Los secretos tras la restauración de las piezas sacras guatemaltecas

Procesos que van desde realización de exámenes como radiografías y tomografías hasta el uso de elementos tan sorprendentes como vejigas de carnero llevan al rescate de obras que además de su significado religioso también despiertan admiración por su belleza.

Ana Lucía Mendizábal

marzo 22, 2026 - Actualizado marzo 21, 2026

Hace unos días, los fieles católicos de Quetzaltenango celebraron con alegría el retorno de la imagen del Divino Justo Juez, el Nazareno de la Catedral de los Altos de esa ciudad, que luego de nueve meses de restauración, volvió para ocupar su sitial de honor.

Antes de ese feliz regreso, la imagen que data del siglo XVI, y que se atribuye al español Juan Aguirre, debió ser sometida a delicados procesos por parte de al menos ocho expertos del Departamento de Conservación y Restauración de Bienes Culturales Muebles, conocido como Cerebiem.

El jefe de ese departamento, que pertenece a la Dirección del Patrimonio Cultural y Natural del Ministerio de Cultura y Deportes, Juan Manuel Barrientos, conversó con eP Investiga y brindó algunos detalles específicos acerca de los procesos que debieron seguirse para lograr estabilizar la imagen, corregir algunos errores de previas intervenciones y ofrecer nueva vida a tan emblemática imagen.

El experto explicó que uno de los problemas que la escultura presentaba y podía verse casi a simple vista era la deformidad de uno de sus meñiques. “Cuando hicimos las radiografías nos dimos cuenta de que se le había realizado un ensamble con un tipo de madera diferente. Además, quien lo intervino, en vez de trabajar con las tres falanges, le puso cuatro, por lo que el dedo estaba casi a la misma altura que el anular”.

Ese no fue el único hallazgo realizado por los equipos de Cerebiem. Aunque a simple vista no se notaba, al retirar algunos retintes (tintura sobre la original) que se habían hecho a la pieza, se descubrió que una de las piernas de Jesús estaba carbonizada. “Eso estaba oculto y no se ve en la radiografía, porque apareció hasta que se eliminaron los retintes. Llamamos a los encargados de la hermandad para informarles, vinieron y les mostramos el fragmento carbonizado”, detalló Barrientos. Al ver la pierna dañada, algunos de los miembros de la hermandad comenzaron a recordar que sus abuelos y bisabuelos les contaban sobre algún incidente relacionado con este daño, pero que había ocurrido hace mucho tiempo.

Las huellas de casi cinco siglos de existencia y las reparaciones emergentes que se hicieron en diversos momentos de su historia eran evidentes en la imagen. “Pudimos detectar también que en el trabajo del cuerpo había muchos fragmentos de madera”, explica Barrientos. Encontraron, además, que la imagen tuvo un ataque severo de carcoma. “Cuando nosotros eliminamos unas pastas que traía encima, esa sección que estaba picada por polilla, prácticamente lo que había ahí era como un corcho y se le habían hecho arreglos con madera de pino o ciprés y no de cedro”. Esas condiciones hicieron que la imagen estuviera débil estructuralmente. “Debieron hacerse reposiciones muy grandes de madera para darle estabilidad estructural”, asegura el jefe de Cerebiem.

Barrientos señala que, como sucedió con este imagen, en la que con la intención de reparar se hicieron intervenciones no acordes a los criterios de conservación, ha sucedido muchas veces, en las que las comunidades encargaban los trabajos a los artistas locales que no conocían las técnicas adecuadas, por lo que ponían en peligro el patrimonio, creyendo que lo estaban mejorando. Por lo que enfatiza en la necesidad de instruir a los encargados de las imágenes y estar conscientes de que cualquier intervención de piezas históricas debe ser autorizada por la Dirección General del Patrimonio Cultural.

Recientemente, Cerebiem también intervino la imagen de Jesús de la Humildad de la Catedral de San Marcos. En este caso, “la intervención incluyó un proceso integral de limpieza, corrección de color y atención a detalles estructurales. Asimismo, se realizaron mejoras en la postura para lograr una mayor proporción en la imagen”, según detalla el informe presentado al momento de la entrega a la hermandad encargada de la imagen que data del siglo XIX y representa el momento, cuando tras la flagelación Jesús cae abatido en busca de sus vestiduras.

