Joaquín Orellana moldea sus “Paraísos Derrumbados (y algunos bálsamos)”

Además de dar a conocer su nuevo poemario que publicará a través de la Dirección General de Producción y Difusión Editorial de la URL, el genio creador de los útiles sonoros ofrecerá el esperado estreno de su obra Efluvios y Puntos.

Ana Lucía Mendizábal

agosto 3, 2025 - Actualizado agosto 9, 2025

Joaquín Orellana. Ilustración basada en fotografía de Ameno Córdova

La creatividad de Joaquín Orellana (Guatemala, 1930) buscaba abrirse paso de cualquier manera desde su más tierna infancia. El musico que, en la actualidad es reconocido como uno de los más relevantes compositores de los siglos XX y XXI , dio muestras de su genialidad en distintas áreas, que iban desde la física y la química, hasta la literatura y la música, desde su niñez y no ha dejado de hacerlo a través de sus casi 95 años de vida.

En el acto que se celebrará el lunes 4 de agosto, a las 3 de la tarde, en el Auditorio Papa Francisco, de la Universidad Rafael Landívar (URL), se pondrán de manifiesto dos facetas de su virtuosismo. Primero con la presentación del poemario “Paraísos Derrumbados (y algunos bálsamos)” y luego, con el estreno oficial de la obra musical Efluvios y puntos.

Obras del artista Marlov Barrios

Poemas testimoniales

El libro Paraísos Derrumbados (y algunos bálsamos)”, que edita la URL, tiene su génesis en una vivencia que le marcó y está relacionada con lo la que fue la vivienda de sus abuelos maternos donde él habitó. En entrevista con eP Investiga, explica: “mi mamá tenía apenas 17 años cuando me dio a luz y mi papá andaba buscando trabajo. Los dos eran muy jóvenes y me dejaron en la casa de mis abuelos maternos, mientras ellos buscaban un establecimiento normal”. “Era un caserón enorme, muy hermoso, antiguo, pero bien fortificado”, recuerda… «En esa casa yo comencé, desde niño, a fraguar mis sueños… Se convirtió en mi líquido amniótico en el que yo flotaba en medio de jardines muy grandes y floridos. Pero por razones, que no quiero mencionar, fue vendida y derrumbada”, rememora con nostalgia.  “A mí me tocó vivir esa enorme frustración de ver un paraíso personal que se derrumbaba”, añade.

Esa vivencia da origen al libro que presentará. Sin embargo, aclara que, si bien, el poemario puede calificarse como una obra intimista, capta y se imagina otros paraísos derrumbados, no solo propios sino los de otras personas. Además, indica que, entre paréntesis, en el título se añade: “y algunos bálsamos” porque plantea “situaciones que alivian un poco las frustraciones”.  Uno de estos momentos relevantes, sucedió en el barrio San José (donde se ubicaba la vivienda de sus abuelos). En 2012, se inauguró una plaza que lleva su nombre con la anuencia del entonces alcalde Álvaro Arzú, y las gestiones de amigos como Álvaro Véliz y otros que conocieron las vivencias que había tenido el artista en esos espacios. En esa plaza están representadas de distintas maneras, algunos de sus famosos útiles sonoros. “Para mí fue una gran fiesta espiritual, porque en ese lugar donde de niño correteaba, ahora lleva mi nombre… El niño Joaquín Orellana conversa con el hombre Joaquín Orellana”, expresa el creador.

  • Joaquín Orellana se reencuentra con el barrio que lo vio crecer. Visita la plaza con la que se le rinde tributo y conversa con el niño que fue. Fotos: Ameno Córdova

“Un equipo excepcional”

Además de las piezas poéticas del autor, el libro cuenta con valiosas colaboraciones de otros artistas. El prólogo fue realizado por la poeta y escritora Vania Vargas, quien ya había trabajado junto al Maestro Orellana en las ediciones de Cantos a la marimba (Editorial Los Zopilotes) y su más reciente edición, Cantos de exaltación a la marimba (Piedrasanta 2024).

Vania Vargas. Foto: Ameno Córdova

De Vargas, Orellana señala que “posee una gran capacidad de análisis, gran experiencia literaria y hasta parecería adivinar lo que uno ha sido, por medio de las obras presentes”.

