Lo que Donald Trump y sus asesores económicos están haciendo tiene un parangón, en términos de Shock, con la era Nixon de principios de la década de los setenta. Si bien todo mundo mira ahora hacia el comercio exterior y los aranceles, el tema central tiene que ver con el dólar, la deuda y en general con el mundo del dinero en el país del Norte.
Debemos recordar, acudiendo al notable historiador catalán Josep Fontana (Por-bien-imperio) que en 1944 cuando se estableció el sistema denominado Bretton Woods, las reservas de oro norteamericanas representaban del 60 al 80 por ciento del mundo, lo cual permitía mantener al billete verde (el dólar como se le llama en medios periodísticos económicos) dentro del denominado sistema de patrón oro.
Ello era posible, nos dice el notable historiador, mientras Estados Unidos mantuviera una balanza de pagos, principalmente comercial, positiva. Sin embargo, hacia 1970 el rival era Japón, al igual que hoy es China; es decir 55 años después. Es así como la amenaza japonesa comenzó a desestabilizar el comercio exterior del Norte y las cosas se complicaron. El déficit frente a Japón comenzó a ser una figura, una alta magnitud macroeconómica, en crecimiento.
El mentado déficit hizo que las reservas de dólares en manos de extranjeros fueran aumentando, hasta que llegó un momento en que el oro en bóvedas de Fort Knox, llegara a un valor de US$35 la onza (hoy está llegando a US$3,300), pero en tales tiempos ello no bastaba para responder ni siquiera a una tercera parte de los activos en dólares. Había cerca de 40,0000 millones que podrían ser exigibles contra una reserva de tan sólo 12,000 millones en los depósitos oficiales.
Ni Nixon, ni Kissinger se imaginaban de esa bomba monetaria que el subsecretario del Tesoro, Paul Volcker -luego gran jefe de la Reserva Federal- les explicó mediante un memo escrito a los políticos reinantes. Debe recordarse también que el presidente Nixon venía saliendo de grandes avatares, como lo era la retirada de Vietnam y gobernando ante el embate de una mayoría Demócrata en el Congreso, evento este último diferente a la nueva era Trump, por el momento.
Una acción gigantesca de exigibilidad de reservas en oro solicitada por Gran Bretaña precipitó los acontecimientos, y el 15 de agosto de 1971 Nixon publicó la Nueva Política Económica (NPE). La misma no sólo iba acompañada -como hoy- de sobrecargos arancelarios del 10%, sino del cierre de la denominada ventana de oro. Se suspendió así la convertibilidad del dólar.
El discurso de Nixon, y del bendito memo, bajo el acucioso análisis de Fontana, persuade que debía actuarse de anticipación frente al dominio extranjero, antes que ellos siguieran dañando a la gran nación del Norte. Como bien se sabe de acuciosos investigadores la economía no es más que el arte de la persuasión, y siempre hay algún economista muerto o actual, influyendo e inspirando ideas en la clase política.
Con tal medida se desmoronaba el esquema que había mantenido el sistema monetario y financiero mundial en el período de post guerra, y se entraba en una etapa de nuevas regulaciones complejas, ante las amenazas de inflación y paro que fueron famosas en la década citada.
Ya sin la obligación de la convertibilidad, la deuda pública siguió aumentando a pasos acelerados, y los propios gobiernos republicanos acudieron al déficit para ampliar su acervo de seguridad y dominio internacional, frente a los grandes desafíos del siglo XX. Y ese resulta ser el designio de los imperios, como también se observó en tiempos pasados con la España conquistadora y colonial, cuya riqueza se generó en base a la extracción de oro, metales y otros bienes, decayendo paulatinamente en la parte productiva. Por ello se dice muy bien que La Historia es la Maestra de la Vida.
Lo paradójico de todo esto es que, para hacerle frente a Japón, el propio Richard Nixon empezó la aproximación a China Continental, el gigante asiático. Los chinos aceptaron la diplomacia norteamericana, con un Mao envejecido y enfermo, nos dice Fontana. La avanzada de Kissinger se enfrentaba a toda una gerontocracia china de líderes septuagenarios, con grave conflictos con la Unión Soviética, en lo que daba en llamarse el conflicto sino-soviético, de las infantiles disputas de la izquierda de esos tiempos entre maoístas y estalinistas-leninistas.
Algo de esa inspiración tiene, en lo económico, la teoría del Shock aplicada por Donald Trump mediante órdenes ejecutivas, alumbrada por su principal asesor, un economista de Harvard llamado Stephen Miran, quien en 2024 publicó su Guía del Usuario para Reestructurar el Sistema de Comercio Global, de la cual hablaremos el día de mañana en el periódico investigativo Plaza Pública.
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