Rosa Chávez. Foto: Cortesía Catafixia Editorial
Sorprende que en Guatemala se siga publicando tanto libro. El ritmo de impresión no ha cedido desde los años noventa, y es muy esperanzador que, en distintos territorios, mujeres y hombres estén dando a conocer sus obras, promoviendo la lectura y una cultura crítica activa.
En el marco de la feria de editoriales del Día Internacional del Libro, estuve en la presentación de Rajawal ri b’e, Espíritu del camino, poesía reunida de Rosa Chávez*, cuya trayectoria de más de veinte años como escritora representa los caminos recorridos por las mujeres, no sólo en las letras, sino en la cultura, en la política.

En Casa solitaria (2005), primer apartado del libro cuya portada es una ilustración de Erick Boror, habla de desamores y desencuentros, de “un loco escribiendo paredes / casi al borde de la cordura”, de un “ladrón pastor político”, vidas que transcurren la cotidianidad en una ciudad “donde el hambre sigue babeando”. Al mismo tiempo, evoca “gitanas con caderas de viento” y “manglares [que] adornan sus pezones”, mujeres como la putita, que es “una perra en la banqueta / olfatea, muerde y se coge la vida”, o las madres que piden perdón o sienten culpa.
No es casual que Rosa haya elegido como primer poema de la antología el que concluye así:
…
la señora dice que soy bien bruta
no entiendo por qué me tratan mal
¿acaso no soy gente pues?
El racismo, fenómeno social característico de sociedades con fuerte herencia colonialista, está presente en la vida cotidiana de miles de niñas y mujeres del país y atraviesa la conciencia colectiva. Rosa sabe muy bien cómo se manifiestan el odio y el miedo en todos los espacios de “este mundo deshuesadero / que se escurre de nuestras soberbias manos”.
Piedra Ab’aj (2009) es una reunión de poemas orgánicos, en el sentido de su raigambre con la tierra, con el agua, con el sol, con la memoria:
Los ojos de los desaparecidos
miran hacia adentro
no se pueden cerrar amarrados en el tiempo
flotan sus nombres al viento como bandera de nadie
dicen adiós esperando el retorno
También es una recolección de relatos urbanos, como el poema dedicado a la charamilera que dice:
…
huelen a guaro
los piojos que me comen
tengo frío
vomito sangre y guaro
tengo miedo
un animal grande
se monta en mi espalda
perdí todo
hasta mi nombre
no estoy loca
solo huelo a guaro.
Poemas concisos que hablan de la esclavitud lacerante de quienes fueron forzados a romper piedra para hacer caminos, y de los conocimientos de las abuelas, del temazcal, de Tijax, de la sangre. Elijo el de una mujer desatada:
Me desato el corte
y el llanto antiguo que me acompaña
me desato de quien aprieta mis nudos
me desata la madre mundo
me desata el padre mundo
desatada ando por la vida
de un lado para el otro
pastoreando chivos
entre el monte citadino,
el monte rudo,
el monte cóncavo,
el monte de Venus,
el monte tapiscado,
el monte pisado
ando desatada,
cuidado
En Quitapenas y El corazón de las sombras, ambos de 2010, encontramos a una mujer sólida que conoce su fragilidad, que habla con su hijo, y que se debate entre la sexualidad, la ternura, el dolor:
Hacer el amor llorando
para calmarle la agitación al viento
para contrarrestar la soledad de la metáfora
y perderse en el misterio del placer adolorido
…
hacer el amor llorando
porque la desgracia no viene sola
…
hacer el amor llorando
porque necesitamos llorar
y necesitamos hacer el amor
Termino esta breve reseña, con los apartados titulados Awas (2014) -que equivaldría en español a las recetas y consejos para enfrentar dolencias, enfermedades y otros males del cuerpo y del espíritu, a través de sueños, encantos, mensajes- y Abya Yala (2024), en los que los nawales ocupan un lugar preponderante, como presencias impalpables de un pasado vivo: “…las ánimas visitarán sus casas que son los corazones de quienes les recuerdan”. Veo aquí a una mujer consciente que participa en los sentires de otras “con dientes de maíz negro”, reconozco en sus poemas las reivindicaciones de muchas:
…
las indias no pueden saltar
y yo pego brincos que truenan, que revientan
que le sacan chispas a la rudeza de aquel desprecio
porque mi piel morena ha decidido sentir el tacto de la libertad
…
Confieso que leo poca poesía y que difícilmente me gusta. Con la poesía de Rosa me ha sucedido como con los buenos guisos, que siempre quiero más. No es que compare su poesía con comida, pero sí tienen en común que son un placer que satisface una necesidad vital, en este caso, para transitar los caminos de la vida.
* Rosa Chávez, poeta maya kaqchikel – k’iche’ que ha publicado sus trabajos en revistas y antologías de diferentes países, recientemente galardonada en los Países Bajos con el premio Impact Award de la fundación Príncipe Claus. Este libro fue publicado por Catafixia Editorial, Iximulew, Guatemala, 2025.
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