“El Árbol del Mundo es un mito arquetípico, porque es un concepto fundacional que es recurrente en muchas culturas. Está presente en el Popol Vuh, en donde el Árbol del mundo es prácticamente, Axis mundi (eje del mundo) que conecta varios niveles de existencia, pero también en las narraciones iraníes, judaico-cristianas y otras”, afirma el curador italiano Eugenio Viola para explicar el porqué del nombre de la 24 Bienal de Arte Paiz, que se inauguró el 6 de noviembre y que brindará la oportunidad de apreciar piezas de arte contemporáneo de 46 artistas provenientes de los cinco continentes hasta el 15 de febrero de 2026.

Los exponentes del arte, según Viola, “crean una metáfora de los sueños, las aspiraciones, de los problemas y conflictos que suceden en nuestro presente. El Árbol del Mundo somos nosotros, porque todos somos unas hojas de este árbol”, añade el experto, quien destaca la importancia que la Bienal de Arte Paiz tiene para la cultura en el mundo. “Es la sexta bienal más antigua del mundo y la segunda más antigua del continente latinoamericano y un gran evento internacional que presenta propuestas artísticas cada dos años”, enfatiza.
El curador ofreció una entrevista durante la primera jornada de pre-inauguración de la muestra, en la sede ubicada la Casa de la Moneda del Centro Cultural Real Palacio de los Capitanes Generales, el mismo edificio donde funciona el Museo Nacional de Arte de Guatemala (MUNAG). En ese espacio se exhibe el trabajo de 16 de los 46 artistas participantes y según Viola, es bastante representativo del contenido de toda la muestra.
“Hay obras de los más jóvenes de la bienal hasta de algunos artistas más importantes de la escena internacional”, refiere el curador. “Nos hablan de sueños aspiraciones, criticidades y conflictos de nuestro presente incierto”. Viola se refirió a la pieza Intifada: los rizomas interminables de la revolución, del artista franco angelino Kadder Attiala, de quien dijo: “siempre trabaja en su obra el concepto de trauma histórico”. Sobre la pieza presentada en esta bienal refiere: “esta es un himno a la potencia resiliente del arte y la natura de continuar siempre. El poder regenerativo del arte es uno de los ejes temáticos principales que sostienen, sustentan y nutren nuestra exposición”, añadió.

También mencionó la obra Futuros invisibles, de María Adela Díaz, quien visibiliza la crítica situación ambiental del lago de Amatitlán. Esta pieza está compuesta de 40 yardas de tela impresas con cianobacteria que habita actualmente en ese cuerpo acuático.

El curador especificó que, de los 46 artistas, 31 presentan obras nuevas comisionadas por la bienal. “En esta ocasión todas las obras son concebidas como instalaciones ambientales para reaccionar con el tema curatorial y con el contexto histórico y arquitectónico donde están exhibidas”, especifica.
Las otras sedes en la Antigua
El recorrido previo a la inauguración de la bienal en la Antigua Guatemala incluyó también la sede de La Nueva Fábrica, en donde se dio la bienvenida a los artistas, periodistas y expertos del arte que visitan el país.

Luego, se visitó el Museo de Arte Colonial, en donde se presentan dos propuestas. Una, Gambullaru, del artista australiano D. Harding, en la que se conecta con la estética y la cultura de los pueblos aborígenes del centro de Queensland, Australia.

Además, en ese museo en el que funcionó originalmente la Universidad de San Carlos, también se exhibe la pieza Sudario No.1, del artista italiano Gian Maria Tosatti, quien contó que para la elaboración de este trabajo visitó diversas áreas de Guatemala, durante un mes, dividido en dos períodos de dos semanas. “He entrevistado mucha gente y he estudiado la historia del país y el sentido del país”.

Su pieza está compuesta por una lámina que retrata la escasez de recursos que presentan algunas áreas del país. Un elemento en color índigo, que refleja la conexión de Guatemala con el arte europeo, ya que este pigmento se producía en el país hasta que las prácticas extractivas del neocolonialismo estadounidense destruyeron las condiciones para esos cultivos e impusieron plantaciones de bananos y café, entre otras.
Además, Tosatti hace referencia a las mariposas Morpho, que eran propias de Guatemala, pero que ahora se encuentran en toda Centroamérica menos en el país. Tosatti añade que en la pieza incluye un tejido en el que a través de manchas de óxido retrata sangre humana, debido a que muchos de sus entrevistados le hablaron de la violencia que ha sufrido el país.
Otra de las sedes que se visitó fue el Centro de Formación de la Cooperación Española en donde, entre otras piezas se mostró el trabajo conjunto de la artista argentina Ana Gallardo y la guatemalteca María Us, titulado Los bordes de la lengua cosen un camino dentro del agua.

