«Diente de león en el viento»: poesía y libertad tras las rejas

Entrevista a Eduardo Gabriel Masaya Juárez, quien publica este libro, estando prisionero.

Jaime Barrios Carrillo

junio 29, 2025 - Actualizado junio 28, 2025

Eduardo Gabriel Masaya Juárez. Foto: Joshua Morales

«…¿de dónde obtiene su obra el poeta si no es de una forma particular de ver el mundo? ¿No es la poesía una fuerza tan poderosa capaz de poseer la mente subconsciente para mover los pasos en una dirección determinada y variar el curso del destino de forma mínima, pero determinante?»

Eduardo Gabriel Masaya Juárez

Solo en un país donde la justicia ha sido secuestrada por oscuros intereses políticos y donde el pensamiento crítico suele pagarse con cárcel o silencio, puede darse un caso como el del joven abogado Eduardo Gabriel Masaya Juárez, integrante de la Planilla 10 que competía por un puesto en la directiva del Colegio de Abogados y Notarios de Guatemala (CANG).

Masaya detenido en enero de este año fue vinculado sin pruebas sólidas al caso “Corrupción Semilla”, en lo que numerosos juristas, organizaciones civiles e instancias internacionales consideran parte de una estrategia sistemática de criminalización de la disidencia y una judicialización de la política en Guatemala. Una monstruosidad jurídica, llena de odio  y revanchismo, por ejemplo no solo se fabricaron los casos contra Masaya, sino no se le dieron medidas sustitutivas para así enviarlo a una injusta e inhumana prisión preventiva.

Prevención ¿de qué? le preguntamos al Ministerio Público y al juez que parecen fusionados en un carrusel cínico y antiético que se vale de la ley para perseguir a los ciudadanos y meterlos a la cárcel. En el caso de Eduardo Gabriel Masaya Juárez de una manera sin proporción, atendiendo al delito imputado cuando el Ministerio Público no investiga ni mueve nada en casos multimillonarios de verdadera corrupción, protegiendo así a los corruptos criminales con su pasividad evidente.

Este tipo execrable de jueces cometen el más horrendo y cínico de los prevaricatos, haciéndese cómplices de fiscales que parecen más gánsteres que abogados con puestos en el sistema judicial. Es bueno recordarles a estos falsos togados que el prevaricato es un serio delito que se produce cuando se emite, de manera deliberada, una resolución injusta o contraria a la ley. Se trata de un acto consciente de abuso de poder que vulnera la legalidad y socava la integridad del sistema de justicia. Ya se acercan otros tiempos y los verdaderos criminales, sicarios de la justicia, serán los que entren esposados a Tribunales. Será justo y necesario.

Además, se ve la saña y maledicencia al cambiarlo de cárcel, sacándolo de Mariscal para enviarlo al Preventivo. Por último, dándole una audiencia hasta el año entrante para que permanezca preso. Sin olvidar el asedio psicológico, hasta en los mismos tribunales donde un abogado fantoche y estrafalario de la extrema derecha se le acercó a Masaya que estaba sentado y esposado para «exhortarlo» a que hiciera uso de la vía de aceptación de cargos para salir del problema. A lo que Masaya, que no ha perdido la serenidad ni su digna entereza lo mandó al diablo porque está convencido de su inocencia y del manejo ilegal en su contra.

Eduardo Masaya es parte de esa generación comprometida que se forma, participa, debate y construye país. Abogado joven, comprometido con la defensa de los derechos humanos, es también un apasionado lector y autor de poesía. Desde su celda, ha estructurado un poemario integrando poemas escritos cuando estaba en libertad con algunos hechos ahora tras las rejas. Será publicado próximamente en Guatemala por «Serie Periferia», con el título Diente de león en el viento, con ilustraciones de Luis Pedro Villagrán Ruiz y Verónica Morales. Es un libro nacido entre muros, pero escrito con la claridad del que no se rinde ni se doblega.

El caso de Masaya remite a la amarga frase del poeta Alfonso Orantes, quien decía que en Guatemala los poetas solo tenían tres destinos: el encierro, el destierro o el entierro. Orantes, figura de la poesía y la conciencia social, conoció él mismo un muy largo exilio en El Salvador donde falleció. Masaya, como tantos otros jóvenes que han decidido no callar, ha conocido el encierro. Y sin embargo, escribe. Y vive. Y resiste.

