Luis Aceituno, un nuevo libro a un año de su partida

A través de "El hombre de la valija y los últimos años", que contiene algunos de los escritos de sus últimos tiempos y que lleva el nombre de una obra de teatro escrita en su temprana juventud, se le rinde tributo al escritor, periodista cultural, cinéfilo, melómano y docente que falleció hace doce meses.

Ana Lucía Mendizábal

diciembre 7, 2025 - Actualizado diciembre 7, 2025

Luis Aceituno (1958-2024).

La mañana del domingo 8 de diciembre de 2024, una noticia corrió como pólvora encendida y entristeció al ámbito cultural guatemalteco: Luis Aceituno, el escritor, periodista y docente se había ido. Muchos lloraron al colega, al amigo o al mentor que les había marcado con su particular manera de ser.

Los medios de comunicación, tanto en los que él trabajó como los que no lo tuvieron nunca dentro de sus equipos, se hicieron eco de la consternación que se vivía. Sus lectores, quienes le conocieron a través de su columna El lado B o como editor de el Acordeón, de elPeriódico, apenas habían recuperado el placer de leerlo, ocho meses antes, a través de eP Investiga, cuando recibieron la noticia de su sorpresivo adiós.

La también escritora Gloria Hernández perdió a quien fue su amor durante más de 20 años y a pesar del dolor, emprendió una especial misión: no permitir que su legado quede en el olvido. Respaldada por amigos e instituciones que apreciaron el trabajo de Luis, ha empezado a recuperar sus escritos. Uno de los frutos de ese esfuerzo es El hombre de la valija y los últimos años, un libro editado por Sophos con el respaldo del Consejo Municipal de la Cultura, de la Municipalidad de Guatemala. En el ejemplar de 370 páginas, Gloria compiló, editó y clasificó columnas, poemas y reflexiones.

El libro, que forma parte de la Colección de la Ciudad, de la comuna capitalina, contiene un epílogo de Adolfo Méndez Vides, quien fue amigo de Luis desde la adolescencia. Además, contó con la corrección de Carlos Humberto López. La fotografía de portada es un retrato de Luis captado por Daniel Mordzinski y en el interior tiene también otro retrato tomado por Sandra Sebastián. La maquetación y diseño de portada corrió a cargo de Víctor Gomollón.

Un homenaje y una invocación

Durante un encuentro de eP Investiga con Gloria Hernández, Adolfo Méndez Vides y el editor Philippe Hunziker salieron a la luz tanto aspectos de la personalidad de Luis Aceituno, como detalles del proceso de elaboración del ejemplar.

Los escritores Adolfo Méndez Vides y Gloria Hernández, junto al editor de Sophos, Philippe Hunziker, conversaron acerca del libro.

Gloria Hernández cuenta que la idea para esta obra se originó en el Consejo Municipal de Cultura. “Ellos me propusieron este proyecto y, por supuesto, yo dije que sí inmediatamente”. El reto era grande y al principio, según confiesa, no calculó las dificultades. “Luis murió intempestivamente y hasta ahorita no termino de resolver todo lo que tenía pendiente. Él vivía para el presente y todo lo demás lo dejaba para después. Había tanto que resolver que nunca me di cuenta de lo que no iba a encontrar”, expresa. “Él no guardaba sus columnas. Decía, ‘ahí están en los archivos de elPeriódico’ y los archivos de elPeriódico se perdieron”.

El trabajo requirió de investigación. Sin embargo, Gloria afirma que muchas de las columnas que Luis había publicado tanto en ese medio como en eP Investiga, las encontró en sus mensajes de WhatsApp.  “Tuve el gusto de ver la columna y el Acordeón, antes de que se publicaran… Le hacía comentarios. Entonces ahí fui encontrando también algunos materiales en correos electrónicos”.

