“Monstruos y pájaros”, el salto de Dina Fernández del periodismo a la literatura

La antropóloga y periodista cumple un anhelo largamente acariciado al contar historias de ficción, que se apegan a realidades vividas en ámbitos familiares, políticos y sociales.

Ana Lucía Mendizábal

mayo 17, 2026 - Actualizado mayo 17, 2026

Dina Fernández debuta como escritora de ficción luego de una prolífica carrera en medios de comunicación. Foto: Julio Serrano

La vocación inicial de Dina Fernández (Guatemala, 1969) estuvo siempre latente en su trabajo periodístico. Por algo es considerada “una de las grandes plumas” de ese oficio en el país. Aunque su deseo por convertirse en escritora de ficción debió esperar varias décadas para revelarse por completo, al fin, emergió con la fuerza de un río caudaloso que retoma su cauce.

Con “Monstruos y pájaros”, su primer libro que contiene 11 relatos, la autora deja claro que los caminos antes transitados le sirvieron para consolidar una voz literaria firme y cercana.

Desde París, donde se encontraba al momento de atender a eP Investiga, Dina conversó acerca de los procesos que ha vivido para tener en las manos el libro que ya está disponible al público y se presentará oficialmente en la librería Sophos el 2 de julio y en Filgua el 16 del mismo mes.

“Mi primer interés desde que era niña era escribir ficción”, confiesa.  Esta atracción hacia la literatura fue, en parte, consecuencia de su afición temprana a la lectura. Philippe Hunziker, de Sophos, la casa editora donde nace este primer libro, fue testigo de esa pasión y lo cuenta así, en un escrito que comparte para invitar a leerlo:

«El timbre del colegio acaba de sonar. Todos salimos corriendo. Entre el edificio antiguo en donde están las aulas y el patio de asfalto, hay un corredor que se utiliza para comer. Y en ese corredor, siempre, está Dina Fernández. Sentada. Le da vuelta a la página de un libro (¿Madame Bovary? ¿Rojo y negro? ¿Guerra y paz?) como si el tiempo no existiera. Siempre Dina y siempre un libro…«

Luego de esos días de colegio, Dina estudió Antropología cultural, en la Universidad del Valle de Guatemala. Afirma que si escogió esa primera carrera universitaria fue porque la veía como parte del camino para poder escribir ficción. “Quería entender bien a Guatemala, mi país, y a las personas, para escribir ficción”, detalla.

Dina es nieta de Pedro Julio García, uno de los fundadores de Prensa Libre e hija de Dina García, quien también ha ejercido el periodismo y ocupado cargos en distintos medios. Pero, ella no se inclinaba, especialmente, por esa profesión. Sin embargo, como ella dice: “Después uno crece y tiene que trabajar y pensé ‘¿cómo puedo usar mis ganas de escribir en una forma en que también me permita ganarme la vida?’ y por eso, agarré el camino del periodismo, porque me permitía escribir”.

Estudió una maestría en periodismo en la Universidad de Columbia, en Nueva York. Más adelante, se hizo acreedora de una beca Nieman, que permite a periodistas destacados un año sabático para investigar, estudiar, cursar asignaturas en la Universidad de Harvard y desarrollar proyectos de innovación periodística sin presiones laborales. Dina cuenta que entre las actividades que realizó en ese año, tomó un taller para escribir ficción.

Entre los medios donde ejerció el periodismo estuvieron Prensa Libre y Soy 502, medio del cual fue directora y miembro de la Junta Directiva. Posteriormente, fue asesora para Nuestro Diario. “El periodismo es muy exigente y a medida que uno va ascendiendo tiene más responsabilidades y menos tiempo para dedicarle a otra cosa”, asevera. «Además, el periodismo exige un rigor que es muy diferente a la libertad que necesita la ficción, por eso cuando intentaba escribir ficción, no estaba en el registro correcto», enfatiza.

El momento decisivo

Con los años hubo cambios significativos en la manera de comunicar y Dina se dio cuenta que ya no existían las condiciones para hacer el tipo de periodismo que a ella le interesaba por lo que decidió retirarse de los medios. “Todavía hay gente que sigue haciendo periodismo y lo hace cada vez con más dificultades y riesgos. Mis respetos para ellos… Ahora los riesgos de ser criminalizado y eventualmente de sufrir violencia son muy reales”, declara. “Entonces pensé que había un espacio para seguir narrando a través de la ficción, de la literatura, el cine o el teatro, como sucedió durante el Conflicto Armado Interno, que fue una época de increíble florecimiento de las letras y las artes, al mismo tiempo que un tiempo muy oscuro para el periodismo”, señala.

“La verdad es que cuando me retiré, dije ‘este es el momento’”, externa. Los primeros pasos en esta nueva dirección los dio durante la pandemia.  “Me inscribí en un taller con el escritor mexicano Martín Solares. Era por Zoom y fue maravilloso. Compartí con gente de todo México y de otros países de América Latina… gente muy talentosa”, asegura. Además, reconoce que Solares es muy generoso en impartir sus conocimientos.

Fue precisamente durante la realización de ese taller cuando comenzaron a surgir relatos que más adelante conformarían el libro que ahora presenta. Explica que antes del taller, ella ya había comenzado a elaborar Monstruo, que es el cuento que abre la edición. “Yo quería hacer una novela con esos personajes (que son un padre y sus dos hijos de distintos matrimonios) y de ese intento de novela, lo que rescaté fue ese cuento”.

