Ana María Bravo Lara (Guatemala, 1944) experimentó el primer llamado al mundo del arte a través de las ondas hertzianas. La actriz, directora y productora recuerda que tenía más o menos cinco años cuando ya gustaba de escuchar radioteatros tanto de Guatemala como de México. La fantasía contenida en esas historias relatadas eran lo que la atraía y por eso, incluso, a esa temprana edad, sabía los horarios de transmisión. “Me llamaba la atención escuchar esas historias de hadas, brujas, fantasmas o príncipes”, recuerda.
En su casa no había especial apego al arte, aunque eventualmente su madre y hermanas gozaban de alguna función de cine o teatro, sin embargo, pocos podrían imaginarse que ese temprano contacto con los programas radiales iba a contribuir a estimular una vocación que ha sido central en su vida.
Cuando cursaba la primaria en el colegio La niñez, la futura actriz encontró un ambiente propicio. Reconoce que contó con el estímulo de sus maestras. “La directora del colegio, Clemencia viuda de Martínez, era muy entusiasta y afín a las artes, y elegía a sus maestras que también lo fueran. En esos tiempos se organizaban los actos y las clausuras. Cada docente guiaba a sus alumnos para cantar, bailar y actuar”, enfatiza. “Recuerdo a una maestra, que era tía de la directora. Era una ancianita muy estricta, daba cuarto, quinto o sexto grado, pero además daba clases de piano y canto, porque por sencillo o humilde que fuera el colegio, siempre había piano”, rememora Ana María, quien destaca cómo, en esos tiempos, se inculcaban las artes en los establecimientos educativos.

“Se llegó el momento en que, en tercer año, siempre me ponían a mí a dirigir las clausuras. Yo era la que llamaba a las compañeritas, las animaba, les enseñaba a bailar… dirigía el baile según mi imaginación… era muy divertido, pero ya era una responsabilidad que saliera todo bonito y el público aplaudiera”, rememora.
De oyente a protagonista
Siendo, como era, aficionada a la radio, descubrió que cerca de su colegio se ubicaba la radio Ciros, que en ese tiempo contaba con el programa Radioteatro del Aire, dirigido por la actriz Samara de Córdova (1923-2015). Ana María, acompañada de una amiga, se escapaba antes de iniciar la jornada vespertina en el colegio, para observar el trabajo que realizaba el grupo. “Fueron mis únicas capiusas”, confiesa. El grupo de actores estaba integrado por niños de entre 12 y 13 años. Ella, siendo dos o tres años menor, soñaba con unírseles. La fascinación creció a tal punto que hubo un momento en que ya no pudo más y decidió hablarle a la maestra. “Me atreví a esperarla a que saliera del radioteatro y pedirle que por favor me tomara en cuenta para aprender”, recuerda.
Al ver la ilusión de la niña, Samara de Córdova le dijo: “Chiquita, sigue viniendo y fíjate cómo lo hacemos, y en algún momento te voy a dar la oportunidad”. Y sí, cuando al fin, la maestra la vio actuar, se convenció de que la niña tenía talento. “Le pareció como lo hice y ya se interesó en enseñarme a hablar en la cabina, donde se grababa el programa”, apunta. “Uno escuchaba correcciones, veía cómo lo hacían, qué era lo correcto, aprendía los textos”, añade.
Empezó a acudir a ensayos, pero tenía un dilema, porque cuando ya su participación se hiciera pública, no podía seguir ocultando sus escapadas. Así que decidió pedirle permiso formalmente a su mamá. “Ella me advirtió: ’o tus estudios o el radioteatro’, y dije que podía hacer las dos cosas, porque para la radio no tenía que estudiar en casa”, cuenta.
Ana María señala que la experiencia en radio y las enseñanzas de la maestra Córdova y otros que le sucedieron, la hizo darse cuenta de la importancia de tenerle respeto al micrófono y al público. “Yo adoro el micrófono y es básico saber manejarlo, hay que amarlo. Todo lo que se hace en la vida hay que amarlo”, enfatiza. Señala cómo en la actualidad ese tipo de valores se han perdido y hay conductores que utilizan lenguaje inapropiado, con lo que la faltan el respeto al público.
