En 1922, un joven guatemalteco publicó en México una novela que cambiaría la narrativa en español. Se llamaba Arqueles Vela y su obra, La Señorita Etcétera, apareció por entregas en las páginas de El Universal Ilustrado, el semanario que entonces era el escaparate de la modernidad cultural mexicana. El director de la publicación, Carlos Noriega Hope advirtió a los lectores: «Cada uno pensará a su antojo respecto de esta extraña novela». No le faltaba razón.
La primera novela vanguardista
Los especialistas no dudan en calificarla como la primera novela vanguardista iberoamericana. Katharina Niemeyer, de la Universidad de Hamburgo, la considera dentro del «annus mirabilis de la Vanguardia en Europa y Latinoamérica». El connotado profesor español Jorge Mojarro Romero va más lejos al sostener que Vela «inaugura una nueva poética del narrar en Latinoamérica y quizá en la lengua española». Es decir, una nueva manera de escribir. No es poca cosa.
La novela de Vela rompió con todo: fragmentación de la anécdota, búsqueda de una mujer ideal múltiple y discontinua, ambigüedad y metaficción. Su prosa refleja las complejidades de la vida moderna: velocidades en trenes, máquinas, crecimiento de las ciudades y los nuevos roles de la mujer. El narrador en primera persona emerge como testigo de los cambios en la realidad concreta, el espacio urbano.
El estridentismo y la revolución estética
Vela consolidó el movimiento estridentista en México, vanguardia multidisciplinaria iniciada en 1921 por Manuel Maples Arce, Germán List Arzubide y los artistas Tina Modotti y Leopoldo Méndez. Los estridentistas perseguían la transformación de la estética y de la sociedad. El propio Vela declaró: «dimos un sentido estético a la Revolución mexicana».
La investigadora española de la Universidad Autónoma de Madrid, Nieves Martín Rocero, coincide con el crítico argentino Luis Mario Schneider en que Vela es el máximo representante estridentista de la prosa de vanguardia en México. Su obra trasciende la realidad-espacio que encarcela a través de la libertad en el uso del lenguaje.
El crítico de arte y teórico de la estética
Vela fue también un agudo crítico de arte y un teórico de la estética. Su obra Historia materialista del arte (1936) es una muestra de su particular enfoque, para Vela el arte no podía entenderse al margen de las estructuras sociales.
En Fundamentos de la historia del arte, Vela afirma: «La conciencia humana no sólo refleja el mundo objetivo, sino que lo crea: en consecuencia, el arte como expresión de la conciencia, de la ideología y de la práctica social, refleja el mundo circundante y opera sobre la realidad inmediata, apaciguando o violentando el proceso de los fenómenos sociales». Esta función docente del arte implicaba que la obra debía transmitir un mensaje claro y estar al servicio de la transformación social.
El cronista
Su faceta periodística fue igualmente revolucionaria. Fue secretario de redacción de «El Universal Ilustrado» y director del suplemento dominical de «El Nacional». Durante años publicó su columna «Mientras el mundo gira» bajo el seudónimo de Silvestre Paradox.
La investigadora Yanna Hadatty Mora de la UNAM ha documentado cómo Vela, desde las páginas de los periódicos, abrió la nueva generación vanguardista en el periodismo mexicano.
El pedagogo que democratizó la educación
Arqueles Vela dedicó más de cuarenta años de su vida a la educación en México. De formación normalista, realizó cursos de posgrado en universidades de Madrid, París, Berlín y Roma. De vuelta en México, fue profesor en la Escuela Nacional de Maestros, donde llegó a ocupar el cargo de director, y en la Universidad Nacional Autónoma de México.
En 1935, Vela se convirtió en el principal promotor y fundador de las escuelas nocturnas de arte para trabajadores, abriendo espacios de expresión estética para sectores históricamente relegados. Hoy, una escuela secundaria para trabajadores en Iztapalapa lleva su nombre.
