Delia Quiñónez: «Nuevo Signo fue una gran escuela»

La escritora que a finales de los años 1960 fue integrante del grupo Nuevo Signo y en 2016 fue distinguida con el Premio Nacional de Literatura Miguel Ángel Asturias, ha realizado incontables contribuciones a la cultura del país.

Ana Lucía Mendizábal

agosto 24, 2025 - Actualizado agosto 24, 2025

Desde que aprendió a leer, Delia Quiñónez Castillo (Guatemala, 1946) sintió fascinación por las letras. “Me fui aficionando a la literatura y mi papá solía regalarme libros”, recuerda la escritora quien, el sábado 23 de agosto, recibió un homenaje junto a Francisco Morales Santos en el que se rememoró al grupo literario Nuevo Signo, del que ambos fueron fundadores en 1968.

Delia cuenta que su padre, Óscar Quiñónez tenía sensibilidad especial para elegir libros adecuadamente. Y es que, además de ser él mismo un gran lector, también participaba como actor en un grupo de teatro llamado Salomé Jil.

Tanto su padre como su madre, Rosa Castillo, quien era también muy buena lectora y aficionada a las actividades culturales, se preocuparon por poner como prioridad la educación de sus cinco hijos (cuatro niñas y un niño). “Hubo un clima propicio en la casa. Ellos formaron un matrimonio que duró 68 años. Murieron con 40 días de diferencia”, relata.

Estímulos y oportunidades

Delia reconoce que al estímulo que recibió en el hogar, se sumó también la formación en un colegio de monjas carmelitas, cercano a la iglesia La Parroquia en la zona 6, en donde se motivaba a las alumnas con actividades diversas como coros, grupos de teatro, actividades deportivas y un huerto. “A mí me llama la atención que en un colegio católico hubiera tanta apertura”, admite. En ese establecimiento se dio la primera de las incursiones en la escritura publicada para Delia. Había una revista que se llamaba La voz parroquial, que dirigía el Padre Julio González Celis, de quien Delia también recuerda, «fue el creador de la Vuelta ciclística a Guatemala y nos daba clases de inglés”. Fue precisamente en esa publicación en la que Delia debutó como articulista cuando tenía unos 12 años.

Periodista en ciernes

Delia continuó sus estudios en el Instituto Normal Centroamérica (INCA), que en ese tiempo gozaba de un sistema de avanzada. “Era maravilloso porque nosotras éramos frutos de la de la Revolución y del concepto de educación para las mujeres que se había establecido como política de Estado”, rememora. “Ahí fui condiscípula de Isabel de los Ángeles Ruano. Nosotras estudiamos magisterio y nos graduamos juntas”, recuerda. Señala que tanto ella como Isabel de los Ángeles manifestaron desde entonces su deseo de ser periodistas. “Lo primero que fuimos a hacer fue irnos a ofrecer para escribir en el periódico impreso del INCA y nos aceptaron”, indica.

De esa cuenta, esos años de secundaria le sirvieron como cimientos para lo que más adelante construiría como carrera profesional. “Publicábamos nuestros escritos y manteníamos una actividad cultural bastante intensa”, recuerda. Al graduarse, Isabel comenzó a trabajar en el diario El Gráfico, en la parte social y según recuerda Delia, “gozábamos miles, porque hubo un tiempo que también vivió en mi casa”.

Posteriormente, sus caminos se separaron ya que Isabel se fue a México y emprendió otras actividades, mientras que Delia empezó a trabajar en la oficina de prensa del Ministerio de Educación. “Mi jefe era quien había sido nuestro asesor en el periódico del INCA. Él me llevó ahí, desde entonces fui una periodista institucional”, afirma la escritora.

A los 20 años, Delia comenzó a trabajar en la oficina de prensa de la Dirección de Bellas Artes, que en ese tiempo pertenecía al Ministerio de Educación. Asegura que, para ella, esa entidad estatal se convirtió en una especie de universidad de las artes. “Estábamos rodeados de los artistas más representativos de Guatemala. Yo tenía un panorama general y el aprendizaje fue intenso y ahí coincidimos con Francisco Morales Santos”, asegura.