En el libro se encuentran 111 columnas escritas por Luis entre 2020 y 2024, originalmente eran más, pero, luego de reunir el material, Gloria necesitó hacer una selección del material recopilado, porque excedía el número de caracteres indicados por el editor, Philippe Hunziker. «Lo puse todo en los archivos y empecé a leer, y yo tengo que leer en papel. Luego, ya eliminé del archivo digital todo lo que no iba a incluir. Empecé a limpiar, de manera que quedara lo más literario y universal», describe.

El libro estará disponible en Sophos a partir del 15 de diciembre.

Gloria explica que, habiendo sido ella quien recopiló el material y coordinó el segundo libro de Luis, El día que mataron a John Lennon y otras historias del Lado B, pensó tomarlo como referencia, pero pronto se dio cuenta que el nuevo material no encajaba en esa estructura. Así que decidió clasificar los temas de las columnas en cinco apartados: I. Puntos de partida, que incluye vivencias de infancia y personajes recurrentes en la memoria de Luis. II. Rutas previstas, que son remembranzas de deseos, objetivos e ilusiones. III. Compañeros de jornada/aparejos de viaje, que hacen referencia a amistades, autores, lecturas, películas y música que lo acompañaron en los últimos años. IV. Destino de tránsito/Imprevistos, en el que se recogen experiencias imprevistas y reflexiones sobre la pandemia. V. Recalada final, en el que, según Gloria, Luis parecía prever su final.

Nombre, sorpresas y poemas

El libro no solo tiene las columnas clasificadas. También muestra la faceta de Luis como poeta, porque como cuenta Gloria, las sorpresas y los materiales inéditos siguen apareciendo. Dice que, mientras ella se empeñaba en encontrar un manuscrito de El hombre de la valija, la obra teatral que Luis escribió durante su juventud, se encontró un poemario inédito. “Él me decía ‘un día te vas a acordar de mí, te voy a dar una sorpresa’, sin saber que este conjunto de poemas sería la sorpresa. Entonces, tomé los grandes temas del poemario que son la soledad, la memoria, la infancia, y un poco una intuición del final y como una aceptación de que había desperdiciado la oportunidad de recuperar su salud…”, comenta emocionada.

Este último aspecto se ve en escritos como el que describe Gloria en el que decía: “por qué me lo dijiste, por qué me lo hiciste ver, si sabías que yo era el necio más necio”. “Él me decía siempre, ‘si me convencés de dejar de fumar te demando, porque para mí, fumar es sinónimo de pensar’. Entonces yo le decía, era la peor estupidez del mundo, pero él lo pensaba así”, cuenta Gloria conmovida.

Aunque su partida fue inesperada, tanto Luis como Gloria estaban conscientes de los problemas de salud que lo aquejaban, al punto que decidieron no pasar juntos la pandemia.  “Sabíamos que si él se infectaba, se moría, porque tenía un enfisema pulmonar agudo y una serie de otras afecciones. Le llevábamos la comida preparada, el supermercado y todo y lo poníamos en la puerta de su apartamento y entonces yo me salía y él entraba las cosas. Por la ventana del apartamento platicábamos y él me decía “sólo que estamos al revés, porque Julieta va en alto y Romeo abajo”, relata Gloria.

Adolfo Méndez Vides, quien conoció a Luis cuando ambos eran alumnos del colegio La Salle de la Antigua Guatemala, asegura que si Luis pudiera ver el resultado de este trabajo estaría muy feliz. El también escritor y crítico literario señala que entre el primer libro recopilatorio de columnas de Luis y el actual se nota una evolución positiva. “La madurez, el dominio del idioma y su manejo para contar lo que se ha vivido. Las columnas son entretenidas y educativas… Cómo va cambiando de algo local a algo universal. Se movía de un lado a otro con gran soltura”, enfatiza.

Méndez también recalca el hecho de que al leer las columnas de Aceituno se tiene la sensación de estar conversando con él. “Fue alguien que creció como intelectual, fue gradualmente teniendo más poder en el uso del lenguaje. En este libro se resume lo que él se volvió y para el lector será un placer. Aquí no estamos ni enseñando ni instruyendo. Van a disfrutar el ojo con el que Luis Aceituno veía su realidad”, sentencia.