El artista visual Marlov Barrios fue el encargado de las ilustraciones tanto para la portada y contraportada como para el interior del libro. “Realizó dibujos y pinturas muy acertadas en cuanto a la interpretación del contenido de cada poema”, expresa el Orellana. Su colaboración se dio gracias a que Ameno Córdova, quien también ha contribuido en varios proyectos del Maestro Orellana, lo propuso. Córdova cuenta que el Maestro Orellana le contó del poemario y le dijo que bastaba con que se hiciera una foto. Pero él le dijo que su obra merecía un trabajo más especializado y de esa cuenta acercó a Barrios con Orellana.  Por su parte Córdova realizó una serie de retratos del Maestro y fotografías en la Plaza Joaquín Orellana, algunas de las cuales aparecen en este artículo.

Andrea Cordón, Joaquín Orellana y Marlov Barrios. Foto: Ameno Córdova

Andrea Cordón, de Danza e Investigación del Movimiento del Centro de Artes Landívar, quien coordinó este esfuerzo editorial, señala que una compañera suya de esta unidad comentó que años atrás, en vinculación cono Artes Landívar, se habían realizado dos volúmenes de la colección Memoria Viva. Eso la motivó a conversar con el Maestro Julio Santos, con quien ella había trabajado en el Conservatorio Nacional de Música Germán Alcántara y es representante del Maestro Orellana. “Conversamos y pactamos realizar este proyecto editorial”, expone.

A partir de que el Maestro Orellana le entregó un manuscrito, Cordón lo digitalizó. Luego se entregó a la Dirección General de Producción y Difusión Editorial de la URL, que realizó la edición, la revisión estilística y orto tipográfica del documento, así como de la diagramación del texto y las imágenes.

La coordinadora señala que para ella lo más sorprendente fue cómo este proyecto convocó a tantos artistas que estuvieron dispuestos a donar su arte, tiempo y esfuerzo. “Lo más gratificante fue haber trabajado un proyecto en conjunto con el Maestro Orellana a quien he admirado desde mi infancia”, expresa Cordón.

Informa que el libro estará próximamente a la venta en el primer nivel del edificio H, de la sede central de esa casa de estudios superiores.

Ilustraciones de Marlov Barrios

Un estreno esperado

En el mismo acto en el que se presentará la obra literaria, también se realizará el estreno oficial de Efluvios y Puntos, una pieza musical que ha debido esperar a ser desvelada completamente durante cuatro años. El Maestro Orellana cuenta que, hace aproximadamente seis años llegaron a su estudio taller, ubicado en el Centro Cultural Miguel Ángel Asturias, los directivos de la Americas Society (Una asociación dedicada a la educación, el debate y el diálogo sobre las Américas). Quedaron impresionados con lo que vieron y escucharon, y le propusieron crear una obra para ser presentada en la sede de esta sociedad, ubicada en Nueva York.

El artista compuso ‘Efluvios y puntos’ y envió los útiles sonoros necesarios para su interpretación a esa ciudad. El concierto en el que se estrenaría estaba planificado para mayo de 2020. Sin embargo, debido a la pandemia de COVID-19, los planes cambiaron, porque ni el Maestro Orellana ni los músicos que iban a interpretar la obra se pudieron trasladar a la Gran Manzana.

Al prolongarse las restricciones, la asociación tomó la decisión de realizar una exhibición de los útiles sonoros, además, el director musical de Americas Society, el músico argentino Sebastián Zubieta, hizo un montaje de 15 minutos de la pieza musical, en la que ejecutaba cada uno de los 16 útiles sonoros en videos independientes que luego fueron unidos y proyectados digitalmente. Esta presentación se realizó el 19 de enero de 2021. El homenaje fue titulado Joaquín Orellana, la vértebra de la música. Incluyó una conferencia inaugural dictada por Orellana desde Guatemala, la exposición de los útiles sonoros y una muestra artística inspirada por el compositor guatemalteco en la que participaron los artistas Carlos Amorales, María Adela Díaz, Akira Ikezoe y Alberto Rodríguez Collia.

