Empleo productivo o informalidad perpetua

Hugo Maul R.

mayo 12, 2025 - Actualizado mayo 11, 2025
Hugo Maul R.

En Guatemala, la falta de empleo no es una crisis reciente. Es una constante estructural que ha castigado generación tras generación. Da igual a qué cohorte se pertenezca: Baby Boomers, Generación X o Generación Z. El problema estaba presente hace 80, 40 o 20 años, y lo sigue estando. En todos los casos, ingresar al mercado laboral ha sido siempre una cuesta empinada. Cada año, la mayoría de los jóvenes que entran por primera vez a la fuerza de trabajo terminan empujados a la informalidad o al desempleo, como si ese fuera el destino natural de quien debuta en la vida laboral. Esta no es una anomalía pasajera; es una emergencia crónica que seguimos tratando con la misma negligencia de siempre.

Empleadores y empleados coinciden: el principal obstáculo para contratar o conseguir empleo es el bajo nivel educativo, la falta de capacitación específica para el trabajo y la escasa experiencia práctica. A pesar de ello, las políticas públicas siguen atrapadas en parches: programas educativos desvinculados de las necesidades productivas, proyectos asistencialistas sin sostenibilidad y campañas dispersas de “fomento al emprendedurismo” que no responden a una estrategia real. Mientras tanto, más del 70% de las personas ocupadas en el país trabaja en la informalidad, y este patrón se reproduce año con año, sin que nadie se atreva a enfrentar el problema con la seriedad que merece.

La informalidad no es un problema meramente tributario o laboral, como a veces se quiere reducir. Es el espejo de un modelo económico que no ha logrado crear empleo digno. Es la prueba viva de que nuestras leyes laborales, comerciales y fiscales no están hechas para la mayoría. Están diseñadas para otra economía, otra realidad, otro país. Lo que en otros contextos funciona como norma aquí actúa como barrera.

En otras partes del mundo se ha entendido que la única forma de reducir la informalidad es creando empleo formal. Esto implica inversión, tecnología, condiciones laborales modernas y costos laborales acordes con la productividad. Pero en Guatemala seguimos atrapados en una lógica perversa: se deja a los jóvenes sin formación, sin apoyo, sin experiencia, y luego se les culpa por fracasar. Lo que se necesita es crear condiciones para el florecimiento de actividades productivas que requieran mucha mano de obra, incluso con bajos niveles de escolaridad; fomentar el empleo no agrícola en industrias ligeras, manufacturas básicas o servicios logísticos; e invertir en infraestructura productiva para activar centros económicos fuera de las ciudades principales.

La informalidad no se supera llenando formularios ni promulgando decretos aislados. Se supera con visión, inversión, reforma institucional y coraje político. Mientras no se entienda esto, la informalidad seguirá siendo la norma, y el empleo digno, un privilegio reservado para unos pocos.

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