La vida en la radio
Entre las múltiples experiencias como locutora, entre 1961 y 1962, Ana María fue la encargada del noticiero deportivo de Radio Reloj. Además, realizó numerosos comerciales. Con las experiencias previas que había acumulado desde niña, ya en 1967 se certificó como Locutora Profesional.
Sus trabajos en ese ámbito incluyeron dirigir y producir programas para niños y culturales como Telón por Radio (Radio Fabulosa), Una Luz en el Camino (Radio Internacional), Sobre el Arco iris (Radio Festival). También condujo el programa Chapinlandia (TGW), estación en La que también produjo y dirigió el programa Pentagrama Cultural.
Entre sus más recientes experiencias a través de la radio, entre 2022 y 2024, Ana María condujo el programa La hora de los niños, que se transmitió a través de Radio Faro Cultural. Una de las particularidades de la emisión era incluir tres segmentos de radioteatro a la semana, a los que se invitaba a jóvenes de distintos establecimientos educativos para que aprendieran a actuar y también acudían actores profesionales a brindarles enseñanzas. Las historias que se representaban estaban basadas en cuentos, pero Ana María, quien indica que se dormía de madrugada elaborando guiones, también adaptaba historias de personajes importantes de la historia, las artes y la ciencia para darlos a conocer a su audiencia.
El programa era captado también a través de Facebook y se veía en Estados Unidos, Canadá, México, Centroamérica, e incluso, según refiere la productora, le escribieron de la China y de Alemania, donde también lo seguían. Los martes y los jueves se entrevistaba a invitados especiales, entre los que se contaba a historiadores, médicos, artistas, matemáticos y científicos, para que los niños conocieran diversos aspectos de la cultura y el conocimiento. Se abría el micrófono para que la audiencia se comunicara con ellos, a través de preguntas. Entre los muchos personajes que visitaron la cabina se encuentran el violinista Álvaro Reyes, el historiador Miguel Álvarez y los integrantes de Músicos invisibles.
Bravo refiere que la emisión tenía mucho éxito, sin embargo, una de las primeras medidas que tomó la actual administración del Ministerio de Cultura y Deportes fue sacarlo de la programación.
Un intenso trayecto
La niñez y adolescencia de Ana María marcaron el ritmo de su vida, porque desde niña y joven alternaba su presencia en la radio con su formación académica. Mientras cursó la carrera de Secretaria Bilingüe en el Guatemala Institute puso en pausa su participación en radioteatro. Sin embargo, las inquietudes artísticas continuaron.
Luego de graduarse, paralelamente a sus actividades artísticas, Ana María se desarrollaba en su campo profesional y en ciertos períodos debió priorizar estos empleos sobre el quehacer en las tablas. “Mis puestos siempre eran de gerente o jefe de personal por lo que no podía desatenderlos”, explica. “Aunque me gradué de secretaria bilingüe, no trabajé solo como secretaria. Empecé en la Singer Sewing Machine Company y ahí atendía tres puestos al mismo tiempo. Era jefa del departamento jurídico, del departamento de archivo y atendía la secretaría del departamento de cobros”, relata.
A pesar de la intensa actividad en su otra profesión, la inquietud por los escenarios crecía. Fue así como en los años 60, se unió a la compañía de teatro infantil del Conservatorio Nacional de Música, que dirigía Miguel Cuevas, quien había sido su compañero en el grupo que dirigía Samara de Córdova.
La artista que también es Maestra Especializada en Teatro, cuenta que debió realizar muchos esfuerzos. “Los ensayos del teatro eran por la noche, así que yo, después del trabajo me iba a ensayar. Era un sacrificio, porque los ensayos empezaban a las 6 o 7 de la noche, y terminaban a las 10 u 11, y cuando eran ensayos generales salíamos a las 2 de la mañana del conservatorio”, relata. Cuenta que junto a la bailarina, actriz y directora Cristy Cóbar se hacían compañía en la mayor parte del camino de vuelta a sus hogares. En la compañía de teatro infantil del Conservatorio Nacional, Ana María trabajó hasta 1986.