La muestra estuvo expuesta hasta abril de 2021 y tuvo excelentes comentarios de la prensa local. Además, Orellana cuenta la Americas Society editó el libro Joaquín Orellana The Spine of Music (Joaquín Orellana: La vértebra de la música). Entre las ideas que se expresan en ese ejemplar se encuentra: “Joaquín Orellana se ha convertido en la columna vertebral de una música totalmente nueva”. El libro también incluía comentarios acerca de útiles sonoros específicos como la imbaluna. Otro de los textos, incluidos en ese ejemplar, citados por el compositor es el que dice: “Las esculturas sonoras de Joaquín Orellana van más allá de lo convencional, porque reúnen forma, figura y sonido, y se proyectan a las artes visuales”. En el ejemplar se refieren al Maestro como compositor-escultor.

En la puesta en escena de Efluvios y puntos se contará con la participación de cuatro percusionistas y voces del público, el cual es parte fundamental, pues debe participar con inflexiones de terror, murmullos, quejas, siguiendo las instrucciones, que a través de carteles les transmitirá el director.“Esos murmullos, secretos y quejas son los efluvios, y los puntos son los sonidos de los útiles sonoros que muchas veces son puntuales, aunque no en todos los casos”, explica el compositor.

Andrea Cordón indica que los músicos que participarán en la presentación serán el Maestro Julio Santos, como director, y los percusionistas Cristian Escobar, Julio Santos Azurdia, Ricardo Melchor y Álex Cortez.

Un influyente escultor accidental

“Mis esculturas sonoras son un resultante de la necesidad “, expresa Orellana. “Hace mucho tiempo, el escultor Dagoberto Vásquez, amigo mío, las definió como esculturas accidentales”, cuenta. Admite que estas estructuras, que fueron originalmente creadas para poder proyectar sonidos, que los instrumentos convencionales no producían pero que sus composiciones exigían, fueron ganando espacios. “Me di cuenta de cómo aprovechaba el espacio y que tomaban formas esculturales, entonces ya intensifiqué esas formas… el mismo instrumento me hizo volverme un poco escultor”, sostiene Orellana.

A pesar de la falta de intencionalidad inicial, los útiles sonoros se posicionaron como obras escultóricas e incluso, según refiere Orellana se convirtieron en inspiración e influencia para otros creadores. “Hace unos 20 años, el famoso y muy expresivo Darío Escobar (Premio Carlos Mérida 2020) me dijo que tenía influencia de mi trabajo en sus obras”. En el libro, producido por la Americas Society, se destacan también las influencias del trabajo de Orellana en otros artistas, tal es el caso de María Adela Díaz, quien en 2021 participó en la London Design Biennale, con la obra Nostalgia que fue musicalizada por la composición Bambuvento, de Orellana.

Otro de los artistas que ha dejado testimonio de la influencia de Orellana en su obra es el mexicano Carlos Amorales, que lo exalta en el libro Anti-tropicalia, que explora la intersección entre la música y el arte visual. “Él mismo declaró tener influencias mías. En un cartel digital indica: ‘inspirado en el trabajo del compositor guatemalteco Joaquín Orellana y lo titula Marimba 01”, asegura. “Yo nunca soñé que mi trabajo iba a tener tal originalidad y tal fuerza personal que iba a influir en artistas, y no en principiantes… sino en artistas profesionalmente ya formados y con una gran trayectoria. Eso es para mí un motivo de gran satisfacción, porque me demuestra que el mensaje de mi obra ha fructificado con influencias y con comentarios”, enfatiza emocionado.

El “hijo raro”

Orellana ha dicho que la música para él fue una obsesión muy temprana. Recuerda cómo, siendo un pequeño niño de entre cuatro y cinco años, inventó la primera cantaleta, inspirado en tres patitos que nacieron el jardín de la casa que habitaba.  Todo comenzó cuando decidió nombrarlos de manera muy original. Al primero, que movía la cabeza de una forma muy particular cuando veía volar a otras aves, lo nombró Tú, porque él tenía la idea de que quienes trataban de tú eran personas presumidas y usaban expresiones como “¿verdad tú?”. Al otro patito le puso Di y al tercero Colilla, porque fue al primero que le aparecieron plumas en la cola.

A partir de esos nombres, creó una melodía que repetía constantemente, al punto de que su madre, le decía: “mijo andá a cantarla al zaguán, ahí te puede sonar más bonito”. “Yo entendía que ya la tenía aburrida…”, comenta entre risas.