Llega Nuevo Signo

Morales Santos, quien en ese tiempo trabajaba en el área de espectáculos de la misma dirección, contó en una entrevista a eP Investiga, que él tuvo la inquietud de publicar sus propios escritos, debido a que veía que había entidades como la Universidad de San Carlos, que tenían su editorial, pero no daban suficiente espacio a los autores nacionales. Así que él vio que en la Dirección de Bellas Artes había un mimeógrafo y le pidió a la secretaria que transcribiera algunos de sus poemas y los trasladara a esténcil. Luego, fue a una imprenta que quedaba cerca de esa oficina e hizo un tiraje de 100 ejemplares con esta selección de versos.

Cuenta que, al ver ese trabajo, Delia se entusiasmó y le dijo: “yo también quiero algo así”. Quiñónez recuerda que, para entonces, Morales Santos ya tenía amistad con Luis Alfredo Arango, Julio Fausto Aguilera, Antonio Brañas, José Luis Villatoro y Roberto Obregón.

“Empezamos a trabajar unas plaquetas, que por cierto, la secretaria de la dirección nos ayudó a pasarlas a mimeógrafo, pero ya nos sentíamos como un grupo”, asegura. La plaqueta que Delia produjo fue Barro Pleno. De sus compañeros recuerda: “algunos eran ya poetas formados como Julio Fausto Aguilera y Antonio Brañas. Otros iban en el buen camino como un Luis Alfredo Arango”. Pronto, comenzaron a brindar recitales en conjunto.  En 1969, se unió a ellos Roberto Obregón, quien volvía de estudiar en una universidad rusa.

La realidad que vivía Guatemala a finales de los años 60 comenzó a manifestarse en los trabajos de los siete integrantes del naciente grupo. “Coincidíamos en pensar en que ya no era el momento de hacer poesía contemplativa, sino una poesía que nos situara en una realidad que estábamos viviendo”, expresa. Para ese 1968, cuando todo comenzó, Delia recuerda que estaban “muy frescas las jornadas de marzo y abril de 1962, que fue un movimiento orgánico de estudiantes, principalmente, de secundaria, aunque también hubo universitarios que nos llevaban tres años o cuatro años, que eran excelentes oradores y dirigentes”.

El trabajo de Nuevo Signo también contó con el respaldo de otros artistas. “El día que nos presentamos por primera vez, fueron los pintores los que nos ayudaron con dinero a hacer una pequeña recepción, porque teníamos mucha amistad con el grupo Vértebra”, cuenta.

Al colectivo se unía, eventualmente, Luis de Lión, quien no era parte central de la agrupación porque vivía y trabajaba en su natal San Juan del Obispo, Sacatepéquez. Sin embargo, participaba de algunas de las reuniones y actividades.

Además de las plaquetas individuales que se lanzaron bajo el sello del grupo, publicaron la antología Las plumas de la serpiente, en 1970. La editorial Catafixia realizó una nueva edición de este libro en 2017.

La escritora admite que a pesar de la represión que se vivía en el país, el estar cobijados por otros artistas y el haber tenido como ministros de Educación a humanistas como Alejandro Maldonado y Guillermo Putzeys Álvarez, les dio cierta seguridad.

A iniciativa de Morales Santos, realizaban lecturas de poesía en voz alta con las que visitaron escuelas, hospitales y asociaciones de estudiantes. Además, según recuerda Delia, Antonio Brañas se asoció en esos tiempos al también escritor José Mejía que tenía la librería Homero & Compañía, la cual se convirtió en uno de los puntos de reunión del grupo, además de la propia sede de Bellas Artes, donde entonces era jefe del departamento de letras el propio Mejía.

“Había una comunicación muy cálida, muy firme y seria. Todos los compañeros eran tendientes a la autocrítica y fue una buena coincidencia”, recuerda Quiñónez. Sin embargo, en 1970, luego de la desaparición forzada de Roberto Obregón, el grupo ya no pudo seguir su misma dinámica. “Nos tuvimos que replegar, en cierta forma. Nos seguíamos viendo, pero ya las declaraciones públicas no se podían hacer, porque estábamos en pleno Conflicto Armado Interno o guerra, como se le quiera llamar”, añade.