Luego de que la empresa Singer se fue del país en 1975, Ana María trabajó en la Liga Guatemalteca del Corazón, entre 1976 y 1980. Ahí, cuenta, realizó programas dirigidos a brindar consejos sobre enfermedades cardíacas, por lo que tenía que elaborar libretos. Señala que quien le ayudó a aprender a hacer guiones para televisión fue el productor de canal 3, Luis Rivera, con quien dice, está «eternamente agradecida».
Posteriormente, tuvo la oportunidad de ser locutora y productora de programas radiales para el área rural de tipo social, educativo y de salud en Educación Básica en el Ministerio de Educación, entre 1988 y 1996, y entre 1996 y 1998 laboró en el Ministerio de Finanzas Públicas.
Ana María seguía muy activa sobre las tablas, al punto en que llegó a tener hasta tres obras al mismo tiempo. “Salía de un ensayo con Miguel Cuevas, llegaba a otro con Manuel Lizandro Chávez y participaba en otras obras, unas llevaban más trabajo que otras, por el tiempo en que se montaban”.
Papeles y escenarios
Bravo admite que, como actriz característica que ha sido, ha tenido papeles muy emblemáticos. Sin embargo, al momento de pedirle que elija uno, recuerda con especial cariño el de la bruja de Blanca Nieves y los siete enanos. “Lo recuerdo por lo difícil que fue para mí llegar a los niños sin causar pánico, pero sí en el momento de la actuación de la historia, remontarlo a lo que dice ese libro de cuentos”, admite.
Señala que ese papel es recordado por mucho del público que la vio en escena y entre esa audiencia destaca al violonchelista y director de orquesta Ricardo del Carmen Fortuny. “Él, cuando era niño, me fue a ver y me dice que no olvida ese personaje… los años pasan y vivo fresca en el pensamiento de ese artista por ese personaje”, declara con orgullo.
En cuanto al teatro para público en general, es de grata recordación para ella el personaje que realizó en la obra Casa de muñecas (Henrik Ibsen), en un montaje dirigido por Herbert Meneses, en el teatro Gadem. Tampoco olvido El candidato de Dios, que se presentó en el IGA y era la vida, en sus últimos momentos, del Papa Juan Pablo I, interpretado por Alfredo Porras”, recuerda. En esa obra, ella era la única mujer dentro del elenco e interpretó a la monja que era amiga del papa.
El teatro ha hecho que Bravo trascienda fronteras. Cuenta que luego de una función de la obra La mala semilla, que dirigía Netty Marroquín, en la que ella era parte del elenco, llegó hasta el camerino el director teatral cubano Guillermo de Bango para invitarla a cenar. De Bango había llegado a Guatemala para buscar una actriz que iba a ser la principal protagonista de una obra que se presentó en Nueva Orleans. Las presentaciones en esa ciudad estadounidense fueron un éxito y le entregaron una medalla de reconocimiento.
En 2009, Ana María fue a España y el Embajador de Guatemala en aquel país era Roberto Gereda, quien la invitó a presentar una obra. Sin embargo, comenta Ana María que le dijo que no era posible porque no contaba con los actores con los que trabajaba en Guatemala, pero podía dirigir un baile de El Paabanc. “Le dije que necesitaba al menos unos ocho bailarines, cuatro hombres y cuatro mujeres, y el vestuario. Se dieron a la tarea de conseguirlo todo y lo presenté durante las conmemoraciones de las fiestas de independencia”, explica. En la embajada se organizaba anualmente un festival para conmemorar las fechas patrias de Guatemala. “Lo disfruté y siempre me tomaban en cuenta para declamar”, cuenta Ana María acerca de los años en los que estuvo en España, entre 2009 y 2012. En reconocimiento a la exaltación que hacía de los poetas guatemaltecos, especialmente de Vicenta Laparra de la Cerda, el Embajador la distinguió como Embajadora Cultural de Guatemala.







En uno de los álbumes de recortes que guarda Ana María Bravo en su hogar, pueden apreciarse publicaciones que se hicieron sobre las obras teatrales que produjo y/o protagonizó.