Otro episodio que ilustra lo difícil que era para su madre lidiar con esa temprana genialidad es el que vivió cuando escuchó la plática entre su mamá y una vendedora de verduras quien le preguntó: “¿Cómo está Joaquincito?” y ella respondió: “Bien… solo que no sé por qué Dios me dio un hijo tan raro”. Él, que oyó la conversación detrás de la puerta, fue, se vio al espejo y se dijo: “me veo igual que siempre… ¿por qué dirá que soy raro?”, recuerda.

Si bien, hubo un momento en la que la imaginación de Joaquín fue totalmente atraída hacia la música, durante su infancia y temprana adolescencia también estuvo fuertemente atraído hacia la ciencia, al punto de haber instalado un laboratorio de física y química en la parte alta de la casa de sus abuelos. En ese espacio, según ha contado en diversas entrevistas, él, que era el líder de sus primos, junto a ellos hicieron un experimento que terminó con una explosión y la prohibición de volver a experimentar con esos elementos”. Más adelante, Joaquín seguiría provocando explosiones, pero a nivel artístico y social.

De ávido lector a poeta

Entre las señales que ya desde la infancia indicaban que ese niño, más que raro era un genio, fue su temprana afición a la lectura. Señala que su mamá le contaba que siendo todavía muy pequeño vio unas revistas de Búfalo Bill y como quería saber lo que pasaba en las historietas, aprendió a leer solo.

Luego, llegó otro estímulo inesperado. “Mi abuelo paterno Agustín Orellana era lo que en aquellos tiempos se decía como agente viajero… hizo bastante dinero en un campo de comercio que todavía estaba virgen. Compraba mercadería en Oriente y en carruaje o a lomo de mula la trasladaba a la capital. Además, tenía como afición comprar libros antiguos y los fue almacenando en un altillo”, relata. Esa biblioteca, que contenía verdaderos tesoros del pensamiento parecía estar destinada a ampliar los horizontes del pequeño Joaquín.

“A mis nueve años, me subí al altillo, miré los libros y lo primero que saqué fue Los Miserables de Víctor Hugo”, rememora. Posteriormente, leyó El Conde de Montecristo, de Alexandre Dumas y Tres titanes: Miguel Ángel, Rembrandt, Beethoven, de Emil Ludwig. Hasta ahí todo bien. Sin embargo, la colección de libros del abuelo no solo se adentraba en temas intelectuales y fantasiosos, sino también en tópicos mucho más polémicos. Y el apasionado lector, aún niño, llegó a libros no solo más complejos sino controversiales.

“El problema vino cuando tomé El amor, las mujeres y la muerte, de Arturo Schopenhauer. Para entonces, ya andaba cerca de los 10 años. Lo leí y todo lo que podía ser escandaloso yo lo tomé como natural”, refiere. Sin embargo, contrario a las ideas de su familia paterna, sus abuelos maternos eran sumamente religiosos. “Un día iba con mi mamá y llevaba el libro bajo el brazo. Mi abuelo lo vio y le dijo a ella: ‘Mirá Laura, cómo es eso que Quincho, a esa edad anda con ese libro, esos son los escritores malditos que están prohibidos por la Santa Madre Iglesia’”. La madre le dijo a su padre que no sabía de dónde lo había sacado, pero que se lo iba a quitar. Pero, Joaquín asegura que su mamá no se lo quitó y comprendió su interés por esos temas. Su padre, quien también tenía inclinaciones artísticas, iba todavía más lejos.  “Me decía: ‘A todos esos cachurecos del colegio San Sebastián (donde Joaquín cursó estudios) no les hagas caso, andan mal’”, relata.

La rebeldía del papá, quien recuerda que pintaba en acuarela y lo hacía muy bien, también se reflejaba en sus lecturas. “Mi papá tenía Ibis, de José María Vargas Vila”, cuenta. Cuando Joaquín cursaba el cuarto grado recibía clases con la maestra Margarita Rossell, sobrina de Monseñor Mariano Rossell y Arellano. Ella les dijo a los niños que quienes leyeran a Vargas Vila estaban excomulgados. “Yo le pregunté a un compañero, ‘¿qué es eso de estar excomulgado?’ Él me respondió que ya no me darían la comunión y yo le contesté, ¿y eso qué?’”, relata. El compañero le explicó al rebelde Joaquín que ahí estaba el cuerpo de Cristo. Y Joaquín, le respondió, que de todas maneras “uno está devorando a Cristo”… Ya estaba blasfemando sin querer”, comenta. Pero asegura: “en mí no había blasfemia, sino claridad de pensamiento”.

