“En este mercado de imperios, Estados Unidos, Rusia y China -cada uno con su estilo y sus propias pulsiones de dominio- compiten por garantizarse corredores energéticos, posiciones militares, acceso a materias primas e influencia tecnológica”. Diario Página 12
Se vive ahora la competencia de grandes potencias y la configuración de un orden mundial multipolar en el que estos tres países ejercen una influencia significativa, a menudo en competencia entre sí, con dinámicas muy complejas. El aspecto más notable de la geopolítica actual es el acercamiento estratégico entre China y Rusia, que, en términos geopolíticos de la teoría del heartland del político y geógrafo inglés Halford John Mackinder, podrían conquistar unidos el mundo y generar un nuevo Orden Mundial. Pero eso podría ser en unas décadas. Ahora en medio del declive de la que era la potencia hegemónica por excelencia tras la desaparición de la URSS, ahora ha perdido aliados o que bien aparentan serlo en Medio Oriente: Trump parece buscar cierta calma con el precario cese al fuego en Gaza, mientras continúan las negociaciones para dar fin a la guerra en Ucrania, que ha afectado a más de cinco millones de soldados de ambos bandos en tres años. Muchas tropas de Ucrania han sido rodeadas por las rusas, mientras el escándalo de corrupción sacude al gobierno de Kiev y le hace perder legitimidad. La Casa Blanca espera que la guerra finalice para hacer de las suyas en el Caribe.
Y ya ha empezado: Estados Unidos en el Caribe ha realizado un despliegue naval y militar cerca de las costas venezolanas (destructores, un portaaviones y un submarino nuclear), calificado por el gobierno venezolano como una «amenaza regional» y un «asedio». Fuerzas estadounidenses han explotado lanchas en el Caribe que supuestamente transportaban drogas. Se recompensará la entrega de Nicolás Maduro, bajo acusaciones de narcoterrorismo, por cincuenta millones de dólares.
El portaaviones más grande del mundo Gerald Ford ya está allí y diez mil marines esperan en Puerto Rico su llamado a las armas. No vendrán más aviones rusos de transporte con artefactos en defensa de Venezuela como pasó en octubre. Caracas pide más ayuda a Rusia, China e Irán, pero dudo que se metan en un asunto que en términos geopolíticos no les es propio si quieren que haya paz en Ucrania y en Taiwán. Once aerolíneas que volaban sobre Venezuela han suspendido temporalmente los vuelos, mientras el gobierno hace un llamado a la población para que defienda el país.
Las tres grandes potencias en el mundo tratan de acaparar y mantener su hegemonía regional en sus zonas de seguridad y zonas de influencia. Los casos más relevantes ahora son: Ucrania de interés para Moscú en su zona de seguridad, por igual Taiwán para Beijing; y el Caribe para la Casa Blanca. Son situaciones típicas de defensa de un poder mayor sobre uno menor, como se registra en la historia: el grande quiere imponer sus condiciones al pequeño vecino que no tiene otra alternativa que ceder tarde o temprano, les guste o no a algunos vecinos que quizás se sientan amenazados.
El Caribe está bajo tensión debido a la competencia de potencias y el crimen organizado. La militarización de Estados Unidos en la región busca presionar a Venezuela y limitar la influencia de otros actores como China y Rusia. Esta situación convierte al Caribe en un centro estratégico crucial, ya que su dinámica influye en la seguridad del continente. Según expertos, la disputa por los recursos estratégicos y la presencia del crimen organizado son componentes esenciales del escenario geopolítico actual en el Caribe.
En ese cuadro en movimiento me parece que la Casa Blanca ahora quiere asegurar con Moscú la paz en Ucrania para tener luego carta blanca en el Caribe: si bien la amenaza directa es en contra el régimen de Nicolás Maduro es claro que, luego de neutralizarlo, la siguiente pieza en el tablero de dominó sería Cuba, para que el “mediterráneo” estadounidense sea asegurado de una vez por todas. Y, por simple juego de piezas, Nicaragua también se verá intervenida en su momento.
Puerto Rico tiene diez mil tropas americanas, barcos y cientos de aviones que hay en otras islas frente a Venezuela. También la República Dominicana ya dio permiso a EE. UU. usar territorio en respuesta al pedido del jefe del Pentágono. Podrá utilizar la Base Aérea de San Isidro y el Aeropuerto Internacional Las Américas para reabastecer combustible y transportar equipos y personal técnico.
Lógico es suponer que en ese escenario habría un compromiso tácito con China de dejar a Taiwán en su zona de seguridad y de influencia, ya sin ninguna molestia de parte de Estados Unidos. Ucrania quedará seguramente bajo los mismos términos de Moscú, en tanto Putin ha de asegurar que no atacará nunca a Europa. Kiev se verá obligada a olvidarse de su adhesión a la OTAN, con un ejército reducido y un gobierno que respetará el territorio ocupado por Rusia, si funcionan las negociaciones.
La verdad es que el Caribe está en juego y el continente tiene muy puestos sus ojos en la próxima jugada de Trump, siempre imprevisible, aunque a largo plazo, América Latina seguirá con un papel secundario, con China y Rusia compartiendo el Hartland del mundo e India, Japón… en el área llamada Rimbland por John Spykman.
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