Adolfo Méndez Vides con la medalla y el diploma que lo acreditan como Premio Nacional de Literatura Miguel Ángel Asturias 2025. Foto: Carlos Alonzo
“Empecé a escribir casi por generación espontánea. Verdaderamente, escuchaba las voces que me decían que era una locura meterse en el mundo de la literatura. Lo comprendía con toda claridad, pero uno no puede escoger qué será, simplemente sigue una vocación”, aseguró Gilberto Adolfo Méndez Vides, en una entrevista con eP Investiga minutos antes de la ceremonia en la que se le entregó el Premio Nacional de Literatura Miguel Ángel Asturias 2025.
El autor, nacido en la Antigua Guatemala en 1956, afirma que el ser distinguido con el máximo galardón de las letras es algo que, al menos al principio, no veía como posibilidad. “Pensaba que uno podía dedicar la vida entera y que nadie, necesariamente, iba a interesarse en lo que uno hiciera”, explica. A pesar de ello, muy joven comenzó a alternar sus estudios de ingeniería con los de letras, aunque estos últimos, al principio, solo como alumno oyente.
De esa etapa de estudiante dividido entre dos pasiones recuerda: “Me hice amigo de Francisco Albizúrez Palma, Dante Liano, Frank Galich y una serie de personas de la literatura en ese entonces”. Luego, fueron llegando a la universidad sus amigos antigüeños con quienes había conformado el grupo Cuerpos sin lugar. Al conocer a estos jóvenes inquietos e interesados en las letras y las artes, la escritora Margarita Carrera, quien era catedrática en la universidad, empezó a organizar una especie de tertulia literaria los sábados. “El grupo de antigüeños llegábamos a oír a la maestra que nos hablaba de poesía y de literatura. Para nosotros era un gozo. Porque eso ha sido para mí la literatura, siempre, un gozo”, añade el autor premiado.
La afirmación de la vocación
Durante la entrevista concedida a eP Investiga, Méndez Vides recordó que su primera obra publicada por una editorial fue Escritores famosos y otros desgraciados. “Eso fue una maravilla porque Dante Liano, que estaba en el grupo editorial Rin-78, propuso el libro. En aquellos días, todo lo que uno podía publicar eran autoediciones y esa fue mi primera publicación fuera de lo autoeditado. Ellos la financiaron, la hicieron y la publicaron”, expone. “Fue sentir que pasaba a experimentar un poquito de la vida de un autor… salieron como 100 libros y a mí me dieron dos ejemplares”, agrega.
A propósito de su incursión en ese grupo editorial, Max Araujo, quien era editor en el mismo recuerda que el libro editado por Rin 78 fue el arranque definitivo de la carrera de Méndez Vides, aunque acota que «él ya publicaba en la página literaria de El Imparcial con el grupo de jóvenes antigüeños Cuerpos sin lugar”. Araujo, además, guarda algunas imágenes y documentos de la impresión y presentación de ese ejemplar que se realizó en septiembre de 1979.
En la primera fotografía aparecen, de acuerdo con Max Araujo, Méndez Vides, Luis Enrique Sam Colop y el propio Max Araujo. Las tres siguientes imágenes son recibos y facturas derivados de la impresión y presentación del libro Escritores famosos y otros desgraciados. Fotos: Cortesía Max Araujo
Méndez Vides asegura que, esa experiencia con la editorial también fue importante a nivel personal, porque fue ahí donde conoció a María Elena Schlesinger, su esposa, quien era parte de ese grupo editorial y con quien procreó cinco hijas y ahora tiene nueve nietos.
Los estímulos
A lo largo de su carrera, ya había recibido otras muestras de aprobación a su trabajo literario, además de la aceptación de los lectores que aprecian su estilo que el escritor y académico Arturo Arias define al decir que “rompe el criollismo del país y universaliza las circunstancias y el numen guatemalteco”.