Los primeros estudios de solfeo en el colegio San Sebastián, cuando se integró a la Banda de Guerra del establecimiento y su paso por el Conservatorio Nacional de Música Germán Alcántara fueron solo el inicio de una carrera musical, que tuvo un punto álgido cuando, luego de componer el balé Contrastes obtuvo una beca para estudiar en el Centro Latinoamericano de Altos Estudios Musicales del Instituto Torcuato Di Tella, en Argentina. Ahí su genialidad también se puso de manifiesto. Al volver a Guatemala debió enfrentar no solo el anacronismo artístico, sino la falta de recursos para realizar el tipo de composiciones que él hacía. Esas carencias y rechazos no impidieron que creara su propio universo sonoro y se diera a la tarea de construir los útiles sonoros.

Entre las obras más conocidas de Joaquín Orellana figuran Humanofonías, Metéora, Asediado-asediante, Híbrido a presión, Sacratávica y La tumba del Gran Lengua. Su producción ha sido constante. En 2021 estrenó  Guatemalada Guarimbeante: sinfomínima popular e Inframundo descenso/ascensión, patrocinado por la Municipalidad de Guatemala.

En julio de 2023 presentó el álbum Sacratávica, en el que además de incluir la composición que da nombre al disco, también contiene Fantoidea, Ramajes de una marimba imaginaria e Híbrido a presión.

Entre trascendencia e indiferencia

Los contrastes en la vida del artista han sido constantes. Por eso no es de extrañar que en el título de su nueva obra poética exalte la dicotomía entre derrumbes y bálsamos, porque si bien, su trabajo ha sido exaltado en grandes escenarios del mundo, muchas veces, en Guatemala no ha sido apreciado en su justa dimensión.

Quizás uno de los episodios más paradigmáticos de esta situación se dio en 2017, con el estreno mundial de su Sinfonía desde el Tercer Mundo en la Documenta 14, en Atenas, Grecia.

A ese festival, que nació después de la Segunda Guerra Mundial, Orellana llegó, luego de que primero Stefan Benchoam y Alejandro Torún lo visitaran en su estudio y conocieran su trabajo. Ellos realizaron los contactos con los organizadores del festival que es considerado uno de los más importantes del arte contemporáneo en el mundo. Posteriormente, llegaron al taller los representantes de Documenta 14 y le pidieron al Maestro su obra, que aún estaba inconclusa. Eso sucedió a principios de 2016 y en junio de 2017 se estrenó.

De esa experiencia, el Maestro comenta que fue duro el contraste entre la admiración que los músicos y el público le demostró en Grecia y el hecho de volver al país y que ningún representante del gobierno le diera la bienvenida. “Para más, integrantes del Coro Victoria me recibieron con flores”, señala.

A partir de ese estreno mundial, la obra de Orellana adquirió aún más reconocimiento a nivel internacional. “El director de orquesta guatemalteco Bruno Campo dirigió mi obra Antepar, y en Estados Unidos mi pieza de balé Contrastes fue interpretada por una orquesta juvenil en Charleston”, apunta.

Reconoce que algunas acciones sí se han realizado en su favor. Tal es el caso del aumento salarial que se le asignó por parte de la anterior administración del Ministerio de Cultura y Deportes. Además, enfatiza en la valoración que la Municipalidad de Guatemala le ha conferido a su obra. Recientemente el Centro Cultural Municipal exhibió la muestra Camino a la Multifonía, en la que se rindió homenaje a la obra de Orellana.

Orellana comenta que, cuando se planificaban las actividades para la conmemoración de los 50 años del fallecimiento de Miguel Ángel Asturias, el presidente Bernardo Arévalo y la Ministra de Cultura y Deportes hablaron de la posible inclusión de su obra La Tumba del Gran Lengua, como parte de los homenajes. «Hubo algunas conversaciones, pero luego no dijeron nada», afirma, pero no descarta que se tome en cuenta, ya que es una obra ad-hoc para rendir tributo al ganador del Premio Nobel de Literatura.

A los casi 95 años, que cumplirá en noviembre, Joaquín Orellana es el compositor académico guatemalteco con mayor reconocimiento a nivel internacional. En Guatemala, las nuevas generaciones de distintas ramas han valorado su aporte y legado.

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