Crítica a 1524, Una historia frustrada o la conquista española de Guatemala

Irónicamente, en América Latina, académicos y activistas intelectuales conservadores y de derecha usan estas mismas historias para desacreditar lo que llaman genéricamente la “Leyenda Negra” de la conquista y colonización del continente americano -usualmente sin explicar qué es y de qué está compuesta-.

Javier Calderón Abullarade

junio 8, 2025 - Actualizado junio 7, 2025

¿Cómo escribir un libro imposible de escribir? Por quinientos años la biografía de la mujer vulgarmente conocida como “la Malinche”, pero honoríficamente tratada como Doña Marina o Malintzín en su época, fue imposible de escribir. Cómo indica Camilla Townsend, una de las más reconocidas historiadoras culturales de la época colonial latinoamericana: “La evidencia simplemente no existía para escribir [la biografía de Doña Marina]. Esta mujer no nos dejó diarios o cartas, ni una sola página”. Y, sin embargo, Townsend, releyendo incontables fuentes contemporáneas a Malintzín y con una nueva teoría cultural detrás, descubrió que Doña Marina, lejos de ser una traidora conformada a los requerimientos de Hernán Cortés, tomó las mejores decisiones posibles para sobrevivir la esclavitud, la guerra, las perfidias entre los primeros conquistadores españoles, la pobreza y para dejarles un buen futuro a sus hijos y, tal vez, para vengarse de quienes primero la esclavizaron. Y parte del éxito de Camilla Townsend fue no dejarse influir por el mito nacionalista mexicano sobre la traición de la Malinche.

 Negarse a la influencia de las “leyendas negras” en la producción historiográfica ha sido un principio aceptado por la mayoría de los historiadores culturales estadounidenses. Ello les ha permitido, entre otras cosas, descubrir como los ejércitos españoles, en lo que hoy es México y Centroamérica, fueron apoyados por ejércitos indígenas que también se consideraban conquistadores y que en algunos casos buscaron eliminar las estructuras de poder de los imperios azteca, quiché o inca y que usualmente requerían el rapto de mujeres jóvenes, bonitas y de clase alta para sacrificios sagrados. Estos historiadores también han encontrado que, a pesar de los mejores intentos de los religiosos españoles, los indígenas corrompieron, subvirtieron, rechazaron, integraron, complementaron o aceptaron el catolicismo por su propia voluntad e interés y no porque el cristianismo “fuera mejor” que las religiones americanas. Además, este desarrollo historiográfico de la izquierda norteamericana ha generado un “boom” de nuevas historias que han rescatado las voces silenciadas de las mujeres, indígenas, esclavos, africanos, niños y de las ciencias, la religión y el arte indígenas durante la Conquista y la Colonia. Pero, el costo de este enfoque ha sido que, por atender a preguntas existenciales muy estadounidenses, sobre cuál es el papel de la gente común en la fundación de América Latina, han perdido relevancia en contestar preguntas que son existenciales para nuestra región, como ¿fue injusta la Conquista? ¿Qué problemas heredamos de la conquista y colonización de América? ¿Qué papel jugaron los indígenas en este proceso? Y, ¿cómo podemos enmendar los males que cometieron los españoles de la época colonial a los indígenas guatemaltecos y cuyas consecuencias aún son visibles y medibles en su población?

Irónicamente, en América Latina, académicos y activistas intelectuales conservadores y de derecha usan estas mismas historias para desacreditar lo que llaman genéricamente la “Leyenda Negra” de la conquista y colonización del continente americano -usualmente sin explicar qué es y de qué está compuesta-. Uno de estos intentos es el libro 1524, Una Conquista Frustrada, publicado por el joven autor español David Jaime Hernández, a finales del 2024. El objetivo explícito del libro es divulgar conocimiento nuevo sobre la historia de la conquista de lo que hoy es Guatemala, principalmente a jóvenes lectores, evitando sesgos políticos, ideológicos, emotivos, sentimentales o nacionalistas, de forma objetiva y basada en hechos. Y, aunque el libro carece de un argumento o hipótesis explícita que nos permita saber cuál es la historia que se va a contar, cuáles son los actores y relaciones causales principales y cuál es la teoría y métodos que van a enmarcar el estudio, éste sí tiene tres objetivos políticos e historiográficos: 1) comprobar que no fueron los españoles quienes conquistaron lo que hoy es Guatemala, 2) sino que fueron los castellanos y 3) no por virtud propia, principalmente, sino debido a las divisiones y conflictos existentes entre lo que el autor llama señoríos indígenas. Estos objetivos justifican una primera parte del libro en donde Hernández explica, principalmente, como un ejército mayoritariamente compuesto de guerreros de lo que hoy es el centro de México y de una minoría de castellanos explotaron la fragmentación de los “señoríos” de lo que hoy es Guatemala para derrotarlos militar y diplomáticamente. Y la segunda parte explora ocho mitos sobre este proceso de conquista en los cuáles el autor no solo divulga conocimiento nuevo, sino que opina sobre lo que estos mitos deberían de significar para todos.

