Washington: «Este es nuestro hemisferio»

El nuevo militarismo estadounidense es una campaña para extraer los recursos del hemisferio. Y esta búsqueda de beneficios y poder a través del control de los recursos a menudo conducirá a la desposesión de los más vulnerables, todo ello justificado por poderosos actores estatales y corporativos que emplean desde ya estrategias autoritarias y nacionalistas.

Vaclav Masek

enero 11, 2026 - Actualizado enero 10, 2026

El Tío Sam se extiende sobre las Américas blandiendo un gran garrote con la inscripción «Doctrina Monroe». Caricatura estadounidense de Louis Dalrymple, 1905.

Los EE.UU. de Trump y sus secuaces inician el 2026 realizando una operación militar aérea y naval en Venezuela, algo que no se veía en la región desde Haití en 1994 y Panamá 1989, marcando el regreso explícito de la diplomacia de las cañoneras y del dólar.

La antesala fue la operación del Comando Sur (USSOUTHCOM) «Lanza del Sur», una campaña sostenida de bombardeos impunes en el Caribe y el Pacífico Oriental, que, durante los últimos cuatro meses del 2025, culminó en 123 ejecuciones extrajudiciales en 35 ataques con drones a 33 embarcaciones que supuestamente llevaban droga. Todavía no sabemos si esa acusación es cierta.

Emblemas del Comando Sur de los Estados Unidos y de la Operación «Lanza del Sur.»

Luego, llegó la incursión directa en territorio venezolano. Denominada Operación Determinación Absoluta, la invasión del 3 de enero involucró a 150 aeronaves de la Armada, la Fuerza Aérea, el Cuerpo de Marines y las Fuerzas Especiales Delta de los Estados Unidos. Entre ellas se encontraban aviones F-22 y F-35, y helicópteros Chinook, Apache y Black Hawk. En el espacio aéreo venezolano cerrado a la circulación de tráfico comercial también se reportaron aviones cisterna de reabastecimiento, aviones de guerra electrónica (EW), otras aeronaves de apoyo y numerosos vehículos aéreos no tripulados. Trump afirmó que Estados Unidos «contaba con un avión de combate para cada situación posible».

Estados Unidos ordenó a su ejército arrestar a un jefe de Estado extranjero sin la autorización del Congreso, una clara demostración de poder que desafía todas las normas internacionales que han prevalecido desde la Segunda Guerra Mundial. Las implicaciones geopolíticas de este hecho tendrán repercusiones mucho mayores que el arresto en sí.

Desde la captura (¿secuestro? ¿arrebatamiento?) de Nicolás Maduro y Cilia Flores, que hoy esperan su juicio por «narco-terrorismo» en una prisión en Brooklyn, el presidente Trump ha alardeado repetidamente de estar «al mando» de Venezuela y ha sugerido que Estados Unidos podría gobernar el país durante años. Ha explicado abiertamente que su prioridad es tomar el control del negocio petrolero del país para enriquecer a Estados Unidos (un plan que muchos expertos dicen que no es económicamente viable). A principios de esta semana, la cuenta de redes sociales del Departamento de Estado compartió una publicación que decía: «Este es nuestro hemisferio».

Infografía publicada por el Departamento de Estado el 5 de enero de 2026 (Fuente).

Trump está «absolutamente decidido a recuperar el petróleo que nos fue robado», declaró el secretario de Defensa, Pete Hegseth, el 3 de enero. «Y está absolutamente decidido a restablecer la capacidad de disuasión y el dominio estadounidense en el hemisferio occidental».

Viéndolo visceralmente, esta franqueza aporta claridad. Al descartar las apelaciones a las normas internacionales, Washington ha sido transparente con sus intenciones: acceso a los recursos, respaldado por el poder coercitivo y la expansión colonial. Para quienes se ven afectados, esto elimina cualquier ambigüedad: la soberanía ya no se disputa retóricamente, sino físicamente. 

El deseo por los recursos no es nuevo, pero ahora que la fachada de ser bien intencionados ha desaparecido, la comunidad internacional debe alistarse. Especialmente cuando es el mismo presidente el que afirma que su poder «solo está contenido por su propia moralidad».

