Entre el infierno de la Divina Comedia, El Señor Presidente y ahora

Nuestra sociedad lacerada por la corrupción generalizada tarde o temprano va a explotar y va hundir a los corruptos en su propio estiércol puesto que nos tienen postrados en el engaño, en la ignominia, en el descuido, donde el destierro o la prisión para sus críticos se ha vuelto normal.

Fernando González Davison

agosto 16, 2026 - Actualizado agosto 16, 2026

A veces siento que hay una relación simbiótica entre Miguel Ángel Asturias y Dante en su Divina Comedia, sobre todo en el capítulo ocho sobre su llegada al infierno, a Malebolge, relacionada con la dictadura de Manuel Estrada Cabrera, que hacía infernal la vida para la ciudadanía local. Eso mismo siento ahora con relación a la dictadura del “pacto de Corruptos” que nos anonada por el infernal control diabólico de unos seres infernales que se han dado por tener el control de la justicia y las leyes sacadas del averno. 

Dante se encuentra perdido en la selva oscura, como se sentía Asturias de joven y nosotros ahora. Pero Dante continúa al ver una montaña iluminada por el sol y cree que podrá salir del bosque. Pero tres fieras le bloquean el paso: una pantera, un león y una loba. Cada una representa un obstáculo moral que impide a Dante avanzar, como sucede ahora, donde no hay desarrollo social ni justicia. Esto escribía Asturias en El señor presidente en aquel ambiente torcido forjado por el demonio presidencial: “Alumbra, lumbre de alumbre, Luzbel de piedralumbre! Como zumbido de oídos persistía el rumor de las campanas a la oración, maldoblestar de la luz en la sombra, de la sombra en la luz. ¡Alumbra, lumbre de alumbre, Luzbel de piedralumbre, sobre la podredumbre! ¡Alumbra, lumbre de alumbre, sobre la podredumbre, Luzbel de piedralumbre! ¡Alumbra, alumbra, lumbre de alumbre… , alumbre… , alumbra… , alumbra, lumbre de alumbre… , alumbre… , alumbra… , alumbra, lumbre de alumbre… , alumbra, alumbre… !”. Tiene mucho de Malebolge de la Divina Comedia. Sigue Asturias:  “El peso de los muertos hace girar la tierra de noche y de día el peso de los vivos… Cuando sean más los muertos que los vivos, la noche será eterna, no tendrá fin, faltará para que vuelva el día el peso de los vivos…”.  “Dolía la atmósfera como cuando va a temblar”.

“Comidos y con el dinero bajo siete nudos en un pañuelo atado al ombligo, se tiraban al suelo y caían en sueños agitados, tristes; pesadillas por las que veían desfilar cerca de sus ojos cerdos con hambre, mujeres flacas, perros quebrados, ruedas de carruajes y fantasmas de padres que entraban a la Catedral en orden de sepultura, precedidos por una tenia de luna crucificada en tibias heladas. A veces, en lo mejor del sueño, les despertaban los gritos de un idiota que se sentía perdido en la Plaza de Armas. A veces, el sollozar de una ciega que se soñaba cubierta de moscas, colgando de un clavo, como la carne en las carnicerías. A veces, los pasos de una patrulla que a golpes arrastraba a un prisionero político”. 

Asturias tomaba notas como secretario del tribunal que juzgaba los crímenes de Estrada Cabrera después de ser derrocado por las masas  y militares conscientes que dieron el cuartelazo. Y muchos alzados descuartizaron a cientos de funcionarios «cabreristas» como un castigo también horripilante.

Cuando Dante ya está desesperado, aparece Virgilio, el gran poeta latino, quien le anuncia que será su guía. Primero atraviesan el Infierno, que representa la crisis humana: el bosque es la confusión. Las fieras, los obstáculos. Lo lleva a las «bolsas malvadas» o «fosas malas» en el octavo círculo del infierno donde se castiga a los fraudulentos con un castigo específico para los proxenetas, aduladores (en excremento), simoníacos con fuego en los pies, adivinos con la cabeza girada. Malebolge alberga a los políticos corruptos que están en la quinta fosa: son los que han usado el poder político para enriquecerse y están sumergidos en un río de resina ardiente, que  representa los tratos sucios, secretos y pegajosos de la corrupción política. Si un político intenta sacar la cabeza para aliviarse, unos demonios alados con ganchos afilados lo despedazan y lo vuelven a hundir.

Nuestra sociedad lacerada por la corrupción generalizada tarde o temprano va a explotar y va hundir a los corruptos en su propio estiércol puesto que nos tienen postrados en el engaño, en la ignominia, en el descuido, donde el destierro o la prisión para sus críticos se ha vuelto normal. Y cuando pasan cuatro años vuelven las elecciones, vuelven los demonios vestidos de salvadores a engañarnos, es lo normal en este predio infernal que la gente cree que más se cambia, más sigue igual, como dijo el satírico francés Jean-Baptiste Karr: «plus ça change, plus c’est la même chose». Pero hay una salida si hay unidad popular y un frente amplio contra esos seres. Así se hizo  para derrocar al tirano a Estrada Cabrera, a Ubico  y ahora a estos demonios protegidos por el Gran Satán.

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