Miguel Ángel Asturias, el padre

A pesar de las distancias, el escritor encontró maneras de mostrarles su amor a sus hijos Rodrigo y Miguel Ángel. A través de los años, en diversas entrevistas y homenajes su hijo menor ha revelado una faceta tierna y cariñosa del ganador del Premio Nobel de Literatura 1967.

Ana Lucía Mendizábal

junio 15, 2025 - Actualizado junio 18, 2025

Ilustración: Amílcar Rodas

Durante un homenaje realizado en la Escuela Nacional de Artes Plásticas, Miguel Ángel Asturias Amado besa una escultura dedicada a su padre, en 2015. Foto: Archivo MCD

Después de terminar el bachillerato en Guatemala, Miguel Ángel Asturias Amado, el segundo hijo del escritor Miguel Ángel Asturias Rosales se fue a vivir junto a su padre, quien estaba exiliado en Argentina desde 1954.

Durante un homenaje realizado en la Escuela Nacional de Artes Plásticas, Miguel Ángel Asturias Amado besa una escultura dedicada a su padre, en 2015. Foto: Archivo MCD

La intención era que cursara estudios universitarios en aquel país, como ya lo hacía su hermano Rodrigo. Cuando Miguel hijo llegó a Buenos Aires, en 1958, debió hacer equivalencias académicas que lo hicieron esperar un año antes de poder inscribirse en la carrera de Ingeniería. Entonces su padre le propuso que le ayudara a pasar en limpio un libro. El papá no solo quería que su hijo se ocupara y no se aburriera mientras comenzaba sus estudios, sino, sobre todo, que ambos tuvieran más tiempos de convivencia.

Una reciente edición de El Alhajadito, publicada por F&G Editores.

Miguel Ángel hijo ha comentado en diversas entrevistas que mientras realizaba esa transcripción de textos, su padre lo interrumpió. “De repente, mi papá bajó una caja con unas cartas y me dijo: vamos a incluir estos cuentos. Después, le relató que durante una de las primeras separaciones de la familia, cuando el escritor vivía en Guatemala y los hijos, junto a su madre, en México, les había escrito esas misivas, en las que luego de los saludos y los relatos familiares, siempre les contaba un cuento.

“Yo tenía cinco o seis años y a mí, en la familia, me llamaban Cuyo”, ha relatado el hijo. Más de 50 años después, la editora Irene Piedrasanta supo de estos escritos por el propio Asturias Amado y al darse cuenta del valor, tanto literario como sentimental de esos pequeños relatos decidió publicarlos en el libro Los cuentos del Cuyito, que hizo públicas esas cartas cargadas de cariño de un padre a sus hijos.  

Después de copiar los cuentos para El Alhajadito, su padre le obsequió los originales y siguen siendo, hasta hoy, uno de sus grandes tesoros. Tanto el inicio de las cartas como los relatos estaban llenos de ternura. Si bien, los cuentos quedaron impresos en el libro, y luego han sido leídos por niños y adultos durante varias décadas, el haberlos copiado13 años después de que su padre los escribió para él tuvo un enorme significado y reafirmó la ternura con la que su papá los veía a él y a su hermano.

En las páginas de ese ejemplar, se leen expresiones como: “Miguelito, amor: No se me borra del oído tu voz, cuando me contestas por radiotelefonía…” o “Miguelito: espero que pronto sepas escribir, como Rodrigo, para recibir tus letras”.

Ausencias y encuentros

Durante la infancia y adolescencia de sus hijos, el escritor, que se había divorciado de Clemencia Amado, la madre de ellos, en 1947, estuvo ausente por diversos motivos que iban desde misiones diplomáticas hasta largos exilios.

En una entrevista realizada en 2017, Miguel hijo admitía que, en ocasiones sí le pesaron las ausencias de su padre. “En esos tiempos las comunicaciones no eran como ahora. A veces le escribía una carta contándole un problema y la respuesta me llegaba semanas después, cuando ya tenía otros”, contaba. Sin embargo, ha dejado claro que su padre estuvo siempre pendiente de ellos. Incluso, cuenta que, ya siendo adultos, su papá era afectuoso. En sus cartas les pedía que cuidaran su salud y se interesaba por todo lo referente a su vida. Además, cuando estaban juntos, les tomaba las manos, les hacía mimos y nunca escatimó en muestras de cariño hacia ellos.

El tiempo de convivencia tampoco era el convencional, porque como ha contado en diversas ocasiones, “no es fácil vivir con un creativo”. En una entrevista realizada por el escritor mexicano Juan Antonio Rosado, Miguel comentó que cuando su padre escribía una de sus obras, todo giraba en torno al libro y sus personajes. Es más, relata que en ocasiones lo veían triste y al preguntarle qué le ocurría les respondía algo como “ya me encariñé con este personaje y tengo que matarlo. Lo voy a dejar vivir unas páginas más”.