Su comunicación siguió, pero en ámbitos más privados, pero en 1975 decidieron romper el silencio, y publicaron cuatro ediciones del periódico La gran flauta. Luego, volvieron a tomar cada uno su camino literario, sin dejar por eso de identificarse como grupo, por su coincidencia de pensamiento.

El grupo Nuevo Signo que fue fundado hace 57 años es un referente sumamente importante en la literatura guatemalteca. De esa cuenta, el grupo ha recibido diversos reconocimientos.

En 2018, Editorial Cultura, que en ese tiempo dirigía Francisco Morales Santos publicó Nuevo Signo: siete poetas para nombrar un país. En ese ejemplar de 190 páginas se recopilaron escritos realizados por periodistas, críticos de arte y literatos acerca de la obra literaria de los siete integrantes del grupo.

«Siempre he dicho que Nuevo Signo fue una gran escuela», asegura la literata, quien recalca que, si existe algún secreto para la trascendencia de este grupo, es el cariño, el respeto y la amistad que surgió entre sus integrantes.

Delia cita al escritor y crítico literario Dante Liano quien ha afirmado que Nuevo Signo “ha marcado profundamente, por calidad, compromiso y fuerza, la producción literaria más contemporánea “…supo oponer un concepto actualizado del trabajo literario; al miedo y al silencio, supo oponer la ética y la utopía, todo ello dentro de parámetros que no consentían caídas en la calidad literaria”, en su texto La poesía guatemalteca de 1944 a 1986.

En el acto que se les dedicó a Morales Santos y a Quiñónez por iniciativa del también escritor Víctor Muñoz, participaron como ponentes los escritores Enán Moreno y Violeta de Moreno, del Instituto de Literatura guatemalteca además de Fernando Canek Guerra, vicepresidente de la Asociación de Autores y Compositores de Guatemala (AGAYC), quien hizo una invitación a los poetas presentes en el acto a unirse a esta organización.

Los escritores Delia Quiñónez y Francisco Morales Santos durante el homenaje ofrecido por el Instituto de Literatura Guatemalteca y la AGAYC.

.

Al inicio del tributo, Muñoz leyó una nota que el también escritor José Mejía le dedicó al grupo en sus inicios. “Estos muchachos reanudan una tradición milenaria que es la poesía”, citó. Además, en el escrito compartido por Muñoz, Mejía exaltaba no solo los dotes de los jóvenes literatos, sino también su autenticidad. “Les preocupa el ser y no le parecer”, anotaba el autor.

Tanto Enán Moreno como Violeta de Moreno compartieron con la audiencia que asistió al homenaje, sus testimonios acerca de cómo conocieron a algunos de los integrantes de Nuevo Signo. Para finalizar el acto, Delia Quiñónez leyó sus poemas Barro pleno y Atavismos. Francisco Morales Santos leyó poemas tanto propios como de los otros cinco integrantes que ya trascendieron.

Logros y anécdotas

Delia continuó en su labor dentro de la Dirección de Bellas Artes y alternando con la escritura y actividades culturales. En los últimos 10 años dentro de la entidad fue la encargada del departamento de literatura. Organizó al menos 10 ediciones del Certamen Centroamericano 15 de septiembre, que abarcaba música literatura y artes plásticas, y excepcionalmente, danza. “Nunca tuvimos ningún problema. Era un certamen honrado”, asegura.

Entre las anécdotas que recuerda se cuenta la creación del Salón de la Acuarela que fue una iniciativa del artista Víctor Vaskestler. En ese momento la titular de la dirección era la bailarina y arquitecta Julia Vela y decidió echar a andar la propuesta y solicitar apoyo económico a la Tabacalera Nacional. “Julia se presentó a pedir el apoyo y le pidieron las bases del certamen y ella les dijo ‘las olvidé, pero mañana se las mando’. Así que al llegar a la dirección nos dijo ‘hay que hacer las bases’ y nos quedamos haciéndolas. El certamen duró al menos 16 años. Yo me retiré de Bellas Artes en 1986 y seguía realizándose”, recuerda. Al mismo tiempo Delia tenía otras vinculaciones con otras personalidades como Siang Aguado y Tasso Hadjidodou y formó la Fundación Guatemalteca para las Letras, que a la vez convocó al Certamen de Novela que

En su gestión al frente del departamento de letras, también se operaron cambios importantes. “Recibí un departamento de letras que se dedicaba únicamente a publicar algunas cosas, entonces se me ocurrió crear la jornada de literatura para estudiantes de educación media. Yo me comunicaba con los institutos en aquel tiempo y se completaba el programa de estudios con conferencias”. Entre los conferencistas que Delia recuerda se encontraban Luz Méndez de la Vega, Mario Alberto Carrera y Violeta de Moreno.

