Sergio Ramírez y el gozo de inventar sin límites

El autor nicaragüense, que acaba de ganar la Bienal de Novela Mario Vargas Llosa con su novela El caballo dorado, comparte su visión de la literatura de ficción, detalles de su libro ganador, los nuevos talentos de las letras en Guatemala y su perspectiva acerca de la democracia en el área centroamericana.

Ana Lucía Mendizábal

noviembre 9, 2025 - Actualizado noviembre 9, 2025

“Yo creo que la novela tiene elementos milagrosos porque, de repente, surge de una idea en la mente de algo que no existe”, afirma Sergio Ramírez (Masatepe, Nicaragua, 1942), quien a finales de octubre de 2025 obtuvo el premio de la sexta Bienal de Novela Mario Vargas Llosa, con su obra El caballo dorado (Alfaguara, 2024).

“Esta es una novela que yo escribí con el gozo de inventar sin límites”, añade el autor, quien también posee reconocimientos como el Premio Carlos Fuentes 2014 y el Premio Cervantes 2017. En el ejercicio de esa libertad de la que disfruta, en El caballo dorado, Ramírez cuenta la historia de quien él describe como “una princesa con una pierna dañada, un padre borracho y jugador” y que “no se encuentra con un príncipe azul, sino con un peluquero muy imaginativo que cree que ha inventado el carrusel, aunque eso ya existía”.

Explica que, en su novela, el procedimiento es el de las sagas de los viajes. “Para que el tiempo de la novela dure, el viaje tiene que estar lleno de obstáculos”, puntualiza. Esto, indica, es parte de los recursos para que la atención del lector permanezca despierta. “La princesa tarde o temprano llegará a Nicaragua que es su destino final al que yo quiero llevarla, pero mientras tanto, el camino se irá poblando de obstáculos que hacen que el camino exista”, añade y ejemplifica estos procesos con los que se encuentran en clásicos como La Odisea y Don Quijote de La Mancha.

La trama del libro lleva al lector en un viaje que se inicia cuando la princesa y su imaginativo peluquero se escapan de Siret, un pueblo en los Cárpatos al norte de Rumanía. Ramírez ejerce la libertad de la que habla con un grado de compromiso muy elevado. Por eso, investiga de manera rigurosa los contextos en los que sitúa su historia. “Cuando la princesa y el peluquero se escapan al desierto hacia Bucarest, pasé mucho tiempo investigando si realmente había una línea férrea en esos tiempos en esas rutas. Me estudié la guía de ferrocarriles del siglo XIX de Europa y me encontré que sí existía esta línea férrea hacia Bucarest”, ejemplifica.

Indica que, se trata de “aterrizar la invención: que tenga congruencia para que no se aparte de los datos históricos y geográficos fundamentales”. El objetivo de Ramírez es convencer al lector. “La magia de la literatura está en que el lector crea que todo lo que se le está contando es verdad. Ahí se da ese proceso que se llama la suspensión de la de la incredulidad”, especifica. Añade: “Si yo no tengo la habilidad suficiente para convencer al lector de que está entrando a un mundo real, entonces la novela fracasa, porque pierde credibilidad y congruencia”.

En esa fusión entre lo real y lo imaginativo, el autor se da la licencia de integrar personajes reales. Este es el caso de Julio Sedano, quien se convierte en el segundo amante de la princesa de su relato. En la vida real, Sedano fue secretario de Rubén Darío, se creía descendiente del Emperador Maximiliano de México y su desbordada mitomanía le jugó en contra.

“La novela está concebida como la historia de un carrusel que los dueños de la plantación nicaragüense de cacao, que provee a los chocolates Menier, famosos en Europa, le mandan de regalo al general José Santos Zelaya, que era el dictador en Nicaragua. Pero yo ajusté los tiempos para que la llegada de la princesa se produjera cuando Zelaya fue derrocado”, detalla Ramírez. El escritor indica que este es un concepto congruente con la realidad centroamericana. “Si uno va a buscar la historia de Nicaragua siempre se va a encontrar con algún dictador de por medio y esta es la dictadura liberal del general Zelaya que comienza en 1893 y en 1909, cuando la princesa llega, Zelaya se está yendo para México, después de haber sido derrocado”, cuenta.

En esas circunstancias, ella se va a entender con el cocinero de la presidencia que continúa trabajando en el vagón presidencial. “Este cocinero la va a recibir y el poder con el que se encuentra es el del general Juan José Estrada”, de quien Ramírez indica: “no es una figura de primer orden en la historia de Nicaragua. No estuvo mucho tiempo en el poder y no hay nada por lo que se le recuerde” Y es que el autor admite que tiene preferencia por los personajes secundarios. “Aquí viene la fascinación que siempre he tenido por los personajes de segunda o tercera línea”, expresa. Saca de la trama a Zelaya que fue un personaje mucho más relevante y aborda a Estrada, que es precisamente un personaje de segunda fila. “Este es un hombre que busca mantenerse en el poder y encuentra que el carrusel puede ser una manera de emboscar a sus enemigos… Para mí, lo fascinante es que el juego del poder siempre está de por medio”, confiesa.

Ramírez deja claro que su ficción está sumamente identificada con la historia del istmo. “Es el país centroamericano típico donde el poder depende de asonadas, golpes de Estado, contragolpes, pero la legitimidad es muy extraña. Los períodos de gobierno legítimos son muy extraños. Entonces acudo a la generalidad de la historia que es la violencia, el fraude, las gestas revolucionarias. Esa es la puerta por la que entra esta princesa a Centroamérica”, añade.