El teatro extramuros
A Ana María le encantan los retos y sus trabajos teatrales no solo se han presentado en salas convencionales. Entre las sus experiencias cuenta la de la Pastorela Navideña que montó para la Capilla del Señor de las Misericordias a principios de los años 90. “Yo pertenecía a un grupo religioso de la iglesia y ahí conocían mi trabajo teatral. Una amiga mía, en una sesión que hubo el párroco preguntó, qué podíamos hacer porque se acercaba la Navidad y ella dijo: ¿por qué Ana María no hace una pastorela? Y a mí no me pueden retar, porque inmediatamente dije sí”, cuenta.
“Los actores fueron mis compañeros del grupo y el padre, muy entusiasmado mandó a hacer una gran tarima porque nos imaginábamos que llegaría mucho público, como efectivamente fue”, recuerda. “Fue una maravillosa experiencia, quedó muy bien realizada, a pesar de que era gente que nunca había hecho teatro, pero a mí esas experiencias me gustan, tanto en cine, como en teatro o televisión”, añade. Cuenta que en ese entonces ya no se estaban presentando mucho las pastorelas y uno de sus logros fue, precisamente, volverlas a traer al ámbito guatemalteco, y aunque en la capilla donde inició ya no se produjo, en la actualidad, otras iglesias como La Recolección, las han implementado.
El teatro Promenade (que se desplaza en distintos escenarios en la calle) también forma parte de sus vivencias. Recuerda que trabajó, bajo la dirección de Hugo Carrillo, en la Verbena Cervantina, que el dramaturgo montaba en la Antigua Guatemala. Muchos años después, ella asumió su propio reto. “A mí se me ocurrió que debiéndole yo tanto a Dios dentro del teatro, que era una profesión de la que ya tanto yo como mis hijos habíamos gozado, ¿por qué no iba a hacer algo para él?”, expresa. De ahí surgió la obra itinerante Jesús de Nazaret.
Esa producción requirió de mucho estudio sobre cómo iban a realizarse y distribuirse las escenas en cada una de las nueve cuadras que van de la Catedral Metropolitana al Templo del Calvario, además de ver detalles de sonido. “Conseguí a los actores, que eran como 30, más los extras. Necesitaba revestir el momento con la realidad, y acudí al sacerdote del Calvario para que me permitiera hablar con el presidente del Escuadrón de romanos y que me ayudaran con enviarme, entre 50 y 70 romanos”, detalla.
La obra fue representada los Viernes Santos, entre principios de la década de 1990 y 2019, cuando se detuvo, debido a la pandemia de covid-19. Aunque el elenco varió, durante todos los años Luis Garistú protagonizó a Jesús.
“Hacer lo propio”
Uno de los principales logros de Ana María ha sido la creación de su propia compañía, que primero se llamó Compañía Bravo de teatro para niños, y luego ya adoptó el nombre de Compañía de Teatro y Producciones Bravo. “Cuando uno está ya en el ambiente y se ve rodeado de todo y gustándole tanto como le gusta, busca algo más, explorar más campos. Hacer algo donde las ideas surjan, no por hacerlo mejor que los demás, sino por hacer lo propio”, refiere.
La primera obra, con la que, en 1992 inauguró la compañía fue Hansel y Gretel. “La primera presentación la hice en el Parque Centenario”, cuenta. Posteriormente llegaron representaciones de cuentos clásicos.
Con el tiempo, la compañía también ha producido obras y espectáculos dirigidos a público en general.
El Hermano Pedro y el mundo audiovisual
Los campos de acción de Ana María siempre han sido diversos y se han manifestado, a través de distintos medios. Entre 1995 y 1996 fue productora del Canal Maro (UHF CANAL 19), en donde produjo, escribió y dirigió la serie audiovisual Leyendas de Guatemala. Posteriormente, en 2002, trabajó también como productora y directora en WCB Channel y ahí realizó la serie Leyendas de Centroamérica y Teleteatro.
En 2002, recibió una propuesta de canal 7. “Un medio día, recibí una llamada del productor de canal 7, Rigoberto López. Me dijo que como el papa Juan Pablo II, iba a venir a canonizar al Hermano Pedro y él había oído de mi experiencia en teatro y que yo ya había producido, a esas alturas, unas 40 Leyendas de Guatemala, me propuso hacer la película Hermano Pedro de San José”, cuenta.
