Con ocasión de la FILGUA 2026 se celebró un evento conmemorativo de los 50 años de la importante revista española “Cuadernos Hispanoamericanos”, en el que participaron escritores e intelectuales de Guatemala y de España. Algunas de las actividades se desarrollaron en el Centro Cultural de España, en la librería Sophos y en la sede de la feria, por lo que consideré escribir un texto breve, referencial, sobre una revista que se publicó en el Instituto Guatemalteco de Cultura Hispánica hoy Centro Cultural de España, pero antes doy una breve introducción de mi relación con este centro importante para la cultura de Guatemala. .
Fue en el año 1984 cuando recibí una invitación para asistir a una reunión a la casa del embajador de España en Guatemala. Por aquellos años mi presencia en los eventos culturales de la ciudad capital era constante, sobre todo en eventos de literatura. Era miembro del Grupo Rin 78, que tenía una reconocida actividad editorial, y de algunos comités organizadores de actividades culturales. Creo que esa fue la razón por la que se me invitó. Se nos informó del interés que tenía la embajada de España de reiniciar las actividades del Instituto Guatemalteco de Cultura Hispánica, por lo que se nos propuso a los asistentes que ingresáramos como miembros activos de la entidad, que cuenta con personalidad jurídica en nuestro país. Algunos manifestamos nuestra aceptación. Se procedió días después a la elección de una junta directiva.
El instituto, creado en 1956, por personas como el padre Isidro Iriarte, sacerdote Jesuita, uno de los fundadores, posteriormente, de la Universidad Rafael Landívar, había dejado de funcionar en 1980 por los incidentes relacionados con la “quema” de la Embajada de España, y por el asesinato del licenciado Mertins, Presidente de la Junta Directiva. Fue interés del gobierno de España el reinicio del Instituto como parte de la normalización de las relaciones con Guatemala, ya que hubo un rompimiento de las mismas.
Como lugar para la sede se contrató un espacio apropiado en uno de los edificios que rodean la actual “Plaza España”, entonces “Plazuela España”. Al poco tiempo, habilitados los salones y oficinas, comenzó a funcionar con mucho éxito, sobre todo por la calidad de la oferta cultural. Entre las personas que integraron la primera junta: Sian Aguado de Seidner, Arnoldo Ortiz Moscoso y Jesús Amurrio.
Me convertí en asiduo de las actividades, sobre todo porque era muy fácil dejar nuestros vehículos en las calles cercanas, y porque con algunos amigos, entre ellos Mario Monteforte Toledo y William Lemus, terminábamos en amena plática, después de algunas presentaciones en el restaurante Los Cebollines, situado en los alrededores de la Plazuela España. Por ese sector se encontraba también “La Cofradía de Godot”, a donde cada miércoles, al anochecer, nos reuníamos grupos de escritores y de artistas a conversar y algunos a beber. De estas reuniones dejé testimonios en la columna “El ojo de Max Araujo” en” La Hora”. La crónica chismosa del primer encuentro en ese lugar apareció en uno de los últimos números de “El Imparcial”.
Mi oficina profesional, de abogado y notario, se encontraba en la zona cuatro, sobre la séptima avenida, en el edificio El Patio, en donde también, en el comedor “El Establo”, celebramos los conocidos almuerzos cotidianos con escritores y personas ligadas al ámbito de la cultura. Este edificio se encuentra ubicado a pocas cuadras de la entonces sede del Instituto, y además para ir a mi casa, situada por aquellos años en la zona siete, me era muy fácil, ya que tomaba la doce calle de la zona 9, el Boulevard Liberación y la Calzada San Juan. Era pues, para mí, nada difícil asistir a los eventos del Instituto de Cultura Hispánica.
Esa constancia hizo que al año siguiente de su reinicio se me invitara a formar parte de la Junta Directiva. Acepté con mucho entusiasmo y me integré a las sesiones- almuerzo de cada miércoles, en las que discutíamos y tomábamos las decisiones correspondientes, no solo en aspectos administrativos sino también en lo relacionado con los eventos culturales. Estuve en la Junta Directiva casi cuarenta años. Las sesiones terminaron cuando la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) se hizo cargo totalmente del instituto y se cambió el nombre a Centro Cultural de España.
Decidimos por aquellos años la publicación de una revista cultural, a la que le pusimos como nombre “Encuentro”, que apareció trimestralmente, aunque no siempre. Su primer número comprendió de noviembre de 1989 a Febrero de 1990. La dirección ejecutiva estuvo a cargo de Lourdes Martin de Peralta de Álvarez de Toledo (española) y del abogado, escritor y periodista, entre otras ocupaciones, Marco Antonio Sagastume Gemmel. La revista se publicó por las gestiones de patrocinio, en anuncios, de la misma Lourdes, quien siempre conseguía los apoyos respectivos. Ella y su esposo Santiago, un ejecutivo de una empresa española en Guatemala, eran excelentes anfitriones, por lo que muchas veces nos reunimos en su casa, ubicada en La Cañada, en la zona 14 de la ciudad de Guatemala, para conversar, almorzar o para cenar.