Los juegos de ironía en los que Ramírez gusta involucrar a sus lectores no tienen nada de casual.  La selección de la figura de una princesa se explica en lo que él describe al decir: “Es como quien toma un bordado y lo mira al revés. No hay flores, ni pájaros, sino son las puntadas que unen la figura. La princesa es una figura de cuentos de hadas, pero al revés del bordado, una princesa pobre, un padre borracho, su castillo se está cayendo a pedazos y se encuentra con un peluquero fantasioso”, detalla.

Pero no todo es ironía, el autor también quiere exaltar el valor del personaje. “Caracterizar a una mujer, que pese al defecto físico que tiene, porque tiene una pierna dañada, su pobreza y los hombres que va teniendo que la buscan engañar, ella se aferra al sentido de la libertad, de desafiar al destino y por eso, logra llegar a Nicaragua, contra todos los obstáculos”, describe y exalta que “ella se impone porque tiene una gran determinación siendo tan joven”, subraya.

El premio, la sorpresa y la dedicatoria

El literato asegura que la decisión de enviar El caballo dorado, publicado con Alfaguara en 2024, a competir a la Bienal de Novela Mario Vargas Llosa fue de su editorial.

Cuenta que el proceso de premiación consistió en la preselección de 15 obras de un total de más de 400 libros. Posteriormente se llegó a seis finalistas que fueron Gustavo Faverón, de Perú, con su obra Mínimosca; Pola Oloixarac, de Argentina, con el libro Bad hombre; Ignacio Martínez de Pisón, de España, con Castillos de fuego; el también español David Uclés, con la exitosa La península de las casas vacías, y su compatriota y amiga Gioconda Belli con su más reciente novela Un silencio lleno de murmullos. Esta última escritora obtuvo el Premio Carlos Fuentes en la misma semana en la que Ramírez ganó la bienal Vargas Llosa.

Acerca de los participantes, Ramírez halaga su nivel e indica que él era el de mayor edad. Destaca especialmente a David Uclés, de quien dice, es muy joven y muy buen escritor.

“El jurado decidió otorgarme este premio que me satisface mucho porque no es a la obra literaria de toda una vida como el Cervantes o el Carlos Fuentes, que he recibido, sino a una novela. Alegra mucho ver que una novela particular es valorada de esta manera, que todo este trabajo que significa invertir años escribiendo, investigando y organizando los materiales es reconocida”, expresa.

La nueva novela

La producción de Sergio Ramírez continúa y, precisamente, el día en que eP Investiga conversó con él, iba a entregar su nueva novela a la editorial Alfaguara. “Es la cuarta de la saga de novela negra del inspector Morales”, señala. “Ya he terminado esta semana de revisar la última versión y ahora sale de mis manos y pasa a la casa editora”. El nombre de la novela es La maldición de Ramfis. “Tiene que ver con el barco velero que perteneció a la familia del Rafael Leónidas Trujillo, dictador de República Dominicana y es ahora un barco al servicio del turismo de alta gama. Es aquí donde se produce un crimen en aguas de Costa Rica y es ahí donde interviene el inspector Morales”, detalla.

“La novela negra a mí me da la oportunidad de introducirme en la realidad contemporánea de Centroamérica y de Nicaragua”, admite. “Uno se acerca tangencialmente a esa realidad, porque no me gusta el término novela política, pero la novela negra es una manera de entrar en el mundo político sin perder el sentido del humor y la distancia que hay que tomar frente a las atrocidades que se cargarían sobre la novela y la podrían convertir en un panfleto. Prefiero esta vía paralela”, añade.

Asegura que, en América Latina, la novela negra no puede dejar de ser política porque toma en cuenta la realidad contemporánea. “El peso que tiene el abuso, los estados arbitrarios, el narcotráfico, el crimen organizado. Todos estos son elementos que están presentes y hacen que la novela entre dentro de esta complejidad”, abunda.  

Literatura centroamericana

Ramírez, quien en 2013 creó el festival literario Centroamérica Cuenta, es presidente del mismo y en mayo pasado visitó Guatemala para la celebración de la edición 2025 en territorio centroamericano del mismo, comenta que en Centroamérica hay una nueva generación de escritores muy sólida y brillante. “En Guatemala, El Salvador y Honduras hay jóvenes hombres y mujeres de gran relevancia”, asegura. “Tenemos escritores que han roto con el cerco de la frontera centroamericana para ser editados a nivel internacional y traducidos a varios idiomas. Tenemos unos escritores de una generación anterior muy visibles, como Rodrigo Rey Rosa que tiene una carrera muy consolidada en Europa, o Francisco Goldman, que, aunque escriba en inglés. es centroamericano”, anota.

Entre los autores guatemaltecos más jóvenes, Ramírez menciona a Arnoldo Gálvez Suárez y a Rodrigo Fuentes. Además, destaca el desarrollo que se ha dado en la literatura escrita por mujeres en Centroamérica con autoras como Gioconda Belli, entre otras.

Democracia y libertad de expresión

Ramírez, quien vive exiliado en España, desde 2021, luego de que el gobierno de Daniel Ortega, primero lo apresara y luego le retirara su ciudadanía nicaragüense, afirma que él ve una lucha entre el autoritarismo y la democracia.  “Independientemente de las ideologías o las banderas políticas, me parece que la democracia ha retrocedido frente al autoritarismo, la demagogia y el populismo. Frente a ideas falsas de revoluciones como en Nicaragua o las ideas de ley y orden como en El Salvador que permiten, en ambos casos, violaciones masivas de derechos humanos”, expone.

En cuanto a Guatemala, Ramírez expresa: “hay una lucha patente entre la institucionalidad democrática y el uso del poder judicial para atentar contra la democracia misma. Esta lucha en Guatemala, que ha recrudecido, según veo, es fundamental para el futuro de la democracia en Centroamérica. Si en Guatemala, el proyecto democrático del presidente Arévalo llegara fracasar, el retroceso sería mucho mayor”, concluye.

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