Para realizar los guiones de la película, consultó libros que se habían hecho acerca de quien sería proclamado santo, además, sostuvo pláticas con Fray Edwin Alvarado que es el director espiritual de San Francisco El Grande, a quien Ana María describe como el tutor de lo referente al Hermano Pedro. “Me fue informando sobre los detalles del Hermano Pedro, sus medidas. También conocí su ropa en el museo, para ver qué telas eran las que usaba en su vestuario”. Una de las múltiples satisfacciones que derivan de esta producción es saber, que aún en la actualidad, en Tenerife, en las Islas Canarias de donde era originario el Hermano Pedro, la película se ha visto y es apreciada. “Mantengo una comunicación constante con Tenerife sobre el Hermano Pedro y me dicen que la película es muy apegada a su vida. Es más, Antonio Valenzuela, el actor que caracterizó al Santo Hermano Pedro es muy respetado allá”, declara.
Posteriormente, en 2002, Ana María produjo una obra teatral también protagonizada por Antonio Valenzuela, de quien tanto la productora como su hija Mónica, afirman, «ha recibido muchas bendiciones después de ese trabajo». Bravo señala que existe una propuesta para hacer una serie basada en la historia del Hermano Pedro.
Los reconocimientos
Entre los múltiples tributos y reconocimientos que ha recibido se encuentran el de Artista Nacional Destacado en Teatro de 1977, que le fue entregado por la Federación Nacional de Artistas; La Medalla de Honor al Artista de Teatro para Niños en 1998, otorgado por la Sociedad Dante Alighieri y la Llave de la Ciudad de Kenner, Luisiana, Estados Unidos. En 2001, recibió el Aj-Tukil- Tzij, por la Cámara de Locutores Profesionales de Guatemala. En 2004, se le impuso la Medalla Vicenta Laparra de la Cerda por dar a conocer el legado literario de esta poetisa. En 2006, recibió un reconocimiento especial de la Fundación Paiz para el Arte y la Cultura por la presentación de la Compañía de Teatro Bravo, en los Festivales Internacionales de Cultura Paiz.

En septiembre 2016, el Ministerio de Cultura y Deportes la eligió para realizar el Cambio de la Rosa de la Paz. En 2019 el mismo ministerio le entregó el Premio del Año. Ese año, la Universidad Popular le rindió tributo con la develación de su fotografía dentro de su galería de dramaturgos en la sala Manuel Galich. Además, recibió la Medalla Antonio Almorza como locutora destacada por parte de la fundación Artista del Año.
El gobierno de Guatemala le otorgó la Orden Presidencial Antonio José de Irisarri en 2022. Ese miso año, la Cámara de Locutores Profesionales le brindó un reconocimiento por su trayectoria.
En marzo de 2023 fue elegida por el Consejo de Teatro para leer el manifiesto anual por el Día Internacional del Teatro, en nombre de Guatemala. El 27 de marzo de 2025, Teatro Thriambos Producciones le rindió homenaje como maestra de varias generaciones y por su trayectoria de más de 70 años.



Presente, futuro y legado
A partir de 2013 retomó su faceta de actriz, personificando a la madre en la obra La Dama del Alba, con la compañía Thriambos Producciones y en la obra La Herencia de Mccritchet, escrita por Dick Smith. En ese mismo año presentó dos temporadas de teatro para adultos y una para niños.
En 2015 y 2016, presentó en las temporadas teatrales del teatro Las Máscaras del Grand Tikal Futura la obra Un Ángel en Apuros. También montó las obras Recital Romance a Tres Voces, Hansel y Gretel en Navidad y El Mago de Oz.
En 2017, fue invitada para dirigir la ópera El Elixir de Amor, en la Gran Sala “Efraín Recinos” del Centro Cultural “Miguel Ángel Asturias”. En abril de 2018 se integró al elenco de Dream Studio, academia dirigida por Yefry Lemus, y a producciónes Yefry Lemus –YL Producciones e intervino en la temporada de la obra “La mujer que nunca soñé.
