con tinta su improvisado pincel y seguir desenrollando el papel.
En las otras paredes del pequeño salón de la sede de Proyecto Poporopo en la zona 1, donde se realiza este performance, hay pegadas páginas en las que pueden leerse otras frases como «Pesadilla no es despertar», «En perseguir está el error», «Agradecer el día nuevo guardarse la vanidad» o «Intercede por nosotros luz de la mañana», que también forman parte del libro que se presenta.





El primero en tomar la palabra es el también escritor y editor Pablo Bromo (Vueltegato Editores), a quien más adelante Javier identifica como el curador de la pieza. “Esto es algo que Javier ha venido haciendo en los últimos años… desde pandemia comenzó a crear mucha obra gráfica, pero conozco a Javier desde hace más de 30 años y tiene un cajón de cosas que él ha dibujado, escito, pintado… Blister (como se titula el libro) es especial porque nació como poesía espontánea y al jugar con plantillas de esténcil, entonces decidimos imprimir un libro y hacer esta intervención plástica”, expone Bromo.
El proyecto, como lo explicó Bromo, es de un cuaderno de artista. «Estamos acostumbrados a textos masivos, que se imprimen libros por miles y es tan absurdo que sea el mismo libro. De ahí parte ese experimento: de retomar la editorial a manera de cuadernos de arte, imprimir postales de artista… Vamos a seguir haciendo más Blister con Javier», prometió Bromo.
La búsqueda continua
Minutos antes del performance, que sirvió como presentación del libro e inauguración de la exposición que de él se derivó y formó parte del Festival Poesía Expandida coordinado por Baxzar, Payeras conversó con eP Investiga.
¿Cómo explicas este nuevo proyecto?
Esta es una edición limitada de textos poéticos escritos con rotuladores. No es un libro de poemas impresos… es una edición facsimilar. Como esos procesos de escritura automática surrealista que se veían. antes, solo que la escritura no se dio a mano (libre) sino con reglas de rotulación. Blister serán ediciones numeradas. Ahora van a salir solo 40, como pruebas de autor. Impresas a partir de la matriz como si fueran grabados. El libro tiene la estética de un grafiti encuadernado. Son poemas como que fueran escritos sobre una pared.
¿De dónde parten esos poemas?
Lo que hizo Pablo (Bromo) fue una edición facsimilar de un cuaderno que no fue escrito con la intención de hacer poemas, sino que las palabras que se me fueran ocurriendo fueran agarrando forma. Luego él los ordenó.
Se te conoce como escritor y también como artista visual, ¿cómo se integran esas facetas y como plasmas esta integración en este proyecto?
Mi mente para escribir ya se volvió muy estructurada, alrededor del traslado de información. Gramaticalmente busco la claridad. Ya no me gusta escribir de una forma muy barroca, sino me gusta escribir conciso, claro, comunicar el mensaje. Me he vuelto un escritor profesional, de oficio. La poesía como la escribía hace unos 20 años era una cosa muy espontánea. Ahora me he vuelto más bien aforista y hago epigramas. Es un lenguaje muy sencillo. La pintura para mí representa la fuga hacia la poesía simbólica. En el arte visual yo he llegado a un nivel de intuición que ya la literatura no puede absorber.
¿Es como un retorno a tus inicios?
Yo empecé como pintor, como artista visual (lo que hicimos con Bancafé y con Simón Pedroza en Casa Bizarra). Nunca la intención era ser escritor. Yo hacía cuadernos, pintaba, gradualmente fui incorporándome a la literatura con Mario Monteforte Toledo, pero ahora siento, y quizás lo que voy a decir es muy duro, que en la pintura cabe una posibilidad que ya la poesía no tiene.
¿A qué se debe esto?
La poesía está tan ansiosa de aplauso, de reconocimiento, de likes e instagramers. Está llena de festivales… a veces hay más poetas que público. Creo que para mí, ahora, el rumbo va más bien hacia el ritual de la pintura, lo que le llaman dripping (chorrear).
¿Dónde queda el libro?
Hay algo que me está pasando… curiosamente, esta semana (la que pasó) estoy muy metido en la pintura y es la semana del libro. Hay muchas actividades relacionadas con el libro pero, no me interesa. Creo más en el trabajo que están haciendo Eduardo Villalobos y Pablo Bromo de expandir de poesía a un territorio que salga más allá del libro.
Es para ti como recobrar tu libertad como artista multidisciplinario ¿no?
Es como el ciclo: pasé de la pintura a la poesía, de la poesía a la prosa. Vuelvo a la poesía y luego regreso a la pintura, pero ya con todo el conocimiento recorrido de la escritura.
¿Qué ha cambiado en el ámbito del arte y la literatura?
Tanto la escritura como la pintura contemporáneas tienen un problema: la necesidad de que el arte sea reconocido como arte y la literatura sea reconocida como literatura. Hay más necesidad del ego que la gente te reconozca como escritor, que saques tu libro y lo acepten o que hagas una exposición, viajes afuera y te exhiban por todos lados y vender. Pero, ¿dónde está el ejercicio puro de la creatividad?, de quedarte en una zona intersticial, donde no es pintura ni literatura, donde puedas generar una duda, una sospecha. Los pintores no me van a ver como pintor y los escritores van a ver que estoy haciendo algo diferente. Esa zona es la que a mí me interesa quedarme.
