El escritor Haroldo Requena encontró motivos de inspiración cuando asistió a la presentación del poemario Cálices y rituales, de Carmen Matute. Al concluir el acto, la autora le obsequió un ejemplar. “Cuando leí el libro a profundidad hubo muchos poemas que lo hacían llorar a uno”, dice el también autor que cuenta con una trayectoria literaria de 40 años. “Como no soy poeta, pensé en emular algo así, con relatos”. De ahí surgió su nuevo libro.
Con base a sus recuerdos, recreó escenas en las que retomó desde travesuras, afanes familiares y momentos de ternura vividos en su infancia y juventud. “Son trozos pequeños de mi niñez, no precisamente tristes”, afirma el autor. Sin embargo, cuando estaba en el proceso de recopilación, su hermano le comunicó el deceso de una amiga suya junto a quien compartió vivencias durante la infancia y la niñez. “Me vinieron muchos recuerdos de cuando éramos parte de una tropa de patojos, a la que pertenecían ella y sus hermanas”. De esas memorias emergió un relato mayor en el que le rinde tributo. De esa cuenta que el nuevo libro del escritor tiene un doble título La chica que amó las mariposas amarillas y Pequeños Relatos.
En el espacio dedicado a Flory (que así se llamaba su amiga), el lector encontrará la historia de esa chica, a quien, efectivamente, le apasionaba cazar mariposas amarillas y colocarlas dentro de sus cuadernos. Y más adelante, descubrirá dramas que van desde una historia de amor truncado por la violencia a la crianza de dos hijas. Haroldo expresa que el fallecimiento de su amiga, le llenó de nostalgia y ternura.
En las palabras liminares del ejemplar, Rigoberto Martínez Mejía, hace notar que los Pequeños Relatos de Requena “son escritos que describen, con sencillez y con acierto, el mundo afectivo, cordial y amistoso que se vive entre los amigos y adultos cercanos en un barrio de clase trabajadora en la ciudad de Guatemala”.
Requena rememora desde las casas que habitó siendo niño y adolescente, los árboles que rodearon esas viviendas, los efectos del terremoto de 1976 en su familia y en su comunidad, los animales que podía observar, la solidaridad de sus vecinos ante la pérdida de su hermana hasta la convivencia con sus mascotas Bosqui, el perro y Robin, el loro, a través de los distintos episodios.
El ejemplar que es editado bajo el sello LibroMundo, de Requena y fue impreso en los talleres Cholsamaj, contó con la edición de Rubén Cabrera Ordóñez y la ilustración de la portada es de Edna Patricia García Santana. Por el momento, es distribuido por el autor, a través de sus redes sociales por medio de las cuales, pronto comunicará en qué librerías estará disponible.
“Voy a ser escritor”
El despertar como escritor llegó al autor poco a poco durante su juventud. Cuando Haroldo cursaba el tercero básico, uno de sus catedráticos hizo a sus alumnos leer El Señor Presidente, de Miguel Ángel Asturias en voz alta. Cuenta que debido a que no contaba con los recursos económicos para adquirir el libro, sus compañeros se lo prestaban. “Ahí surgió para mí algo mágico porque descubrí mi gusto por la literatura y se me quitó un poco el miedo de hablar en público”, refiere. Indica que para él, desde entonces, Asturias fue algo así como «su santo patrono», pero aclara que nunca pensó en emularlo.
Con el tiempo, luego de haber leído un poco más, en cierta ocasión se dijo a sí mismo “voy a ser escritor”. “No sabía qué iba a escribir, pero estaba convencido. Recuerdo que mi hermano llevó una colección de libros de la editorial Salvat que se llama Lo sé todo, y me embebí en los libros. Eran textos muy cortos y me quedaba picado”, cuenta.
Fue en 1985, cuando tenía 23 años, cuando se animó a publicar su primer ensayo Enfoque político, en congruencia con la efervescencia del primero proceso electoral de la llamada era democrática. “Yo escribía para mí mismo, mi diario, pero ahí ya me permití hacer ese ensayo”, recuerda.

Aunque tenía claramente una vocación literaria, a nivel profesional estudió para Contador Público y Auditor. Paralelamente a sus estudios universitarios, siguió escribiendo. En 1985 también presentó el cuento La dama que siempre veía pasar, del cual dice, ya tuvo una edición un poco más pulida, debido a que fue impresa por su hermano, quien se ha dedicado a la impresión de libros. Posteriormente, llegó Oraj, el fabricante de botellitas en 1986. Hubo un silencio bastante prolongado entre esta y la próxima obra Con Pedrito en la búsqueda del tesoro (2001). Explica que se debió a que, entre otras razones fue que tuvo una crítica muy dura de un amigo, pero también a que en esos tiempos estaba muy ocupado con sus estudios.
Requena divide su producción literaria en dos vertientes: novelas testimoniales y relatos sentimentales personales. “Mis novelas son Reencuentro con un negro (2006), César El Andasolo (2010) y El Laberinto (2017). La más reciente que espero que salga este año es El Promotor, que es mi novela consentida”. Refiere que en el género novelístico sus escritos son “muy crudos y nada complacientes. Describen situaciones muy profundas de la Guatemala que nos ha tocado vivir. No son personales, aunque en algún momento hay una mezcla de vivencias, pero al final lo que se cuenta en ficción son cosas de la cruda realidad”.
Con esta vertiente de su literatura, acepta que se suma a la tradición literaria de escritores como Marco Antonio Flores, Dante Liano y Mario Roberto Morales. “Pienso que el escritor está permeado por los acontecimientos sociales, políticos, económicos de lo que vive. Es difícil alejarse de eso. Veo la evolución de Guatemala, pero aunque estemos viviendo una época que llamamos democrática, no hemos llegado a tener una conciliación social y cualquier tema público se vuelve controvertido. No tenemos un proyecto de país, ni de nación y eso sí es lamentable”, reflexiona.
Indica que su próxima novela Promotor le llevó 20 años. Admite que si en la actualidad le tocara escribir temas sociales novelados, lo haría con mucha preocupación. “Quizás con más preocupación de cuando escribí Reencuentro con un negro y César el Andasolo, porque yo creía que esos temas ya eran parte de la historia, tristemente hay muchos eventos que se siguen repitiendo”, añade.
La otra vertiente son sus relatos sentimentales como Paquita (2018) y su reciente libro. Hay otra temática, que es la amorosa, desde el punto de vista del espectador como La dama que siempre veía pasar (1985).
Haroldo Requena señala que para él, el combinar su faceta profesional con su vocación literaria no ha sido ningún problema, ya que afirma, que siente que ambas se complementan.
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