El proceso continuó cuando recibió una nueva capacitación con el periodista Diego Fonseca. “Él imparte ese taller para quienes quieren hacer un libro y ya tienen algo escrito”, explica. Ahí, logró realizar la primera versión del manuscrito completo del libro.  

Los pasos definitivos

Dina confiesa que hubo momentos en los que dudó en publicar. “En la ficción uno pone mucho de sí mismo. Cosas que a veces no se da cuenta que las está escribiendo. Después uno siente que está haciendo un striptease”, señala entre risas.

En el camino de este libro, Dina contó con el apoyo de dos sólidos escritores: el poeta Julio Serrano y el novelista Arnoldo Gálvez Suárez. “Muy generosamente me acompañaron en el proceso. Yo podía sentir que había historias que no funcionaban en su primera versión… Sabía que tenían problemas y ellos, con su oficio tan pulido, uno como poeta y el otro como narrador, me mostraron cómo resolverlos”, indica.

Las dificultades, algunas veces, se debieron precisamente a la necesidad de hacer una transición entre el periodismo que exige precisión y neutralidad, y la literatura que implica más involucramiento en las circunstancias del personaje. “Cuando uno escribe como periodista trata de escribir la realidad y en la literatura va a tener que evocarla y dejar silencios que llene el lector, y eso a mí me costó bastante entenderlo”, revela.

Cuenta que Serrano le hizo notar que sentía una distancia entre ella y los personajes. “Uno como periodista ha aprendido a distanciarse, a ser neutro, pero en la literatura debe meterse más con el personaje, porque lo que interesa es el punto de vista subjetivo y es un proceso”, detalla. Se dice contenta de haber transitado esos procesos de aprendizaje con este su primer libro.

Un potente debut

La autora explica que el título Monstruos y pájaros tiene su origen en una inquietud. “Viendo la realidad nacional y a cada personaje que tenemos, en algún momento pensé ‘¿cómo fue que estas personas que vienen de “familias bien” entre comillas, se vuelven tan crueles, violentas e implacables?’’ Cuenta que al principio pensó en hacer una colección de monstruos, y en ella establecer el momento de ruptura personal, que convertía a los personajes en esos seres despiadados. “Muchas veces esto tiene que ver con la violencia estructural de la sociedad, que se traduce en violencia del círculo íntimo familiar. Si se busca en las historias de los agresores, siempre hay un abuso seminal en la infancia, una herida muy profunda ahí”, expone.

Comenzó a investigar situaciones familiares que pudieran haber producido este tipo de personas. Pero más adelante decidió cambiar su enfoque. Sin embargo, los monstruos están presentes en los cuentos. “En cada historia hay más de un monstruo, pero ellos son los que menos hablan en todo el libro”. Dina optó por darle la palabra a quienes tienen que sobrevivir a esos seres.

Fernández ve en la literatura la oportunidad de ampliar historias que durante el tiempo en que ejerció como comunicadora no se desarrollaron por las limitantes propias de la profesión. “De alguna manera, muchas veces no pudimos contarlas bien desde el periodismo”, comenta. Uno de los relatos que nació de un caso reportado en uno de los medios donde laboró fue Sangre en mis dedos. En el libro, la historia es una mezcla de traición familiar y crimen, que puede bien relacionarse con muchas noticias violentas de los últimos años.

Otro de los títulos que surgieron de un trabajo periodístico realizado en Nuestro Diario es Profanación. “Teníamos esa historia de la profanación de una tumba y se descubrió que era un muchacho que se metía a la tumba de su papá. Nos quedamos cortos en contar la historia de esa familia. Por supuesto que la respuesta (en el libro)  es una ficción”, anota.

La persecución y las acciones de criminalización a los comunicadores sociales se ve retratada en La casa del rosal, que cuenta la historia de una periodista a quien se busca implicar en ilícitos, como represalia por sus investigaciones. En Las Victorias, Dina pone en evidencia que la violencia intrafamiliar no se da solo en las clases menos favorecidas económicamente, sino que atraviesa a todas las capas de la sociedad.

Otros títulos que componen el ejemplar, cuya portada está ilustrada con la obra “De alas y espinas”, de la artista Cecilia Paredes Pollak, son Monstruo, Gisele y los pájaros, De aquí no se sale, Amigos de antes, El único tesoro, Hijos del fuego y Vaso negro. De este último cuento, Dina asegura que fue el que más le costó escribir porque se encuentran en él dos relatos que suceden en diversas épocas. Además, quiso exponer la historia de los notables artistas mayas que crearon significativas piezas en el siglo VIII, en Motul, Petén, y refiere que «no es fácil mantener la voz narrativa de un personaje que vivió en ese tiempo».

A través de los recursos literarios, la autora logra internar al lector en el suspenso, la intriga, el terror y hasta tristeza de casos sumamente complejos, que muchas veces son retratos realistas de lo que hay detrás de las noticias.

Inspiración en París

Luego de este primer libro, Dina ya se prepara para la próxima aventura literaria. “Yo espero seguir haciendo ficción. De alguna manera, siento que aprendí a escribir de otra forma”, añade.

Cuenta que, aunque estaba en Francia por asuntos familiares, también visitaba ese país en plan investigativo para una nueva historia. “Estoy aquí para seguir unos personajes centroamericanos en París”, confiesa. Adelanta que ese próximo proyecto será una novela. “Equivocadamente uno piensa que el cuento es más fácil que la novela, pero cuando uno se mete a batallar con los cuentos se da cuenta que el género es bien difícil también, porque es muy preciso. Al final el cuento es un granadazo y la novela es un asalto aéreo ”, refiere la escritora.  

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