Memorias y anécdotas: Así se creó el Premio Nacional de Literatura “Miguel Ángel Asturias”

A mi criterio, los escritores a quienes se les ha otorgado el Premio Nacional de Literatura Miguel Ángel Asturias han sido merecedores del mismo. Lamento que se haya dejado de otorgar en forma anual. Espero que se subsane esa situación.

Max Araujo

septiembre 21, 2025 - Actualizado septiembre 20, 2025

El Premio Nacional de Literatura “Miguel Ángel Asturias” se creó por  casualidad. No se había planificado. Sucede que en el año 1988, a Leticia de Calderón, hermana de madre del pintor Elmar René Rojas (primer Ministro de Cultura y Deportes de Guatemala, 1986-1987), en ese entonces encargada del Departamento de Letras de la Dirección General de las Artes del recién creado Ministerio de Cultura y Deportes, se le ocurrió organizar un evento con el nombre de “Encuentro de Escritores de Provincia”, que se llevaría a cabo en la ciudad de Totonicapán, por lo que invitó, dos meses antes de su realización, a un grupo de personas para que fuéramos parte de un comité organizador. Entre las personas convocadas estaba Tasso Hadjidodou. En la primera reunión a la que asistimos, en la sede de la mencionada dirección, ubicada en una casa de la once calle, entre once y doce avenida de la zona 1, este personaje expresó que no le parecía apropiado el nombre, por lo que después de varias intervenciones de los asistentes decidimos entre todos que el nombre que llevaría: “Encuentro Interregional de Escritores”. Con ese nombre se realizó.  Fue el mismo Tasso quien sugirió, en esa ocasión, que en ese evento se diera un reconocimiento a un escritor representativo de Totonicapán. Propuse a Luis Alfredo Arango. La idea fue aceptada.  Vino enseguida la siguiente pregunta ¿qué reconocimiento se le puede dar?

Días antes a esa ocasión, en una reunión de Rin 78 en casa de Juan Fernando Cifuentes, invitamos a Jesús Chico, a quien no conocíamos, para proponerle la edición de libros de autores guatemaltecos. Comentamos en esa oportunidad que en Guatemala no existía un premio nacional de literatura, como lo sí lo había en otros países, pero se quedó en una idea. Y como Chico indicó que a él, como editor, le interesaba publicar novelas, los asistentes respondimos que no teníamos, por lo que al buscar una solución surgió, para fomentar la escritura de ese género, la creación de un premio de novela, que posteriormente, ya constituido un Comité, fue el Premio Guatemalteco de Novela, -que organizamos  más adelante  bajo el nombre de  la Fundación Guatemalteca para las Letras, creada -de hecho- para ese galardón-,  con el patrocinio económico de Tabacalera Nacional.  En un texto anterior comenté de este Premio. En lo personal surgió una amistad valiosa con Jesús Chico y su familia. Me convertí también en su Notario para sus asuntos comerciales.

En la reunión convocada por Leticia de Calderón, dejé caer una idea peregrina, como respuesta a la pregunta sobre el reconocimiento a Arango, ¿y por qué no se crea un Premio Nacional de Literatura? Juan Fernando Cifuentes, otro de los convocados, comentó que era una buena idea, y manifestó que ese mismo día hablaría con la Ministra de Cultura y Deportes, Ana Isabel Prera, y con la viceministra Marta Regina Rosales de Fashen (esposa de Federico Fashen, arquitecto y epigrafista de escritura maya prehispánica).  En ese entonces, Juan Fernando era el encargado de Comunicación Social de ese ministerio, y de Editorial Cultura, creada a propuesta de él-. Dicho y hecho, a los pocos días mediante un acuerdo ministerial, nació el Premio Nacional de Literatura Miguel Ángel Asturias.  Mi reconocimiento a Cifuentes y las dos exfuncionarias mencionadas. Crearon un galardón que es importante para la literatura nacional.

 Mi trabajo posterior consistió en llevar a Arango a Totonicapán. Él no sabía nada del reconocimiento que se le daría.  A los presentes en el encuentro se les invitó para un acto en el Teatro Municipal de la localidad. Grande fue la sorpresa de Luis Alfredo cuando ahí se anunció que el acto era para reconocer su obra literaria con el  recién creado Premio Nacional de Literatura.  La medalla respectiva fue improvisada y no se entregó ninguna cantidad de dinero. La funcionaria que presidió el acto fue la licenciada de Fashen, quien viajó a la ciudad indicada para el acto. Ha sido la única vez que el mencionado Premio ha sido otorgado fuera de la ciudad de Guatemala, en donde ha tenido diversos escenarios.