Pero, el principal problema de este libro es que es busca persuadirnos, mezclando historia con opinión, de que creamos mitos nacionalistas españoles sobre 1) la menor importancia de los castellanos -españoles- en “el caos” de la Conquista y en la discriminación colonial española y sobre 2) la idea de que la cultura española del pasado era mejor que la indígena -por esto debería de estar despotricando Rigoberto Chay Quemé-. Así, sin contar con un argumento o hipótesis explícitos que hagan transparente para el lector cuál es el tema, las intenciones y métodos del autor, éste trata de hacernos creer que este es un texto historiográfico profesional, como cuando dice que no aporta “nuevos datos ni decimos nada que no se haya dicho ya en los círculos académicos o especializados”. Bueno, sí dice cosas que no se dicen en estos círculos, como las siguientes: 1) la invasión nahua-castellana “no supuso una ruptura radical [sino que] vendría a ser una más dentro de la tradición propiamente mesoamericana”; 2) “nada más lejos de la realidad” que fueron los españoles y no los castellanos quienes conquistaron Guatemala; 3) podemos dudar de si los indígenas disfrutaban de la condición legal de súbditos que mandaba la Corona de Castilla; y 4) “aunque fuera por la existencia de un único Dios -¿dios, tal vez?- cristiano que no solicitara sacrificios humanos y que garantizara la libertad individual, la evidencia histórica parece confirmar qué […] el modelo castellano ofreció mayores garantías que los modelos indígenas frente a la violencia y la esclavitud.”

            Lo cierto es que la Conquista y la colonización española destruyeron en mayor o menor medida las bases y estructuras políticas, sociales, culturales y económicas de los indígenas de Guatemala. Bajo su liderazgo y con un interés económico, social y político permanente, los españoles fueron desarrollando una legislación a partir de las leyes dadas a y creadas por los reyes españoles que efectivamente discriminaron negativamente a los indígenas, sin distinción de clase. Lejos de defender su libertad individual, las leyes españolas favorecieron la esclavitud y el trabajo forzado de africanos, asiáticos y americanos, así como obligaron a la creencia en una religión única y que complementaba la legislación civil con respecto al control de la vida sexual de las mujeres. Aunque el dios católico español no demandaba sacrificios humanos para favorecer las cosechas, si lo hizo a través de las inquisiciones europeas y americanas para controlar principalmente a las mujeres, africanos, judíos, musulmanes y miembros de las clases bajas por su adhesión a otras religiones o por prácticas heréticas o profanas y que no sólo ponían en tela de duda su idoneidad, sino que más bien eran resultado de su inutilidad. Los españoles, que es el apelativo con el que más se autocalificaron los conquistadores en la mayoría de sus documentos, lideraron a huestes de castellanos, vascos, cordobeses, africanos, cuauhquecholtecas, tlaxcaltecas y cholutecas no solo para descubrir sino para crear un mundo nuevo.

 Ahora, 1524, Una Conquista Frustrada es un libro que contiene información útil y validada por historiadores profesionales y que todos en Guatemala deberían de leer. Pero esa lectura debe estar tamizada por el hecho de que este trabajo no cumple con los estándares profesionales de una historia cuyos argumentos, evidencia, métodos y conclusiones hayan sido revisadas por un grupo de pares expertos. Además, su objetivo es defender una idea nacionalista española y no una hipótesis académica. Y tampoco es una historia completa de la conquista, sino solo una recopilación de mitos, supuestos y verdaderos, complementados por opiniones del autor. Desde una perspectiva política, este libro refleja el deseo de algunos miembros de las élites blancas, empresariales y religiosas guatemaltecas de que los horrores e injusticias de la Conquista no fueran la culpa de sus ancestros reales o simbólicos, sino la culpa de los indígenas. De esta forma, la “despolitización” o “desideologización” de esta historia ayuda a deslegitimar las justificaciones para las constantes demandas indígenas y las hace ver como injustas, como surgidas de la nada. Pero la realidad es más compleja y las verdades surgen de los métodos y no de los deseos.

P.S. Digo la conquista de Guatemala para evitar nombrar a las decenas de unidades políticas indígenas sojuzgadas por los españoles -castellanos, vascos, cordobeses y navarros, entre otros- y para evitar decir todo el tiempo “lo que hoy es Guatemala”, porque suena feo.

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