Monumento a Lorenzo Montúfar. Foto: Municipalidad de Guatemala
Al pasear por la Avenida Reforma al amanecer se respira el agradable aroma de los árboles y de la grama. Al detenerse en la calle Montúfar o doce calle está la gran estatua hecha en bronce de un señor gordo sentado, que la mayoría de conductores de vehículos ignora de quién se trata. Los que creen saberlo expresan que tal vez se trata del poeta José Batres Montufar, pero no es así, pues el que está allí es don Lorenzo Montúfar, un olvidado ideólogo del “liberalismo” y “progresismo”, descendiente del conquistador Jorge de Alvarado, hermano de don Pedro, de madre mexicana, que el mismo Justo Rufino Barrios nombró como su canciller y que, en buena hora, renunció a su cargo porque en las negociaciones de 1883 sobre límites con México, cuando Barrios le regaló alrededor de diez mil kilómetros cuadrados al país vecino. Don Lorenzo era de la misma generación de José Milla pero, contrario a este, detestaba a Rafael Carrera.
En 1849 se pasaron al lado del presidente salvadoreño Doroteo Vasconcelos que pronto invadió Guatemala y fue defendida por su comandante militar Rafael Carrera, cuyas milicias habían disuelto el renacido Estado de los Altos, y que Vasconcelos apoyaba. Carrera pasó Los Altos de nuevo a jurisdicción de Guatemala. En 1851 Vasconcelos perdió en la batalla de La Arada en 1851 y Guatemala se consolidó con su territorio actual.
Los monumentos en la muy ancha Avenida Reforma, construida por José María Reina Barrios en 1894, forman parte de la historia oficial de las dictaduras liberales de Barrios a Jorge Ubico. Aún no hay ningún monumento que recuerde el legado de Juan José Arévalo y Jacobo Árbenz, y eso habría que hacerse en la Avenida Las Américas. Hay que cambiar de nombre al bulevar Liberación, por el bulevar José Batres, que Milla tiene ya el suyo, porque aquel resalta la victoria que obtuvo la CIA y su títere Castillo Armas en 1954 contra nuestra democracia. Tampoco hay un monumento alguno que resalte a las altas figuras literarias de José Milla y Vidaurre y de José Batres Montúfar, quizás porque eran “conservadores” a pesar de ser las figuras señeras de nuestra narrativa y poesía, admirados por todos los guatemaltecos. En avenida Reforma solo se resalta la estatua de Miguel Ángel Asturias, que no era ningún liberal, pero que ha sufrido el vandalismo como la estatua de Reina Barrios que perdió su cabeza y nuestra municipalidad debe ponerla en su lugar.
En torno al nuevo monumento de Miguel Ángel Asturias propuesto para que ocupe un lugar central en el Teatro Nacional que lleva su nombre, se supo que fue anulado el concurso de monumento, lo que ha sido un escándalo, y no hay excusa posible para justificar a un ineficiente Ministerio de Cultura y Deportes por tal error. También por que los restos de nuestro Premio Nobel debieron haber llegado a Guatemala hace meses y no han llegado aún, a pesar de las arduas gestiones de Sandino Asturias, su nieto, por errores de ese Despacho. Me consta que nuestro Nobel dijo que sus restos quería que volvieran a Guatemala “solo cuando hubiera un gobierno democrático” y vale la pena que vengan para ayudar a consolidar nuestra frágil democracia.
Para enmendar yerros y olvidos más valdría hacer un monumento también al poeta Batres Montúfar y al novelista José Milla Vidaurre, para hacerles justicia. Y mejor si estuvieran los tres juntos en el Teatro Nacional.
Nuestro ineficiente Ministerio de Cultura debe cambiar para que dé mayor promoción a la diversidad cultural y a la integración regional. Debe hacer de Radio Faro un foco de música clásica sin programas vulgares de radioteatro ni locutores que absorban el tiempo que el escucha para relajarse. Un ministerio que fortalezca las políticas de protección del patrimonio cultural y fomente la participación ciudadana en la gestión cultural. Y, en colaboración con las municipalidades y organizaciones de la sociedad civil, lleve cultura a todas las comunidades, en especial a las más alejadas. Debe crear espacios de diálogo y consulta para que la ciudadanía participe activamente en las políticas culturales y en la gestión de proyectos culturales. Promover la diversidad cultural valorando las expresiones culturales de los pueblos precolombinos y afrodescendientes. Proteger el patrimonio cultural y luche contra el tráfico ilícito de bienes culturales. Y ser parte de las redes culturales que faciliten la circulación de artistas, creadores, obras y conocimientos entre los países de la región.
Adaptar las políticas culturales a la era digital, aprovechando las nuevas tecnologías para difundir la cultura y promover la participación ciudadana.
Entretanto, hagamos de la lectura una campaña nacional empezando por festejar a nuestros literatos de ayer, de hoy y de mañana asistiendo a la feria de libros FILGUA que arrancará la primera semana de julio entrante.
Tags: José Batres Montúfar Juan José Arévalo Lorenzo Montúfar Miguel Ángel Asturias Portada