En la introducción de la entrevista que el también ganador de este galardón Carlos López Barrios le hizo para eP Investiga a Méndez Vides al conocerse la noticia de su designación como Premio Nacional de Literatura, López expuso el palmarés del autor ahora galardonado. En la lista de reconocimientos se incluyen el Premio Latinoamericano de Novela Nueva Nicaragua, en 1986, por su obra Las Catacumbas; el Premio Centroamericano de Novela Mario Monteforte Toledo, en 1997, por Las murallas; el Premio 15 de septiembre y, el Premio Juegos Florales de Quetzaltenango, en 1994, entre otros.
El talento de Méndez Vides también fue reconocido primero en su ciudad natal cuando en 2001, la Municipalidad de Antigua Guatemala lo distinguió con la Orden Rafael Landívar. Posteriormente, la Municipalidad de Guatemala le dedicó su Feria del Libro 2007 y lo invitó a formar parte del Consejo Cultural de la Ciudad.
Como parte del Premio Nacional de Literatura se incluye la publicación de un nuevo título. Méndez Vides declaró que la obra que dará a conocer a través de la Editorial Cultura es una especie de homenaje elPeriódico, en donde escribió durante 26 años. “Le he puesto el nombre de la columna que yo tenía en ese matutino: Viaje al centro de los libros. Bajo ese título he elegido los ensayos académicos y literarios sobre mi experiencia con los grandes maestros y que están vinculados sentimentalmente a mi obra como Augusto Tito Monterroso y Mario Monteforte Toledo”, detalló.

Un autor local y universal
En la ceremonia de premiación, realizada en el Salón de Recepciones del Palacio Nacional de la Cultura, la encargada de hacer el encomio del literato premiado fue la editora de Penguin Random House para Centroamérica, María del Carmen Deola.
La editora quiso compartir la carta que ella envío como parte del respaldo a la iniciativa para que se le otorgara el premio al escritor. “Quiero hacerles partícipes de aquella carta que escribí con convicción y con mucha emoción”, anotó.
Sobre el premiado, dijo: “como escritor, estudioso y divulgador de la literatura da solvencia y crédito a un premio que lleva el nombre de uno de los autores que más admira y conoce Méndez Vides. Sus credenciales atestiguan esta trayectoria”, exaltó Deola, quien subrayó el hecho de que su obra haya sido premiada por jurados de distintos países. “Su creación literaria es tan local como universal. Local porque refleja de manera minuciosa la idiosincrasia guatemalteca y por qué no decirlo, centroamericana… Qué mejor forma de plasmar lo propio que haciendo uso de una estructura idiomática en la que predominan los giros, modismos, expresiones y todos aquellos guatemaltequismos que muestran una manera concreta de entender la realidad”, enfatizó.
En cuanto al carácter universal de los escritos de Méndez Vides, Deola recalcó: “sus personajes se ven envueltos en aquellas cuitas que vivieron y sufrieron los protagonistas de la literatura universal, empezando por los mismos clásicos a los que Méndez Vides conoce tan bien. No solo porque los lee y los cita con mucha frecuencia, sino y, sobre todo, porque los interpela”.
La editora también hizo notar el papel que como divulgador de la literatura ha jugado el autor. “En una de sus más recientes facetas, se ha hecho presente en el ecosistema de las redes sociales explorando de qué manera llevar la buena literatura a un público lo más amplio posible y los resultados son palpables. La comunidad que ha creado alrededor de las buenas historias que nos relata es cada vez mayor y se vuelve demandante”, dijo con relación al espacio digital Hablemos de literatura, que desde hace algunos meses presenta el escritor.
La misión y la herencia
El discurso ofrecido por el escritor galardonado durante la ceremonia despertó emociones entre los asistentes, ya que, a través de él, honró el talento de su familia, su formación y compartió momentos íntimos de su trayecto por las letras.