Por los talleres de Cerebiem también han desfilado otras emblemáticas imágenes como Jesús de la Merced, al que Barrientos identifica como uno de los más arraigados en el imaginario no solo de los capitalinos, sino de todo el país y cuya veneración trasciende fronteras. Además de Jesús de los Milagros, de San José; las dos imágenes de la iglesia de La Recolección: Jesús Nazareno del Consuelo y El Señor Sepultado; Jesús Nazareno de la Parroquia de la zona 6; el Cristo Yaciente del Calvario; Jesús Nazareno de la Indulgencia, de las Beatas de Belén, y Jesús Nazareno del Rescate de Santa Teresa, entre otras.

Del diagnóstico a la restauración

Barrientos explica que en cuanto a las restauraciones que se realizan en Cerebiem no existe un solo proceso, porque cada imagen presenta distintos retos y necesidades. Sin embargo, sí hay procedimientos que se siguen regularmente en cada uno de los casos. “Normalmente hay acercamientos previos con las comunidades cofradías o hermandades… A partir de ahí se realiza un trabajo administrativo y se va a hacer una primera evaluación de la imagen, y a partir de entonces, hacemos el diagnóstico general de los daños que pudiera presentar o del estado de conservación de la obra, en ese momento”.

Después, de esa evaluación inicial, se llena un formulario y comienza el diagnóstico más profundo. “Hacemos análisis, tomografías, radiografías, pruebas con luz ultravioleta y con reflectivos. Vamos llenando toda la parte científica de la restauración para sustentar bien la intervención, para que sepamos bien cuál es el nivel de daño y cuál es el tratamiento que se le va a dar”, detalla el experto.

Los procesos de restauración incluyen trabajos en madera, pintura y hierro. Fotos: Ministerio de Cultura y Deportes

Como si se tratara de un paciente humano, se realizan propuestas de tratamiento y se establece un cronograma. Barrientos asegura que, regularmente, las obras ingresan en los días de la Pascua. “Tenemos a partir de la Pascua, hasta la Cuaresma del próximo año para trabajar. “Son entre 10 y 11 meses para intervenir las imágenes con tiempos controlados, sin acelerar los procesos, porque hay materiales que requieren tiempos específicos de secado que, si se apresuran, más adelante pueden repercutir en otro tipo de daños”, explica.

Cumplir con los plazos fijados es prioridad para los equipos, porque como hace notar, “no podemos decirle a una hermandad o comunidad que su procesión no podrá salir en procesión, por ejemplo”. Ese compromiso que se adquiere ha requerido muchas veces que los equipos trabajen hasta la madrugada, refiere el jefe del departamento.

Uno de los pasos importantes en la evaluación es detectar el tipo de soporte (material base) en los que está construida la escultura. «En Guatemala tenemos distintos tipos de soportes y los hemos ido detectando en las diferentes regiones de la república. La mayoría de imaginería que salió del centro de Guatemala, que eran por decirlo así de primer orden, están hechas con soporte de cedro. Pero existían otras provincias que tenían sus imagineros que eran más primarios y utilizaban materiales que se daban en la región, además de no tenían los recursos. Hemos encontrado imágenes con soporte de pino, ciprés o pasta de tuza», expone.

En cuanto al tratamiento de la escultura religiosa, se cuenta con el taller de escultura policromada y en él hay un área técnica de madera donde se trabaja el tema estructural de las imágenes, ensambles, el soporte, reposición de faltantes de acuerdo a cómo esté internamente la imagen.

Luego de hacer el trabajo de madera que implica escultura y tallado, la pieza es trasladada al área donde están los restauradores propiamente, que son personas que han cursado la carrera de Técnico en restauración de bienes muebles en la Universidad de San Carlos. “En esa área se trabajan las otras secciones de la imagen. Realizan el resanado (proceso de reparar desperfectos, grietas u orificios en superficies) donde hay faltantes de policromía. Se aplica una base con un material que se ha utilizado desde la época hispánica, luego se pule hasta llegar al nivel de la policromía. Otros compañeros trabajan la integración cromática y el encarnado en las áreas puntuales donde se hicieron esas reposiciones de faltantes”, detalla.

Para cada proceso, se tienen previstos los materiales que se utilizan. “Tenemos un presupuesto asignado anualmente y lo empleamos en gastos de los materiales con los que están conformadas las imágenes: madera de cedro, óleos, carbonato de calcio (pasta para hacer resanes), cola animal, entre otros. Son materiales que se han venido utilizando en la escuela de la imaginería guatemalteca desde la Época Colonial”, advierte.