También nos recuerda que la justicia verdadera no nace de la ley en letra muerta, sino de la ética viva. Que incluso cuando el sistema se pervierte, hay quienes lo sostienen con su integridad. Y que ahí, en esta resistencia cotidiana, hay esperanza. En las letras del poeta y abogado Eduardo Gabriel Masaya hay también vida. Porque en el libro no está escrito con amargura, sino con una firme apuesta por la luz de la justicia, incluso en medio de la oscuridad.

Este debut no significa que sea un escritor inmaduro, por el contrario, el poemario sorprende por su enjundia lírica, su densidad de lecturas y un evidente oficio poético. En sus páginas se reconoce la voz de alguien que ha leído con rigor, que ha vivido con intensidad, y que ha pensado su país y su época con deseos de transformación. La estructura del poemario es original, cuidada, y su calidad literaria no necesita ser justificada únicamente por su contexto carcelario. «Diente de león en el viento» tendrá sin duda aceptación por mérito propio, por la potencia de sus imágenes, la sensibilidad de su mirada y la honestidad de su voz.

Como un anticipo solidario y lírico en el conversatorio Poesía de Resistencia el pasado 23 de junio en FLACSO, Ana Silvia Monzón, Gustavo Bracamonte y María José Lara leyeron  y comentaron poemas de Eduardo Masaya.

En esta entrevista, Masaya Juárez habla desde la prisión pero con una voz libre. Nos cuenta de su formación, de su amor por la palabra y su poemario. Porque lo verdaderamente impactante —o quizás lo indignante— es que lo mejor de nuestra juventud no esté dirigiendo para construir el futuro del país, sino la envíen tras las rejas, en este caso un joven abogado y poeta castigado por pensar, participar y no aceptar la corrupción como el destino de silenciar a través del expediente, criminalizar la participación, sembrar miedo desde las instituciones. Eso nos pone a todos en riesgo, porque ya no se persigue al que delinque, sino al que disiente.

Eduardo Masaya nos infunde una esperanza que no es pasiva ni abstracta, sino lúcida y rebelde. Encarna la certeza de que la juventud unida a la conciencia y al compromiso será el pilar que transforme Guatemala, no desde la resignación, sino desde la dignidad activa, la palabra y la acción. Su voz, desde la cárcel, no clama solo por la justicia propia, sino por un país entero secuestrado por la impunidad y la corrupción. Como afirmaba el gran poeta Luis Cardoza y Aragón, “la esperanza nos está esperando”, y Masaya lo confirma: la esperanza está escribiendo, resistiendo, sembrando futuro entre muros. Porque incluso en el encierro, pueden abrirse ventanas a la libertad.

Emociona  y mueve a la solidaridad activa, al rechazo a la judicialización de los ciudadanos. Es lo que nos muestra y demuestra este joven poeta y abogado: que es hora de actuar, ¡ahora es la hora!

¿Desde cuándo escribe poesía y qué lo llevó a acercarse a ella?

Mis primeros ejercicios poéticos los inicié a los 17 años, aproximadamente, la lectura y un gusto por la escritura que había tenido desde niño pero que no había ejercitado.

¿Qué papel ha jugado la poesía durante su tiempo en prisión?

Ha sido un canal de descarga emocional y deshago, pero también  de esperanza, de sentido.  Como el poemario era un proyecto que yo venía planeando hace tiempo consideré que este sería el momento oportuno para publicarlo.

¿Cómo surgió la idea de publicar?

La idea surgió hace años, cuando la cantidad de escritos que tenía era suficiente, ya eran al menos suficientes para una compilación pequeña. Ya había sido corregido una primera vez por José Luis Perdomo Orellana quien escribe ahora el prólogo. Sin embargo, la decisión seria de publicarse la tomé después de mi captura.

¿Cuáles son sus influencias poéticas? ¿Tiene autores que lo acompañan?