En el Consejo de Redacción y editorial, participamos, entre otras personas, en distintos momentos: Amable Sánchez Torres, Marco Antonio Sagastume Gemmell, Cristina Zilbermann de Luján, Guillermina Herrera, Francisco Aguirre, Iván Barrera, Rene Poitevan, Carmen Deola, Ángel Pariente, Arnoldo Ortiz Moscoso, José Maria Magaña, Rolando Villatoro, Pilar Asencio, Carmen Elisa Asturias, Roberto Bermejo, Rafael Garranzo y Jose María Iturrioz, cada uno con una trayectoria reconocida en el mundo cultural.
Fueron 19 números los que se publicaron. El último apareció en el año 1996 y correspondió a mayo- agosto de ese año. Los textos, de literatura, historia, sociología, antropología, entre otros temas, que se publicaron se discutían y se analizaba, aunque también se publicaron eventos y actividades propias del Instituto. Cada número tuvo su editorial y algunas portadas, a todo color, fueron fotografías de pinturas de artistas guatemaltecos que autorizaron su uso. Plumas reconocidas de Guatemala, de España y de otros paises, publicaron en la revista, cuyo tiraje fue en cada ocasión de mil ejemplares. Su distribución fue gratuita. Se mantuvo con los anuncios.
Es importante que se conozca que en el Instituto de Cultura Hispánica se hicieron otras publicaciones, unas sobre arquitectura del Centro Histórico de la Ciudad de Guatemala y otras, como una colección, que contiene conversatorios y preguntas, realizadas por una personalidad hacia otra destacada personalidad de nuestro mundo cultural. Este centro cultural, desde su creación hasta hoy dia, ha contado con excelentes directores, tanto guatemaltecos como españoles. Es parte de la red de institutos binacionales en Guatemala, como el IGA, la Alianza Francesa, el de la embajada de México, el Instituto Alejandro von Humboldt, entre otros, que cuentan con el apoyo de los paises que los patrocinan.
Ser parte de la Junta Directiva y del consejo editorial de la revista “Encuentro” me hizo compartir con destacadas personalidades del mundo social, cultural y político de Guatemala. De la sesiones -almuerzo recuerdo especialmente dos ocasiones, una cuando Ramón Banus hizo un dibujo mientras sesionábamos y me lo obsequió. Años después se le regalé a mi amiga Carolina Escobar Sarti. La otra cuando el doctor Barnoya, escritor y famoso por las huelgas de dolores de la USAC, hizo una caricatura, en una servilleta de papel, de un personaje gordo, de perfil, que me dedicó de la siguiente forma “A Max Araujo. Parece ser la leva de un togado, solo es la camisa de fuera de un escritor abogado”. Días después la mandé al Diario La Hora. La publicaron.
De las revistas culturales que se han publicado en Guatemala, en papel, en distintas épocas, por esfuerzos de grupos de personas, colectivos, universidades, o de entidades de gobierno como el Ministerio de Cultura y Deportes, se conoce poco, por muchas razones, una por el número de ejemplares, otra porque han circulado en círculos limitados. En lo personal puedo contar de las revistas “Pedernal” de la Comunidad de Escritores de Guatemala, “ Identidad” del Ministerio de Cultura y Deportes,” Profesional” del Instituto de Derecho Notarial, “ Cultura de Guatemala” y “Abrapalabra” de la Universidad Rafael Landívar, entre otras, en las que participé en su fundación y en sus consejos editoriales. Hoy día circulan muchas revistas de manera digital, lo que permite que sean leídas y conocidas en distintas partes del mundo.
Urge hacer una investigación de todas las revistas culturales y especialmente las de literatura, de todas las épocas de nuestra historia, y si ya se ha hecho, acepto mi desconocimiento, que sea difundida por la importancia que tienen para la historia de nuestras expresiones culturales. La Hemeroteca Nacional “Clemente Marroquin Rojas”, dependencia del Ministerio de Cultura y Deportes, tiene valiosas colecciones de muchas de esas revistas. Una de las investigadoras, que creo, ha realizado estudios al respecto es la licenciada Catalina Barrios y Barrios, coautora con el doctor Francisco Albizurez Palma, de una magnifica historia de la literatura guatemalteca contenida en varios tomos, que se publicó en la Universidad de San Carlos hace algunos años. La Licenciada Barrios es autora también de un libro sobre la historia del periodismo en nuestro país, en el que consigna datos de algunas de las revistas publicadas.
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