“Provengo de una familia de lectores y escribir llegó a mí por añadidura. O quizá, cómo reivindicación, porque mi abuelo materno empeñó horas en escritura con pluma fuente y nunca conocieron sus manuscritos ni el olor ni la letra de imprenta. Siendo niño fui testigo de la incineración de sus obras por razones aún sin sustento. Y apenas sobrevivió un original que me llegó recientemente, luego de 85 años luego de haber sido escrito”, relató.
El escritor reflexionó acerca de su papel como literato en la escena familiar. “Quizá a mí me tocó continuar su carrera como en justa de relevos o, es verdad lo que me decían en casa que soy la reencarnación del primo bohemio, el poeta promesa que sufrió una caída mortal del caballo en los tiempos de Ubico, malogrando su carrera en plena juventud”, revela.
En este punto, Méndez Vides reconoce el aporte que su trabajo hace. “De una u otra manera resulté dedicado a la escritura, actuando como testigo de mi tiempo y creando otras dimensiones con palabras para que los lectores se puedan mover aún más allá de la realidad y crear a su antojo, porque la lectura también implica intención”, apunta.
Volviendo al pasado, habló de cómo la presencia de los libros fue constante durante sus etapas formativas. “Recuerdo como inmensa la biblioteca de la casa de mi infancia, llena de secretos, de magia. Al oriente estaban los libros de gramática, de sintaxis y lenguas modernas. Al sur, las enciclopedias, libros de botánica e historia de Centroamérica y al poniente, lo mejor de la literatura universal y lo que existía de lo nacional, en la misma dirección en la que se oculta el sol. Recuerdo las colecciones completas, con lomos de cuero, traducciones y los libros en cuatro volúmenes… todo un universo por descubrir. Estaba repleto de opciones para suscitar el asombro, porque el asombro es la clave”.
Reflexionó acerca del papel de los libros en el desarrollo humano. “Cuando venimos al mundo, todo nos impresiona: descubrir la luna, la tierra, percibir el movimiento de las cosas, sufrir el miedo, gozar las sorpresas de la magia del circo, pero llega un momento cuando corremos el riesgo de perder el asombro… Los libros son claves para mantener viva la llama innata del asombro. A lo que se añade el gozo del entendimiento, porque es así como descubrimos lo que estaba enfrente, pero antes parecía invisible.
Recordó también los aportes que hicieron para su vocación algunos de sus maestros de primaria y secundaria. “La emoción aumentó en mi infancia con la clase de Historia Sagrada del hermano Fermín, quien nos reveló el prodigio de las historias de Jonás y la ballena, David contra Goliat, el Arca de Noé, Sansón y Dalila, Daniel en el foso de los leones… Historias que me cautivaron, provocaron insomnio y despertaron el deseo de querer leer más”. También trajo a la memoria una pérdida que lo marcó. “Un día nos mudamos a una casa más chica y los muebles llenos de libros fueron donados a la parroquia, me quedaron apenas unos pocos ejemplares sueltos que logré rescatar”. Entre estos escasos rescates se contaban libros de José Milla y Vidaurre y las obras completas de Gustavo Adolfo Bécquer.
Compartió también cómo las acciones de otro maestro, ya en la secundaria fueron determinantes para ampliar sus horizontes como lector. …” un profesor del colegio La Salle que llegó, muy joven, con la sotana negra y decidido a ser amigo nuestro. De cada uno, identificó el punto débil para conectar. Al notar que a mí me gustaba la lectura, me entregó las llaves de la biblioteca del colegio y me recomendó explorar a deshora, sin testigo ni vigilancia, podía leer lo que me diera la gana. Así descubrí a Julio Verne, Alejandro Dumas, Víctor Hugo, los clásicos españoles del Siglo de Oro, los ingleses Walter Scott, Charles Dickens, los poetas románticos, las hojas de guerra de Walt Wihtman…”, expone.
Ya en la universidad, según rememoró, Francisco Albizúrez Palma lo condujo a la poesía del peruano César Vallejo y la del español Antonio Machado. “Fue como moverme de una galaxia a otra. Me volví fanático y durante un mes de vacaciones no salí de casa. Leí 40 libros y me asusté al calcular que, aunque solo eso hiciera en mi vida no podría abarcar ni siquiera lo que se publica en un año”. Esa experiencia le hizo pensar que si se dedicaba a la literatura, su aporte sería mínimo, sin embargo, el llamado seguía vigente y nunca se apagaría.