En diciembre 2018, ´produjo la obra “Nochebuena Mágica” en Teatro de Don Juan con su Compañía de Teatro Bravo.
En abril 2019 cumplió 27 años de representar “Jesús de Nazaret”, y adaptó la obra para presentarse en el Teatro Variedades, con motivo de su reapertura.
En 2019 volvió a trabajar bajo la dirección de Yefry Lemus en La mujer que no soñé, y El Chico del Apartamento 512. Entre abril y mayo de ese año, presentó la obra fusionada con cine Pedro de San José, el santo de Guatemala, en el Teatro de Cámara del Centro Cultural Miguel Ángel Asturias. En junio y julio fue la primera actriz del musical Las de la intuición, en el Teatro Lux, y ese mismo julio produjo el recital poético Romance a tres voces en el Teatro de Don Juan.
En 2021 y 2022, se integró al elenco de Las Brujas de Xelajú que presentó Lemus en el Teatro Lux y en el Teatro Municipal de Quetzaltenango. En marzo de 2023, ofreció el recital Las siete palabras de Jesús, en el marco de la declaración de la Semana Santa como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.
Teatro Producciones Thriambos la invitó a integrarse al elenco de la obra La Casa de Bernarda Alba en las temporadas de marzo y julio de 2025. Ahí interpretó al personaje estelar, María Josefa. En abril de este año, interpretó Versos a la Virgen Dolorosa, en Eventos Católicos Radio.
Uno de los mayores motivos de orgullo de Ana María han sido sus hijos, quienes, en algún momento de sus vidas han seguido sus pasos en la actuación. “Cuando yo los estaba esperando, casualmente siempre estaba en ensayos”, comenta. Recuerda, especialmente que cuando dio a luz a Mónica estaba en medio de la temporada de Blancanieves y los siete enanos.
Flor de María, Carlos Armando (quien falleció en 2021) Mónica y Ricardo intervinieron desde niños en diversas obras teatrales bajo la dirección de su madre. Ana María cuenta que, cuando asistían al colegio, muchas veces ella no tenía con quien dejarlos, así que su hermana los llevaba a los ensayos, y ellos siempre mostraron interés por lo que hacía su mamá.
Recuerda que Ricardo, el menor, quien ahora es doctor en Arquitectura, cuando venían obras internacionales al teatro Abril estaba siempre presente. Uno de los actores que le tenía especial afecto al pequeño Ricardo, era Eduardo Serrano (recientemente fallecido). “Él no empezaba el ensayo si Ricardo no estaba porque era el encargado de ponerle toda la utilería, y Ricardo se sabía los papeles de todo el mundo… Además de su actual profesión es un buen director. Él me dirigió en Hamlet, la adaptó, la dirigió y la presentó en el Teatro Dick Smith del IGA y en el Auditorio de Juan Bautista Gutiérrez, en 2009”, cuenta orgullosa.
En el caso de Mónica, quien es además de cantante, actriz y directora, es relacionista pública, es quien está siempre a su lado. Es Licenciada en Arte Dramático y se ha desempeñado en varios puestos, tanto públicos como privados, como relacionista.

Entre los nietos, quien heredó con mayor fuerza la vocación de su abuelita es Andrea Bravo. “Ella se dedica a la producción cinematográfica, producción de comerciales. La llevan a otros países y en Guatemala también es muy bien acogida, canta como los ángeles, toca el ukulele y es actriz”, expresa. También sus nietos Carlos y Ana Lilian han tenido intervenciones artísticas en teatro y realizan comerciales, aunque no se dedican del todo a la actuación. Sin embargo, ya entre sus bisnietos, se distingue Rosalyn Arana, de 11 años, de quien dice “canta y actúa y es inquieta en lo artístico”, admite.
Más de 70 años de carrera artística han hecho que Ana María Bravo Lara sea una de las figuras más representativas del arte dramático en el país. Aunque señala que las condiciones del arte y la cultura no son lo que deberían en Guatemala, ella continúa dispuesta a seguir entregando su talento, amor y pasión en el arte al que fue atraída a través de la radio, cuando apenas tenía cinco años.
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