Phillipe Hunziker señala que cuando piensa en Luis, lo relaciona con el término diletante, que, aunque muchos lo usan de manera peyorativa, para él, Aceituno, poseía esta característica en un sentido positivo. “A Luis no había nada que no le interesara. Era parte de su característica. Siempre estaba en mil cosas. Todo era digno de ser investigado y de averiguar”, anota el editor.

Hunziker aporta también otro dato interesante acerca de los procesos de escritura de las columnas de Luis. “No me acuerdo quien me lo dijo, no sé si fue el propio Luis, que estas columnas eran de una escritura de urgencia. Él se ponía a escribir cuando ya no le quedaba más que cinco minutos. Si hubiera podido esperar cinco minutos más, los hubiera esperado. Entonces, tener esto en esas condiciones es admirable”, recalca.

A pesar de lo satisfactorio del resultado de este trabajo, Hunziker señala que, conociendo lo exigente que era Luis, difícilmente hubiera sido fácil realizar esta edición tan rápidamente si él estuviera vivo. Piensa que hubiera tomado muchos más meses o años la depuración del material.

Gloria confirma, basada en la experiencia que ella tuvo al trabajar con él en El día que mataron a John Lennon y otras historias del Lado B, que le hubiera costado aceptar, pero sin duda le hubiera encantado. La escritora señala que ese libro implicó peleas que los llevaron al punto de casi terminar, pero no solo la relación se salvó, sino que él estuvo agradecido. Al ver concluida la obra, lloró de alegría y le dijo a Gloria: “solo vos me pudiste haber arrancado esta mierda”.

Hernández afirma que ella quería hacer pronto una segunda parte de ese libro, y cuenta que Luis le decía que si lo hacía iban a pelear. «‘Sos muy necia’, me decía y lo reconozco, sí lo soy, pero es que a él había que arrancarle (los materiales) y llevarlo de la mano para que lo hiciera. Estoy segura de que si hubiera salido, le hubiera encantando», asegura.

La trascendencia del pensamiento

Hunziker señala que si bien, este libro es un homenaje a Aceituno en el primer aniversario de su fallecimiento, es necesario ver la importancia que tendrá en el futuro. “Luis nos ofrece una mirada particular sobre Guatemala y sobre la sociedad en la que vivimos, incluso más allá de la sociedad guatemalteca, porque era una de estas personas que está enteramente con los dos pies afincados en el aquí y en lo que está viendo y viviendo”, añade.

La riqueza del contenido de las columnas recopiladas señala el editor, obedecen a que “no era un iluso que anduviera con la cabeza en los aires. Sabía lo que estaba sucediendo alrededor suyo. No solamente estaba conectado con las tendencias literarias francesas, a pesar de que tenía muchos años de estar allá, también se fijaba en las realidades de acá. Se fijaba, por ejemplo, si al salir de elPeriódico, un día llegaba un chiclero y al otro día otro. Además, conocía todo el ecosistema cultural de Guatemala.  Todos esos extremos él los podía hilar en un mismo textil”, añade.

Philippe está de acuerdo con afirmaciones, como la que, en enero de 2025, hacía Dante Liano, acerca de Aceituno, al decir que era un puente para artistas e intelectuales en el exilio y la escena cultural contemporánea del país.  Hunziker acepta: “Sí y de tantas formas Luis era puente… En términos de geografía, pero también localmente y en términos de conceptos. Yo y mucha gente, lo que podemos apreciar del cine lo apreciamos porque Luis fue puente para eso”. Y es que Aceituno siempre fue un hombre sin fronteras. En sus columnas aparecen tanto Los Beatles, como Los Tigres del Norte; las películas de Orson Wells o las del Santo, el enmascarado de plata, por citar algunos ejemplos.