Gallardo relata que desde hace varios años ha trabajado en conjunto con Us, a quien identifica como amiga. “Hemos entablado una relación desde la construcción y la reconstrucción de nuestras memorias de los años 80 en Guatemala. Nos encontramos para poder hablar de esos temas. Ella es una mujer k’iche y hemos construido una obra en común, conversando sobre el fracaso de las utopías en Latinoamérica”.

La artista afirma que la pieza que presentan marca el final de esa narrativa que han construido durante los años. En ella, muestran un paisaje dibujado con carboncillo que presenta una grieta, que es como una herida, que recorre desde el sur de América hasta el norte de México, intervenido con barro que simula un río. “Todo este paisaje compone un cuerpo hecho de cuerpos. De una memoria con la que yo decido conversar. Sobre todo, son cuerpos de mujeres latinoamericanas. También contiene un audio que grabamos con María Us y otra mujer, amiga de ella, que hablan una en k’aqchikel y otra en k’iche. Cantan una canción y una le enseña a la otra cómo cantar una canción que tiene que ver con la memoria, cómo recordar y qué recordar. La importancia que tiene el paisaje para no olvidar a quienes ya no están”, describe.
En esta misma sede se encuentra la instalación Mundo interpretado para piano, de Glenda León. La pieza se compone por el instrumento y pequeñas partituras en Braille que cuelgan a su alrededor. Para esta pre-inauguración se invitó a la joven artista Yahaira Tubac que interpretara en el piano estas partituras. Tubac explicó que la obra musical es la repetición del nombre de Dios en distintos idiomas y que originalmente la obra estaba escrita en braille.

En el antiguo convento de La Recolección, que es la quinta sede de la bienal en la Antigua Guatemala se escenificó el performance Kite.
El martes 5 se realizó el recorrido por las sedes ubicadas en la capital. Una de ellas es el Centro Cultural de España, en donde una de las piezas es la presentada por la cineasta y artista visual Verónica Riedel, quien asegura que esta es la mejor de las bienales Paiz a las que ha asistido. Aplaude la elección de Eugenio Viola como curador. “Es una persona muy especial. Es sumamente amoroso y visionario… mucha gente lo quiere internacionalmente, entonces todos estos artistas muy conocidos y fuertes en la escena internacional aceptaron venir al país”.

La obra de Verónica Riedel, El tejido del silencio, es un llamado para emprender acciones en favor del lago de Atitlán. Su trabajo requirió de una investigación. “Me fui a vivir seis meses a orillas del lago. Hablé con biólogos, con Amigos del Lago y organizaciones del tul”. Quiso ser parte de todo para comprender exactamente lo que sucede. En la muestra se puede observar en una pared donde se explica el estudio científico, hay un video arte. “Estuve trabajando con el algo invasora que es la hidrilla que llegó en una lancha hace 30 años. En un segundo pobló todo el lago. Se tragó las hierbas nativas que eran lo que le daban vida a la fauna. Además, metieron a la lubina que se comió al pez blanco”, explica.
Riedel añade que en su investigación pudo percatarse que la cianobacteria no es exactamente «la mala». “Sale a la luz cuando todo está muy mal en un cuerpo de agua. Cuando se pone morada es cuando es tóxica y salió en el lago en 2009. Ya no ha vuelto a aparecer, pero no quiere decir que la situación haya mejorado”, añade.
Durante la jornada inicial de la bienal, uno de los actos más impactantes fue la presentación del performance de Regina José Galindo, Yo me siento libre, a través del cual la artista del performance le dio voz a José Rubén Zamora.

Galindo señaló que ella ya no participa normalmente en la Bienal de Arte Paiz porque tiene otros muchos espacios a través de los cuales puede expresarse y le parecía que su lugar podía ocuparlo otro artista guatemalteco emergente. Sin embargo, su cercanía con Eugenio Viola, con quien ha trabajado en anteriores ocasiones, la hicieron aceptar. Además, le pareció interesante poder lanzar el potente mensaje de Zamora, desde una plataforma como la Bienal de Arte Paiz.



















