Eraclio Zepeda Ramos (Chiapas, México 1937-2015). Foto: Wikipedia
Lo primero que me contaron cuando recién lo conocí, con ocasión de uno de los encuentros de intelectuales de Chiapas y Guatemala, en Tuxtla, a fines de la década de los años ochenta, es que actuó en una película en el papel de Pancho Villa, y que había combatido en Cuba, a principios de los sesenta contra la invasión realizada por cubanos en el exilio. Un prestigio de héroe lo acompañaba. Era un conversador ameno. Las narraciones orales le brotaban de manera espontánea. Casi siempre lo vi acompañado de Elba Macías, su esposa. Fue político, cuentero, cuentista y novelista. Ella, poeta.
La primera vez que vino a Guatemala encabezó una delegación de literatos mexicanos, entre ellos su esposa, Juan Bañuelos, Oscar Oliva y Carlos Monsiváis. Fue con ocasión del Encuentro Centroamericano de Escritores, que la recién creada Comunidad de Escritores de Guatemala organizó con el apoyo del Ministerio de Cultura y Deportes, en 1988, en el Paraninfo Universitario de la USAC. En esa ocasión leyó una carta de solidaridad para con el evento que le entregó días antes Luis Cardoza y Aragón.
Tengo anécdotas por ese evento. Una, cuando recorriendo las calles de La Antigua Guatemala expresó con emoción «¡Estamos en la capital de nuestro ‘vos‘!» Se refería al habla común que tenemos los originarios del sur de México y los chapines. Enseguida agregó: ¡los guatemaltecos y los chiapanecos somos plumas de la misma ala. Otra cuando al ojear el original de la obra de Bernal Díaz del Castillo, en el Archivo de Centroamérica, unas lágrimas brotaron de sus ojos.
Otras anécdotas se relacionan de cuando lo invitamos, ya en los noventa, para que fuera jurado de uno de los certámenes. No recuerdo si fue del Premio de cuentos Carlos F. Novella u otro. En esa oportunidad lo llevamos con William Lemus, en un atardecer de uno de los días en los que estuvo con nosotros, a cenar a la carpa de la Hacienda de los Sánchez, en esa época ubicada en una esquina la zona 10, frente al edificio Géminis 10, cuya característica especial es la escultura en metal de Luis Díaz, que se encuentra al ingreso de su vestíbulo. Elaborada por él en 1982, con una altura de 7.80 metros y 10 metros de ancho, que, según un documento elaborado en la Universidad Rafael Landívar, representa la idea de los gemelos de la cultura maya ancestral, por medio de la abstracción de un güipil, con los brazos extendidos en honor al nombre del edificio.
A los pocos minutos de nuestro arribo al sitio llegó el escritor y abogado René Villegas Lara, otro de los comensales, a quien habíamos participado del agasajo. Tenía deseo de conocer a Eraclio. Como cuentista se considera seguidor de su estilo y en temática. Villegas puso como ofrenda, sobre la mesa respectiva, una botella de Chivas Regal. Inmediatamente Zepeda nos indicó «¡nos ponemos de pie! ¡A esa botella se le hacen honores!». Orden que acatamos inmediatamente. Ya sentados, mientras esperábamos los asados, nos narró lo siguiente: “Cuando a Miguel Ángel Asturias le dieron el premio Nobel yo me encontraba en Suecia, por lo que una mañana lo fui a visitar al hotel donde se encontraba para felicitarlo. Miguel Ángel me recibió con mucha alegría porque me dijo que los dos éramos mayas, y me pidió como un favor especial, con esa voz grave y característica de él, que lo acompañara a hacer un mandado. Entró a su habitación y salió con una bolsa cerrada, que llevaba en su mano derecha, con un contenido que no me dijo que era. Nos dirigimos a un lugar que yo no conocía, que resultó ser el zoológico de Estocolmo. Ya ahí se acercó a una jaula y me dijo: mirá a mi paisano, lo saludé ayer, está muy triste, es un zopilote chapín, que a saber desde cuando está aquí, solito, sin sus costumbres, sin amigos, por lo que abrió la bolsa y le tiró el contenido. El zopilote comenzó a “aletear” de alegría porqué descubrió que era mierda de Guatemala”. Como buen cuentero se inventó la historia en ese momento, a la que le imprimió ritmo, gestos y modulaciones de voz. Ni estuvo en Estocolmo, ni habló con Asturias.
Yo aproveché esa narración típica de un cuentero como Eraclio para contarle de como en una ocasión, para una reunión que tuvimos en la Peña de los Charango varios integrantes de la Asociación Módulos de Esperanza, entre ellos su fundador, el sacerdote y escritor Ramón Adán Stürtze, más conocido entre los lectores del desaparecido El Grafico, de Guatemala, como Víctor Pabsch, sugerí que Luis Alfredo Arango nos leyera en voz alta alguno de sus poemas del zopilote biónico, entre ellos el que dice que “zope que vuela muy alto siempre regresa a comer mierda”. Arango se sorprendió de la petición, dijo que no tenía como hacerlo, pero yo llevaba para esa ocasión un ejemplar de su poemario, por lo que Luis Alfredo no se pudo negar.
En ese mismo viajé de Zepeda a Guatemala, un sábado por la tarde llevé a Eraclio de visita a la casa del poeta Arango, y ahí en el pequeño estudio que este tenía, a la par de la construcción principal, vio una fotografía y le preguntó ¿por qué tienes una foto de Pancho Villa en tu casa? Luis Alfredo le contestó: “es mi abuelo”, a quien no conocí, murió un año antes que yo naciera. Yo me llamo igual que él. Eraclio le dijo, «es increíble, era idéntico a Villa». En ese momento no recordamos que el nombre verdadero de Villa era Doroteo Arango. Nos dimos cuenta posteriormente.
Y la última anécdota, no en Guatemala, sucedió en París, cuando en el año 2001 Otilia Lux de Cotí, Ministra de Cultura y Deportes, me envió para que participara en una de las reuniones del Comité Jurídico de la Unesco, que por esos días analizaba el contenido del proyecto para la Convención de Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial, que se emitió posteriormente, en 2003. Tuve el privilegio de emitir en ese año el voto favorable de Guatemala. Sucedió que, en ese 2001, nos encontramos con Eraclio, en el primer día de las reuniones. Yo entraba a una de las salas del Organismo y él salía. Al verme me abrazó y me preguntó «¿qué hacés por aquí?». Le expuse de mi misión. Él me manifestó que era el embajador de México ante Unesco. Me contó entonces que su país propondría a la marimba como obra maestra del patrimonio oral e intangible de la humanidad, -categoría que posteriormente cambió el nombre a patrimonio inmaterial de la humanidad -, por lo que me invitó para que Guatemala apoyara esa propuesta. Le prometí que se lo sugeriría a la Ministra. Lo hice a mi regreso y nuestro país se sumó a la candidatura. Lamentablemente la Marimba no fue tomada en cuenta para la declaración de ese año. Años después en una visita que hizo a nuestro país el exdirector de la Unesco, el señor Koichiro Matsura, nos explicó que no se aceptó porque la marimba no es específica de un país o de una región, ya que es una expresión en diversos países.
Eraclio Zepeda, uno de los escritores mexicanos más importantes de los últimos años, tuvo presencia en la política y en la vida cultural de su país, y especialmente de Chiapas, vino a Guatemala por última vez, en julio del 2015, invitado por los organizadores de la FILGUA de ese año. No lo pude ver. No me encontraba en la ciudad de Guatemala. Los que le saludaron me contaron que ya estaba muy enfermo. Falleció el 17 de septiembre del 2015.
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