Más adelante, destacó momentos vividos junto a Augusto Tito Monterroso, quien de su propia iniciativa se llevó su primer libro a la editorial mexicana Conaculta, y consiguió que se publicara. “Recuerdo el día cuando me llamó por teléfono para informarme que ya tenía en sus manos el primer ejemplar salido de la imprenta y quería decirme que hasta ahí dejaba su ayuda, porque en adelante podía ser que sucediera algo o nada”. Añade que esa fue la segunda vez que Monterroso tuvo relación con su obra, porque, precisamente el autor del cuento más corto del mundo fue jurado cuando Las Catacumbas, la primera novela de Adolfo obtuvo el Premio latinoamericano de novela en Nicaragua.
Méndez Vides afirmó que anteriormente, ya se conocían, pero cree que Monterroso no se acordaba que había estado en su casa tiempo atrás y contó una anécdota: “Salimos a almorzar porque yo iba de paso hacia París y él estaba muy preocupado porque yo pudiera sentir hambre, así que me servía en mi plato más arroz y más arroz, pero hablando muy en serio me advirtió que el cuerpo aguanta solo tres días sin comer.”
Otro importante autor que fue clave en la carrera de Adolfo fue Mario Monteforte Toledo. Relató que, durante un descanso de Año Nuevo, se encerró en su estudio y en ocho días completó su novela Las murallas, que es la historia de dos migrantes que viajan a Nueva York. Envió su novela sin revisar al concurso que lleva el nombre de Monteforte Toledo y ganó. Pero aclara, que para él lo más importante fue conocer al escritor y gozar de su amistad durante varios años. Asegura que fue él quien le apoyó para ser publicado por Alfaguara en México. Con su ayuda vinieron otro tipo de buenas consecuencias y oportunidades… «Entre otros beneficios generó que mi ciudad natal Antigua me condecorara con la Orden Rafael Landívar lo que me llenó de alegría. Unos años más tarde, en 2007 publiqué tres libros seguidos: Los cuentos del tercer patio que tuve la suerte que fueran saludados por Francisco Pérez de Antón, asegurándole con su bendición al libro la permanencia, ya lleva 19 años llegando a los lectores joven en varias reimpresiones, se trata de la memoria”, compartió
“Luego vino la novela El Leproso que se desarrolla en la colonia Bethania, mi novela urbana, con la venida del migrante que es recibido como un héroe hasta que se enteran que vino para quedarse, entonces se acabó la magia. Un par de meses después apareció La lluvia, hermana gemela de Los cuentos del tercer patio. Ese año la ciudad de Guatemala me dedicó la Feria del Libro Municipal y me hizo sentir en casa y más adelante fui convocado para formar parte del Concejo Cultural Capitalino”, detalló en su discurso.
El premio y su historia
Adolfo Mëndez Vides es el trigésimo sexto escritor guatemalteco que ha sido designado como Premio Nacional de Literatura Miguel Ángel Asturias. Este reconocimiento fue creado en 1988, a través del Acuerdo ministerial 57-88 del Ministerio de Cultura y Deportes el 6 de diciembre de 1988. El primer literato a quien se le entregó fue a Luis Alfredo Arango. De todos los ganadores, el único que lo ha rechazado fue Humberto Ak’abal.
El premio, según el acuerdo de su creación, debía entregarse anualmente. Sin embargo, durante el gobierno de Alejandro Giammattei, y la administración del ministro Felipe Aguilar se decidió hacerlo trianual, por medio del Acuerdo Ministerial No. 1296-2022. En 2025 fue corregida esta acción, a través del Acuerdo Ministerial 856-2025, con el que se derogaron las anteriores bases y volvió a su periodicidad anterior.
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