La ida, la vuelta y la evolución

Si alguien sabe bien del pasado de Luis es precisamente Adolfo Méndez Vides, quien se encargó de escribir el epílogo en el ejemplar bajo el título Testimonio. “Nosotros nos conocimos en el colegio. Él tenía su capacidad de ser amigable con todos. Tuvo su época de rebeldía adolescente pero no violenta sino emotiva. Vivíamos en una época difícil. Nos tocó el inicio del conflicto cuando empezó a llegar a las áreas urbanas”, rememora. Sin embargo, deja claro que cuando Luis decidió irse a París no lo hizo por razones políticas. “No fue esa la causa. Hubo un momento, después del terremoto (febrero de 1976), cuando del grupo que habíamos formado, que se llamaba Cuerpos sin lugar, todos nos fuimos. Yo regresé muy rápido, pero los demás se quedaron allá por años”, recuerda.

“Lo que nos movió, en aquel momento, era que nos sentíamos como aplastados en un lugar muy estrecho”, admite. Afirma que, aunque eran felices en la Antigua, porque gozaban de cierta libertad, sentían que debían buscar nuevos horizontes. “Teníamos condiciones que no se tenían en ningún lado. Como amigos salíamos a las 3 o 4 de la mañana caminando por la calle de la Antigua. Pasábamos por unos tragos a algún lado, nunca exagerando. Era una vida muy pródiga, sin embargo, nos entró por la literatura. Luis sentía esa fascinación. nCada quien leía libros distintos y por supuesto, os compartíamos libros y cuando Luis decidió irse, el plan original de todos había sido ir a París. Él llegó a París, los otros no necesariamente…”, relata.

“Cuando se fue, su intención era el arte y escribir y pensaba que aquí no había oportunidad”, cuenta Méndez. Añade que esta ilusión de encontrar ese espacio para su talento en la Ciudad Luz venía de las historias de escritores como Miguel Ángel Asturias y Luis Cardoza y Aragón que habían logrado destacar en Francia. Pero la realidad de París en los tiempos en los que Luis viajó ya eran distintas. “Fue a encontrarse con un montón de guatemaltecos que estaban exilados y asilados, que sí estaban en la conflictividad social y se vio ligado a todos ellos, porque coincidían en el sentimiento”, refiere Méndez Vides.

Luis pidió asilo y permaneció en esa ciudad europea durante diez años. “Él, en ese periodo de tiempo, andaba buscando un sueño, una ilusión y en realidad París ya no era lo que había sido”, añade. Aceituno tomó la decisión de regresar, porque fue a pasar más problemas que en Guatemala. “Eso lo marcó porque, entonces, no había lugar aquí y tampoco allá. Al venir de nuevo a Guatemala tuvo que adaptarse a lo que Guatemala le ofrecía y encontró en el periodismo la oportunidad”, explica Méndez. 

“Hay que entender algo que es muy propio de nosotros en esta región y es que escribir libros voluminosos, como una novela, implica un trabajo continuado de muchos meses y años, y cuando no hay posibilidad cierta de que eso se vaya a publicar es fácil que se desanimen las personas.  Lo que encuentras es que la única forma de escribir en Guatemala con cierta facilidad de que se publique y que además se te paguen por eso es el periodismo”, detalla. 

“Luis se adaptó a la condición y empezó a escribir breve… escribió semana a semana sobre temas diversos. Hacía crónicas y logró ponerles emotividad y humor, algo que no tienen todos los escritores guatemaltecos, porque la solemnidad es la costumbre. Luis le puso algo que divierte, hasta cuando contaba algo triste lo decía de una manera que te ríes un poco, le fue muy bien y sus lectores esperaban sus columnas», asegura.

Añade que, a pesar del pudor que caracteriza a los antigüeños y que Luis poseía, a través de las crónicas, Luis “se desnuda, va dando a entender cosas y a medida que se fue atreviendo, comenzó a contar las pequeñas cosas de su familia, de su casa, que son, a mi punto de vista, las más universales. No está opinando, está expresando su condición en su momento”, apuntala Méndez Vides. 