Hay mucha prosa que ha influido en mi forma de escribir. De hecho, mi género favorito es la novela, pero hay poetas que definitivamente han marcado una influencia , Rimbaud, Baudelaire, Walt Whitman, Lautremont. Algo de Nicolás Guillén y José Martí me ha influido, supongo.

Guatemaltecos como Otto René Castillo, Roberto Obregón, Pepe Batres Montúfar, Miguel Ángel Asturias, Flavio Herrera, Luis Cardoza y Aragón por supuesto, y la música. Algo, creo, tiene de musical lo que escribo.

¿Qué puede adelantarnos sobre el libro que pronto se publicará?

Son en realidad dos poemarios en un solo libro. Diente de león en el viento y Trazos de fuego sobre el anochecer. El primero es una compilación de trece años de escritura y el segundo son del 2024 y poemas escritos en la prisión. Es una respuesta ante lo burdo y estúpido del Ministerio Público. La poesía es sutil, clarividente y sabia.

Ilustraciones: Verónica Morales

¿Cómo ha vivido su detención desde lo jurídico y lo humano?

La juridicidad en  este proceso no existe. Desde el momento en que el sistema de justicia es utilizado para influir en una elección todo carece de sentido. Me han sido negados todos los beneficios procesales a los que tendría derecho en una situación normal. En lo humano, que no se deslinda de la posibilidad de la justicia, he procurado mantener calma, esperanza y seguridad en el futuro, hay dos o tres objetivos  vitales que me mantienen tranquilo y confiado.

¿Por qué cree que fue vinculado al caso Corrupción Semilla?

En primer lugar porque creyeron  que así iban a ganar las elecciones del CANG, Colegio de Abogados,. Luego porque no tienen una forma más inteligente de ejercer la política, solo saben amenazar, criminalizar, capturar, encarcelar y repetir el ciclo.

¿Qué piensa sobre la judicialización de la política en Guatemala?

Es un ciclo que debe terminar. Todo lo administrativo ahora es llevado al ámbito penal. No digo que no haya cosas que no tengan que juzgarse, pero se ha llegado a un extremo insostenible y el principal afectado a nivel  institucional es el aparato de justicia que se ve rebasado a los temas importantes y está enfocado en nimiedades.

¿Qué mensaje le enviaría a quienes aún creen en la justicia?

Que no claudiquen. Que la justicia verdadera no nace solo de la ley escrita, sino de la ética viva. Que incluso cuando el sistema se pervierte, hay quienes lo sostienen con su integridad. Y que ahí, en esa resistencia cotidiana, hay esperanza.

Que hay que luchar por ella. La justicia en Guatemala es algo que solo vamos a conseguir  en la medida en que todos alcanzamos más conciencia de lo que ocurre en el país. El deterioro institucional se alimenta de la pobreza, la ignorancia y la falta de oportunidades.

¿Hay algún poema que considere central en este libro?

Resalto el poema Horizonte de Diente de león en el viento y algunos de Trazos de fuego en el anochecer. Aunque en buena medida es el juego entre los textos lo que hace atractiva la obra. Como en la vida, digamos, nos necesitamos los unos a los otros.

¿Podría hablarnos de él? 

Horizonte… es un poema de una línea. Fue el primero para mi amigo Joshua Morales, hace muchos años, quienes es uno de los editores de mi libro y catedrático universitario de literatura, quien me dijo que siguiera escribiendo. Está creo, cargado de una visión de humanismo muy profundo, en cuanto somos nosotros, en nuestra experiencia vital, quienes vemos desde la perspectiva, que decidamos nuestro horizonte, nuestro porvenir.

Los textos de «Trazos de fuego sobre el anochecer» son más recientes, donde intuyo se entre lee más experiencia. Son textos donde creo se evidencia más lo agridulce de vivir en un país como Guatemala.

  1. ¿Y qué diría a los lectores de su poemario?

Que he puesto todo mi empeño para hacerlo auténtico. Que creo en las letras como elemento transformador y unificador. Y que como todo lo que hacemos es una gota en el amplio mar. Que Guatemala vale la pena, no nos la querrían arrebatar si no fuera así. Uno jamás deja que asalten y destruyan su casa así por así.

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