De momento, mientras el horno alcanza su temperatura mayor, los productos a disposición no parecen encantar a muchos. Por el contrario, los reciclados son mayoría en la vitrina; pero ser repetido no es el mayor de los problemas. Si lo son sus perfiles, precandidatos que, al exhibirse, dejan claro por qué no deberían ser elegibles: creen que el asunto se trata solamente de acumular likes o número de seguidores en tik tok. Asumen que los electores son sujetos pasivos que comprarán con facilidad las oleadas de desinformación que aparece en escena como el fenómeno ascendente y que a la luz de lo que ocurre en otras latitudes, también será el gran provocador de votos en Guatemala. Todo esto está por verse.
Mientras tanto una de las confrontaciones surgidas es entre capitales (políticos y económicos). Los tradicionales esperan que los resultados finales no se les salgan de las manos, que podrán recobrar el control del timón. Creen que siguen teniendo control de gran parte del pastel. Sin embargo, los perfiles que han comenzado a presentar están lejos de siquiera ser considerados alfiles en el tablero. Son peones que no encantan a casi nadie, ni siquiera son orgánicos del gran capital. Tan grave es el asunto que incluso la UNE les suena como “potable”, ya que, aunque no son confiables, son conocidos. No por gusto ese partido ha presentado recientemente en el Congreso una iniciativa de ley de aguas, alterna a la presentada por el gobierno central.
Ante lo errático de su paso, optaron, desde hace meses, por levantar la bandera de los narcopolíticos, como si tal fenómeno fuera nuevo y desconocido para la mayoría. Pero lo interesante y clásico del planteamiento, es plantear listas de impresentables, donde de manera conveniente dejan fuera a diversos actores que bien podrían ser parte del contenido de varios volúmenes. La dicotomía “ellos son los malos, y nosotros los buenos”, dejó de tener sentido y vigencia hace mucho tiempo. Para renovar ese planteamiento de requiere una alta dosis de credibilidad, que los operadores usados no tienen, ni por asomo. Así que el boomerang les retornó con fuerza. Además, retomar las mieles ya no es opción, porque dejaron de tener el control hace cierto tiempo. Forman un ghetto anacrónico rebasado en tiempo y espacio.
Mientras tanto, los capitales emergentes, que en la práctica se parecen en demasía a los anteriores, con excepción de algunas diferencias tácticas y la lista de los beneficiados finales, siguen de frente pensando que están en su mejor momento para terminar de tomar por asalto las arenas que aún no se han apropiado. Sin embargo, su cuadro titular también está repleto de impresentables. Incluso, por mucho que algunos busquen reciclarse, su mutación es un artificio sujeto a la comprobación de los electores.
¿Habrá candidatos que no respondan a estos dos bloques? Eso es posible. Recordemos lo sucedido en 2023 donde la cancha tenía cierto parecido. Falta que esas opciones salgan a luz y comiencen a desplegarse en un escenario infestado por los unos y los otros, ambos dispuestos a seguir en su cruzada y alejar a quien ose plantear una tercera vía. A falta de contenidos y propuestas reales y creíbles, enfrentarse tal cual pandillas es su única opción.
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