«Lo que hay en ese libro es lo que fue él, su punto de vista de la realidad del ser humano, viviendo en las condiciones y en las circunstancias que le tocó… Tenemos (en el libro) un monumento a una época”, señala Méndez Vides.

Philippe Hunziker explica que la portada del libro también requirió de un esfuerzo especial. «Nos costó un poquito llegar a la portada, porque yo sabía que quería a Luis en la imagen. Los primeros intentos eran más bien obscenos porque la cara de Luis aparecía de este tamaño (muy grande). A Luis lo han retratado muchos, pero esta foto es de Daniel Mordzinski, que es el fotógrafo de los escritores. Él me mandó varias fotos y al final nos quedamos con esta, porque creo que es la que a Luis le hubiera molestado menos», expresa el editor.

Hunziker afirma que la fotografía le gusta, porque es un retrato de Luis en la calle, tomada en 2022. «Esta es una foto gonzo y es que, a Luis le hubiera gustado ser un periodista gonzo», recalca.

Las novelas que no escribió

Gloria Hernández cuenta, que había novelas que Luis quería escribir. “Me las contaba como que eran personajes reales y yo le contaba la mía”. Una de esas novelas era la que trataría las vivencias durante la pandemia. “Me decía que iba a ser como Diario del año de la peste, de Daniel Defoe (un escritor que ambos admiraban)”.

Méndez añade que otra novela que quiso escribir se iba a llamar Club Esfuerzo, que era el nombre de un club social de la Antigua, pero que él pensaba que iba a hablar de distintos personajes de esa ciudad. Gloria añade, que el propio Méndez Vides era un personaje de ese libro.

Otra obra que Aceituno dejó pendiente se llamaba Susana, la peor, y tenía como referencia una novela de Méndez Vides. Según Gloria, él le decía: “A Adolfo le faltó, porque esta Susana debe ser sucia (y acompañaba la palabra con gestos que enfatizaban el sentido picaresco que él le daba). Además, según Hernández, le explicaba a ella, una escena de su imaginación, en la que la protagonista iba en una procesión, cargando, un Jueves Santo, y se imaginaba escenas subidas de tono con el sacerdote al que describía al decir que “estaba para chuparse los dedos”.

También se quedó en el tintero su autobiografía, que según le contaba a Gloria, pensaba nombrar París no era una fiesta, y el título obedece a la dura experiencia que vivió durante su estancia en la capital francesa, que estuvo llena de carencias y de soledad. Ese nombre, aunque no lo usó para una novela, si lo utilizó para nombrar un cuento, que Méndez Vides dice tener.

“Él tenía una admiración muy grande por José Milla y por esos personajes tragicómicos y solemnes. Ese era un modelo que le gustaba mucho. De ahí surge su modalidad literaria de reírse un poco de la vida. También su admiración por Daniel Defoe fue asentándose en él de una manera muy particular porque la adoptó con su estilo y el resultado fue maravilloso”, expresa Hernández.

Gloria cuenta que también trabaja ya en la recopilación de los artículos escritos por Aceituno entre 2009 y 2019, por lo que el legado de Luis Aceituno continuará haciéndose accesible a sus lectores de manera impresa.

El libro El hombre de la valija y los últimos años se presentará en la 54 edición de la Feria Municipal del Libro que será dedicada a Luis Aceituno y se celebrará del martes 9 al lunes 29 de diciembre de 9:00 a 19:00 horas. Esta feria se ubicará sobre la sexta avenida, entre la 13 y la 15 calle de la zona 1. A

demás, se tienen previstas dos presentaciones. La primera en el 10 de diciembre, en La Teca, (12 calle 6-25B, zona 1) y la segunda, el 15 de diciembre en la Librería Sophos (Plaza Fontabella, 4ª Avenida 12-59, Zona 10, 2º Nivel, Local 1D).

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