«Luego de haber leído diversas obras que relatan distintos momentos de la historia de Guatemala, La Pepita Editorial decidió premiar Memorias de un conejo por ser una obra que refleja de manera certera la vida cotidiana del país, logrando que los personajes ‘salten de las páginas del libro’ para recrear un mundo que ya ha desaparecido y que nos encantaría que muchos otros guatemaltecos conozcan”, señala la casa editora, que anualmente reconoce el trabajo literario de autoras guatemaltecas a través de sus premios.

La editorial realza, además, “la contribución que María Elena Schlesinger ha hecho a la microhistoria del país a través de su escrito”, al referirse al libro publicado en septiembre de 2025, el cual ya le ha traído diversas satisfacciones a su autora.
Schlesinger afirma que la noticia del premio la sorprendió gratamente. “Me siento muy feliz porque el conejo ha comenzado a dar saltos y he visto que ha tenido una buena recepción en Guatemala. Me han hablado grupos, principalmente de lectoras”, comenta la autora, quien también se refiere a la acogida que su libro ha tenido en las librerías.

Manifiesta sentirse especialmente contenta por los comentarios de sus lectores. “Es ese mundo lector que no es el intelectual, sino el que más me gusta, el cotidiano, el que te ve en la calle y te dice: ‘Mira, María Elena, me gustó mucho esa representación de la Guatemala que quisiéramos que regresara’, o ‘me maté de la risa con esta historia’”.
María Elena asegura sentirse honrada por la distinción otorgada por una editorial que en años anteriores ha premiado a figuras como Ana María Rodas, Lucrecia Méndez de Penedo, Guillermina Herrera Peña e Isabel de los Ángeles Ruano, entre otras.
“Estaba reflexionando en estos días acerca de lo gratificante que es que en Guatemala se reconozca a un autor y a su obra, porque lo más ingrato que nos puede pasar a nosotros y a nuestras obras es la indiferencia”, enfatiza. “No hay nada como que te reconozcan a diferentes niveles para sentir que ha valido la pena todo ese trabajo, toda esa energía invertida en lo que significa hacer un libro”, añade.
El premio, entregado en una ceremonia privada el sábado 7 de febrero, incluye un diploma, un reconocimiento económico y la publicación de un nuevo libro. Sobre esa próxima obra, Schlesinger comenta: “Estoy trabajando específicamente en un libro al que he dado en llamar La casa, como siempre he querido que se llame uno de mis libros. Creo que la casa es el ámbito donde nace todo: el principio y el final de las personas; donde se forman los recuerdos y las anécdotas del grupo familiar, y donde se refleja mejor lo que somos los guatemaltecos”, puntualiza.
Detalla que en ese libro que escribe se encontrarán tanto relatos de personajes como descripciones de objetos cotidianos, por ejemplo, indumentarias sanitarias utilizadas antaño. “Toda esa parafernalia de objetos con los que eran tratados los habitantes de la casa. También las cocinas, que son el ámbito más íntimo donde se generaba la cultura doméstica del hogar”, añade. Aclara, sin embargo, que el nombre podría modificarse dependiendo del rumbo que tome el escrito, aunque el concepto se mantendrá firme y fiel a su estilo y temática. Y es que la escritora es fiel creyente de que no hay nada como la autenticidad para vincularse con sus lectores.
“La fiesta de los libros”
Otra circunstancia que llena de alegría a María Elena es que este reconocimiento haya coincidido con la designación de su esposo, Adolfo Méndez Vides, como Premio Nacional de Literatura Miguel Ángel Asturias 2025. “Lo estamos viviendo al tope. Les he dicho a mis hijas que es la fiesta de los libros en la casa de los Méndez Vides Schlesinger”, afirma.
“De Adolfo se ha dicho mucho que el premio le llegó tarde, pero yo creo que los tiempos son siempre perfectos y justos, y que llegan en el mejor momento”, asegura. “La felicidad y el asombro de él son nuestra felicidad y nuestro asombro. Nunca había visto una respuesta tan fuerte a nivel de lectores ante un premio, que, como digo, es lo que más le recompensa a uno como escritor. Además, ha recibido llamadas de personas muy importantes de las letras”, revela.
Sobre el hecho de que ambos hayan sido premiados en este momento, subraya: “Que se hayan alineado los planetas para que sea para mí y para él, creo que tiene que ver con la Divina Providencia. Lo estamos viviendo con mucha alegría. Creo que es uno de los mayores legados que una familia puede dejarles a sus hijos y a sus nietos”.
La editorial y las mujeres
El proyecto de La Pepita Editorial fue fundado por la escritora y editora guatemalteco-española María Odette Canivell Arzú, quien en su libro Madres literarias y sus genealogías relata que, sin saber que la unían vínculos familiares con la escritora María Josefa García Granados —conocida como La Pepita—, recibió la sugerencia de dar ese nombre a su editorial por parte del escritor Enrique Noriega.
“La idea me fascinó y decidí adoptar a la escritora literariamente, ya que no creía que fuéramos parientes ni de lejitos. Para mi sorpresa, al investigar sobre ella, descubrí que mi bisabuela María Cobos de González y Batres era nieta de su hermana Adela García Granados y Zavala”, relata Canivell en el ejemplar.
La editorial, según consigna en su sitio web oficial, “nace del deseo de reconocer el trabajo, las vicisitudes y la lucha de mujeres como nosotras, quienes, soñadoras que somos, queremos cambiar el mundo y mejorarlo”.
“Además de promover la pluma escrita por mujeres, queremos aprender de aquellas que, como María Josefa García Granados y Saborío, lucharon, por activo y por pasivo, para cambiar la realidad que les tocó vivir. Si alguien como ella tuvo incidencia en las letras, la cultura y la sociedad del siglo XIX, hoy tenemos muchas posibilidades de hacer lo mismo, casi 160 años después”, expone la casa editora.
María Elena Schlesinger comenta que, cuando fue informada sobre el premio, le resultó especialmente grato que la editorial reconozca, año con año, a mujeres que han dedicado su vida al quehacer literario.
La Pepita Editorial se define como apolítica y, según señala Schlesinger, “su visión es un abanico amplio en el que pueden confluir muchas mujeres escritoras. Se trata de mostrar las distintas visiones que, a través de su escritura, han construido las mujeres”. Añade que el proyecto está dirigido a ellas porque, desde la perspectiva de la editorial, “las mujeres han sido históricamente las menos visibilizadas en el ámbito literario guatemalteco”.
Durante febrero de 2026 también se entregarán reconocimientos a las escritoras e intelectuales Yolanda Colom, Delia Quiñónez y Carmen Matute.
Una inspiradora
Sobre María Josefa García Granados —La Pepita—, María Elena considera que “es un referente no solo por lo que escribió y cómo lo escribió, sino por su postura ante la vida, que marcó un hito en su época”. Reconoce que su origen familiar influyó en la libertad con la que se expresó, al ser hermana mayor de Miguel García Granados, presidente de Guatemala entre 1871 y 1873.
“De La Pepita he leído sus memorias, que son verdaderamente atrevidas. En ellas habla de lo que sucedía en su tiempo, pero va más allá del lente íntimo del hogar, de lo doméstico y lo femenino. Habla de todo lo que ocurría fuera de casa, con un lenguaje desafiante para la época, no solo por el contenido, sino por su forma expresiva, incluyendo recursos que no se permitían entonces, como la escatología”, refiere.
Sus escritos, añade, retratan “la Guatemala de los serenos, de las calles apagadas después de las nueve de la noche, del uso cotidiano de las pistolas, del encierro y de un mundo que estaba reservado casi exclusivamente para los hombres”.
Schlesinger destaca también que en la casa de La Pepita se realizaban tertulias en las que participaban algunas de las personas más ilustradas que llegaban a Guatemala, entre ellas José Martí.