Entre las anécdotas que el hijo ha compartido en distintas entrevistas se encuentra la de la ocasión en la que se quedaron ambos solos en su apartamento en París. El padre no sabía cocinar y le preguntó al hijo: “¿Qué vamos a almorzar?” Y él le respondió: “Yo puedo cocinar”. Fueron a la cocina y Miguel hijo decidió preparar pollo a la sal. Esa receta conlleva colocar un pollo abierto sobre una cama de sal gruesa y así meterlo al horno. “Mi papá vio eso y le pareció maravilloso, porque la sal queda compacta porque la grasa cae… en ese tiempo, él estaba escribiendo el cuento El hombre que lo tenía todo todo todo y al día siguiente viene y me lee que el hombre que lo tenía todo todo todo duerme en una cama de sal y que en la noche toda la grasa se va a la sal”, relató Miguel Ángel hijo a Rosado.  “Nuestras relaciones estaban emparentadas con sus libros”, observaba.

Miguel también ha contado cómo en una Navidad lo invitó a pasar las fiestas en su casa de París, pero al llegar le advirtió: “Miguelito, esta vez no salís de la casa, te vas a quedar conmigo” y aunque el hijo replicó: “Papi, pero voy a caminar a París”, él le dijo que ya conocía la ciudad y que quería que estuviera con él. Estando juntos, le contó que unos editores querían publicar sus sonetos y que querían que él los eligiera para el libro. Le dijo: “Yo te voy a leer los sonetos, los vamos a grabar, porque vos sabés usar el grabador, los escuchamos y voy decidiendo qué soneto poner”. Esa decisión le valió al hijo contar con la grabación de todos los sonetos de su papá.

El escritor fue, además, un padre respetuoso con sus hijos. Miguel recuerda que cuando él le comentó que quería seguir la carrera de Ingeniería, solo le dijo: «qué lástima porque no voy a poder ayudarte, porque de eso no sé nada». Sin embargo, dice que cuando ya en 1962 vivía en Europa iba a visitar fábricas y preguntaba por todo el funcionamiento, para luego contarle detalles al hijo y saber si le interesaría trabajar en ellas cuando se graduara.

La elección de Rodrigo

Durante un homenaje que se le hizo a Miguel Ángel Asturias en la Escuela Nacional de Artes Plásticas en 2015, en el que participó su hijo Miguel, este compartió: “Cuando mi madre estaba embarazada de mi hermano, la acostaban en medio de la sala y todos los poetas (entre ellos Pablo Neruda) le declamaban al futuro Rodrigo (su hermano). Cuando nació, se realizó el bautismo de los poetas. Idea de mi padre: una fiesta donde colocaron al bebé en una canasta de rosas. Cada uno desfilaba tirándole pétalos y recitando versos alusivos al recién nacido”.

Rodrigo, el primogénito de El Gran Lengua, quien también estudió en Argentina, después de titularse como bachiller en Guatemala, se graduó como abogado de la Universidad de la ciudad de La Plata . Luego de recorrer el Cono Sur, en los años 1960 volvió a Guatemala y comenzó a involucrarse con movimientos de izquierda. Al punto que el 13 de marzo de 1962 fue arrestado luego de participar en un levantamiento en Concuá, Salamá. Aquel incidente que fue uno de los primeros del conflicto armado interno dejó 13 jóvenes muertos y varios arrestados.  Rodrigo fue condenado a pasar un tiempo en la cárcel de Salamá.

Luego fue catedrático universitario pero después de sufrir persecución y un secuestro por parte de fuerzas armadas, pidió asilo político en México, en donde  realizó trabajo en la editorial Siglo XXI, hasta 1971, cuando regresó a Guatemala y fue cofundador de la Organización Revolucionaria del Pueblo en Armas (ORPA) y eligió como sobrenombre Gaspar Illom, el personaje en la novela Hombres de maíz, de su padre.

Miguel también ha dicho que pasó más de 30 años sin saber dónde estaba su hermano, porque él siempre protegió a su familia y no quiso que los relacionaran con su actividad insurgente.

Miguel Ángel hijo también ha dicho en entrevistas que su padre siempre estuvo muy preocupado por la vida de su hermano. “Mi hermano tomó un camino con el que mi padre no estaba muy de acuerdo y yo era el que sostenía la relación entre mi papá y él”, comentó Asturias Amado a Rosado.

En entrevista con Radio Sónica Miguel revelaba que en ocasiones, él le decía a su papá que quizás, si él hubiera vivido las condiciones y hubiera tenido la edad de Rodrigo, también hubiera optado por esa misma senda.

En el artículo Leyenda de Guatemala, publicado por la periodista Liliana Viola, Miguel Ángel hijo cuenta que Rodrigo le envió una carta a su padre  en la que le decía:  “Papá: Los hombres de maíz se hicieron guerrilleros” y firmaba como Gaspar Ilom.

«Mi padre lo quería mucho, era su primogénito y era el predestinado a seguir sus pasos pues era un intelectual y un gran lector», expresó Miguel en una entrevista con el diario peruano El Comercio, en 2018.