Para esos tiempos, ya estaba en funciones el Centro Cultural de Guatemala (que más adelante se llamaría Miguel Ángel Asturias). “Nos prestaban el teatro de cámara y ahí hacíamos presentaciones de autores o bien, nos daban espacio en el salón de modelaje de la Escuela Nacional de Artes Plásticas (ENAP)”, relata.

“Abrimos otro programa que se llamaba Llave literaria con el que se invitaba a leer una obra para luego comentarla”, rememora. Otra de las tareas que desempeñó fue la cobertura informativa de los festivales de cultura de Antigua Guatemala que se realizaron entre 1971 y pasados los inicios de los años 1980. Además de trabajar con Julia Vela también lo hizo con otras directoras como Eunice Lima y Norma Padilla de Carrillo.

Delia también intervino junto con otros artistas en la creación del Ministerio de Cultura y Deportes.  Explica que Julia Vela, Lester Godínez y ella, acompañados por un grupo importante de artistas de diversas ramas trabajaron primero en la elaboración de un capítulo de Cultura en la Constitución Política de la República, porque este no existía, y ahí se planteó la necesidad de la creación de la cartera. En 1985, antes de dejar su cargo, el Jefe de Estado Óscar Humberto Mejía Víctores firmó el Decreto Gubernativo para la creación del ministerio. Sin embargo, le agregó al deporte. “En otros países ha funcionado, pero aquí ha sido un lastre”, señala Delia acerca de esa decisión.

Vinicio Cerezo asumió la presidencia y el primer Ministro de Cultura y Deportes que nombró fue el artista Elmar Rojas, quien anteriormente había sido candidato a la alcaldía capitalina. Rojas terminó retirándose debido a algunos conflictos que tuvo con otros funcionarios, incluidos el presidente, cuenta.

Las relaciones públicas

Los caminos profesionales de Delia se extendieron a otras ramas. “Claudia Arenas me invitó primero a hacer una revista conmemorativa de los Acuerdos de Esquipulas en el Instituto Guatemalteco de Turismo (INGUAT)”, cuenta la escritora, quien confiesa que en los primeros días se sentía “bastante en el vacío”, pero ya con experiencia en comunicación institucional, se fue afianzando.

Poco más de un año después, ingresó a la Secretaría de Relaciones Públicas de la Presidencia con Claudia Arenas. Concluyeron el período presidencial de Cerezo. “Ese fue un trabajo que me encantó. Creamos un centro de documentación muy completo y serio, porque no se trataba solo de gobierno, sino de historia de Guatemala, que era de una transición”, señala. Quiñónez lamenta que ese centro de documentación fue destruido cuando “una persona que está en la cárcel” llegó como subsecretaria de Relaciones Públicas.

Posteriormente, volvió a trabajar en el INGUAT, pero esta etapa es interrumpida, primero por las acciones del entonces presidente Jorge Serrano, además, Delia en ese tiempo fue diagnosticada con cáncer y debe luchar contra la enfermedad. “Me retiré un par de meses y al volver fui a poner el puesto a disposición del nuevo director, pero me dijo ‘quédese, no se vaya’. Me quedé, pero ya no me pasó trabajo. Ya no tenía qué hacer”.

Tomó la decisión de irse y comenzó a trabajar como copy en una publicidad. Pero pronto fue requerida para trabajar en la empresa de aviación Taca. “Fue un trabajo interesantísimo porque teníamos diferentes niveles de comunicación. Enfrentamos tres accidentes aéreos. Estuve mis últimos 16 años de vida productiva con salario y cubrí, prácticamente, toda América. Hicimos cosas culturales muy importante”, relata.

