Comparaciones entre Brasilia y el Centro Cívico de la Ciudad de Guatemala: estética integrada, arquitectura, funcionalismo y nación

En el caso del Centro Cívico de Guatemala no existe una sola plaza que reúna a las principales edificaciones, pero cada una posee la propia.

Mauricio José Chaulón Vélez

agosto 23, 2026 - Actualizado agosto 23, 2026

Si bien la idea del Centro Cívico de Guatemala nació durante el periodo revolucionario, específicamente en el gobierno del coronel Jacobo Árbenz Guzmán, desarrollándose las ideas de varios arquitectos y urbanistas nacionales que se habían formado en Estados Unidos, Europa y otros países de América Latina actualizándose en las corrientes modernistas, el proyecto se desarrolló a partir del gobierno de facto de Carlos Castillo Armas, convirtiéndose en un proceso que se extendió hasta los años 70.

Pero Brasilia fue una obra continua que no tuvo interrupciones y que duró 4 años, ocupando casi todo el periodo de Kubitschek. En el caso de Guatemala, los conflictos políticos a partir de 1954 no permitieron que el proyecto del Centro Cívico tuviese la continuidad que presentó Brasilia. Así mismo, a diferencia del brasileño, el Centro Cívico de Guatemala fue agregando ideas y elementos que en cada fase marcaron algunas distinciones con los planes originales. Brasilia se diseñó en su mayor parte en 1956 y las modificaciones posteriores han sido mínimas respecto al plan original.

De esa manera, Brasilia fue una influencia en los procesos de los años 60 y 70 que se trabajaron en el Centro Cívico de la Ciudad de Guatemala, contribuyendo a reforzar las ideas que los arquitectos, ingenieros y urbanistas guatemaltecos pusieron en práctica desde mediados de los años 50. La arquitectura moderna estadounidense aplicada en Nueva York, Chicago y otras ciudades del norte de Estados Unidos, así como las vanguardias de Le Corbusier, de la Escuela Bauhaus, del muralismo mexicano revolucionario, del cubismo, del dadaísmo, del surrealismo y de otras expresiones modernistas, fueron influencias tanto para el modernismo brasileño expresado en Brasilia como su proyecto más ambicioso y monumental, como para la arquitectura moderna de Guatemala representada en el Centro Cívico. En Brasil, los arquitectos como Niemeyer, Costa y Reidy lograron crear un movimiento propio, el modernismo radical brasileño, aunque influenciado con todas esas corrientes mencionadas, sin las cuales no hubiese sido posible.      

Brasilia contribuyó a proyectos como el del Centro Cívico en Guatemala para demostrar el avance en varios elementos: la utilización de materiales como el hormigón armado, la integración plástica como recurso factible en la modernidad, la planificación urbanista en relación con la construcción de una obra de gran magnitud. Como se ha indicado, esto no quiere decir que los arquitectos y artistas plásticos guatemaltecos no supiesen esto y no lo habían aplicado en las primeras edificaciones del Centro Cívico, sino que debido a las condiciones en que se desarrolló el proyecto en la Ciudad de Guatemala robustecieron y legitimaron las ideas de quienes diseñaron en origen e hicieron posible este gran proyecto de la capital guatemalteca, habiendo obtenido de Brasilia una mayor inspiración y garantía de que sí era posible un trabajo de gran envergadura.

En América Latina, puede decirse que Brasilia es el centro cívico más grande, aunque no se denomine de esa manera; es decir, que el nombre centro cívico no se utiliza para referirse a Brasilia. Sin embargo, por sus características, es un centro cívico, el más grande en su género.

La construcción de sus edificios se proyecta a partir de lo que se denomina Eje Monumental o Gran Eje Monumental, que consiste en una gran avenida que al mismo tiempo que es una conexión entre la Plaza de los Tres Poderes y las redes de comunicaciones ferroviarias y de carreteras, constituye un espacio de organización espacial para la definición de los edificios, de movilidad y de estética visual.

