Nayib Bukele. Foto: Wikipedia
El parlamento de El Salvador ha eliminado los límites del mandato presidencial. Ocurrió el jueves 31 de julio. El presidente Nayib Bukele ha consumado una de sus mayores pretensiones desde que llegó al poder: desbloqueó la elección presidencial indefinida para perpetrarse en el poder.
Asegurando 57 de los 60 votos, diputados del partido oficialista Nuevas Ideas y sus aliados del PDC y PCN, dispensaron trámite y aprobaron cuatro reformas a la Constitución: los artículos 75, 80, 133, 152 y 154.
Las consecuencias son profundas. Primero, las y los congresistas certificaron la reelección indefinida. La Asamblea Legislativa también aprobó extender el mandato presidencial de cinco a seis años. Además, avaló eliminar la segunda vuelta electoral en las presidenciales; es decir, ganará quien obtenga la mayor cantidad de votos en primera vuelta.

Portada de El Diario de Hoy, viernes 1 de agosto de 2025.
La cuarta reforma constitucional aprobada por la Asamblea bukelista fue la de adelantar las elecciones generales para 2027. La estrategia pareciera seguir la lógica que acelerar las cosas sirve para evitar perder popularidad, sin dejar tiempo suficiente para que se reagrupe cualquier oposición. Sobre todo, adelantar las elecciones dejaría a Bukele seis años más en el poder mientras Trump sigue gobernando, “y así ni sanciones ni jodederas desde el Norte”, como elucidó Óscar Martínez de El Faro.
Estas medidas está recibiendo mucha atención porque durante la mayor parte de la historia de El Salvador, la constitución ha limitado estrictamente la reelección presidencial para evitar que un líder permanezca en el poder demasiado tiempo. El único funcionario de elección popular que hasta ahora había tenido vetada la reelección inmediata en El Salvador es el presidente de la República, ya que concentra mucho poder: controla el presupuesto del Estado, es jefe de las Fuerzas Armadas y también del director de la Policía Nacional Civil.
Las razones que quieren vender los diputados obedientes de Bukele es la siguiente: en elecciones libres se elegirá si perpetuar en el poder a quien sigue en el poder violando la Constitución y controla el Ejército, la Policía, la Fiscalía, la Corte Suprema, el Tribunal Electoral y la Asamblea. Esas fueron las primeras palabras de la congresista que «propuso» las reformas constitucionales, : «es darle al pueblo salvadoreño, el poder absoluto, es darles a ustedes el poder de decidir». ¿Esa fue la narrativa que les hicieron aprenderse antes de salir a hablar? Muchos se la creerán.
Uno de los primeros que salió a celebrar la consolidación de la tiranía Bukele tras la reforma constitucional de hoy fue Xavi Zablah, jefe de Nuevas Ideas implicado con Cosavi, la cooperativa que estafó a miles de salvadoreños. “Lo digo sin rodeos: el Presidente Nayib Bukele es el único que puede llevar a El Salvador hacia donde nuestra población quiere llegar. No hay nadie más.”
Los bukelistas leales han experimentado un despegue económico impresionante. Más de 30 funcionarios y tres primos de Nayib Bukele, incluido Zablah, han recibido en conjunto cerca de $6 millones en préstamos del Banco Hipotecario. El propio clan Bukele ha amasado 365 hectáreas. La única persona que necesita la reelección presidencial es Nayib Bukele: el cargo le garantiza impunidad y un nivel de vida del que no gozaría fuera del poder. Permanencia en el poder es igual a garantizarse impunidad.
Que las reformas constitucionales realice por la via legal no significa que su contenido sea justo. Al estudiar las constituciones de El Salvador se observa que los candados eran para prevenir este escenario de concentración de poder en una persona. Muchos críticos, tanto locales como internacionales, están llamando a esto un gran revés para la democracia y advirtiendo que podría conducir a un gobierno más autoritario (como si ya no fuera lo suficientemente antidemocrático hasta antes de las reformas).
La transformación de Bukele en amo y señor indefinido de El Salvador parece estar completa; se eliminó el límite de la reelección, se extendió el período presidencial, su partido en control total del parlamento, los periodistas de la oposición se acurrucaron en silencio o exiliados. No es menos trágico por su previsibilidad. Bukele, de 44 años, ahora puede presentarse a la reelección tantas veces como quiera. En caso de volver a ganar en 2027, tendrá 52 años en 2033.
Es una maniobra sacada del manual del dictador: el tirano se consolida, la democracia se muere y el coro de acólitos y neutrales dice que “todo bien.” La huella virtual de Bukele que permanece en línea está repleta de mensajes apócrifos de una época lejana; de otra vida.

Post de Twitter/X de Nayib Bukele (@nayibbukele) del 26 de junio de 2018: “El nulo respeto por la democracia en nuestro país es INSÓLITO…”

Post en Twitter/X de Nayib Bukele (@nayibbukele) del 3 de julio de 2018: “No respetan la vida, ni las leyes, ni la Democracia, ni la Constitución, ni el Estado de Derecho. No les importa ningún límite, ni la verdad, ni el debido proceso, ni el derecho del pueblo de elegir libremente en elecciones. Quirene poder, a cualquier costo.”
El único lado positivo que espero poder mencionar aquí es que estos atropellos inmunicen a más personas en la región contra la atracción del modelo Bukele para sus propios países. Quizás una lección clave para los proyectos liberales y de izquierda es no dejar que el crimen se vuelva tan malo que los países se abran a cambiar sus libertades por seguridad.
La autocratización salvadoreña comenzó cuando la Sala de lo Constitucional perdió su autonomía el 1 de mayo de 2021. La democracia no murió hoy en El Salvador, sino aquella fecha, cuando el gremio de abogados guardó silencio ante los infames atropellos a la Constitución y cuando la comunidad internacional dejó solos a las y los salvadoreños. Con una nueva mayoría legislativa, Bukele destituyó ilegalmente a los magistrados independientes y los reemplazó con títeres que avalan cada uno de sus movimientos. Meses después, el 3 de septiembre de 2021, esos magistrados impuestos “reinterpretaron” el Artículo 152 de la Constitución y revirtieron el fallo anterior. Afirmaron que la Constitución sí permite la reelección consecutiva, a pesar de que el texto y las sanciones dicen lo contrario.
Un año después, el 15 de septiembre de 2022—¡justo en el Día de la Independencia!—Bukele anunció su candidatura a la reelección, la primera en más de 80 años en El Salvador. El Tribunal Supremo Electoral no se opuso y dos años después, en 2024, ganó con un 84% de los votos.
“En 2025, mientras parte del mundo sigue hablando de Bitcoin y playas, a la extinta democracia electoral de El Salvador se le dio un tiro de gracia. Todos veíamos venir esta jugada, pero igual golpea: le han despejado el camino a Bukele para gobernar de por vida,” escribió el abogado Ricardo Avelar.
Hoy, a días de que un segmento del país se vaya de vacaciones por una semana, la Asamblea Legislativa ya aprobó en silencio que Bukele pueda buscar la reelección indefinida. El 31 de julio se suma ahora a las fechas que, para los salvadoreños, vivirán en la infamia: cuando se cerró la vía electoral como mecanismo para la alternancia democrática en el poder, con varias partes de San Salvador celebrando con fuegos artificiales.
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