Gaza, el nuevo Auschwitz

Hoy, podemos decir que frente al nuevo Auschwitz que los gobernantes sionistas del Estado de Israel han construido en Gaza, la humanidad decente y democrática tiene, al contrario de lo que pidió Adorno, el deber moral imperativo de “escribir sin cesar poesía”.

Camilo García Giraldo

julio 27, 2025 - Actualizado julio 26, 2025

Walter Benjamin dijo que “Todo documento de la civilización es al mismo tiempo un documento de la barbarie”. Y, tenía razón, cuando se piensa en el campo de concentración y exterminio masivo de Auschwitz, situado en medio de la civilización moderna, que los nazis construyeron en 1939 en Polonia. Fue el lugar en donde los nazis le quitaron la vida en cámaras de gas a más de un millón de personas, hombres, mujeres y niños inocentes, el 90% de los cuales fueron judíos es sin lugar a dudas un símbolo de la barbarie moderna, y uno de los mayores de toda la historia humanidad. Los judíos europeos, que murieron allí no solo eran los descendientes de la diáspora que realizaron muchos de sus antepasados al abandonar las tierras de Judea, que habitaban hace casi 2,000 años, sino también, del pueblo Jázaro, un pueblo oriental que durante el Medioevo emigró a los países de Europa central y oriental y se judaizó, se convirtió a la religión judía, y de miembros de pueblos europeos que también se judaizaron en el curso de la historia.

Recordar sus vidas, injusta y bárbaramente sacrificadas, por el poder nazi en este siniestro lugar es el mejor modo de revivirlos en nuestros espíritus y condenar esa acción de extermino. Pero, también un modo esencial de enseñarles a las nuevas generaciones de lo que son capaces los líderes de un poder político-armado cuando enceguecidos y dominados irracionalmente por el odio, por el deseo de muerte, contra un determinado pueblo o contra un grupo específico de personas inermes e indefensas, sin medios de poder, se entregan desenfrenadamente, sin límites, a realizarlo.

Y, debe servirnos también  para exigir perentoriamente a los gobernantes actuales del Estado de Israel de no seguir matando palestinos civiles, niños, mujeres y hombres en cada operación militar que realizan en sus territorios, que son hasta ahora cerca de 60,000, y en el deber de reconocer los derechos plenos del pueblo palestino, comenzando por el de construir su propio Estado en el territorio establecido por la organización de las Naciones Unidades en diversas resoluciones promulgadas desde el fin de la guerra de 6 días en 1967, es decir, en Gaza, toda Cisjordania y Jerusalén oriental. Es decir, que dejen de obrar como los nazis que masacraron en las cámaras de gas a sus antepasados europeos, y de convertir a la franja de Gaza en un nuevo Auschwitz.

Adorno, sostuvo que después de Auschwitz “no se puede volver a escribir poesía”. En efecto, este acto de barbarie realizado por los nazis fue tan grande, avasallador y destructivo que parecía borrar o negar totalmente la posibilidad para los hombres, o por lo menos, para los alemanes de la época de seguir creando obras poéticas y culturales. Pues, con este acto los nazis no solo habían acabado con la vida de esos millones de judíos, sino también, habían puesto en cuestión de manera severa la capacidad de las ricas y múltiples obras culturales, poéticas, literarias, musicales y filosóficas alemanas cargadas de gran humanismo, de haberlo contenido o evitado. Por eso, este documento de la barbarie no es solo un documento de la civilización moderna, sino también, y, sobre todo, una prueba de que esta civilización, o por lo menos, una parte de ella encarnada en las grandes obras culturales alemanas, fue incapaz de haber impedido esta bárbara y masiva destrucción de vidas humanas.

Incapacidad que se debió a que los nazis renunciaron clara y tajantemente al contenido humanista que encierran, renegaron sin tapujos de este valor que tienen y que las hace trascendentales. Pero, también al hecho que las obras culturales poseen un poder principalmente simbólico menos efectivo que el poder de los aparatos armados concentrados en los Estados; y más aún en un Estado como el dirigido por los nazis que se propuso como objetivo central de su actividad exterminar a los miembros de un pueblo indefenso que odiaban y consideraban inferior, y que había contaminado y dañado con su “inferioridad humana y cultural la grandeza y pureza racial y cultural del pueblo ario-alemán”.

Hoy, podemos decir que frente al nuevo Auschwitz que los gobernantes sionistas del Estado de Israel han construido en Gaza, la humanidad decente y democrática tiene, al contrario de lo que pidió Adorno, el deber moral imperativo de “escribir sin cesar poesía”. Es decir, de hablar y escribir sin pausa sobre la realidad de este nuevo holocausto que, irónica y paradójicamente, los descendientes de los sobrevivientes del holocausto nazi, están llevando a cabo en este territorio palestino.

Pues, toda palabra verbal o escrita que hable contra cualquier acto de barbarie que lleven a cabo los seres humanos tiene un valor humano-cultural de nombrarlo y mostrarlo como lo que realmente es, como un acto de barbarie de hombres que han perdido su humanidad, de individuos que no solo dañan y destruyen la existencia de sus víctimas inocentes, sino también, la suya propia.  Pues, unos seres humanos que matan a otros inocentes e inermes, se “matan” a sí mismos, pierden todos los atributos morales que dan y forman la auténtica y verdadera condición humana. Por eso, hoy la mayor contribución que puede hacer la poesía en el mundo, es decir, la palabra bien hecha y formada, es la de nombrar sin fin este acto de barbarie para que toda la humanidad lo reconozca como tal, repudiándolo y condenándolo. 

Sin embargo, este poder de la palabra nombrando este genocidio atroz no es suficiente para detenerlo. Se requiere con urgencia que los Estados que lo nombran y denuncian, tomen medidas concretas contra el Estado de Israel, como suspender todo intercambio comercial  y de armas con él, suspender la venta de recursos energéticos que necesita como el petróleo, el carbón y el gas, para mantener en funcionamiento su máquina militar de exterminio, y movilizar una gran flotilla de barcos con la bandera de sus Estados con los alimentos y medicamentos que urgentemente necesita la población de Gaza. Serían acciones eficaces que podrían obligar finalmente al Estado sionista de Israel, con Netanyahu a la cabeza, a terminar con este nuevo Auschwitz que han construido en los últimos tres años con el total apoyo de los Estados Unidos, y de la mayor parte de los países de la Unión Europea.

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