El cantautor español Joan Manuel Serrat, durante la charla que sostuvo con el escritor Sergio Ramírez, la noche de inauguración de Centroamérica Cuenta. Foto: Carlos Alonzo/eP Investiga
El cantautor español Joan Manuel Serrat estuvo en Guatemala para la inauguración del festival Centroamérica Cuenta 2025, el cual se realizó en nuestro país del 19 al 24 de mayo del presente año. Participó el martes 20 de mayo en una conversación con el escritor nicaragüense Sergio Ramírez, titulada Joan Manuel Serrat: escribir para cantarlo, llevada a cabo en el antiguo Cine Lux, hoy Teatro Lux y sede del Centro Cultural de España. El fin de semana anterior, Serrat visitó el Parque Nacional Tikal en compañía de su esposa, Candela Tiffón; del escritor colombiano Juan Gabriel Vásquez y la esposa de éste, Mariana Vásquez, siendo guiados por la ministra de Cultura y Deportes Liwy Grazioso. Al ver las imágenes de la reciente estadía de Serrat en Guatemala me transporté a mi infancia porque el compositor y cantante nacido en Barcelona, España, el 27 de diciembre de 1943, forma parte integral de ella.

El festival Centroamérica Cuenta es el evento literario más importante del istmo centroamericano y se fundó en Managua, Nicaragua, en el 2013, habiendo sido Sergio Ramírez su principal promotor. Al involucrar directamente la literatura y otras artes como el cine, el teatro y la música, me ha hecho recordar mi niñez en la profunda relación que tuve en aquella etapa con los libros, los cuentos, la lectura de distintos textos en fuentes diversas, los cursos de Idioma Español y Estudios Sociales, mis predilectos en la primaria, y la pasión con que fui adentrándome en el mundo de las humanidades gracias a mi padre, a mi madre y al Colegio San José de los Infantes, donde estudié. Dentro de esa construcción fundamental de buena parte de mi humanidad estaban la música y las canciones de Joan Manuel Serrat, por lo que ver en un festival literario al artista catalán no hizo otra cosa que potenciar el recuerdo prístino, claro, feliz y hasta nostálgico de mi yo niño. En esa etapa, mis lecturas y Serrat, junto a otros elementos, fueron despertando el gusto profundo por la historia, sin saber que un día me convertiría en historiador y antropólogo. No tenía noción de lo que eran las ciencias sociales conceptualmente hablando, pero ya me rodeaban y me recorrían, igual que yo a ellas. Mi papá y mi mamá eran el conductor y la conductora principales, con mucha música que era más que compañía sonora, ya que era parte central de la formación, estando la de Joan Manuel Serrat en primera línea. En la casa de mi infancia, ubicada en la zona 2 de la Ciudad de Guatemala dentro del inolvidable barrio de Jocotenango, en las cercanías del llamado en aquel entonces Parque Morazán, a finales de los años 70 y durante los 80, no teníamos reproductor de discos, pero sí una grabadora, que era suficiente para disfrutar de la música. Estaba pegadita a la gran biblioteca que era uno de nuestros mayores tesoros familiares: entre libros, revistas, anuarios, álbumes, folletos, periódicos, enciclopedias, textos escolares y académicos, sonaba Serrat como uno de los cantantes que más recuerdo y asocio con aquellos días. Por supuesto que se escuchaban otros y otras, pero Serrat es un sello que se ha quedado en mi memoria en el sentido de cómo recuerdo esa etapa. Los nombres de los casetes no se me han olvidado. El casete de La Paloma, con canciones como “Tu nombre me sabe a yerba” y “Poco antes de que den las diez”; el Dedicado a Antonio Machado poeta, con poemas del célebre sevillano miembro de la Generación del 98, musicalizados por Serrat, siendo el más conocido “Cantares” (“Golpe a golpe, verso a verso”), y que también incluía “La saeta”, que me ha marcado en mi identidad de cucurucho de Semana Santa; el de Mi Niñez, con temas como “Fiesta”, “Señora” y “De cartón piedra”; el Mediterráneo, cuya hermosa composición principal le daba el nombre al disco y tenía otras que se hicieron famosas como “Aquellas pequeñas cosas”, “La mujer que yo quiero”, “Lucía” y “Vencidos”, esta última un poema del gran León Felipe. El casete Miguel Hernández, que era todo un homenaje al mayúsculo poeta revolucionario muerto como preso político del régimen franquista en la prisión de Alicante, el 28 de marzo de 1942, a sus treinta y un años, fue decisivo en mi toma de conciencia con transcendentales canciones que eran poemas de Hernández: “Elegía”, “Para la libertad”, “Canción última” y “Llegó con tres heridas” están siempre en mis letras predilectas. Sin embargo, “Nanas de la cebolla” estará más allá de todas las demás y no puedo escucharla, cantarla o pensarla sin que se forme un nudo en la garganta que me alcanza el alma dentro del corazón. Del casete Para vivir recuerdo canciones como “Romance de Curro El Palmo”, “Decir amigo” y “Canción infantil… para despertar a una paloma morena de tres primaveras”. Y un álbum que me marcó, aunque siempre lo escuché durante mi infancia en casete, fue El sur también existe, que eran poemas del escritor uruguayo Mario Benedetti, musicalizados por Serrat, siendo todos ellos importantes para mi aprendizaje ideológico, sobre todo el poema-canción que le dio el nombre al disco.
Joan Manuel Serrat era cantante de protesta y denuncia, pero al mismo tiempo de lo cotidiano vuelto sumamente hondo en el humanismo. Y debido a que mi hogar era así, Serrat fue el más amplio e integral de esos geniales músicos y de aquellas importantes músicas que acompañaron mi infancia, edad en la que construí buena parte de lo que soy. Por ello fue por lo que llegué a la Universidad de San Carlos en 1993, con 17 años, entonando, entre otras, canciones de Joan Manuel Serrat, encontrando ecos en inolvidables compañeros y compañeras que se convirtieron en amistades de abrazo y luchas, dándole más sentido al cantautor catalán. En esa niñez donde nació un amor insondable por el fútbol, Serrat también fue importante en este rubro porque me reafirmó la afición por el F. C. Barcelona, que aprendí a querer viendo jugar a mi querido Diego Armando Maradona en uno que otro partido del campeonato español que transmitían de vez en cuando por la televisión nacional. Para mí, el Mundial de Fútbol de México 86 fue el mejor que he vivido, y esa Copa del Mundo tiene el nombre de Maradona, que está conectado inevitablemente con esos recuerdos del Barcelona, aunque el astro argentino ya no jugara en dicho equipo para el Mundial de México. Así, mi Campeonato Mundial de Fútbol predilecto de una u otra manera me conecta con Serrat también: por Maradona, por los años 80 y porque el genial cantautor catalán sonaba precisamente en el apartamento donde fui feliz entre su música, el fútbol de México 86, las letras, los aprendizajes, la familia, los amigos y los sueños. Estoy seguro que así como en mi historia, en las de varias otras personas está Serrat como coadyuvante en la formación integral de sus conciencias y sus espíritus, en esos años 70 y 80 de Guatemala, los cuales, a pesar de tantas dificultades, expresaban múltiples esperanzas y utopías.
Tags: Centroamérica Cuenta Diego Armando Maradona Joan Manuel Serrat Portada Sergio Ramírez