En la publicación del Facebook Pueblo Conoce tu historia, del 4 de abril de 2021, se dice que, en una entrevista del 07 de diciembre de 1997, cuando se le preguntó a Rodrigo sobre lo que representaba para él la figura de Miguel Ángel Asturias, sus palabras fueron: “Yo creo que realmente fue un extraordinario escritor y fue un gran hombre, ya en el balance de su vida, de sus cualidades y también de sus defectos. Yo creo que esta perspectiva, ya en mi madurez, me hace verlo en su totalidad, y lo he ido valorando más en la medida en que conozco más la sociedad guatemalteca, y me imagino lo que debe haber sido la sociedad que a él le tocó vivir.”

Después de estar en las primeras etapas de las negociaciones para los Acuerdos de Paz y posteriormente participar como candidato a la presidencia en 2003, Rodrigo Asturias Amado falleció en 2005, víctima de un ataque cardíaco.

Privilegios y responsabilidades

Miguel, quien ahora tiene 83 años y se ha dedicado a realzar el legado de su padre desde que se jubiló a los 70, cuenta que su papá se enteró que había ganado el Premio Nobel, precisamente el 19 de octubre, día de su cumpleaños. “Cuando yo llamé para felicitarlo él pensó que yo no sabía del premio y pensaba que lo llamaba por su cumpleaños y me dijo ‘Miguelito, me gané el Nobel’ y yo le respondí que todo el mundo lo sabía y que por eso lo llamaba”.

Posteriormente tuvo la oportunidad de acompañarlo a la ceremonia de entrega en Estocolmo, Suecia. Durante la entrevista en la Radio Sónica, recordó que a su papá le pidieron que llegara en tren a esa ciudad, por lo que él que viajó en avión, fue a recibirlo a la estación. Posteriormente, recordó cómo su padre le ayudó a vestirse con el frac que era lo obligatorio para esa ceremonia. “Era muy difícil de poner. Así que horas antes de que lo premiaran ese hombre al que todos le rendían honores, estaba vistiendo a su hijo”, rememora.

Miguel también acompañó a su papá en los momentos duros. Según recordó durante la ceremonia en la que en 2024 se declaró el Año de Miguel Ángel Asturias en el Palacio Nacional de la Cultura. “En junio de 1973 fue operado en París de un cáncer. Relató que en abril de 1974, meses antes de morir, viajó de París a Dakar a un congreso y luego fue a Tenerife a visitar la gruta del Hermano Pedro y ahí grabó en las piedras los nombres de sus hijos Rodrigo y Miguel Ángel”.

En la entrevista realizada por Viola, Miguel hijo admitió que cuando recibió una llamada urgente de Madrid él no creyó que su padre estuviera tan grave.

“En cuanto entro al sanatorio me hacen pasar a una sala donde los médicos me muestran los estudios que determinaban presencia de cáncer prácticamente en todos los órganos. Pidieron mi autorización para operarlo y yo les dije que hicieran todo lo que sabían de medicina para que sufriera lo menos posible. Y así se hizo, no lo operaron”, relató a ese medio de comunicación.

Al verlo, el hijo se dio cuenta inmediatamente que había adelgazado mucho, pero mantenía una actitud optimista, al grado que según cuenta Miguel hijo, le dijo, “espérate cinco días y nos vamos juntos a París”.  La muerte alcanzó al padre el 9 de junio de 1974 y de ahí vendría una decisión que tiene repercusiones hasta la fecha.

En el acto en el que en 2024 se declaró el Año de Miguel Ángel Asturias, su hijo contó: “Empecé a ocuparme del sitio dónde enterrarlo, dado a que él no había dejado nada escrito. Mi decisión fue solicitar que se pudiera enterrar en (el cementerio) Père Lachaise, en París, dado que Guatemala se encontraba en una dictadura. Las condiciones no estaban dadas para que sus restos volvieran a su país”, comentó. Añadió que el gobierno de ese entonces le pidió que fuera él quien comunicara en cadena nacional la decisión que estaba tomando.

Durante el festival Centroamérica Cuenta, que se celebró en mayo de 2025, Miguel Ángel Asturias Amado entregó el legado de su padre a la Caja de las Letras del Instituto Cervantes. Foto: Carlos Alonzo

Aunque la decisión de no trasladar a su padre a Guatemala fue tomada solo por Miguel Ángel, pronto tuvo una importante confirmación. En el acto de 2024, contó: “Mi hermano Rodrigo, que estaba en la montaña, me hizo llegar una nota en la cual me decía que al escuchar la cadena nacional y las razones que di de porque nuestro padre no sería enterrado en Guatemala, lo habían hecho sentir ‘más hermano que nunca’”.

En esa ceremonia, Miguel Ángel Asturias Amado anunció que junto a su sobrino Sandino Asturias, hijo de Rodrigo, habían decidido que ya era el momento de que los restos de su padre volvieran al país. Desde entonces, han estado realizándose las gestiones para la repatriación y el gobierno trabaja en la preparación del espacio donde por fin El Gran Lengua tendrá su descanso final en la tierra que lo vio nacer.

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