Muchos creadores no tienen solo un talento y este es tu caso. Hay una tradición.
Tienes que liberarlo todo. Uno de los grandes poetas que yo admiro es Luis Alfredo Arango (1935-2001) y era un excelente pintor. Hacía tintas y al final terminaba escribiendo formas parecidas a lo que escribo ahora. Redujo su lenguaje a la simplicidad, pero su fuga poética era pintar pájaros. Si ves en la historia, Federico García Lorca (1898-1936) tenía dibujos fascinantes; Rafael Alberti era un gran pintor (1902-1999); Jacques Cousteau (1910-1997) era cineasta, pintor, experimentador. Los realistas en su mayoría eran pintores y los pintores eran poetas. Es un poco recuperar eso.
Justo estoy trabajando un libro de ensayo de Benvenuto Chavajay. Siento que el desplazamiento entre un arte y otro es lo que va a salvar muchas de las cosas que están cayendo en una decadencia. No quiero sonar ampuloso ni como salvador de nada, pero quiero poner sobre la mesa varios temas respecto a lo que se valida. Los que están haciendo textos sobre arte son antropólogos, sociólogos o psicoanalistas, pero, ¿dónde queda la interpretación literaria de esas obras?
Es decir, ¿la comunicación entre disciplinas artísticas?
Eso es lo que me interesa. Como Luis Cardoza y Aragón trabajando con Orozco o con Mérida. O un Octavio Paz haciendo ensayos sobre André Breton, por ejemplo.
¿Cómo volver a esas prácticas?
Mi vida siempre ha sido facilitar cosas y empujar cambios. Los cambios no van a venir de arriba, por lo visto. Van a venir de abajo. El artista va a seguir haciendo su papel que es generar futuro. El problema es que cuando el artista encuentra la vía para institucionalizarse rápido, todo se estanca.
En esta época importa más la narrativa de dónde vienes, que el resultado. Entonces, hay que abrir puertas a nuevas formas y yo veo el esfuerzo de Eduardo Villalobos, David Urbina o Pablo Bromo muy valioso porque está generando mucho más discusión que cualquier otro evento determinado, como lo que fue antes el arte contemporáneo que ya no sorprende a nadie.
¿Cómo trasciende este pensamiento?
Mi experiencia en mis talleres con mis alumnos en las tutorías es que no se trata de enseñar literatura ni guiar en el arte. Se trata de crear un universo alrededor de la creación, donde la gente que quiera acercarse al universo poético lo primero que tiene que hacer es acceder a un mundo distinto.
No es solo leer muchos libros, claro, hay que leer, pero leer bien. Te das cuenta que Dante Alighieri nunca vio la cantidad de libros que yo tengo en mi casa. Habrá leído unos 20 libros en su vida. Ellos no tenían acceso a las bibliotecas que tenemos ahora. Pero, ¿por qué no hay un Dante Alighieri ahora o por qué no existe un Renacimiento cuando tenemos tanta información?
El conocimiento se está yendo a la Inteligencia Artificial. Se ha nutrido de todo nuestro conocimiento. El producto de la IA podrían ser libros de poemas fáciles. Decirle quiero un poema que hable de esto o esto. No va a haber intervención del error.
¿Cómo enfrentar a la IA?
Lo interesante de esta fusión de que la IA va a superar al escritor mediocre que quiere contar una historia o al autor que quiere moralizar con esa historia, pero el escritor, con sus fallos y errores, que tiene ese arranque de estructura, no lo va a poder superar. Puede que la IA termine corrigiendo los errores de la mala literatura o la literatura predecible y nos arroje a una literatura más arriesgada y experimental, y volvamos a los libros de boutique donde estén 10 ejemplares. Ya no estarían los libros con lujo de promoción y premios, pero que los lees y te das cuenta que son mediocres.
Hay que provocar caos, hay que provocar rupturas. A los 52 años estoy tratando de provocar eso, y me voy a morir buscando eso… eso lo tengo claro… El arte visual me abre la ventana para poder comprender y escribir sobre arte, porque es muy difícil escribir sobre arte si no eres artista y no te ensucias las manos.
¿Dónde encontrar este libro y conocer más de estos proyectos?
Vueltegato Editores y Baxzar van a encargarse de la distribución. Con Baxzar, que trabaja a través de subastas, tengo un proyecto. Le di cuatro cuadernos originales y Eduardo Villalobos lo va a hacer en cuadernos facsimilares, exactamente como es el cuaderno, con mi letra, con mis tachones, con mis errores. Son diarios y no me importa que se sepa lo que pienso, lo que digo. Se va a subastar el cuaderno como objeto de arte. Tenemos que empezar a pensar el arte como objeto de valor. No como representación decorativa, porque ahora hasta lo que era conceptual lo hacen decorativo, entonces no tiene sentido.
Tags: Baxzar Blister Javier Payeras Poesía expandida Portada Domingo