Por lo tanto, el área central de Brasilia que sería su centro cívico más grande no está colocada en un solo cuadro. Esto tampoco sucede en el caso del Centro Cívico de Guatemala, ya que la obra no se encuentra en un solo espacio, como sí sucede en una Plaza Mayor de origen colonial o en el Centro Cívico de Bariloche. El Centro Cívico de la Ciudad de Guatemala contiene avenidas y calles por las que transitan peatones y vehículos, siendo estas la 6ª. avenida, la 7ª. avenida, la 8ª. avenida, la 9ª. avenida, la 21 calle, la 22 calle, la 24 calle y la calle Mateo Flores.

Aunque en Brasilia el proyecto implicaba hacer una nueva capital, lo cual requería que los edificios de gobierno como el Palacio Presidencial, el Palacio del Congreso Nacional, la Sede del Supremo Tribunal Federal de Brasil y la Residencia del Presidente debían ser nuevos y eran los tres poderes del Estado los que se trasladaban, en el caso del Centro Cívico de Guatemala no se trataba de hacer una nueva sede capitalina pero sí otorgarles a varias instituciones de gobierno nuevas edificaciones.

No fue un traslado de la capital, como en Brasil, pero sí un traslado de sedes en la misma región, lo cual fue una extensión. El Ministerio de Finanzas Públicas, por ejemplo, que había tenido su sede en el Palacio Nacional, ahora tendría su edificio. Podríamos sugerir que la Plaza de los Tres Poderes de Brasilia es dentro de toda la complejidad de los edificios públicos modernistas que alberga, incluyendo la novedosa Catedral de Brasilia que también es obra de Niemeyer, es el centro cívico por excelencia dentro de ese gigantesco centro cívico que es la moderna capital brasileña.

El diseño urbanista de Lúcio Costa, el arquitectónico de Óscar Niemeyer, el estructural de Joaquim Cardozo y el paisajista de Roberto Burle Marx son posiblemente la expresión más alta del modernismo arquitectónico y urbanístico en América Latina, propio de lo que se concibe como un centro cívico actualizado. La plaza es un espacio plano que permite admirar la monumentalidad de los edificios, así como la bandera de Brasil que es la más grande del mundo en su género, e integra el arte plástico a través de esculturas de Bruno Giorgi y de Alfredo Ceschiatti, escultores brasileños contemporáneos de los arquitectos que diseñaron Brasilia. Quiere decir que trabajaron en el proyecto los mejores artistas de la época, integrándose también pinturas dentro de los edificios. Los artistas que hicieron lo propio en Guatemala, también fueron los más destacados de su generación.

En el caso del Centro Cívico de Guatemala no existe una sola plaza que reúna a las principales edificaciones, pero cada una posee la propia: la Plaza Italia en la Municipalidad de Guatemala, la Plaza Carlos Mérida en el Banco de Guatemala y el Crédito Hipotecario Nacional, la Plaza de los Derechos Humanos en el Palacio de Justicia, la Plaza del Ministerio de Finanzas Públicas y la Plaza Cívica del Instituto Guatemalteco de Seguridad Social, IGSS.

El sentido de la plaza como espacio para la movilidad del ciudadano sustituye a la plaza como lugar de reunión militar durante la época colonial para defender a la corona que, aunque también fue en esa época el espacio que convocaba a las personas, no era el concepto de ciudadanía que propone el liberalismo. En la proyección cívica de un centro moderno que reúne edificios públicos de gobierno, las plazas, ya sea una sola grande como sucede con Bariloche y Brasilia o varias como es en el Centro Cívico de Guatemala, juegan el papel de ser los espacios de llamado a los actos de civismo, tanto en la cotidianidad como en fechas especiales. Así mismo, invitan a que el ciudadano haga suyo el espacio a través de moverse en él, permitiendo que la monumentalidad arquitectónica y la integración plástica sean admiradas, como símbolo de la nación y de la patria en códigos modernos.     

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