En la búsqueda de los mejores

Renzo Rosal

agosto 29, 2025 - Actualizado agosto 28, 2025
Renzo Rosal

En repetidas ocasiones he planteado en mis columnas la complejidad que revisten los procesos de elección del próximo año. Evidentemente nos la jugamos como país. Todos y cada una de las arenas en juego son determinantes. Sin temor a equivocarme, de sus resultados dependerá el devenir de la próxima década.

Ahora bien, la tarea que resalta como clave y de la cual depende el buen o mal curso de los procesos es la postulación. He allí el dilema: ¿cómo promover que los buenos profesionales del derecho presenten sus candidaturas? De lo anterior, devienen otras preguntas complementarias: ¿qué incentivos trae consigo la presentación de expedientes? Cómo mitigar los riesgos que podría implicar las candidaturas de personas decentes, frente a la posibilidad de una andanada de expedientes grises que proceden de “profesionales” que representan intereses oscuros y apuestan por la continuidad del esquema actual.

Estamos ante una tarea descomunal: la recomposición de los controles constitucionales requiere profesionales con la sapiencia y entereza necesaria que permitan el reformateo del desbarajuste provocado en la última década. ¿Es posible salir de la decadencia? La respuesta debe ser sí.

La principal garantía que deben tener los profesionales honestos que se apunten a esta cruzada es el respaldo (amplio) de una diversidad de sectores y personas en lo individual perjudicados por la destrucción de las instituciones en donde se llevarán a cabo los cambios. El estado actual es inaguantable como sociedad. Una elección inadecuada nos coloca directamente en el borde del precipicio, cuyo encadenamiento también implicaciones en el proceso electoral de 2027.

Existe una diversidad de profesionales del derecho a quienes corresponda de animar para el cambio de época que debemos comenzar a recorrer. Ellos son, en principio, los principales afectados por el caos en que hemos caído. Su ejercicio profesional se beneficiará en la medida que las instituciones realicen las tareas que legalmente les corresponden y no se dediquen a la protección de actores ilícitos, entre algunas de las aberraciones en ascenso.

La “opción” de no participar termina siendo fácil y acomodaticia, “esperemos que otros lo hagan”, “ahora no es el momento”, “en otra ocasión”, “lo pensaré”. Aunque los temores a la persecución y criminalización son una realidad, los imperativos del momento, quizás único, deberían considerarse como superiores. Así que de acá en adelante es importante persuadir a los mejores profesionales para que sumen a una causa determinante para el futuro del país.

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