Esta estrategia imperialista radicalmente nueva que representa la administración Trump, particularmente ahora en su segundo mandato, se basa en la noción de America First, «Estados Unidos primero». Esto constituye un rechazo al papel tradicional de Estados Unidos como potencia hegemónica mundial, en favor de un imperio hipernacionalista centrado en los intereses financieros estadounidenses. Tiene orígenes históricos, como el aislacionismo de principios del Siglo XX.

Una manifestación de esto es el ataque estadounidense a las organizaciones internacionales sobre las que no ejerce un dominio total o en las que supuestamente soporta cargas desproporcionadas, como las Naciones Unidas o incluso la OTAN. Además, las relaciones comerciales no se conciben tanto como procesos de intercambio mutuamente beneficiosos (que en realidad benefician principalmente a las naciones más ricas), sino como relaciones transaccionales que se determinan exclusivamente en función del poder nacional.

La coalición de America First es una amalgama entre el anticomunismo ideológico de línea dura de Marco Rubio y el nativismo hipernacionalista de Stephen Miller. Esto significa que hoy el gobierno de Estados Unidos es una fusión populista de ultraderecha con un estilo de liderazgo autoritario que emplea retórica anti-élite, al tiempo que defienden los intereses de las élites.

Paradójicamente, más que la hegemonía global como se logró con la Pax Americana y el neoliberalismo posguerra, America First y MAGA como su articulación personalista busca el dominio regional. Es un aislacionismo, pero expandido. Y el indicio principal de una idea de expansión por el Hemisferio Occidental está descrito textualmente por la misma administración Trump. El intento de cambio de régimen en Caracas se produjo semanas después de la publicación de una belicosa Estrategia de Seguridad Nacional que prometía «restaurar la preeminencia estadounidense en el hemisferio occidental».

Portada de la Estrategia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos, publicada por la Casa Blanca en noviembre de 2025.

El nuevo militarismo estadounidense es una campaña para extraer los recursos del hemisferio. Y esta búsqueda de beneficios y poder a través del control de los recursos a menudo conducirá a la desposesión de los más vulnerables, todo ello justificado por poderosos actores estatales y corporativos que emplean desde ya estrategias autoritarias y nacionalistas.

Por eso es que, además de centrarse en el petróleo de otros países, Trump ha buscado asegurarse el suministro de minerales de tierras raras (materiales vitales para la producción de baterías, teléfonos móviles, coches eléctricos y sistemas de armamento) procedentes de otros países, llegando incluso a presionar a aliados tradicionales de Estados Unidos para conseguirlos.

El presidente lleva tiempo obsesionado con Groenlandia, un territorio autónomo bajo soberanía danesa, y a principios de este año afirmó que Estados Unidos necesita la isla con urgencia por razones de seguridad nacional e internacional. Señala sin pudor que se anexione la isla. En una amenaza extraordinaria que conmocionó a Dinamarca, Trump no descartó el uso de la fuerza para apoderarse de Groenlandia y esta semana nombró un enviado especial para el territorio. La isla contiene vastos yacimientos de cobalto, níquel, cobre, litio y otros minerales, y la Casa Blanca ha considerado adquirir una participación directa en su mayor proyecto de extracción de tierras raras. El vicepresidente JD Vance advirtió a principios de este año que China y Rusia estaban interesadas en los minerales de los territorios árticos, afirmando: «Debemos asegurarnos de que Estados Unidos lidere en el Ártico, porque si no lo hacemos, otras naciones ocuparán ese vacío».

La forma de actuar en su estrategia de seguridad nacional significa que Estados Unidos se reserva el derecho para intervenir en donde quiera. La nueva Doctrina Monroe con el Corolario Trump, como se titula en la Estrategia de Seguridad Nacional, hace un mundo sin reglas y sin apariencias democráticas. Ya Cuba, Colombia y México han sido advertidas, al igual que un aliado de la OTAN en Dinamarca. Con Trump, Vance, Rubio, Miller, y Hegseth a la cabeza, se está gestando a pasos agigantados un nuevo y peligroso orden mundial.

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