He sostenido desde hace años, que en Guatemala ya no hay líderes políticos a nivel nacional. El entierro, el destierro, el encierro y la desaparición forzada acabaron con ellos. Reconozco que hay algunos personajes que son referencia y tienen incidencia, pero limitada a lo local, lo comunitario, lo académico, lo deportivo, lo artístico, lo científico y otros campos, pero líderes políticos propiamente dichos, ya no existen. El último fue el socialdemócrata Manuel Colom Argueta, asesinado el 22 de marzo de 1979.
Cualquier ciudadano medianamente informado reconoce la necesidad e importancia de estos conductores, sobre todo en los momentos de crisis políticas, las cuales, son cuestión común desde la independencia (1821) y la constitución de la República de Guatemala el 21 de marzo de 1847, la cual se declaró, precisamente, durante una dictadura, la de Rafael Carrera. Aunque el sentimiento generalizado hacia el ejercicio de la política es de repugnancia, o cuando menos, desconfianza; no se puede negar que sin políticos (no politiqueros) cualquier país marcharía a la deriva, Guatemala es una muestra de ello.
La historia política del país solo registra una década democrática (1944-1954) correspondiendo el resto, a asonadas, golpes de Estado, gobiernos inestables y las infaltables dictaduras. Un total de 76 personajes han sido presidentes o jefes de Estado en un total de 205 años, lo que arroja u promedio general de 2.69 años para cada uno, es decir, ni siquiera el período normalmente asumido de 4 años. Sin embargo, debemos tomar en cuenta que tan solo cuatro dictadores, suman 78 años: Carrera con 40, Justo Rufino Barrios con 12, Estrada Cabrera con 22 y Ubico con 14. Así mismo, hubo muchos gobiernos efímeros. Mencionaré los de la centuria pasada y la actual:
- Baudilio Palma del 13 al 17 de diciembre de 1930 (4 días)
- Manuel María Orellana del 17 de diciembre de 1930 al 2 de enero 1931 (16 días)
- José María Reyna Andrade del 2 de enero al 14 de febrero de 1931 (43 días)
- Federico Ponce Vaides del 4 de julio al 20 de octubre de 1944 (106 días)
- Carlos Enrique Díaz del 27 al 28 de junio de 1954 (2 días)
- Elfego Monzón del 29 de junio al 1 de septiembre de 1954 (65 días)
- Luis Arturo González López del 27 de julio al 24 de octubre de 1957 (86 días)
- Oscar Mendoza Azurdia del 24 al 26 de octubre de 1954 (3 días)
- Guillermo Flores Avendaño del 27 de octubre de 1957 al 2 de marzo de 1958 (126 días)
- Gustavo Espina del 1 al 5 de junio (5 días)
- Alejandro Maldonado del 3 de septiembre del 2015 al 14 de enero 2016 (133 días)
A las dictaduras y la inestabilidad política descrita, debe tomarse en cuenta que la mayoría de gobernantes fueron militares. Con este devenir histórico, está claro que la democracia guatemalteca ha sido una farsa plagada de folklorismos y que la distorsión de los términos tiene mucho sentido con este pasado y presente, pues salvo el período democrático mencionado, nuestro único referente visible es la bota militar, los fraudes, las elecciones amañadas y las súbitas fortunas de quienes entraron sin tenerlas y salieron como opulentos “empresarios”.
Muchas personas confunden liderazgo con caudillismo, carisma con reconocimiento público, lo que explica en gran parte, por qué la prensa nacional, gestores de opinión, así como personas y grupos con algún grado de influencia sobre la población, interpretan y entremezclan los términos, confundiendo a quienes tienen poco o nulo acceso al conocimiento y la información veraz y seria. Se abusa de la mención de supuestos líderes políticos, líderes comunitarios, líderes religiosos, líderes empresariales, líderes sindicales y hasta de líderes ligados al crimen organizado.
En los últimos 46 años no hay una sola figura ciudadana que merezca el apelativo de líder nacional, por lo que es común que algunos gobernantes se hayan refugiado en el pasado como referente. Lo hizo Julio César Méndez Montenegro (1966-1970) al hablar de su supuesto tercer gobierno de la revolución, en clara alusión al período 1944-1954. Lo hizo Álvaro Colom al aprovecharse de su apellido y su parentesco con Manuel Colom Argueta (su tío), de quien, por cierto, estuvo a años luz de distancia. El actual gobernante no podía fallar, ya que, siendo un desconocido, recurrió al legado de su padre para que lo lograran ubicar.
Sobre las diferencias entre dirigente, caudillo, líder, carisma, reconocimiento público (bueno o malo) hablaremos en otra entrega. Mi intención fue hacer un breve y penoso pero necesario recorrido histórico del país, así como alertar sobre el abuso del lenguaje político en Guatemala, lo cual, de cara a las próximas elecciones generales, debería ser muy útil, pues ahora, cualquier hijo de vecino se cree líder y, peor aún, con méritos suficientes para presidir esta abnegada nación.
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