En el libro de María Odette Canivell se señala que María Josefa García Granados fue “una mujer nacida en el Puerto de Santa María, España, en 1796, que llegó a Guatemala en 1811 dispuesta a ‘armar bulla’, trastocar las convenciones sociales y morales de su tiempo y protestar contra la injusticia, la incompetencia y la inestabilidad social que le tocó vivir”.
La obra también muestra cómo, pese a su posición social, La Pepita enfrentó el exilio y el rechazo de su propia familia. Aunque cumplía formalmente sus roles de hija, esposa y madre —y asumió tempranas responsabilidades tras la muerte de su mamá—, sus escritos y tertulias, así como la complicidad intelectual que sostuvo con José Batres Montúfar, la convirtieron en blanco de críticas tanto sociales como familiares.
“En el caso de La Pepita, su propio hermano llegó a tacharla de ‘histérica’”, apunta el libro de Canivell, que relata cómo, durante una visita a México —donde María Josefa se encontraba exiliada debido a sus críticas a personajes influyentes y a las circunstancias políticas de la época—, Miguel García Granados escribió en sus memorias que, preocupado por los cambios de ánimo de su hermana, la vigilaba con recelo, afirmando que “empezaba el desayuno como histérica para ‘componerse’ a lo largo del día”.
Entre las pocas obras que se le atribuyen figuran sus poemas satíricos Retratos y Sermón, este último escrito, según se presume, en colaboración con Batres Montúfar.
Con el premio entregado a María Elena Schlesinger, La Pepita Editorial continúa dando aliento y reconocimiento a las mujeres que escriben y hacen historia en la literatura guatemalteca.
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