Sus vertientes

Su matrimonio, que se dio en 1968, precisamente el mismo año en el que nació Nuevo Signo, duró 25 años, pero afirma, debió cerrar ese ciclo. Delia alternaba el cuidado de sus tres hijos con sus labores profesionales, acciones culturales y escritura. Inició sus estudios en la Universidad de San Carlos, sin embargo, se graduó como Profesora de enseñanza media en lenguaje y ciencias sociales en la Universidad Francisco Marroquín y como Licenciada en letras por la Universidad del Valle de Guatemala.

Continuó también con su trabajo literario, mantuvo la comunicación con los poetas de Nuevo Signo y se desarrolló en dos vertientes. La primera, en la que manifiesta su preocupación por el ser humano, las cosas que pasan en el mundo, que llama “de orientación social”. La otra señala, es una corriente de tipo intimista. A la primera vertiente, pertenecen, por ejemplo, una serie llamada Las misivas. «En ella tomo como pretexto a personajes, pero sobre todo las mujeres, de la mitología, porque es una forma de feminismo, donde ellas plantean su situación, sus protestas y su manera de ver el mundo. Es un tema que me gusta mucho”, afirma. De esa serie, dice, “he publicado bastantes, pero todavía tengo más que publicar”.

Otro poema, que entra en esta corriente es Ultramar, que ella califica como una pieza orgánica, en la que se enfrenta a los 500 años “de invasión, conquista, dominación, etcétera… donde trato de buscar un equilibrio… planteo que no todo lo malo vino de ultramar, sino que hay dos corrientes muy fuertes y ha quedado una señal para nosotros los hispanoamericanos en nuestro mestizaje”, abunda. Delia también ha sido ensayista y ha tratado temas como el feminismo.

Indica que en la primera plaqueta, que realizó con Nuevo Signo hay ya poemas de corte social, por la época que se vivía, pero asegura, “yo no he abandonado ese pensamiento”.

En cuanto a lo intimista, también incluye el erotismo, y cita como ejemplo el poema Nos habita el paraíso. “Yo sublimo esa relación amorosa entre dos seres humanos y ha tenido muy buenas opiniones, por la forma en que se abordó”, comenta.

“He escrito mucho, pero he publicado poco, porque yo soy de revisar. Les digo a los jóvenes no es escribir hoy y publicar mañana. Es de guardarlo y ver si en unos cuantos días o meses ve que funciona y le satisface, entonces lo publica”, aconseja.

La producción y los reconocimientos

Además de ser reconocida como poeta, Delia también es autora de ensayos y relatos feministas, de arte y literatura.  Entre sus obras figuran los poemarios: Barro pleno (1968), Otros poemas (1962), Vuelo de piedra, puño y flor (1999), Rituales sobre la piel y Cantos rodados. Los libros: Nos habita el paraíso (1990) y Ultramar (1991). Algunos ensayos de su autoría son: La poesía de José Humberto Hernández Cobos; Elogio de la vida en la poesía de Julio Fausto Aguilera; Guatemala: descubrimiento y deslumbramiento en Luis Cardoza y Aragón y en David Vela Salvatierra; este último presentado en Casa de América, España. Letra sobre letra: motivos para el poema; Eros: vela y ancla. Incursionó en la literatura infantil con Magia de siete colores/Cuentos ecológicos (1995).

Entre las antologías donde aparece su trabajo se cuentan Las plumas de la serpiente (Guatemala, 1968), Mujer, cuerpo y palabra (Madrid, 2004), Rosa palpitante (Guatemala, 2005), La poesie femenine au Guatemala (Paris, 1996), Mujer, desnudez y palabra, Los nombres que nos nombran, Diccionario de autores y críticos guatemaltecos (2015), Antología de poesía guatemalteca del siglo XX (2015), Nuevo Signo: siete poetas para nombrar un país (2018), El Quetzal, colibrí gigante (2019) y Poetas de Guatemala (2021).

En 2001 ingresó a la Academia Guatemalteca de las Letras con el discurso titulado Letra sobre letra; motivos para el poema. Fue vocal de la Junta directiva de la Academia desde 2010 a 2015 y secretaria desde el 2015 hasta el 2018.