En 1936, fundó los Cursos para Posgraduados, una iniciativa pionera que sirvió como antecedente directo para la creación de la Escuela Normal Superior. Vela entendió que la formación de maestros era clave para transformar el sistema educativo y que los docentes necesitaban espacios de actualización y especialización.
Participó de manera central en la estructuración de los planes de estudio de educación artística para la Escuela Nacional de Maestros. Su convicción de que el arte era una herramienta fundamental para el desarrollo humano lo llevó a integrar la expresión estética en la formación de los futuros educadores.
En colaboración con figuras como Germán Cueto, Dolores Velázquez y Ermilo Abreu Gómez, formó los primeros grupos de teatro de muñecos y teatro escolar en el país, usándolos como herramientas pedagógicas activas. Vela creía que el teatro no era solo entretenimiento, sino un medio para despertar la creatividad y la conciencia crítica de los estudiantes.
Además, colaboró activamente en el programa de cursos radiofónicos de la Secretaría de Educación Pública (SEP), impulsados por Agustín Yáñez para masificar el alcance de la alfabetización y la cultura. Su labor fue reconocida con las Palmas Académicas del gobierno de Francia en 1949.
El feminismo temprano de Vela
Uno de los aspectos más notables de La Señorita Etcétera es su tratamiento del cuerpo femenino y su fetichización simbólica por medio de los maniquíes. La novela presenta una percepción cinemática y feminizante de la ciudad al unir al protagonista-narrador con el avance tecnológico, un espacio donde se presentan nuevas posibilidades para la subjetividad femenina.
La crítica francesa Rose Corral ha señalado que Arqueles Vela realizó en 1922 una entrevista a la feminista Belén de Sárraga, lo que arroja luz sobre la representación del feminismo en su novela.
Bolaño y el homenaje a Vela
El escritor chileno Roberto Bolaño encontró en el guatemalteco un antecesor fundamental para su propia literatura. Bolaño inventó en los años setenta, junto a otros jóvenes poetas, el movimiento infrarrealista, una vanguardia tardía que buscaba romper con la cultura oficial mexicana. Los infrarrealistas compartían con los estridentistas de Vela una actitud iconoclasta. Este movimiento real se transformó en ficción en su novela Los detectives salvajes. Uno de los personajes centrales de la novela, el que guía a los jóvenes poetas en su investigación, se llama Amadeo Salvatierra. El apellido Salvatierra es el segundo apellido de Vela (Vela Salvatierra), una alusión directa que Bolaño convierte en el guardián de la memoria literaria.
Roberto Bolaño le hizo una entrevista en 1976, describiéndolo como «muchacho de ojos azules que dormía en las redacciones de los periódicos, bailarín y contador de chistes en cabarets españoles, cómplice de Miguel Ángel Asturias en aventuras que no narramos por pudor, casi todo lo ha experimentado Arqueles Vela».
Cuando Bolaño le preguntó por La Señorita Etcétera, Vela respondió: «No solo fue la primera novela estridentista, fue la primera novela que viola la estructura tradicional en nuestras latitudes hispanoamericanas».
El olvido en Guatemala
Mientras en México la obra de Vela es estudiada y valorada, en Guatemala sigue siendo un desconocido. No se encuentran tesis académicas sobre su obra en el país que lo vio nacer el 2 de diciembre de 1899, hijo de David Vela Arango y Matilde Salvatierra. Su hermano David, dos años menor, fue su aliado intelectual con el que se inició tempranamente en el periodismo.
La reedición de La Señorita Etcétera en 2009 por la Tipografía Nacional fue un primer gran paso. Pero falta mucho, ante todo que en Guatemala se le reconozca plenamente como vanguardista literario, periodista incansable, crítico de arte que teorizó sobre la función social de la estética, y pedagogo que democratizó la educación en México con escuelas nocturnas para trabajadores, cursos de posgrado, teatro escolar y programas radiofónicos.
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