Conocimiento y recuerdo

Según Platón, al encarnarse en el cuerpo de una persona llevan consigo esos conocimientos que alguna vez en el pasado aprendieron viendo y contemplando todas las cosas del mundo.

Camilo García Giraldo

junio 7, 2026 - Actualizado junio 7, 2026

Platón, pensó, al abordar el problema del conocimiento, que los seres humanos conocen algo de la realidad o del mundo porque recuerdan ese conocimiento que tienen en sus almas inmortales que en su recorrido interminable por el mundo han visto todo. Por lo tanto, al encarnarse en el cuerpo de una persona llevan consigo esos conocimientos que alguna vez en el pasado aprendieron viendo y contemplando todas las cosas del mundo. Solo se necesita, que se haga o le hagan las preguntas correctas o bien planteadas sobre algo, tal como lo hizo Sócrates al esclavo analfabeto Menón, en el Diálogo que lleva su nombre, sobre el asunto de geometría de la igualdad o desigualdad de los ángulos de un cuadrado, para que la persona recuerde ese conocimiento inscrito, y, guardado en su alma. Por eso, cuando una persona conoce algo del mundo, lo que hace en realidad, es recordar ese conocimiento que ya poseía.

Dice Platón, a través de Sócrates, en este Diálogo: “Y ocurre así que, siendo el alma inmortal, y habiendo nacido muchas veces y habiendo visto tanto lo de aquí como lo del Hades y todas las cosas, no hay nada que no tenga aprendido; con lo que no es de extrañar que también sobre la virtud y sobre las demás cosas sea capaz ella de recordar lo que desde luego ya antes sabía. Pues siendo, en efecto, la naturaleza entera homogénea, y habiéndolo aprendido toda el alma, nada impide que quien recuerda una sola cosa (y a esto llaman aprendizaje los hombres), descubra él mismo todas las demás, si es hombre valeroso y no se cansa de investigar. Porque el investigar y el aprender, por consiguiente, no son en absoluto otra cosa que reminiscencia”.

Esta concepción de Platón tiene el valor de enseñarnos o de “recordarnos” que efectivamente conocemos, o mejor, conocemos bien algo, cuando recordamos ese conocimiento, que alguna vez hemos obtenido o aprendido. Pues, conocer algo no es solo representarlo en nuestra consciencia, sino, también, y, sobre todo, comprenderlo, es decir, interiorizar en nuestro espíritu, con palabras de un lenguaje que comprendemos, eso que conocemos. Hecho perfectamente posible, porque el lenguaje es un material fonético y sonoro en el que se pueden grabar y guardar esos conocimientos.

Y, cuando, ese conocimiento, lo interiorizamos en una o varias proposiciones hechas en un lenguaje que comprendemos, quedamos en condiciones de repetirlo y exponerlo ante nosotros o ante otros, cada vez que sea necesario. Recordamos los conocimientos que alguna vez aprendimos en el pasado, porque los hemos comprendido. Y, al recordarlos y exponerlos por medio del lenguaje, confirmamos no solo que los hemos comprendido, sino también, que sabemos o conocemos ese conocimiento. Si no comprendemos lo que “conocemos” o tratamos de aprender, no podemos conocerlo, y, por lo tanto, tampoco recordarlo.

No recordamos, entonces, los conocimientos adquiridos por nuestra “alma inmortal” que existía antes de que naciéramos, como sostiene Platón, sino, porque desde que nacemos comenzamos a aprender el conocimiento más importante y decisivo de todos, las palabras y frases del lenguaje, con el que comenzamos a entender los conocimientos que nos comienzan a enseñar nuestros padres y maestros.

En algunas ocasiones, sin embargo, cuando nos encontramos frente a un niño superdotado o genio, frente a un ser humano que tiene, la capacidad excepcional de aprender y comprender con extraordinaria facilidad y rapidez, los conocimientos que le enseñan, sentimos que algunos de esos conocimientos, han nacido con él. Y, en caso de que fuera así, no sería porque estén inscritos en el alma inmortal que se encarnó en su cuerpo al nacer, sino, porque más bien están contenidos en el material genético que ha heredado de sus padres y antepasados. Suposición, que, por supuesto, no es más que eso, mientras la ciencia no nos ofrezca una respuesta clara al respecto.

Sin embargo, estos casos especiales, no refutan o niegan el hecho esencial, que, solo nos convertimos en seres capaces de conocer, cuando hemos aprendido el lenguaje con el que otras personas nos comunican y enseñan conocimientos por medios verbales o escritos, o, con el que fijamos y comprendemos los que obtenemos por nuestra propia cuenta, al ver u observar algo del mundo o de nosotros mismos. Pues, es con y a través del lenguaje que hemos aprendido, que conocemos y recordamos bien, como podemos aprender y adquirir los conocimientos, que muchos otros seres humanos han forjado a lo largo de la historia, interrogando e investigando algo de la naturaleza y de la vida humana, o, que nosotros mismos hemos alcanzado, realizando la misma labor. Conocimientos, que formaran la realidad y el contenido de nuestros espíritus, y, que, podemos y debemos enseñarlos y comunicarlos a otros, para que a su vez formen sus propios espíritus, y, así, los puedan recordar cada vez que los necesiten, para realizar todas las actividades de sus vidas.

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