Chepe Zamora, un caso para revisión del MP

Gonzálo Asturias Montenegro

mayo 19, 2026 - Actualizado mayo 18, 2026
Gonzálo Asturias Montenegro

Después de su captura en 2022, durante el gobierno de Alejandro Giammattei, en el oscuro frigorífico mortuorio que era su calabozo en el cuartel militar Mariscal Zavala, José Rubén (Chepe) Zamora Marroquín estuvo aislado, algunas veces sin agua por varias semanas. Permaneció en condiciones de tortura física y psicológica, acompañado del polvo, los mosquitos, las sanguijuelas, las arañas, las tarántulas, los zancudos y de todos los bichos que malévolamente le implantaron en su celda. En soledad comía la comida fría y tomaba la ducha también fría. Día y noche lo acompañaron sus más fieles e inclaudicables amigos, sus libros. En promedio, en el calabozo leía un libro diario.

     En las primeras semanas de prisión perdió 32 libras. Dadas las condiciones de su confinamiento, a través de los meses fue afectado por diversas enfermedades, entre ellas la gastritis y deformación de la columna por dormir casi sentado. La fumigación del calabozo con químicos dañinos, realizada para matar a los insectos implantados por el gobierno de Alejandro Giammattei, hizo que el periodista perdiera la mielina, la lipoproteína que constituye la vaina de las fibras nerviosas, lo cual es irreversible. De por vida tendrá que llevar una serie de padecimientos, como no poder estar de pie por largo rato, caminar solo trayectos cortos y la eventual pérdida del equilibrio. En la actualidad, hasta el peso de las frazadas en las piernas y pies le resulta molesto. La falta de mielina puede conducir a la esclerosis múltiple u otras enfermedades semejantes. Todo el destrozo grave de su salud ocurrió con la total anuencia y/o apoyo del Procurador de los Derechos Humanos y de los relatores contra la tortura, del Sistema Penitenciario y del Ministerio de Gobernación. ¡Menuda responsabilidad!

     Además de las torturas físicas y psicológicas de su confinamiento solitario, estuvo sujeto a un juicio más allá del ordenamiento legal del país y de los estándares internacionales. Sin legítima defensa. Sin poder presentar sus pruebas de descargo, algunas de ellas, testimonios bancarios. Con aplicación de leyes de otro país. Con la persecución de todos sus abogados, sin excepción. Increíblemente, piezas del juicio se perdieron en una sala de apelaciones, en un hecho que quedó en total impunidad. No hace falta ser muy inteligente para entender cuáles fueron los propósitos de tal ficticia desaparición.

     Todo fue promovido o alegremente tolerado por la exfiscal general Consuelo Porras y por jueces apalabrados, que buscaban que el periodista pasara el resto de su vida en prisión, porque sus denuncias de la corrupción gubernamental no podían dejarse pasar. Merecían un fuerte castigo que, además, sirviera de escarmiento al resto del periodismo digno, a fiscales y jueces y a todos los guatemaltecos. Así es el duro, oscuro, sinuoso y corrupto deep state guatemalteco. La Asociación de Periodistas de Guatemala (APG) y algunos columnistas de prensa en forma valiente documentaron y denunciaron los abusos.

     Por toda la tortura física y psicológica, comprobada por los médicos y exámenes de laboratorio y por instancias internacionales, y por la realización de juicios más allá del ordenamiento legal del país y los estándares internacionales, ¿cuánto no tendrán qué responder en los tribunales penales, la exfiscal Porras, jueces, magistrados, el procurador de los derechos humanos y relatores contra la tortura? Las consecuencias de su acción y omisión fueron gravísimas.

     Todo el itinerario de la captura, encarcelamiento y juicio contra Zamora deberá ser uno de los primeros casos que el nuevo fiscal general Gabriel García Luna tendrá que revisar, estudiar y, en su caso, deducir las responsabilidades. No se trata de venganza, sino de justicia. De la aplicación de la ley de forma químicamente pura, contrario a lo que le aconteció al periodista.

     Por la forma en que se llevó su juicio, Chepe Zamora declaró que, como era juzgado más allá del derecho, en su caso era igual que lo defendiera el mejor abogado del país o un mono. Como para evitar la persecución ya ningún abogado lo quiso defender, ahora lo realizan los de la Defensa Pública. Un caso nunca antes visto en nuestra historia.

     En lo que respecta a justicia, democracia y honestidad pública, en Guatemala, si bien estamos un milímetro arriba del mono, nos encontramos a un centímetro abajo del cerdo, por usar una frase de Pío Baroja, escritor de la notable Generación del 98. La población tiene fe que el nuevo fiscal general cambiará la ruta de ocho años de corrupción e impunidad dentro del Ministerio Público.

El periodista más galardonado del mundo

     Para enojo y molestia de una pequeña minoría de guatemaltecos, por su trabajo de 30 años, Chepe es el periodista más galardonado no de Guatemala o Latinoamérica, sino del mundo, aunque para el Ejército de Guatemala resultara una amenaza a la seguridad nacional, sin duda por sus constantes denuncias de corrupción gubernamental y de la penetración del narcotráfico en todas las estructuras del Estado, sin excepción alguna, incluida la institución castrense.

     Cuando en 2024, la fundación Gabo premió a Chepe Zamora, quien se encontraba en su oscuro calabozo, reconoció que figuraba como “paradigma de un periodismo de investigación y posiblemente el máximo símbolo de la lucha contra la corrupción en el periodismo latinoamericano”. Igual fue el sentir del Rey Felipe VI de España y de universidades y centros de promoción y defensa de la libertades y democracia establecidos en Europa y Estados Unidos, que lo galardonaron.

     Los reportajes publicados en los diarios Siglo Veintiuno y elPeriódico que dirigió son ya borradores de la historia. Con su esfuerzo y valentía compró el boleto de primera fila para ver e informar del penoso show de las estrellas políticas guatemaltecas. Verdaderas vedetes impúdicas.

La represión en el mundo siempre es vulgarmente la misma

       El caso de Zamora también es un espejo de la tragedia de cientos de periodistas que, a lo largo del planeta, son perseguidos y asesinados por sistemas políticos alérgicos a la libertad, derechos humanos y democracia. Cambia el nombre de los países y de los perseguidos, pero los sistemas de represión terminan siendo semejantes. La represión siempre es vulgarmente la misma.

     Como señaló José Zamora, hijo de Chepe: Su caso no es solo el de él, sino de algo más grande que él. Es una historia sobre la libertad. Es una historia sobre el periodismo. Y es una historia sobre la lucha por la democracia.      Por ello, su persecusión es conocida internacionalmente, como paradigma de lo que, en innumerables sociedades con estado de derecho lleno de tumores, le acontece al periodista investigador. Su caso, ya hoy es universal. Sigue y seguirá figurando en las mesas de análisis y discusión de cancillerías, organismos internacionales y ONG. Ojalá que las facultades de derecho del país estudiaran este atropello legal para conocer cómo ha sido la justicia, el Estado de Derecho, la democracia y las libertades en Guatemala, especialmente en los últimos ocho años, más oscuros que noche sin luna.

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