Señala que hay elementos que son más difíciles de conseguir, uno de ellos es la vejiga urinaria de carnero, que se utiliza después de aplicar los óleos para pulirlos y borrar las huellas del pincel durante el proceso del encarnado. “Es un proceso que se utiliza desde los años 1600 y ese insumo no tiene código, por lo que nos toca asumir ese gasto, que afortunadamente no es alto”, asegura. Además, esas vejigas de carnero no se encuentran en la capital porque en esta área del país no hay rastros de carnero, así que deben acudir a San Marcos o Quetzaltenango, y a través de contactos adquirirlas. Luego, los mismos restauradores las limpian y preparan para utilizarlas. Este es un gasto excepcional, porque como indica el restaurador, puede llegar a durar hasta diez años.

Todos los procesos tienen el acompañamiento de un restaurador que dirige el proyecto en general, según explica Barrientos.

Aunque los procesos establecidos y cronogramas suelen ser respetados, ha habido casos en los que Cerebiem ha debido intervenir por emergencias. Uno de ellos, se dio cuando en 2014, Jesús de los Milagros de San José debió recorrer varias cuadras de su cortejo procesional sin cruz, debido a que el peso de este elemento afectó la estructura de la imagen. En esa ocasión, durante la procesión se sustituyó la cruz, por otra más liviana, pero luego, la imagen debió ser restaurada para reforzar su estructura.

Un “Cireneo” metálico

Con el paso de los años, algunas condiciones en las que se encuentran las imágenes han ido cambiando y los restauradores han debido adaptarse a ellas. Según explica el jefe de Cerebiem, las cruces que cargan los nazarenos son muchas veces muy pesadas y las esculturas corrían el riesgo de colapsar. Debido a eso, en la actualidad, en los equipos de restauración también se cuenta con un especialista que se dedica a hacer una estructura metálica a la medida del nazareno para que no sea la escultura como tal la que cargue la cruz, sino que este elemento se recargue en esa armazón metálica.

Este tipo de refuerzo se hace necesario, sobre todo para los nazarenos que van sobre las andas procesionales de la actualidad que no solo son mucho más grandes y pesadas, sino que, además, tienen mucho más movimiento. “Antes los muebles eran más pequeños. El movimiento era más sutil porque solo se cargaba la imagen y flores. Ahora son exageradamente grandes y le ponen adornos. Los muebles son muy pesados, y a veces los cargadores hacen movimientos fuertes que afectan la imagen”, detalla.

Acompañamiento y responsabilidad

Tener en las manos la vida de las valiosas piezas que se encarga a un restaurador es mucha responsabilidad. Por ello, se requiere contar con el entendimiento de los procesos a seguir y al momento de la conclusión de los trabajos, que queden claras las acciones que se han llevado a cabo. “Siempre hemos tratado de hacer una reseña de todos los procesos que se hicieron y por qué se hicieron. Nos ha ayudado mucho la herramienta de las redes sociales donde se han mostrado los avances”, asegura Barrientos.

El jefe de Cerebiem indica que durante los meses que dura cada restauración hay acercamientos con las hermandades o comunidades. “Procuramos que vayan viendo de cerca los procesos. Que la junta directiva venga y sea el enlace con la comunidad y se lleven la información. Se les explica qué daños presenta la imagen, cuáles serán las formas de revertirlos y los cuidados que deben darle, posterior a la restauración”, enfatiza.

Indica que, incluso, al momento de hacer la entrega de la pieza se brindan recomendaciones de los cuidados de la imagen. “Es importante que se vaya cultivando dentro de la población, las cofradías y hermandades la cultura de la conservación. No es que nos vayamos a desligar. Estamos anuentes a la conservación de la imagen, pero ellos también tienen esa obligación de cuidar y preservar su imagen”.

Además, se hace una evaluación del espacio físico que ocupará la imagen. Incluso se hacen coordinaciones con el Departamento de Conservación y Restauración de Bienes Inmuebles (Decorbic) para evaluar los inmuebles. “Se ha encontrado que, en algunos casos es necesario que se trabajen temas de absorción de humedad o filtraciones en las techumbres”, refiere. «Buscamos que nuestras restauraciones por lo menos prevalezcan durante más de 50 años», agrega el experto.