Algunos de los ganadores del Premio Nacional de Literatura «Miguel Ángel Asturias».

Pasados los años Arango manifestó en forma verbal su inconformidad, porque a los siguientes premios se les dio una medalla apropiada y una cantidad de dinero. Esto llegó a los oídos del ministro Augusto Vela, del Viceministro Carlos Enrique Zea, y de Fernando Cifuentes, Director de las Artes. Esta falta la subsanaron ellos cuando, previos trámites de ley realizados por Cifuentes, en un acto sin protocolos, en la recordada casa de la once calle de la zona 1 -antigua sede de la Dirección de Bellas Artes-, a petición del mismo Juan Fernando, le hice entrega a Arango, en nombre del Ministerio, de un cheque por treinta mil quetzales. Se le sustituyó además la medalla anterior por una apropiada. Yo no trabajaba en el Ministerio, pero me dieron ese honor por la cercanía que tuve con el galardonado.

El viaje con Arango a Totonicapán lo hicimos en bus extraurbano. En esa oportunidad conocí esa ciudad, y la recorrí con los recuerdos del poeta. Fue mi guía. Me presentó a su única tía viva, doña Laurita, a quien le tenía un afecto muy especial – ella tenía una tienda frente al parque central- y a una de sus hermanas y su esposo, un ex militar de apellido Camey. En el recorrido me llevó al cementerio en el que un Luis Alfredo Arango, su abuelo, estaba enterrado.  Con sonrisa me narró que unos alumnos de secundaria, de su tierra, habían hecho un trabajo en el que él apareció muerto antes de nacer.

 El Encuentro Interregional de Escritores fue importante para la literatura guatemalteca, porque dio origen al Premio Nacional de Literatura. Durante muchos años se entregó en forma anual. Desde sus inicios hasta el año 2000 se otorgó de manera discrecional por las autoridades superiores del Ministerio de Cultura y Deportes, por propuestas que recibían sin convocatoria o porque integraban un consejo asesor de manera inmediata. En el año 2000, a mi sugerencia como asesor de su despacho, la ministra Otilia Lux de Coti resolvió que se convocara públicamente para la presentación de candidaturas, y que fuera el Consejo Asesor de Editorial Cultura, en el que cada ocasión, constituido en Comisión, seleccionara de entre los propuestos al ganador del premio. Los ministros y viceministros dejaron de intervenir en la adjudicación. Por eso fue injusto que, cuando se otorgó el Premio Nacional a Humberto Ak´bal en 2003, que él rechazo públicamente, se indicara que Otilia lo había otorgado a él por ser maya. Fueron varias entidades que lo propusieron, entre estas la Academia de Lenguas Mayas. Pero sobre todo, porque la merecía. Su obra es de calidad, como se ha demostrado con el paso del tiempo.

A mi criterio, los escritores a quienes se les ha otorgado el Premio Nacional de Literatura Miguel Ángel Asturias han sido merecedores del mismo. Lamento que se haya dejado de otorgar en forma anual. Espero que se subsane esa situación.

El Premio no debe confundirse con la Orden Miguel Ángel Asturias, que fue creada 7 de diciembre 1967 por el Congreso de la República, mediante el Decreto 1724, que ha sido otorgada en años anteriores a personas, nacionales y extranjeras, que lo han merecido por su trabajo en cualquier área del ecosistema del libro.  Según dicho Decreto el Presidente de la República es el Jefe Supremo de la Orden. Su Consejo lo integran los ministros de Estado. Se otorgará a propuesta de Universidades o de entidades de Cultura. La decisión de otorgarla se legaliza mediante un Acuerdo Gubernativo. Sugiero a las autoridades de gobierno que se otorgue nuevamente, principalmente a personas como Gustavo Ardiano, propietario de la Librería Marquense, a Irene Piedrasanta, Jesús Chico, así como a otros editores, libreros, profesores universitarios y a las personas que organizan la FILGUA o quienes se dedica la feria cada año. El listado para candidatos es extenso.  Honrar honra.

Mis excusas por mencionar mis participaciones en distintos hechos y eventos en lo que publico en esta columna. La historia es la historia.

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