Durante ocho años fue parte del Consejo de Administración del Aporte para la Descentralización Cultural –ADESCA–, también participó en la directiva de la Asociación de Mujeres Periodistas y Escritoras –AMPEG–.

Ha recibido numerosos galardones, entre ellos, el Premio Nacional de Literatura Miguel Ángel Asturias que le otorgó el Ministerio de Cultura y Deportes en 2016 y fue precisamente la Academia Guatemalteca de las Letras la que la propuso. Acerca de las distinciones, afirma: «Pienso que todos los premios son relativos, que uno los debe recibir con gran humildad, porque siempre hay quienes los merecen mucho más. Si en algún momento afortunado lo eligen a uno es porque alguna base habrá, pero también se conjugan emociones, voluntades, amistades y el Consejo de las Letras del Ministerio de Cultura, que es quien decide, pues también me reconocieron. Yo había estado en ese consejo y algunas veces me decían que me querían proponer, pero no podía, por ser electora». Pero en ese año, ya no lo era, fue propuesta y fue aceptada.

En 1989, fue declarada Artista del año por la Revista Naciones y, en 2004, recibió la Orden Vicenta Laparra de la Cerda. En 1999, la Municipalidad de Guatemala la declaró vecina distinguida y le dedicó la feria del libro.

Otras buenas experiencias las ha tenido en las ferias internacionales de poesía. Por ejemplo, cita las de Quetzaltenango en la que participó tres veces y le fue dedicada una durante la pandemia, en 2020. Estuvo invitada en la de República Dominicana y últimamente fue invitada en Tegucicanta, que es otro grupo.

«Educar es fundamental»

«Estoy contenta de ver cuánta actividad cultural hay entre los músicos, los artistas visuales y escritores. Quizás muchos no lleguen muy lejos, pero otros muchos sí. Lo están haciendo con mucha facilidad y entrega. Las condiciones han variado mucho, pero las distancias no los logran cohesionar para tener posibilidades», asegura la escritora. Indica que la lucha de estos artistas es lo que da esperanza en «un país que cada día nos sorprende más con tantas cosas negativas. Es terrible ver un congreso como el que tenemos, con unas diez excepciones, un sistema judicial horroroso, tratando de meterle zancadía a un presidente que tiene muy pocas posibilidades de salir adelante, pero que está trabajando», agrega.

«Si no ha tenido equipos coherentes son las circunstancias de esta historia reciente. Tener un presidente honrado y ministros honrados que también los hay ya es avanzar, pero está costando mucho», opina Delia señala que lo más terrible «son todas estas décadas en las que olvidaron que educar es lo fundamental. Quitaron las materias de arte del sistema educativo. Por lo menos los músicos ya lograron reestablecer la clase de educación musical, pero los otros no», asegura.

Recuerda que cuando ella estudió en el INCA los docentes que formaban a las alumnas eran grandes artistas. «Mis maestras de teatro fue Norma Padilla y Matilde Montoya. El gran músico y compositor Everardo de León era el maestro de marimba. Llegaba Víctor Hugo Cruz a declamar poesía de García Lorca, Pablo Neruda… ¿cómo no íbamos a estar sensibilizadas? Teníamos escenarios, salón de actos, incluso piscina, recibíamos atletismo en el estadio con Mateo Flores y natación con Dolores Castillo que era la campeona de natación», ejemplifica. Señala que en medidas como eliminar materias artísticas en el sistema educativo refleja «una mala intención de tener pueblos ignorantes».

En cuanto al actuar del Ministerio de Cultura y Deportes, entidad en cuya concepción estuvo involucrada, señala que aunque considera que la actual ministra es una persona honorable, «está haciendo lo que puede. Se han dedicado a realizar funciones, desgastando a las instituciones artísticas, pero no están atendiendo las necesidades de fondo de cada escuela de formación artística, que son las bases. ¿De dónde van a salir artistas para integrar artistas oficiales o privados?», cuestiona.

Tags:

Todos los derechos reservados © eP Investiga 2024

Inicia Sesión con tu Usuario y Contraseña

¿Olvidó sus datos?