Joyas inigualables

El trabajo de restauración es relevante desde el punto de vista cultural. La devoción y el fervor que despiertan las imágenes sacras durante la Cuaresma y la Semana Santa en Guatemala no solo tienen que ver con factores espirituales y religiosos. La belleza y fuerza expresiva de esas piezas artísticas, muchas de ellas con siglos de existencia, también contribuyen a conmover a los fieles que las observan sobre las andas durante las procesiones o en los altares, tanto dentro de las iglesias como en espacios particulares.

La imaginería guatemalteca, y especialmente la escultura que se desarrolló entre los siglos XVI y XVIII en el país, es una de las más relevantes del continente americano. La iglesia cumplió un papel de mecenas en cuanto al arte, especialmente a la escultura.

El Museo Popol Vuh, a través de su página oficial señala que la imaginería que se produjo en ese período en el país incluye ejemplos de los estilos renacentista, barroco y neoclásico. Añade que Guatemala fue un centro de producción artística importante, que desarrolló sus propios estilos y formas de expresión. «La imaginería y la platería de Guatemala fueron muy apreciadas a lo largo del Nuevo Mundo, y se encuentran ejemplos importantes incluso en algunas iglesias de España”, destaca.

Barrientos enfatiza en la importancia que tuvo Guatemala en este tipo de arte.  “Encontramos imagenería hecha en el centro de Guatemala, específicamente en la Ciudad de Santiago de Guatemala (hoy la Antigua Guatemala) desde el Sur de México hasta Costa Rica”, afirma el experto.

“Santiago era la ciudad que se dedicaba a esa producción de imaginería y era la capital del Reino de Guatemala, en donde también había ciudades importantes como Granada, San Salvador y Chiapas”, detalla. Pero las obras realizadas en este territorio no solo se extendieron por los ahora países vecinos. Porque, “incluso hemos encontrado imaginería de Guatemala en las Islas Canarias. Porque cuando los barcos salían del Reino de Guatemala, por el Puerto de Omoa en Honduras, la primera parada era en Canarias. No se iban directo a la Península”, asegura Barrientos. Esto último lo confirma el investigador canario Pablo Francisco Amador Marrero, en la conferencia El acervo de imaginería guatemalteca: una mirada tangencial, ofrecida en el Museo Amparo, de Puebla México.

El valor de las piezas artísticas que han sobrevivido y que se conservan en el ámbito de los templos va más allá de lo material. Se constituye como parte de la identidad y del patrimonio del país. Es por ello, que su preservación y conservación tiene importancia para el Estado.

El origen de Cerebiem

Cerebiem nació en 1977. En ese entonces Guatemala acababa de experimentar uno de sus terremotos más destructivos y ya en el mundo se había despertado la inquietud por la preservación del patrimonio cultural, luego de la destrucción provocada por las dos guerras mundiales.

En el país, hacía poco más de 20 años, que en tiempos del gobierno de Juan José Arévalo se habían empezado a dar pasos para proteger el patrimonio. Sin embargo, al no haber un ente oficial encargado de restaurar, se perdían muchos bienes. “Somos un país en donde muchas de las cuestiones geológicas afectan el día a día. Los terremotos han marcado época en nuestra historia y muchas veces, hasta antes de 1976, no había una ordenanza que rigiera el patrimonio. Ha habido gran cantidad de movimientos sísmicos que han afectado el patrimonio, y anteriormente, si algo que se dañaba mucho se desechaba y era sustituido con algo nuevo”, detalla Barrientos.

Cerebiem y sus iniciadores, poco a poco fueron despertando la conciencia de la iglesia y otros depositarios de obras de arte del valor histórico y patrimonial de las piezas, y de la posibilidad de restaurar y conservar, a través de distintas tecnologías.

“La misión de Cerebiem es ser el ente regidor adscrito a la Dirección General de Patrimonio Cultural y Natural que va a resguardar, conservar y restaurar los bienes muebles que pertenecen tanto al Estado de Guatemala como a actores privados, por ejemplo, tenemos mucha cercanía con el arte religioso, por ende hemos estado trabajando estos casi 50 años muy cercanos a las comunidades, hermandades y cofradías del universo de la iglesia católica”.

“Lo que se conserva hasta el día de hoy que viene de siglos anteriores son joyas que vale la pena asegurar y restaurar. Más allá de lo tangible evoca el tema intangible”, declara el funcionario.

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